Partida Rol por web

La lógica de las hogueras

1. AGENTES DE FENRE - Novokovo

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26/04/2022, 17:54
Director

Heinrich no aparece por ningún lado. Pero sí escucháis el graznido de un cuervo. ¿Un solo cuervo? No. Son más. Pronto veis a dos cuervos, luego a tres. Se posan en las ramas de un árbol moribundo. No se callan. Graznan al tiempo que os siguen con la mirada. Ahora son cuatro.

Esos cuervos os están vigilando [1].

Notas de juego

[1] Éxito en la tirada de Alerta.

Es una muy-mini-actualización porque en este momento no tengo tiempo para más. Entretanto, en vuestro siguiente post podéis hacerme también una tirada de Supervivencia a ver si detectáis alguna otra cosa anormal.

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26/04/2022, 18:05
Director

Escuchas el graznido de un cuervo. ¿Un solo cuervo? No. Son más. Pronto veis a dos cuervos, luego a tres. Se posan en las ramas de un árbol moribundo. No se callan. Graznan al tiempo que siguen a Cornelius y a Laurien con la mirada. Ahora son cuatro. Tus compañeros también se han percatado del extraño comportamiento de las aves. Uno de los pájaros tiene la cabeza volteada hacia ti.

Esos cuervos os están vigilando [1].

Notas de juego

[1] Éxito en la tirada de Alerta.

Es una muy-mini-actualización porque en este momento no tengo tiempo para más. Entretanto, en tu siguiente post puedes hacerme también una tirada de Supervivencia a ver si detectas alguna otra cosa anormal en el cementerio. Ahora sí voy a pedirte que hagas el post narrativo donde te encuentras con Laurien y Cornelius.

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26/04/2022, 20:42
Heinrich von Bassenheim

Heinrich caminó cavilando, pero con un sonrisa en la cara hacia su nuevo destino: el cementerio. Recordar sus viejas habilidades de soldado sin duda le había subido el ánimo. En ese estado, llegó al cementerio, sin darse cuenta, siguiendo patrones de movimiento de explorador. Aquello era, sin hacer ruido y procurando esconderse a cada paso, cuando quiso darse cuenta de lo que hacía, vió a sus dos compañeros, Cornelius y Laurien, ya en el cementerio y pensó en sobresaltarlos. Estaba apunto de hacerlo cuando algo interrumpió sus pensares y, por lo tanto, también sus acciones.

Un grupo de cuervos actuaba de forma muy extraña. Vigilaba a sus compañeros. No. No solo a ellos. Uno de los cuervos también le miraba a él. Aquello era de todo menos natural. 

Sacó su pistola y apuntó a uno de los pájaros. Disparó. 

-Creo que alguien nos está vigilando, y no le gusta nada que estemos aquí. Algo debemos estar haciendo bien. -Dijo como toda presentación a sus compañeros, con un tono preocupado.
*

Luego de aquella extraña pausa, Hein volvió a hablar. Con expresión seria. Lo que estaba viendo, no le gustaba. Menos aún lo que intuía.

-Intuyo que nos hará bien revisar concienzudamente este sitio. ¿Hasta ahora habéis encontrado algo?

- Tiradas (2)

Notas de juego

*Dire, no se si le atino al pajarraco o no. Si le atino me acerco y lo examino, para ver si a simple vista se ve algo extraño. Independientemente de si lo tiene o no, me guardo el pájaro para luego.

Si no le atino, me quedo mirando a los pajarracos y hago el mítico gesto de apuntar a mis ojos con el dedo corazón y el índice hacia mi y luego hacia el pájaro.

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26/04/2022, 23:20
Dr. Cornelius Kotzträppus

Horribles cuervos vetustos y amenazadores, eran cuatro y les observaban. Laurien preguntó en un susurro a Cornelius, si acaso él podía ver algo. Sin duda la joven también se habían percatado de los torvos vigilantes, y aun en la negrura que los envolvía podían notar los ojos, cuatro pares como negros cristales, que, inquisidores, les oteaban.

