Partida Rol por web

[DM 26/01] Dragonlance - La Legión te llama

Introducción de Horace

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02/01/2026, 01:18
Nellie O’Garlkan

25 Reorxmont 459 AC. Castillo de Guardiaoriente

La biblioteca es posiblemente uno de los lugares más deprimentes de la fortaleza solámnica. Es pequeña, es oscura, es fría y no hay tantos libros interesantes como uno podría esperar del enclave más importante de la región. Por eso, casi nadie la frecuenta y por eso precisamente también es el lugar donde la anciana maestra O'Garlkan pasa más tiempo. Y tú con ella, en calidad de asistente.

Puede que quitar el polvo a los libros, afilar cálamos y rellenar tinteros no sea el oficio más seductor para un joven prometedor como tú, pero realizas todas estas tareas con la misma escrupulosa eficacia que si estuvieras atendiendo al señor del castillo en persona.

También hay profesiones peores, lo sabes bien, y aquí no solo estás bajo techo sino que tienes el privilegio de aprender de una de las mentes más instruidas de la provincia. Nellie asegura que, de joven, fue una de las famosas Estetas de la Gran Biblioteca de Palanthas y ahora encara los últimos años de su vida como traductora al servicio de la casa uth Tromar. 

Una viejecita de sonrisa fácil y desdentada que, en realidad, es mucho más de lo que parece.

—Horace, querido, ven, acércate, por favor. ¿Eso de ahí te parece una "O" o es una "U"? Estos viejos ojos míos...

Dejas el libro que estás leyendo, te incorporas y te dispones a leer por encima del hombro de tu mentora cuando notas que ella desliza subrepticiamente algo en el bolsillo de tu abrigo de lana.

Aquí solo estáis ella y tú, o ese jurarías, pero has aprendido hace tiempo que Nellie nunca dice nada que no sea lo que los demás esperan escuchar.

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02/01/2026, 23:44
Horace Vulworth

Desde mi llegada al servicio de maesa O'Garlkan mi vida se ha vuelto más... interesante, a falta de decir otra palabra. Cuando el primer mayordomo me asignó a la maesa, enseguida pensé que era una especie de castigo o degradación. Hasta que vi la cara de orgullo de mis padres cuando supieron que la maesa había solicitado explícitamente mi servicio y el de nadie más. Fue precisamente en ese momento que supe que mi vida iba a dar un vuelco. Nellie no es para nada lo que aparenta, eso lo descubrí el mismo día que la vi llegar al castillo. Observar como más de un guardia bien se cuadraba, bien le facilitaba el paso sin tan siquiera preguntarle nada a una viejecita que cruzaba el patio de armas alegremente como si el castillo le perteneciera, pese a no ser la dueña, era cuanto menos extraño.

Viéndola sentada allí, en la biblioteca, a oscuras, sin más servicio que el de un joven mayordomo, me pregunto qué pudo ver en mí. Parece tan frágil y a la vez irradia tanta seguridad y presencia. Inmediatamente sitúo el punto en la página del volumen de "Escudos y heráldica solámnica ergotiana" que estaba repasando, dejando el libro con cuidado sobre la mesa, me acerco con otra vela hasta donde está mi maesa. Observando atentamente el lugar que me señala con su mano arrugada, noto como inserta de una forma muy calculada algo en mi bolsillo.

No sé mucho aún sobre mi maesa, pero sí sé que no hace las cosas sin criterio, siguiendo siempre un objetivo claro. Si no hubiese querido que me enterase de su movimiento, muy probablemente ni lo habría percibido. Así pues, seguramente es otra de sus "pruebas". Sin inmutarme en lo más mínimo, contesto manteniendo mi voz totalmente neutral.- Es una "U", maesa. Si me permitís dejaré esta vela cerca para que pueda iluminaros más y os sea más fácil leer.-

Dicho esto, coloco la vela cerca de su libro, alejándome unos pocos pasos del lugar hasta un lugar oscuro, entre ella y las dos velas, buscando el punto ciego en el que note mi presencia pero no pueda ver qué estoy haciendo, privándole de la visión nocturna por el exceso de velas frente a ella, tal y como me enseñó hace poco. "Recuerda que a veces no se trata de no ser visto, si no de ser ignorado". Las palabras de mi maesa me vienen a la mente con claridad. Una vez fuera de su rango de visión, de forma tranquila y natural, observo mi entorno asegurándome de que no hay nadie, y recojo el objeto que ha depositado en mi bolsillo, colocando mis manos juntas enfrente de de forma ahuecada, en posición de espera como cualquier mayordomo, de manera que con un leve vistazo puedo observar qué es.

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03/01/2026, 00:53
Dungeon Master

Lo que descubres en tu bolsillo es una nota doblada por la mitad.

