Partida Rol por web

[DM 26/01] Dragonlance - La Legión te llama

Introducción de Kresimir

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02/01/2026, 02:11
Oberon Ashwind

23 Reorxmont 459 AC. Welmet

Definir a Oberon como un tipo extravagante quizá no sea hacerle justicia, sin embargo, la mayoría de la gente directamente piensa que no está del todo bien de la cabeza. Quizá sea porque está algo estrábico, porque siempre sonríe de una forma inquietante, mirando a los clientes fijamente a los ojos sin pestañear o parque parlanchinea sin parar en un intento nada eficaz de ganarse sus simpatías.

Que el cartel de su tienda rece "Remedios Ashwind & Cía. Alquimistas y maestros en pociones. Resultados no garantizados" no ayuda precisamente a mejorar la opinión que los demás tienen de él.

Por suerte te tiene a ti para mantener a flote su negocio. Los ratos que atiendes el mostrador, la tienda suele llenarse de jovencitas en busca de perfumes o de filtros de amor que regalarte. Y no parece importarles cuántas veces les expliques que allí no destiláis esa clase de cosas.

Esta tarde, en cambio no ha entrado nadie. Quizá porque estabas en la trastienda haciendo experimentos con azufre y el olor se percibía desde la calle. Comoquiera que sea, Oberon acaba de echar la llave a la puerta por hoy y parece desconcertado al encontrarte aquí atrás.

—Vaya, chico, ¿qué haces tú aquí? —se rasca su calva cabeza y te mira como si fueras un mapache que se hubiera colado en su cocina y estuviera rebuscando en la basura—. ¿No se suponía que tendrías que estar ya de camino a Finn? ¡Espera, no me digas que se me olvidó decírtelo! 

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02/01/2026, 18:52
Kres Morningstar

Puede que Oberón fuera un tanto... inusual y que sus formas a la hora de tratar a la clientela dejaran bastante que desear, pero había sido un mentor excelente en cuanto a conseguir que Kres controlara sus explosiones de poder, de darle forma a sus capacidades y a hacer de él alguien productivo para la comunidad. La alquimia era un mundo fascinante. Y la capacidad de hacer magia era algo tan maravilloso que, cuando lo pensaba, le daría un beso al pobre de Oberón, pero lo mismo con la impresión le dejaba más estrábico de lo que ya era. Y también era un secreto que pudiera hacerlo, algo que había tenido que jurar por Zivilyn para satisfacer el deseo de discreción del alquimista.

Otra persona más desagradecida o menos positiva que Kres pensaría que el viejo se aprovechaba del muchacho, que sin él la tienda se iría a pique y que esas manos extra le venían de perlas para poder gandulear y dedicarse a sus cosas extravagantes, pero lo cierto era que la tienda estaba allí desde mucho antes de que el Morningstar apestado hubiera llegado a Welmet. Sin embargo, algunos de los despistes del viejo alquimista sí que tendían a poner de los nervios a su joven aprendiz. Por fortuna el día había sido bastante tranquilo y Kres pudo controlar la sorpresa y desazón (no sin cierto esfuerzo).

─¿Finn, dices? No, no me has dicho nada. ¿Por qué debería viajar yo solo hacia otra población?

Kres clavó la mirada en su viejo maestro, casi seguro de que no se trataba de una broma, pero sin poder acabar de descartarlo. No tenía mucho sentido que bromeara con algo así, uno no viajaba a otra población sin una buena razón.

─Si tengo que ir allí, tendré que esperar hasta mañana o moriré congelado, a estas horas ya no se puede salir...

Era joven, sí, pero no un completo inconsciente. Los cientos de veces que su madre había insistido en la necesidad de ir abrigado a cualquier hora del día y su prohibición de salir de noche para no morir congelado al final habían hecho mella en él. Ni siquiera los adolescentes de Ergoth del Sur eran tan idiotas como para poner su vida en peligro con algo tan básico.

Notas de juego

Una buena excusa para sacar a relucir la capa mágica y para encajar a mi familiar buho en la historia, ciertamente. Eran detalles que quedaban sin explicar...

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02/01/2026, 22:24
Oberon Ashwind

—Vaya, yo juraría que habíamos hablado sobre cierto tratado de herbología que necesitaba conseguir en Qualimori... —comenta con aire en confundido y pensativo.

Lo hicisteis, sí, pero de eso hace meses. Tu maestro mencionó que los elfos os llevaban siglos de ventaja en cuanto al conocimiento de las plantas y que estaba interesado en hacerse con alguno de sus libros sobre la materia. También dijo que era mejor esperar al verano, cuando haría mejor tiempo y los días serían más largos. Pero el verano llegó y pasó sin que ninguno de los dos os acordarais del asunto. No habíais vuelto a sacar el tema hasta este momento.