No era Cornelius hombre de supersticiones, pero sí conocía que algunos practicantes de lo impío podían valerse de animales para sus pérfidos planes, pudiendo llegar incluso a comunicarse con ellos, sirviéndoles así de espías. También había leído acerca de brujas y brujos que tenían el poder de ver a través de los ojos de sus viles animales, pero a buen seguro ese asunto era cosa de superchería.

Entonces una detonación rompió la noche en un millar de fragmentos, delatando al sigiloso agresor a apenas unos metros de ellos. Se trataba de Heinrich, que al fin había aparecido, disparando, desde la oscuridad, al cuarteto de hórridos pájaros de antaño.

El sobresalto, lejos de amilanarlo, hizo que el ánimo del viejo cobrara bríos, que tras identificar a von Bassenheim, que se acercaba a ellos con su cañón aún humeante, se dirigió a Laurien, que permanecía a su lado.

- El batidor, ha aparecido; vamos, hermana, prefiero su compañía a la de estos horribles córvidos.

- Tiradas (1)

Notas de juego

Cornelius no tiene la habilidad de Supervivencia, como el Director nos pidió la tirada la dejo, pero sin saber si puedo utilizar la habilidad y sin saber el modificador que tengo que aplicar. 

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26/04/2022, 23:27
Laurien Groote Stroek

¿Un graznido? El cuerpo de Laurien se giró en dirección al sonido, contemplando curiosa a aquel cuervo. No, a aquellos cuervos... Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al sentir aquellos ojos posados sobre ella y su compañero y cada uno de aquellos graznidos provocaba un nuevo escalofrío en ella hasta que escuchó aquel fuerte sonido, el de un disparo, un sonido que provocó que gritara para llevarse la mano a la boca unos pocos segundos después de aquello.

Ahora miró en dirección al disparo, mirando a Heinrich con cierta rabia tras asustarla de aquella pero después, volvió su atención a aquellos pájaros.

- Si, eso parece... 

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27/04/2022, 21:29
Director

Un nuevo sonido se adueña del camposanto: la detonación de la pistola de Heinrich. El cuervo que observaba al batidor cae pesadamente del árbol, dejando un rastro de plumas negras tras de sí. Las demás aves se mantienen firmes en su lugar, desafiantes. La intensidad de sus graznidos va in crescendo al punto tal de convertirse en una cacofonía ensordecedora, continua, interminable. Los ojos de los cuervos están posados sobre Heinrich. Si no fueran pájaros, diríais que hay furia en sus miradas.

Y entonces, como si el pistoletazo de Heinrich hubiera desatado el infierno, los muertos comienzan a alzarse de sus tumbas.

Notas de juego

Fin del capítulo AGENTES DE FENRE

Continúa en el capítulo PANDEMÓNIUM...

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28/04/2022, 18:16
Dina

Un orgulloso hijo de Herenhout, dices. Dina aprieta los puños con tanta fuerza que las uñas se hunden en las palmas. La mortecina luz de la farola alumbra sus nudillos blancos. Pero confesar que tu familia murió en la guerra hace que un escalofrío recorra el cuerpo de la mujer. Hay distintas formas de desconcertar a alguien. Una de ellas es confesando un secreto. Forzar la empatía, desnudar el dolor y contagiar el duelo. Nombrar la miseria la vuelve tangible, la convierte en un manto que se extiende sobre ti y sobre Dina.

Se estremece, una de las tantas murallas emocionales que ha construido a su alrededor se derrumba de un soplo. Dina se sienta en uno de los escalones del porche. Los perros guardan un respetuoso silencio. Su rostro escapa de la oscuridad y queda plenamente iluminado por la lámpara. Los lúgubres ojos de Dina están clavados en la sangre de tu madre y tu hermana, y cada tanto sube hacia tus cicatrices.

—Mis vecinos dicen bien. Mi familia... teníamos un granero. Al lado de la casa. Mi esposo, mis tres hijos, mis suegros. Vivíamos aquí, en esta casa, todos juntos. La Guerra de los Destronados había comenzado hacía poco. Aquellos fueron los años más feroces, pero en Novokovo nadie estaba entusiasmado con la guerra. Éramos una aldea pequeña, alejada de las intrigas del Imperio Antoniano. Éramos felices.

