Interludio 2
El cofre
Mientras vuestro carro avanza pesadamente por el sendero de tierra, dejando atrás el Bosque de las Maravillas (o de las Pesadillas, según a quién y cuándo le preguntéis), el paisaje cambia poco a poco a un terreno abierto y despejado. La hierba baja decora los lados del camino, y el horizonte parece extenderse hasta donde alcanza la vista. Todavía os queda camino por delante, y éste es sin duda uno de esos momentos en los que uno aprovecha para reflexionar sobre sus acciones pasadas y sus objetivos futuros... si no fuera porque, en fin, seamos sinceros, eso de reflexionar no va mucho con vosotros.
Hasta ahora el viaje ha sido totalmente anodino, un viaje bajo un cielo claro y soleado en el Reino-Imperio de las Dos Coronas, con sólo el traqueteo de vuestro destartalado carro rompiendo un silencio bastante frustrante. Todo está yendo bien, nada desentona, nada os llama la atención, todo es monótono. Hasta que aparece el cofre.

Ahí, en mitad del camino, destacando como un unicornio en una manada de vacas, se encuentra lo que indudablemente es un cofre del tesoro. No hay nadie alrededor, ni personas ni animales. No hay tampoco rastro de huellas que indiquen cómo ha llegado ahí, ni carteles que expliquen su existencia. Ni guardianes, ni trampas evidentes. Es simplemente un cofre del tesoro considerablemente grande, con bordes dorados e incrustaciones de gemas de todos los colores. El sol lo ilumina con intensidad, dándole un aire tentador.
Si los cofres pudieran hablar, sin duda éste diría algo como "¡Miradme, soy importante!". Pero los cofres no hablan, así que no os dice nada. Este cofre podría ser la solución a varios de vuestros problemas. O podría ser un problema nuevo. Pero, ¿acaso no merece la pena arriesgarse?
El Príncipe Héctor, desde su cojín, observa el cofre con aire digno. Todo el aire digno del que es capaz un zapato, claro.
- ¡Vaya, mis fieles compañeros! Parece que el destino, en su infinita sabiduría, nos ha preparado una recompensa por nuestra ardua labor en el Bosque de las Pesadillas. Sólo puedo asumir que esto es un regalo del cielo al valiente Príncipe Héctor y sus intrépidos acompañantes. ¡Un momento digno de ser inmortalizado en canciones y crónicas! - declara con alegría, como un niño que está a punto de abrir su regalo de Navidad.
Crissa, con los ojos entrecerrados, salió del carromato, aprovechando el discreto cambio de turno de sostener el cojín real con Maikvel para echarse una siesta, descubriendo para su horror que los puñetazos de conejotes no se quitaban tan fácilmente con un sueño reparador.
Más bien al revés.
Intentó enfocar lo mejor que pudo su mirada en aquella cosa del camino, bastándola para identificarlo con un elemento bastante usual en su trabajo: un cofre*.
Y de normal, cualquier ladrón de poca monta hubiera saltado a abrir ese cofre con un ansia imparable. Pero claro, Criss era una profesional, y como toda profesional, tenía una respuesta bastante ordinaria que ya habia repetido en el anterior Interludio.
-Es una trampa. Que lo atropelle la mula.- Dijo, volviendo a acurrucar su cuerpecito en el hueco que se había hecho para dormir.
*De media un ladrón al mes puede abrir entre 50 y 75 cofres, llevando al control natural de la población de cofres y ayudando a mantener en equilibrio el medio ambiente.
Homero, en su travesía por el inmenso llano, había bebido más agua de la que cualquier mortal podría considerar prudente. Tanto ejercicio físico en el Bosque de las Pesadillas lo había dejado terriblemente sediento, pero ahora el exceso de hidratación le cobraba factura. Con el CO₂ acumulándose en sus riñones, o al menos eso pensaba él en su vasta sabiduría médica, las ganas de orinar lo acechaban con urgencia creciente.
Sin embargo, Homero, hombre de principios (y vergüenza en cantidades discutibles), no se atrevió a aliviarse frente al grupo. "Sin un inodoro digno, ni lo piensen", pensaba para sí. Fue entonces, en medio del camino, cuando apareció aquel cofre misterioso, brillando con un aura casi celestial.
