CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 05. PASADO EL MEDIODÍA; BRUMA CASI INEXISTENTE.
INTERIOR DE EL CUERVO BORRACHO. ESTANCIA PRIVADA.
TEMPERATURA: 18 GRADOS. - EL SOL ILUMINA LA ESTANCIA.
El peso de las palabras de Humbertus no se disipó al cerrar el diario; permaneció en el aire, denso, incómodo, como una verdad que no termina de asentarse porque, al hacerlo, obliga a mirar demasiado lejos… o demasiado adentro. Durante unos instantes nadie añadió nada nuevo, porque todo lo que podía decirse ya estaba ahí, sobre la mesa, entre ellos, latiendo en forma de dudas que no encontraban respuesta.
Porque no, no había terminado.
¿Cómo que se había terminado?
Quedaban demasiadas preguntas abiertas, demasiados hilos sueltos como para hablar de cierre alguno. ¿Quién estaba robando el hielo negro, y con qué propósito? ¿Era simple codicia o parte de algo mayor, más oscuro, más calculado? ¿Había sido realmente derrotado el Barón Cuervo o solo contenido una vez más, esperando su momento para regresar? ¿Qué papel jugaban Rûna y aquello que se hacía llamar el Uno, y por qué sus palabras resonaban con un eco que ninguno podía ignorar?
Y aquel detalle, casi perdido entre líneas… “H. ex Cli”. En Común Antiguo: “H. de Cli”. ¿Qué significaba realmente? ¿Existía una conexión entre Humbertus y aquella antigua sociedad, los Cli, cuyos ecos apenas sobrevivían en fragmentos olvidados?
Más allá de Kravenhold, el mundo tampoco ofrecía consuelo. ¿Qué estaba ocurriendo en el Tralmarch con las nornas? ¿Había un vínculo entre ellas y el Barón, o era otra sombra distinta la que se alzaba en paralelo? ¿Hasta dónde llegaba realmente aquello a lo que se enfrentaban?
Y más cerca, más humano, más inmediato… ¿seguiría con vida el Padre Gregor cuando llegaran a su lado? ¿Qué había sido del Viejo Agorero, cuya ausencia comenzaba a pesar como una advertencia ignorada?
Incluso el cofre, abierto al fin, se negaba a ser una respuesta sencilla. ¿Qué secretos ocultaba realmente ese abrecartas de apariencia banal? ¿Qué maravillas —o peligros— contenía aquella bolsa que ahora sabían mágica?
Demasiadas preguntas. Ninguna respuesta definitiva.
Y sin embargo…
A través de las ventanas del Cuervo Borracho, la luz del día se filtraba con una claridad poco habitual; la niebla, aquella presencia constante, opresiva, parecía haberse retirado más allá de los límites del pueblo, como una bestia herida que decide replegarse antes de volver a cazar. El aire era más limpio. Más ligero. Y por primera vez en mucho tiempo, Kravenhold respiraba.
Habían ganado.
No de forma absoluta, no definitiva, pero sí suficiente como para que aquel día perteneciera a los vivos.
Y mientras los héroes se preparaban para dar sus siguientes pasos —algunos hacia la capilla, otros hacia respuestas más inmediatas—, una certeza silenciosa se asentaba entre ellos: esto no había hecho más que empezar.
La historia continuaría.
Más adelante.