>>Todo cambió la noche en que aparecieron los oficiales del Imperio Antoniano. Golpearon la puerta de mi casa. Eran cuatro hombres, se les veía desesperados, hambrientos, malheridos. Nos pidieron refugio y que no reveláramos su identidad. Decían que habían combatido en una batalla, que habían escapado por poco y que ahora estaban huyendo hacia Antongrado. Querían hacer un alto durante un par de días aquí, en nuestra casa, antes de continuar su viaje.

>>Mi marido se opuso. No quiero soldados aquí, dijo, puede ser peligroso para los niños. Vasili, dije yo, míralos, estos hombres están en mal estado, necesitan descansar, ¿cómo podemos negarnos? Nada malo va a ocurrir, dije. Qué estúpida fui. Qué estúpida.

Un silencio infinito se adueña de Dina. El labio inferior le tiembla, pero no hay lágrimas surcando sus mejillas.

—Cuatro oficiales imperiales. Es curioso, inquisidor, pero he olvidado sus nombres. Había un tal general Malenkov, y creo que un teniente coronel Krechenko... ¿o era al revés? Eran amables. Tenían los modales rudos típicos de un soldado, pero eran amables. Procuraban no molestar mi familia, y se pasaban todo el día ocultos en el granero. Nosotros cumplimos con nuestra palabra y no alertamos a nadie acerca de su presencia en Novokovo. Cosí sus heridas. Les cociné. Mis hijos les llevaban la comida todos los días.

>>Los Colmillos de Herenhout llegaron a la tercera noche. Claro que en ese momento yo no sabía que se hacían llamar así, Colmillos de Hierro. Aquello lo supe más adelante. No sé cómo, pero se las ingeniaron para seguir el rastro de los oficiales imperiales. Los Colmillos eran diez. Entraron a nuestra casa sin hacer ruido. Desperté siendo arrastrada de los pelos por hombres que no conocía, que hablaban la lengua común con el acento de Herenhout. En la habitación de al lado pude ver a mi suegro ahogándose en su propia sangre. Le habían rajado la garganta de par en par.

>>Mis hijos, mi marido, mi suegra y yo fuimos llevados hasta el granero. Los oficiales ya habían sido maniatados. Les habían dado una paliza, pero seguían vivos. Los Colmillos no eran vándalos. Eran profesionales. Sabían lo que hacían. No se reían. Aquello era algo serio. Era un ritual. Su ritual. Su líder me lo hizo saber. De todos los rostros que conocí aquella noche, el suyo es el único que recuerdo. Tenía unas cicatrices espantosas en el rostro, como un zarpazo, y unos ojos color esmeralda que echaban chispas. Estos hombres son enemigos del Reino de Herenhout, dijo, y como tales merecen la muerte. Al igual que vosotros, que habéis dado refugio a enemigos del Reino de Herenhout: también merecéis la muerte. 

>>Primero... primero mataron a los oficiales. Luego... sus cabezas. Y luego sus ojos. Marcaron sus ojos con una daga. Nosotros llorábamos. Dejadnos ir, pedí, aunque sea dejad ir a mis hijos, mis hijos no tienen la culpa. Los pecados de los padres manchan la sangre de los hijos, respondió el hombre de las cicatrices, y decapitó a mi hijo mayor, que tenía quince años. Mi marido intentó luchar, pero recibió cinco puñaladas en el estómago. Yo estaba cerca de una lámpara de aceite. Aprovechando la distracción que generó mi esposo, la volqué sobre un montón de heno. El granero comenzó a arder.

>>Los Colmillos no se molestaron en apagar el fuego. Todo ardía, pero ellos se ocuparon de concluir con su... con su ritual. Terminaron de cortar las cabezas de los cuerpos y de hacer los tajos sobre los ojos. No miré atrás. Cogí a mis dos hijos, los que habían sobrevivido, y huimos tan rápido como pudimos. Mis vecinos ya se estaban acercando al incendio, a ver qué era lo que estaba ocurriendo. Me encontraron en silencio, petrificada, sin poder hablar. Para ese entonces los Colmillos ya se habían marchado. Lo único que se salvó del fuego fueron las cabezas.