Homero, iluminado por un destello de genialidad que solo él podía considerar sabiduría, exclamó
—¡Bendito sea los dioses que han escuchado mi plegarias y un Inodoro ha caido sobre nosotros para ser usado por Homero de la matanza!
Y sin pensarlo dos veces, salió disparado hacia el cofre, abriéndolo con una mezcla de entusiasmo y alivio para convertirlo en el receptáculo improvisado de su apremiante necesidad.
Tras haber superado el bosque, Maivkel se había entretenido escribiendo sus nuevas obras en desarrollo, al menos durante todo el tiempo que se lo había permitido el Príncipe antes de darle más conversación. Fue por ello tal vez que miró con más ganas el camino cuando el carro se detuvo. Vaya, sí que es un buen cofre. Maivkel asintió para sí, aunque Criss parecía tener una opinión muy distinta. Si lo ha dicho con tanta seguridad, debe de ser cierto.
- Tal vez podríamos comprobarlo con alguna de las pócimas de Maese Crispín. - sugirió el bardo - Si se trata de alguien oculto en el cofre o uno de esos "mimos", un gas venenoso debería hacerlo reaccionar, ¿cierto?
Maivkel se giró hacia el gnomo, esperando que tuviera algo que pudiera servirles, cuando Homero pasó como una exhalación y se adelantó hasta el cofre. Su máscara impertérrita le observó en silencio unos instantes, mientras él abría el cofre. Después se giró hacia Criss y en voz baja, preguntó una duda, cuanto menos, existencial.
- ¿Ha dicho inodoro?
...
PUFFFF!
Para sorpresa de los demás, la ropa de Crispín, piel e incluso su cabello están completamente teñidos de un brillante tono rojo, como si hubiese sido sumergido en una gigantesca taza de tintura. Sin parecer demasiado preocupado, Crispín se llevó una mano a la barbilla inexistente y, con una teatral reverencia, exclamó:
- ¡Ho ho ho! ¡Feliz Navidad a todos!
Tras un par de segundos incómodos, se enderezó y miró alrededor con una sonrisa nerviosa.
- Ups... creo que mezclé las pociones equivocadas. O tal vez no... quién sabe, estas cosas tienen mente propia.
Mientras murmuraba, intentó limpiar una mancha inexistente, como si eso fuese a deshacer el desastre. Pero el verdadero foco de atención era el cofre. Al fijarse en él, Crispín se inclinó hacia adelante, entrecerrando los ojos como si intentara encontrar un mapa del tesoro en la madera desgastada.
- Ajá... No me engañas, amiguito. He oído historias de cofres-persona, ya sabes, esos que parecen cofres, pero en realidad son... ¡¿personas disfrazadas de cofres?!
Dijo, dando un paso atrás y alzando su honda con exagerada precaución. Extendió su mano.
- ¡Espera, Homero! -gritó Crispín, agitando las manos como si pudiera detener el tiempo-. Si haces eso... ¡podrías estar insultando a alguien en el peor sentido posible! O peor aún, ¡es justo lo que el cofre-persona quiere!
Las últimas palabras fueron más para sí mismo, un murmullo entre dientes. Pero con un encogimiento de hombros, se giró hacia el elfo.
- Sea lo que sea, nuestro barman lo descubrirá.
Sentenció. Era el barman más bárbaro que había conocido, y en cierto modo le agradaba.
Crispín se cruzó de brazos, claramente satisfecho con su análisis... y con su nueva paleta de colores.
Reme se había quedado completamente dormida en uno de los pocos momentos que paraba un poco y se subía al carro. Tan tan dormida que no se enteró de nada hasta que escuchó a alguien gritar inodoro.
Había estado soñando con su boda con Laurel, dónde quién debía oficiar la boda no había aparecido, dejando a novios e invitados plantados. Bueno a todos no, ella no estaba plantada.
