25 Reorxmont 459 AC. Logan
Como todos los años por estas fechas, la casa de Alyna está iluminada con docenas de velitas aromáticas.
Es el Qualintsalaroth, la festividad que conmemora el aniversario del día en que los elfos qualinesti abandonaron su bosque ante los ejércitos de los dragones que avanzaban durante la Guerra de la Lanza. El día en el que honran a sus muertos.
Aunque Alyna nunca ha estado en Qualinesti, todos los años llena su casita con velas, cocináis juntas platos típicos de los elfos y te canta canciones que su padre le cantaba cuando era una niña. Ni ella ni tú lo sois ya, pero te encanta oírla cantar.
Sin embargo, este año no hay canciones y el tradicional estofado de verduras se enfría en la sartén mientras esperas con impaciencia el regreso de Alyna. Dijo que no tardaría y comienzas a preocuparte de que le haya pasado algo. Miras por la ventana. Es tarde y, aunque la noche está despejada, hace frío y en el cielo no se ve más que una menguante luna roja como una cuchillada en el cielo. Mala señal.
Esperas un rato más, deambulando de acá para allá con inquietud por la pequeña casa de una sola estancia que compartís Alyna y tú. Pero, como no aparece, terminas echándote sobre los hombros la capa que te regaló y saliendo a buscarla.
Te topas con una pareja de guardias solámnicos que patrullan las calles y que no te miran con simpatía. Gruñen una evasiva cuando preguntas por Alyna y siguen su camino recomendándote que te vayas a casa.
No les haces caso y sigues buscando hasta que finalmente la encuentras junto al silo municipal, hablando con alguien que no parece más alto que tú y mucho menos corpulento. Sin embargo, cuando te acercas, su interlocutor se escabulle entre las sombras de la noche antes de que tengas ocasión de reconocerlo.
Incluso para mí, que soy medio enana, la casa de Alyna se me hace pequeña cuando tengo que recorrerla de arriba abajo como un animal enjaulado mientras espero que llegue a cenar. Estoy cansada, estoy hambrienta y, sobretodo, estoy preocupada. Alyna no se perdería el Qualintsalaroth sin un buen motivo.
¿Y si alguien se ha puesto de parto y ha tenido que dejarlo todo para atender la urgencia? ¿Y si ha ido al bosque a por hierbas para sus emplastos y la han atacado los lobos? ¿Y si los ogros han entrado en Logan y la han secuestrado? Cuanto más tiempo pasa, más nerviosa me voy poniendo y más delirantes se vuelven mis teorías sobre lo que le ha podido suceder.
No lo soporto más y salgo a buscarla. Fuera está oscuro y hace frío pero ninguna de esas dos cosas me preocupan. Mis ojos se adaptan bien a la oscuridad y Alyna me ha enseñado a combatir las inclemencias del tiempo, aun así, me cubro bien con la capucha de mi gruesa y encantada capa de lana gris. Su padre se la regaló a ella cuando se independizó y ella me la regaló a mí en mi vigésimo quinto aniversario. Han pasado trece años desde entonces y sigue siendo con diferencia mi pertenencia más valiosa.
La gente decente está en sus casas a estas horas y los que no, son solámnicos. Se creen muy superiores con sus vigotillos ridículos y su piel lechosa, pero yo no quiero problemas ni con ellos ni con nadie, yo solo quiero que Alyna esté bien.
Y lo está, ¡menos mal! Corro hacia ella con ganas de abrazarme a una de sus piernas o de meterle un puñetazo por haberme causado tantas preocupaciones, pero finalmente no hago ni una ni otra cosa.
—Antes de que me acuses sin pruebas, que sepas que si al llegar a casa alguien se ha comido media hogaza de pan de nueces pringando la salsa del estofado, no he sido yo —le digo, medio en broma, medio en serio. Cuando me pongo nerviosa me entra hambre—. Pensé que la mujer del molinero se había adelantado. ¡Menos mal! Todavía le faltan seis semanas para salir de cuentas...
Entrelazo mis dedos gordezuelos con los suyos, dándole la mano.
—¡Vaya, pero si estás helada! Oye, ¿todo va bien? Me tenías... —iba a decir "preocupada" pero me muerdo la lengua y rectifico a tiempo— hambrienta. Anda, ponte la capa, por favor, no quiero tener que ocuparme yo de todo si te coges una pulmonía.
Me lanzo "soportar los elementos" para combatir el frío.
Tu madre adoptiva te dedica una sonrisa cansada y triste. No es que Qualintsalaroth sea una festividad particularmente alegre, pero ella casi siempre es una persona muy optimista y vital. Incluso en esta fecha. Algo debe ir muy mal, piensas.
—Estoy bien, de verdad —se agacha y te da un beso cariñoso en la frente—. Hablamos en casa, ¿de acuerdo? Solo quiero llegar, cenar algo y acostarme.
Decididamente mal.
Camináis en silencio hasta la casita que compartís en el centro de la aldea. Tal vez no sea grande pero está bien situada y eso es importante para la gente que viene a buscaros. Si Alyna eligió venirse a vivir a Logan fue, entre otras cosas, porque precisamente se encuentra en medio de cuatro de las otras siete aldeas de la región.
Dentro, algunas de las velitas todavía continúan encendidas, aunque la mayoría de ellas se han apagado durante tu ausencia. La luz tenue resulta agradablemente íntima y, comparado con el exterior, en la casa se está bien. Mientras avivas el fuego de la chimenea para recalentar la cena, Alyna se sienta detrás de ti y te observa.