Otro silencio. Sigue sin haber lágrimas en el rostro de Dina. ¿Cuántas veces contó esta historia? ¿Cuántas veces revivió aquella noche?

—Yo no quería venganza, ¿sabéis? Solo quería vivir el resto de mi vida en paz, llorando a mis muertos, acompañada por mis hijos. Pero mis vecinos insistieron en que esto era una afrenta al pueblo. Que esto no podía pasar sin más. Que debía haber represalias. Que la aldea debía ir a la guerra. Que mis hijos, los que habían sobrevivido, debían ir a la guerra a vengar a su familia. No lo hagáis, les insistí. Por favor, no lo hagáis. Pero no me hicieron caso. Los otros habitantes de Novokovo les obligaron a alistarse al ejército. Y al final, el trabajo que comenzaron los Colmillos lo terminaron mis vecinos. Hicieron que cientos de hombres, entre ellos mis hijos, fueran a combatir. Mis niños murieron en la guerra.

>>Meses más tarde, supe que los Colmillos fueron emboscados y asesinados en una escaramuza. No me importó. Para ese entonces, yo ya no tenía nada. Estaba, estoy, sola.

>>Decidme, inquisidor, lleváis la sangre de vuestra madre, y la de vuestra hermana. ¿Cómo murieron? ¿Y por qué no lleváis también la sangre de vuestro padre?

Notas de juego

Se me hace imposible saber qué hará Gherim con toda esta información...

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29/04/2022, 12:01
Ser Gherim van Wayden

El viento sopla arrastrando una gélida y funesta sombra que se extiende desde el cementerio. Las silentes voces de los muertos acuden prestas para atormentar la memoria de los vivos.

Dina cuenta su historia desde el abismo de los desamparados. En su narración no hay sombra de justicia ni rastro de lágrimas. Solo sangre y muerte. Es la crónica de la guerra, que desmitifica hombre y erige al monstruo. Cabezas cortadas relucen en su dantesca fábula sobre el Mal hecho hombre. Un hombre que parió a un hijo. Un hijo que arrastra como una pesada cadena colgada del cuello los pecados del padre. Un padre que murió asesinado durante la guerra. Su muerte nunca tuvo rostro. ¿Acaso alguna vez lo tiene?

El gran enigma encuentra al fin resolución… ¿verdad?

Una lágrima de sangre amanece en la retina desfigurada del último de los Van Wayden, derramándose solitaria por los restos calcinados de lo que una vez fue un rostro humano. La noche la vela. Será su secreto.

Decide responder a la mujer. No por cortesía. No por compasión. Menos aún por empatía.

Lo hace porque la reconoce como a una igual.

Un ser yermo y vacío en un mundo sin sentido.

—A mi madre la violaron cinco soldados imperiales antes de quemarla viva —escupe el inquisidor, un hierático hombre de piedra, tan ajeno al dolor como la mujer que ante él desnuda su terrible pasado.

—A mi hermana le aplastaron la cabeza. Era una niña. La agarraron del tobillo y la zarandearon como un muñeco contra la pared. Dos golpes bastaron. A veces, cuando cierro los ojos, aún escucho… el crujido.

>> No intervine. Pude hacerlo, pero elegí esconderme como un cobarde. Por eso conservo la vida. Y por eso… —se señala su aterradora cicatriz. —Llevo la marca de la vergüenza.

Ser Gherim se sumió en un introspectivo silencio. Luchó por controlar los latidos de su corazón, otrora un músculo inerte en su pecho. En la oscuridad flotaba el peculiar e inolvidable hedor dulzón a carne quemada, la grasa deshaciéndose sobre el músculo, los tendones restallando al calor del fuego. Gritos. Alaridos. Llantos.

El mordisco de la llama envenenando con su imborrable ponzoña su cara.

Cobarde.

Miró a la oscuridad que les rodeaba. Buscaba desesperadamente un granero que ya no existía. La eterna sombra del pasado le había marcado como un furtivo e inalcanzable homicida.

Padre, ¿ha valido la pena?