Abrió los ojos lentamente observando a su al rededor. Criss estaba tan sobada como ella, Maivkel parecía confuso, también como ella, sin entender bien eso del inodoro, Crispín estaba... muy rojo y extraño, Héctor seguía siendo un zapato y Homero... Homero no estaba en el carro. Giró la cabeza a ambos lados y lo vio alejándose rápidamente por la parte delantera del camino. ¿Acaso estaba huyendo de ellos? - ¡Homero espera! ¿Por qué huyes? - Se levantó de un salto, agarrándose a las maderas superiores de la parte delantera del carro - Espéranos, ¡somos un grupo!
La escena era demasiado dramática. Casi parecía sacada de una película, dónde la bella doncella gritaba a su caballero que no la abandonase. Estirando el brazo entre las rejas de la cárcel que la mantenía presa.
¿Es una trampa? ¿Es un cofre-persona? ¿Es una prenda de ropa cuidadosamente escogida por Laurel para su futura esposa, Remedios, para que se la ponga el día de su boda, cada día más cercano en el tiempo? ¿O es un inodoro, tal y como Homero parece pensar? No pasa mucho tiempo antes de que lo descubráis, ya que vuestro salvaje de confianza corre hacia el cofre como si una poderosa fuerza en su interior estuviera intentando salir por... bueno, que corre hacia el cofre.
Sombra, experta en sartenes, músico siniestro y Santa Claus contienen el aliento mientras el guerrero con hepatitis abre la tapa del cofre para encontrar en su interior nada menos que... ¡Un gran resplandor dorado! Y cuando éste se disipa encuentra en el interior del cofre...

¡Otro cofre! Más pequeño, del tamaño de un joyero grande, decorado con joyas que parecen más valiosas que las del cofre grande, con detalles en verde y dorado.
¡El semblate de Homero no desfallecio con el inesperado giro narrativo!
¡Mas bien se rio en fuerte carajadas!
-¡Es perfecto! ¡Perfecto señores!
Levanto homero el pequeño cofre con gemas y lo giro para enseñarle al resto de su grupo, el contenido no era lo que buscaba. Si no...el uso...y la mejor forma dejarlo solo ante la naturaleza masculina..era.....
-¡Futbol! jueguen con la pelota are.
Dio una patada al pequeño cofre y se lo envio a las piernas de Crispin...Oh no! eso va directo a su bolas....maldito sea su enanismo...oh bueno, si es agil podra salvar a sus futuros sobrinos.
Luego volteo Homero a mirar el cofre grandote
-Hoy eres mio.
Y procedio Homero a usar aquel instrumento para su mas primitiva naturaleza humana: Miar
- ¿Ha dicho inodoro?
...
Criss, tumbada donde estaba, gruñó sonoramente mientras, se desesperezaba lo mejor que podía, con el pelo algo revuelto.
-Se suponía que gastaría mi maternidad con el vástago que tendría un rey autoexiliado en busca de la forma de salvar a su reino de su propia corrupción*...no con este mentecato.- Finalmente, se arrastró al exterior por la apertura del carro, entrecerrando los ojos para intentar mirar mejor. Ante la imposibilidad de enterarse del todo lo que ocurría, simplemente suspiró- Maivkel, voy a mirar que demonios pasa con ese cofre. Quedate vigilando, y degolla con brutalidad a cualquiera que...
-¡Es perfecto! ¡Perfecto señores!
-¡Futbol! jueguen con la pelota are.
Y con esto, la supuesta pelota hizo un vuelo perfecto, digno de la patada de Dieguito Maradona**, directa a la entrepierna de Crispín con una puntería monstruosa. Que le diera o no es cuestión de sus habilidades, aunque Criss actuaría de una unica manera: indiferencia absoluta. Simplemente se quedó a mirar como el cofre revotaba en el suelo, mientras al instante escuchaba claramente el sonido de las aguas siendo liberadas, proveniente de Homero.
-....Juro a todos los Dioses que habitan cualquier tipo de panteón que no voy a mirar que está haciendo Homero con ese cofre. En fin, yo que vosotros vendería el cofre. Si lo que contiene es tan pequeño no valdrá la pena comparado con las joyas que lo recubren y la verdad, si ya es un cofre con cosas mágicas yo paso de abrirlo, son un asco los de ese tipo...