—Está bien, chico. No pasa nada, puede que se te haya olvidado a ti, puede que se me haya olvidado a mí... pero tienes que salir a primera hora o se marcharán sin ti. Dudo que vayan a esperarte.

Entrecierras los ojos esperando a que te dé algo más de información. Está claro que Oberon sabe cosas que no ha compartido todavía contigo, aunque quizá piense que sí lo ha hecho.

—Tienes que llevarte esas pociones a la herrería de un enano llamado Borik Fuego-No-sé-Qué —continúa, señalando una cajita de cuero con la tapa abierta en cuyo interior hay una docena de pequeños viales de distintos colores— y cambiarlas por el libro. Pero no seas muy duro regateando, ¿de acuerdo? Por mí, como si las tienes que dar todas, pero consíguenos ese tratado, por lo que más quieras.

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03/01/2026, 00:34
Kres Morningstar

Al viejo le fallaba la memoria, cada día quedaba más patente, pero mantenía la virtud de separar lo posible de lo imposible. No sería de sentido común partir de viaje a esas horas de la tarde, debería hacerlo a primera hora del día siguiente, al menos eso estaba claro.

La analítica mente del muchacho comenzó a ordenar todo aquello que precisaría para el viaje: Se informaría y equiparía en El Ciervo Plateado, la posada de Welmet, al día siguiente, a primerísima hora, dándose un madrugón y estando listo él mismo para visitarla en cuanto el tiempo lo permitiera. Compraría allí las provisiones que le dijeran que necesitaría con el dinero que había podido ahorrar y se lanzaría al camino, siguiendo a pies juntillas sus indicaciones. Los Snowflake, los propietarios de origen solámnico que regentaban la posada, eran gente de fiar que siempre estaban enterados de las últimas noticias. Si alguien le podía dar buenos consejos para ese viaje, esos eran ellos.

Después le seguirían unos días de viaje (3 ó más, dependiendo del tiempo que hiciera y la profundidad de la nieve acumulada en el camino). Si tenía suerte, podría viajar con alguien, mercaderes, tal vez, viajando antes de que el tiempo empeorara. O quizá topara con alguien más con quien compartir campamento. Los ergothianos eran gente hospitalaria y cualquiera con el que uno se cruzara ofrecería lo que estuviera en su mano para vencer las adversidades del frío.

─Saldré a primera hora y haré lo posible por que no se marchen sin mi, maestro Oberón, lo prometo. Llevaré las pociones al herrero Borik ─dijo tapando la cajita de cuero tras comprobar que los pequeños viales estaban todos llenos de líquido─, con quien negociaré un precio justo que me permita hacerme con el libro de los qualinesti. Un buen precio para nosotros y para él, para que si algún día volvemos a comerciar, ambos deseemos hacerlo.

Dedicó un leve asentimiento de reconocimiento y respeto hacia su maestro y le sonrió con calidez. Su memoria, la de Kres, estaba bastante bien y estaba seguro de que no había sido culpa suya, pero no iba a servir de nada arremeter contra el viejo alquimista y también estaba convencido de que su descuido no había sido intencionado. Lo que ya había pasado no podía cambiarse, pero lo que estaba por suceder sí. Lo haría lo mejor posible.

─No emprendáis ningún proyecto difícil en mi ausencia, por favor, no quisiera perderme ninguno de vuestros secretos ─añadió el muchacho.

─Ni que se os olvide revisar las válvulas y limpiar adecuadamente el equipo de destilación, poniendo en peligro la tienda y vuestra persona... ─añadió mentalmente mientras dirigía una última mirada a Oberón antes de retirarse al desván, donde tenía su habitación.

Notas de juego

Pues eso, esa misma noche prepararía todo el equipo que tengo, salvo las pertenencias en casa de mi mentor, bebería mucha agua para asegurarme el despertarme pronto por la mañana y en cuanto fuera posible transitar por las calles de Welmet, vestido con la capa mágica para viajes (no tengo claro cómo la conseguí, tal vez es un regalo de mi madre, tomado "prestado" al huir de Helt), iría a la posada a comprar provisiones y, si estuviera disponible, una mula con su brida, alforjas y forraje y leña para el camino. Interrogaría amablemente al posadero para obtener las señas necesarias para llegar a Finn, las memorizaría y confirmaría con él y luego partiría a buen paso hacia la susodicha población. Si es posible coincidir con algún otro viajero, estupendo, sino mala suerte.