—No recuerdo sus caras —susurra, un rictus siniestro dibujándose en su rostro. —He rogado a Fenre que me haga recordar… recordar la faz de mis enemigos —aprieta con fuerza las alhajas en las que ha cristalizado la sangre de su madre y hermana. —Le he rogado que me conceda la oportunidad de castigarles. De honrar el nombre de mi madre. De lavar con sangre el crimen de mi hermana. He rogado… He rogado. Pero a cambio, solo he obtenido silencio. El más ensordecedor de los silencios.

>> ¿Mi padre, preguntáis…? Su sangre late conmigo, en mi interior —dice, solemne y críptico, palpándose el pecho. —El hijo que olvida el nombre de su padre se ha olvidado a sí mismo —recita de memoria, un viejo mantra, útil en tiempos pretéritos. Le hizo sobrevivir. —Siempre creí que mi padre fue un fantasma. Temido y respetado por todos. Un héroe de guerra… Mas nunca le conocí. No tuve la oportunidad. La guerra… La guerra me lo arrebató—revela a Dina, mirándola con la frialdad del acero. Una frialdad que acoge un alma triste y solitaria. Un alma gemela, idéntica a la de la novokovita, pero privada de todo rastro de bondad.

Se la han arrancado de cuajo.

—Ahora sé que fue un demonio —sentencia, enigmático y melancólico.

Y que yo soy su igual.

Ser Gherim se recoloca la placa argéntea que le da nombre mientras se da la vuelta lentamente, su figura cubierta por su elegante capa púrpura.

Algo le hace detenerse antes de ser devorado por la noche.

—Lamento vuestra pérdida, mi señora. Si el destino pone en mi camino a vuestros enemigos, sabed que la noche acogerá sus almas en sus tinieblas.

Dedica a Dina una modesta reverencia como suerte de despedida. No ha mencionado a Fenre. Ya no.

—El monstruo que mató a vuestra familia se llamaba Kaden Van Wayden. No dejará descendencia. Me encargaré personalmente de ello. Tenéis mi palabra.

Notas de juego

Véase que ni le pregunta por brujerías ni gaitas.

Para Ser Gherim Dina ha justificado su tránsito por Novokovo. Es más, le ha resuelto un enigma vital que no esperaba jamás descifrar.

Dentro de lo misterioso que es hablando el PJ, creo que una persona más o menos inteligente como parece ser Dina podría sumar 2 más 2, pero lo dejo a tu elección ;-)

¡Si quieres añadir algo más, adelante! ¡Yo encantado! ^^. Si no, que sepas que voy a visitar a la extranjera a presidio, siguiendo el plan pactado con mis colegas. Siempre y cuando no ocurra algo que requiera de mi atención, por supuesto. XD

METAGAMING DEWEY? NOT IN MY HOUSE! ;-D

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29/04/2022, 17:36
Dina

Dina escucha en silencio, sentada en el porche. Uno a uno los pesares que desgarran tu ser se materializan entre vosotros. Tus miserias y las de ella, lado a lado, espalda con espalda. Ser Gherim y Dina, los miserables de Novokovo, dos carcasas vacías. ¿Vacías? No, eso no es cierto. Dentro de vosotros hay algo: abismos. 

Dina no lloró al contar su historia. Tampoco llora con la tuya. Su rostro inmóvil bien podría ser una máscara mortuoria.

—Lamento tus pérdidas —dice, en una perfecta amalgama de laconismo y sinceridad—. Espero que logres recordar sus rostros. Espero que logres darles caza.

>>Kaden Van Wayden —repite, saboreando el nombre—. Es bueno conocer su nombre. Pero ya no cambiará nada. A mis espaldas no hay otra cosa que cenizas. ¿Qué hacemos con los demonios que nos acechan, inquisidor? Quisiera decirte que lo conveniente es olvidarlos, pero... olvidar... eso es algo que nunca he podido hacer.

>>El pasado se ríe de nosotros, inquisidor.

Dina abre la lámpara y apaga el fuego. Ya no hay luz. No es necesaria. No hay nada más que ver. Te marchas en silencio. Dina permanece en el porche, envuelta en sombras, rodeada de fantasmas.

Notas de juego

Fin del capítulo AGENTES DE FENRE

Continúa en el capítulo PANDEMÓNIUM...