*Los objetivos de vida de Criss se encuentran entre los más específicos del mundo.
**Cuando Maradona murió en la time-line mala, se reencarnó en este mundo, siendo esto totalmente canon.
Crispín sintió una punzada en sus "joyas reales" que lo dejó doblado como un pergamino mal enrollado. Su boca se abrió en un silencioso grito de indignación, mientras sus pensamientos oscilaban entre maldecir al mundo entero y reflexionar sobre cómo alguien tan pequeño podía causar un dolor tan monumental.
- ¡Mis tesoros alquímicos! -jadeó al fin, entrecerrando los ojos como si pudiera evaluar el daño con pura fuerza de voluntad- ¡Eso ha sido un ataque directo al futuro de la ciencia!
Mientras se tambaleaba hacia el misterioso cofre, su curiosidad comenzó a ganarle la batalla al dolor. ¿Y si ahí dentro había un hombre-cofre con enanismo? O tal vez un goblin disfrazado de armario. O, mejor aún, ¡un duendecillo de las finanzas listo para negociar su salida con monedas de chocolate!
Crispín se inclinó con cuidado, todavía sujetándose sus partes nobles con una mano, y comenzó a examinar el cofre con la mirada de un investigador determinado.
- Bueno, pequeño malhechor -murmuró al cofre, como si este pudiera responderle-, si guardas algo tan fascinante como un hombre-cofre o un contrato para alquilar mis propias tripas, te aseguro que vale el dolor sufrido. ¡Abrámonos camino a la verdad!
Con un gesto teatral y precaución más que cuestionable, Crispín extendió la mano hacia la tapa, preparado para enfrentar cualquier sorpresa... aunque no fuera de su agrado.
De entre los barrotes, Reme se quedó observando a Homero que empezó a decir cosas sin sentido y de repente tiró algo directo a Crispín, dándole en todas sus partes nobles. Nuestra sanadora estaba ahora completamente convencida: Homero estaba poseído por algún tipo de enfermedad o maldición que lo hacía ir en contra de sus compañeros. - Oh no... - Se dijo a sí misma, preocupadísima. No, eso no podía permitirlo.
Agarró su sartén por el mango y de un ágil salto salió del carro y echó a correr hacia Homero sin decir nada más. Homero estaba de espaldas, haciendo algo al cofre grande. Con un pequeño impulso en una roca para dar un salto, elevó la sartén... tropezó con la roca en lugar de impulsarse, cayó, rodando hasta Homero a quién, sin ser consciente de a dónde dirigía la sartén, le dio un golpetazo en el trasero desnudo, parando eso su recorrido. - ¡Vuelve en ti! - le gritó mientras se levantaba del suelo (menudo mareo llevaba) Elevó la sartén de nuevo, como si aquello hubiese sido todo parte de su plan. Y dio dos pasos atrás, tambaleante por el mareo de tanta vuelta. - La locura es una enfermedad: yo puedo curarte. Vuelve con nosotros. Somos tus compañeros. ¡No puedes atacar así a Crispín! - le gritó, preocupada y algo enfadada con él poder dejar que la locura lo superase. - Homero de la... Templanza - dijo, sin recordar demasiado bien como era aquello - ¡Yo te despojo de tu locura!
Motivo: Golpe Sanador
Dificultad: 12
Habilidad: 10+1
Tirada: 1 1 2
Total: 1 +10 +1 = 12 Éxito
Motivo: Daño
Tirada: 1d4
Resultado: 2 [2]
Motivo: Sanación
Tirada: 1d6
Resultado: 1 [1]
Maivkel asintió, tal vez algo confundido, a la orden de Criss. Sin embargo también quería ver qué había en el cofre, y lo que vio en su lugar fue cómo Crispín recibía un bolazo en sus bolas. Un gemido de dolor gutural sonó bajo la máscara de Maivkel, en pura empatía por el golpe que recibió el gnomo.