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03/01/2026, 02:06
Dungeon Master

24 Reorxmont 459 AC

El día amaneció algo más cálido de lo habitual. El cielo estaba despejado y soplaba una brisa fresca que invitaba a pasear. Aun así, decidiste tomarte tu tiempo para preparar bien el viaje. Era el primer viaje tan largo que hacías solo y querías asegurarte de hacerlo bien. Además, esa dichosa herrería se iban a ir a ninguna parte, ¿verdad?

En el Ciervo Plateado, la hija del posadero se desvivió por atenderte e incluso te invitó a una buena pinta de cerveza mientras ella llenaba un saquillo con comida para varios días tras asegurarle a su padre que se la habías pagado. Eres un joven encantador y pagaste con buen acero tanto las provisiones como la leña, así que Werdvid Snowflake fue todo sonrisas a la hora de proporcionarte la información que buscabas para llegar a la aldea de Finn. 

El camino no tenía pérdida, simplemente debías seguir la calzada remontando el cauce del Río Noble, llegar hasta el castillo de Guardiaoriente y seguir por la calzada hacia el norte hasta la primera población que encontrases. Un día a caballo o caminando a buen paso, pero cargado con tanta leña...

Definitivamente necesitabas una mula y encontrar una en Welmet no era cosa sencilla. Por fortuna, el posadero te sugirió ir a hablar de su parte con el anciano barón Glendower. No tenías ni la más remota idea de si el animal que estabas comprando era bueno o no, pero aun así disfrutaste de socializar con el caballerizo del barón y llegar a un acuerdo con él para que te vendiera también los arreos y forraje para el animal para cuatro días.

Con tu escuchimizada bolsa para el dinero notablemente más ligera, pero de buen humor, te pusiste finalmente en camino hacia el castillo de Guardiaoriente pasado ya el mediodía, tirando de las riendas de tu primera bestia de carga y con Tanwyn revoloteando a vuestro alrededor.

Para cuando alcanzasteis la fortaleza solámnica, el sol casi se había puesto en el horizonte e incluso tu encantada capa te parecía insuficiente para hacer frente al frío nocturno. Tiritando y sin ninguna gana de pasar la noche a la intemperie, no encontraste nada agradable ni el interrogatorio ni el registro que te hizo la guardia de la fortaleza antes de dejarte acceder al interior.

Buscaste alojamiento, pero la hostería resultó ser demasiado cara para tus malhadadas finanzas y acabaste teniendo que pasar la noche en el patio de armas junto con otros viajeros que no querían o no podían permitirse una cama. Al menos no estabais en campo abierto y la verdad es que la experiencia no estuvo tan mal. Compartisteis fuego, risas, anécdotas y botas de vino hasta quedaros dormidos.


25 Reorxmont 459 AC

Un guardia te despertó de malos modos, dándote patadas en tus botas, antes incluso de que amaneciera. Algo resacoso, te deslizaste fuera de tu gruesa manta y te dispusiste a retomar camino en compañía de algunos viajeros poco adinerados cuyas simpatías te habías ganado la noche anterior.

Los guardias solámnicos del castillo os registraron de nuevo antes de abandonar el castillo y proseguisteis camino tras cruzar el puente de piedra y madera sobre el Río Noble.

El camino empedrado a Finn estaba en condiciones relativamente buenas, aunque algo resbaladizo y traicionero a causa de las heladas nocturnas. El día resultó ser más frío que el anterior y el gélido viento bajaba aún más la sensación térmica. Por fortuna, el cielo seguía despejado y no tuvisteis que preocuparos ni por la nieve ni por la lluvia, lo que te permitió avanzar sin incidentes.

Hicisteis varias paradas en el camino para comer algo y descansar y no llegasteis a la aldea hasta bien entrada la tarde. Te sorprendió la cantidad de enanos que vivían allí y sus pintorescas casitas y no tardaste en instalarte en la posada local huyendo de otra noche a la intemperie.


26 Reorxmont 459 AC

Incluso a los recelosos lugareños les caíste simpático al cabo de dos cervezas y no tardaste en averiguar que Borik Fuego-No-sé-Qué en realidad se llamaba Borek Llamarada. Tenía una herrería a las afueras de la aldea pero, cuando te presentaste allí para llevar a cabo la transacción comercial, recibiste con sorpresa la noticia de que habías llegado "demasiado pronto".

Intentaste entender a qué se refería el propietario del lugar, pero el tozudo enano fingió estar demasiado ocupado golpeando algo en su yunque y "vuelve mañana" fue lo único que conseguiste sonsacarle.

Tras pasar toda la jornada vagabundeando por la aldea, con tu bolsa casi tan agotada como tus provisiones y el forraje para tu mula, no te quedó más remedio que resignarte a pasar otra noche a la intemperie. Si mañana tampoco quería atenderte, quizá tendrías que plantearte regresar a casa o vender el animal.