—He oído que cosas no van bien en Qualimori —te confiesa en un susurro, al cabo de un rato de prolongado silencio—. Quiero decir que este invierno promete ser especialmente duro para ellos. Se dice que los ogros bajan de las montañas con mayor frecuencia y...
Guarda silencio de nuevo. Un silencio pesado y cargado de significado.
—Faltan espadas, falta comida, faltan pieles, falta medicina... Les falta de todo para pasar el invierno. Algunos amigos están reuniendo lo que pueden y a mí también me gustaría aportar lo que esté en mi mano, pero no puedo marcharme. No con el embarazo de Kateena tan avanzado. Lo entiendes, ¿verdad?
Continúo fingiendo que azuzo las llamas de la chimenea y que remuevo el estofado de verduras para no tener que mirar a Alyna a los ojos. Creo que si me doy la vuelta y nuestras miradas se cruzan, las dos romperemos a llorar.
—Nos tenemos la una a la otra —le recuerdo, con voz enronquecida sin apartar los ojos de la sartén—. Dime qué necesitas que haga y yo lo haré. Lo que sea, sin preguntas, ya lo sabes.
—Hay un herrero en Finn llamado Borek. Quisiera que fueras a verle. Se le ha encargado preparar una carreta con los suministros para los necesitados y me sentiría más tranquila si tú te aseguraras de que llega a su destino sin incidentes. Además, ya sabes que es un trayecto considerable y me sentiré mejor sabiendo que no viajas sola.
No espera a escuchar tu reacción antes de añadir:
—Por supuesto, te daré algo de dinero para que compres en Finn cualquier cosa que pueda serles de utilidad. Provisiones, mantas para el invierno... lo que consideres, ya sabes que confío totalmente en tu criterio. Ah, y me gustaría que le llevaras una carta a mi padre, si no es mucho pedir —añade como una ocurrencia tardía—. Me encantaría ir contigo a verle pero, si Kateena se pusiera de parto y algo le pasara a ella o al bebé, nunca me lo perdonaría.
Si aceptas, Alyna te entregará 50 piezas de acero para que las inviertas como mejor te parezca y una carta lacrada para su padre.
Tengo ganas de decirle que no quiero irme sin ella. Que podemos irnos juntas porque seguramente la molinera no salga de cuentas, o que esos elfos pueden esperar hasta que haya dado a luz. Pero me cayó porque sé que no me lo pediría si no fuera importante para ella y yo no quiero defraudarla.
—Claro, dalo por hecho. Mañana en cuanto amanezca salgo para Finn —le garantizo con una sonrisa algo forzada—. Incluso prometo no despertarte cuando me vaya, con una condición: que me cantes algo mientras cenamos.
26 Reorxmont 459 AC
Tal y como le prometiste a Alyna, te escabulliste de vuestro hogar familiar incluso antes de que saliera el sol, dejándole preparado el desayuno para cuando despertara. Las despedidas lacrimógenas no son lo tuyo.
Fuera hacía un frío helado, pero tu magia todavía te protegía desde la noche anterior, cuando saliste a buscar por la aldea a tu madre adoptiva.
Llevabas encima prácticamente todo lo que tus hombros podían cargar y todavía no sabías muy bien qué ibas a hacer con el dinero que Alyna te había dado, pero tenías claro que más valía gastarlo cuando llegaras a Finn o incluso más cerca de tu destino final que tener que dejar lo comprado en Logan por no poder acarrearlo.
El camino empedrado que lleva a Finn estaba en condiciones relativamente buenas, aunque algo resbaladizo y traicionero a causa de las heladas nocturnas. Por fortuna, el día amaneció despejado y no demasiado ventoso, lo que te permitió avanzar sin incidentes.
Paraste una vez a rellenar tu odre con agua fresca a media mañana y otra para comer algo y descansar tus cortas y cansadas piernas cerca del mediodía. En ninguna de las dos ocasiones te demoraste demasiado, pero a medida que el sol comenzó a descender el camino empezó a parecerte preocupantemente largo.
En condiciones normales lo hubieras recorrido sin muchos problemas en una jornada, aunque llevando tanto peso encima empiezas a dudar. Sin embargo, le has dado tu palabra a Alyna y no quieres fallarla. ¿Y si se marchan sin ti?
A pesar de que tus piernas empiezan a acalambrarse, te fuerzas a continuar avanzando con la tozudez propia de los enanos. Para cuando finalmente alcanzas la población, lo haces agotada, cojeando y tiritando. Hace rato que se ha puesto el sol y no tienes ni idea de dónde está la dichosa herrería.
Malhumorada y dolorida y no te molesta demasiado tener que gastar buen acero en la primera posada que te ofrezca una cena caliente, una cerveza fría, una buena chimenea y una cama seca. Las miradas que recibes allí van desde la indiferencia a la hostilidad, pasando por todos los espectros de la curiosidad. Ninguno de los parroquianos recuerda haber visto nunca una enana de color, pero sí haber oído rumores sobre tu nacimiento por lo que despiertas toda clase de habladurías.
Te alegraste de poder retirarte pronto al espartano cuartito que el posadero preparó para ti y, agotada, no tardaste en caer profundamente dormida.
Una ración de viaje consumida, 5 pp por el alojamiento y 1 pp por la cerveza y una cena escasa.