Después de esto, seguía sintiendo curiosidad por saber qué había en el cofre, pero algo más importante era lo que estaba haciendo Remedios. Después de escuchar a la sanadora, las acciones de Homero comenzaron a cobrar más sentido que nunca y entonces supo que no podía quedarse de brazos cruzados. Rápidamente apoyó el real cojín en el asiento del carro y sacó su violonchelo de la funda.
- Lo lamento, Príncipe, esto podría ser cuestión de vida o muerte. - le dijo al Zapato casi sin mirarle, antes de tocar dos fuertes acordes del comienzo de un conjuro. Conjuro que iba dirigida hacia la sanadora, aunque parecía tan centrada que la melodía no llegó a afectarla. Espero que con su fuerza sea suficiente para acabar con la locura del pobre Homero.
Motivo: Oops I did it again
Dificultad: 13
Habilidad: 9
Tirada: 2 2 3
Total: 2 +9 = 11 Fracaso
Todo sucede demasiado rápido para el gusto de este narrador. Llevado por sus impulsos más básicos, Homero rápidamente se deshace del cofre pequeño que estaba dentro del grande dándole una buena patada en dirección a Santa Crispín y acertando directamente en el centro de gravedad del gnomo. Una acción extremadamente cruel provocada exclusivamente por la sensación de apremio que le produce su vejiga llena, por supuesto, y por eso Homero se da prisa en aliviarse dentro del cofre grande, ahora vacío.
Pero eso no hace que Crispín se sienta mejor consigo mismo, ni mucho menos. Por lo menos hay que valorar que el gnomo no es rencoroso, y por eso en vez de buscar venganza busca abrir el cofre pequeño que ha hecho que, muy posiblemente, su linaje de genios bajitos termine con él. Pero eso dejémoslo aparte por ahora.
A Criss le da absolutamente igual el cofre grande, el pequeño, las bolas de Crispín y el meado de Homero y decide no meterse en estos asuntos. Lo cual, curiosamente, hace que termine una vez más a cargo del Príncipe y de su cojín real-imperial mientras sus compañeros actúan. Y es que Remedios, como cualquier persona racional haría, llega a la conclusión de que las acciones de Homero no son lógicas y por ello debe de estar maldito, extremadamente confuso o gastándose el dinero en el Pokémon GO. Algo chungo, vamos.
Por eso Remedios reúne toda su valentía y su fiel sartén, y sale corriendo hacia Homero mientras éste descarga toda su orina acumulada en el cofre, provocando un sonido de salpicadura extrañamente armonioso. Lo malo es que Reme resbala, rueda, su sartén sale volando, da vueltas y aterriza de nuevo en su mano milagrosamente, pero al revés. Así que la gnoma curandera, sujetando ahora la parte ancha de su sartén y con el mango en alto, procede entonces a usar su ataque sanador contra el trasero desnudo de su compañero. ¡Zas! El mango sanador de la sartén de Reme asciende hacia el trasero de Homero. ¡Zas, zas!
Una madre y su hijo pasan por la zona en ese momento, pero rápidamente la madre le tapa los ojos al niño con la mano y se marcha de allí totalmente alterada y gritando improperios mientras su hijo pregunta qué estaba haciendo la señora bajita. ¿Y lo peor? Maivkel considera que tal vez ese golpe sanador, cuyo resultado se podría comparar con lo que le sucedió al árbol-agujero al que Remedios también atendió en el Bosque de las Pesadillas™, no es suficiente. Así que toca una pegadiza melodía que hace que Remedios decida actuar otra vez. ¡Zas, zas, zas!
Y así es como "la Matanza de Homero" dejó de referirse a lo que Homero hacía en el campo de batalla y pasó a ser lo que sucedió en la parte baja de su espalda.
... Ah, sí, el cofre. Crispín lo abre, y dentro se encuentra nada más y nada menos que una galleta de la suerte, con una tira de papel dentro, cuyo texto os regala unas perlas de sabiduría.

"Cuando la luna besa al girasol, incluso las sombras se enamoran del viento."
La galleta está rancia.
Criss se queda mirando...sin entender.