Esperas unos prudentes segundos por si tu mentora desea algo más y, después, regresas a tu lectura del tomo de "Escudos y heráldica solámnica ergotiana". Solo que, en esta ocasión, no son las descripciones sobre los blasones de las casas solámnicas las que atraen tu mirada, sino la nota manuscrita:

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03/01/2026, 12:56
Horace Vulworth

Memorizo todas y cada una de las palabras que aparecen en la nota, para luego dejar el libro en la estantería, acercarme tranquilamente hasta el lar de fuego y, mientras recoloco los troncos, sutilmente deslizar el papel al interior. Esperando a que termine de quemarse, esparzo las cenizas entre las ascuas, para luego levantarme y, haciendo una leve reverencia hacia Nellie, vuelvo a las cocinas donde diligentemente le preparo una cena frugal y dispongo de unas raciones para recogerlas antes de mi partida.

Volviendo a la biblioteca, le dejo la bandeja con la cena, observando con cariño y con respeto a esa viejecita picaruela que en unas pocas semanas había sido capaz de cautivarme y enseñarme lo que otros no habían podido. "Solo nos tenemos el uno al otro". Siempre refiere esta frase, preguntándome el porqué. Pudiera haber algo más, pero aún no soy capaz de vaticinar un significado oculto, pero sí sé a ciencia cierta que esas palabras esconden su propia historia. Esta vez sí, realizo una reverencia sentida y más larga de lo habitual en dirección a mi maesa, a modo de despedida, pues debo preparar la partida.

A la mañana siguiente, me levanto al primer canto del alba, cuando el sol aún apenas ha asomado entre las colinas. Me visto y me preparo para la partida, dirigiéndome primero a la biblioteca donde busco el documento en el Volumen IV. Antes de cerrar la tapa, acaricio el lomo, contemplando la oscura estancia. No sé porque pero me embarga la sensación de que tardaré en volver. Ahuyentando pensamientos funestos, sitúo el documento escondido entre mis ropajes, a buen recaudo, y vuelvo a las cocinas donde la cocinera Winnie, aunque mayor ya, siempre bella y rolliza, tiene ya preparadas mis raciones para llegar a mi destino. No puedo evitar que me despeine y me arrulle, y menos aún ganarme sendos besos mientras me agarra las orejas, como cuando era un crío. Tras unas breves palabras de despedida, salgo del Castillo de Guardaoriente, camino al norte, camino a Finn.

Por suerte para mi, es un camino bastante transitado, y unas breves palabras me granjean poder sentarme en la parte trasera de un carromato de carbón a cambio de ayudar en la carga y descarga a mi llegada a Finn. Durante el camino reviso los documentos preparados por Nellie, dándome qué pensar. El breve tiempo que he pasado con Nellie ha sido más que fructífero, trasladándome la sensación de que, en cierta manera, estaba siendo examinado en mi comportamiento y en mis conocimientos, corrigiéndome y moldeándome para prepararme para algo. Largas fueron las veladas en las que mi maeasa y yo debatíamos sobre coraje, virtud, justicia... Y de alguna manera, pese a ser una conversación, sentía que me interrogaba, que exprimía mi alma para saber qué pensaba, qué opinaba sobre tal y cual cosa. Debo reconocer que he sido feliz, y que la echaré de menos.

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03/01/2026, 13:31
Dungeon Master

26 Reorxmont 459 AC

Sin saber muy bien dónde se suponía que acabarías, ni qué te ibas a encontrar en tu camino, te preparaste lo mejor que pudiste antes de salir al patio del castillo con tu mochila al hombro.

Fuera hacía frío y soportaste con estoicismo el registro de los guardias antes de que te permitieran cruzar el puente de piedra y madera sobre el Río Noble.

El camino empedrado a Finn estaba en condiciones relativamente buenas, aunque algo resbaladizo y traicionero a causa de las heladas nocturnas. Por fortuna, el cielo estaba despejado, lo que te permitió avanzar sin incidentes. Hiciste un par de paradas en el camino para comer algo y descansar y no llegaste a la aldea hasta bien entrada la tarde.

Lo primero que te sorprendió al llegar fue la cantidad de enanos que vivían allí y sus pintorescas casitas. Preguntaste por la herrería de ese tal Borek pero al llegar descubriste que ya había cerrado. 

Cansado del largo viaje, decidiste instalarte en la posada local para no pasar la noche a la intemperie. Una cena caliente, una cerveza fría, una buena chimenea y una cama seca eran promesas demasiado tentadoras como para dejarlas pasar. Te alegraste de poder retirarte pronto al espartano cuartito que el posadero preparó para ti y, agotado, no tardaste en caer profundamente dormido.