El hecho de que la hubieran condenado a recuperar de nuevo como portadora del cojín era una nimiedad comparado con el espectáculo que se desarrollo ante sus ojos. Un espectáculo que ni el master era capaz de somatizar del todo, y eso que le he visto somatizar mierdas duras. Lo único que podía sacar en claro, siendo incapaz de entender del todo que había sacado Crispín de la caja salvo que no explotaba o te teletransportaba a un reality show (lo cual era lo único que la importaba), es que Homero se había llevado una somanta de leches y eso...lo cierto es que eso la hizo feliz, por lo que se permitió sonreir de medio lado.
-....Bueno, me siento bastante orgullosa de no haber participado en absolutamente nada de esto...En fin, llega la parte de la trama donde el grupo se divide. Recomiendo a su Majestad que haga un discurso motivador. Yo terminaré mi labor aquí- Y con todo dicho, Criss se volvió a la siesta cual gato al mediodía.*
*.....Ah, perdón, hoy no se me ocurre nada que poner, pero...¿Habéis visto Pantheon en Netflix? Está bastante guay y tal, yo que vosotros me la vería.
Homero estaba en lo suyo, echando su miao como si no hubiera un mañana, disfrutando del alivio y hasta creyendo que su barriga cervecera estaba cediendo. Sin embargo, la paz no duró mucho: un sartén vengador y decidido aterrizó con precisión quirúrgica en su trasero al descubierto, arrancándole un alarido que podría describirse como mezcla de indignación y sorpresa.
Se giró confundido Homero, mirando a Remedios con los ojos entrecerrados.
—¡Yo… yo… que tenga un bar no significa que tenga secciones ABSM!
Pero aquellas palabras no evito que le diera una segunda tanda en su inocente trasero.
— AUCH! ¡¿Qué tiene que ver la locura con golpearme el trasero?!
Sus ultimas palabras antes de que Mauvikail iniciara su composicion, combinando con una nuevo golpe de Remedios el trasero Homero queda tan rojo y dolido, y Homero, en el suelo en posicion fetal llorando lagrimas
-¡Para! ¡Por favor! ¡Me esta empezando a gustar! Dijo....¡Duele mucho!
Sus ojos buscando una forma de salvarse de otro ataque de la furiosa Remedios, encontro su salvacion en la galleta de la fortuna
-¡Remedios! ¡Me he curado! ¡Pero crispin ha abierto el cofre del demonio! ¡La galleta le esta poseyendo! ¡Curalo a el antes que nos haga un chernobly tecnomagico!
No he visto Pantheon en Netflix, la ultima serie que vi fue Nurse Angel Ririka SOS. Me dijieron que era nietzsche de chicas magicas, esta cosa no tiene mucho sub en español. Toco hacer subtitulos caseros con mordismo argentinos




Maivkel quedó expectante después de haber hecho que Remedios golpeara otra vez a Homero. Esperaba ver algún cambio en él, como que estuviera menos amarillento o que le cambiase la voz o tal vez que simplemente dejara de orinar en el cofre. Pero no parecía que fuera a ocurrir nada de eso. De hecho, a juzgar por lo que decía de Crispín... había empeorado.
- Dale otra vez, Remedios. - dijo su grave voz bajo la máscara, preparado para volver a invocar su conjuro.
Por suerte o por desgracia, Criss se cansó de sujetar el cojín y el sentido del deber de Maivkel fue más fuerte que sus ganas de curar pacientes de psiquiátrico. El bardo dejó su instrumento a un lado y rápidamente sujetó de nuevo el cojín real, esperando que el Príncipe Zapato no hubiera sufrido demasiado trote.
Tras varios... palos en el trasero (cada quién que entienda lo que prefiera), Homero empezó a quejarse del dolor, aunque también de que le gustaba. Aquello confundía a la gnoma. La compañía y los ánimos de Maivkel, sin embargo, fueron cruciales en el tratamiento, pues le daban la seguridad total sobre el diagnóstico; Sí, definitivamente, Homero seguía loco. Nadie en su sano juicio podría quejarse de dolor y de placer a la vez, ¿no?.
Después de darle unos palos más, y que el amarillento hombre acabase en el suelo, comprobó con gran eficiencia que parecía encontraba mejor, al menos, estaba más calmado - Bien, esta vez fue duro, Homero. Espero que tengas más cuidado la próxima. Son prácticas que no me gusta llevar a cabo, pero lo hago por el bien de tu salud mental. No tendré dudas en repetirlo si te vuelves loco otra vez. Regresemos al carro. - finalizó, convencida de que, finalmente, había ayudado a su compañero. Limpió el mango de la sartén con un trapo que sacó de alguno de sus varios bolsillos, le pasó un jabón, un agua y después un barniz que fue sacando de todos sus bolsillos y volviendo a guardarlos y, una vez limpia, regresó hacia el carro.
De camino, se cruzó con Crispín, a quién observó con curiosidad ya que parecía como que cierta parte del cuerpo le doliese - Crispi - le llamó, con toda la confianza que le tenía de haber hablado... alguna vez anteriormente. - ¿Todavía te duele dónde te ha dado el cofre? Puedo ayudarte con eso, déjame ver- le dijo con su vocecita aguda al hombrecillo de rojo mientras agarraba con destreza la sartén por el mango, en posición ya de golpear.
Crispín contempló el contenido del cofre con una mezcla de asombro y desilusión. Una galleta de la suerte rancia, cuyo mensaje parecía escrito por un bardo borracho, no era el tesoro alquímico que esperaba. Sin embargo, siendo Crispín, hasta lo más improbable podía tener utilidad.
- "Cuando la luna besa al girasol, incluso las sombras se enamoran del viento" -leyó en voz alta, frunciendo el ceño-. Esto suena a receta de perfume... o la clave para abrir un armario encantado. Tal vez ambas.
Con una reverencia absurda, guardó el papel en uno de sus muchos bolsillos y levantó la galleta como si fuera un descubrimiento revolucionario.
- ¡Esto podría ser el eslabón perdido entre el caos y la victoria! O al menos una distracción comestible...
El ruido detrás de él lo hizo girar y, para su horror, encontró a Remedios acercándose con esa mirada de "sanadora entusiasta". Crispín dio un paso atrás, llevándose una mano al pecho como si la mera idea de ser atendido por ella fuera más dolorosa que el cofre golpeando sus joyas reales.
Soy demasiado joven para perder mi capacidad de tener descendencia. Pensó, ignorando convenientemente su edad y aspecto.
- ¡Oh, Remedios querida! No os molestéis. Este humilde alquimista se encuentra perfectamente... ¡en camino a una recuperación milagrosa! -sacó una botellita transparente de su cinturón- Mi... eh... Poción de Alivio Instantáneo hará el truco. ¡Aunque el sabor... bueno, es un gusto adquirido!
Dicho esto, dio un sorbito microscópico, fingiendo un entusiasmo desmedido por su propio "remedio", mientras hacía todo lo posible por no mirar al Príncipe Zapato.
- ¡Vuestra Majestad! -exclamó con teatralidad, señalando un punto cualquiera en el horizonte- ¿Algún deseo real-imperial que pueda cumplir mientras no miro atrás?
Crispín mantuvo una distancia prudente de Remedios y, sobre todo, del Príncipe Zapato, convencido de que acercarse demasiado solo traería más golpes... esta vez, a su orgullo.
Y así es como nuestros héroes terminaron un poco más sabios gracias a la galleta de la fortuna, y un par de ellos bastante más doloridos gracias a los remedios de... bueno, Remedios, y de la puntería de Homero con el fútbol.
Después de que todos se subieran de vuelta al carro y continuasen su camino, el bandido que había contemplado toda la escena oculto entre los matorrales cerca del camino pensaba "Hostia, que estos randoms están más locos que yo, mejor me alejo del lugar". De hecho, ese bandido le tomaría fobia a asaltar a gente que transitaba por los caminos y acabaría volviendo a la escuela para perseguir su verdadera vocación: la arqueología. Sin embargo, dos años después de licenciarse acabó aplastado por un cofre-trampa en el interior de un templo que estaba explorando. Ironías del destino.
Pero bueno, esa es otra historia. La nuestra continúa, con nuestros héroes dirigiéndose hacia Villa Importante...
CONTINUARÁ