Partida Rol por web

La Maldición de los Cuervos.

E.03 - La Caravana atacada.

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09/07/2025, 00:26
Iraia Pagadi.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 01. CERCA DE LA HORA DE COMER.

A DOS JORNADAS Y MEDIA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 9 GRADOS. - BRUMA LIGERA.


Iraia se sentía agotada y notaba cómo un pequeño martilleo comenzaba suave en la base de su cráneo, prometiendo aumentar su intensidad. La batalla, la tensión, los últimos momentos concentrada en un texto que había exigido de ella un esfuerzo que sin la ayuda de Yurian hubiera sido baldío y, muy especialmente, el no haber comido absolutamente nada en mucho tiempo eran los causantes de aquella incipiente migraña.

-Sé que tenemos prisa por irnos pero, ¿podríamos comer algo antes de ponernos en marcha? Estoy desfallecida por el hambre y me imagino que vosotros también estaréis hambrientos. Y si queremos aguantar, estando débiles y heridos como estamos, necesitamos comer por mucha amenaza que penda sobre nosotros y por mucho miedo que tengamos a que se nos venga encima. Si no podemos parar siquiera media hora y dedicarnos a nosotros, a comer y a hablar un poco, da igual cuanto hagamos que nuestro supuestamente funesto destino en forma de monstruo nos alcanzará.

 Un súbito e irreprimible bostezo la alcanzó.

-Gulfang, sé que estáis heridos y podría sanaros ahora mismo con las pociones que nos quedan, pero si tenéis paciencia y esperáis a mañana, podríamos conservarlas para alguna emergencia, que seguro se presenta. Hoy poca cosa podré hacer pero si descanso, mañana os pondré a punto. Alaric y yo estamos ilesos, pero los demás, presentáis heridas de mayor o menor gravedad -entrecerró los ojos y su ceño se frunció pensativo-. Decidido. Nos quedaremos un rato aquí y no aceptaré reclamos o quejas. Puede que ahora no os pueda curar pero puedo impedir que esas heridas empeoren o se infecten, de tal modo que en vuestro descanso incluso os recuperéis más rápidamente. Hay heridas que limpiar, suturar y vendar, así que, por favor, acercaos. No me llevará mucho tiempo, así que id quitándoos la ropa.

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09/07/2025, 12:35
Yurian.

CIRCA 101, MES DEL RENACER – DÍA 01. CERCA DE LA HORA DE COMER.

A DOS JORNADAS Y MEDIA DE KRAVENHOLD. – EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 9 GRADOS. – BRUMA LIGERA.


Aún tenía el bastón en la mano.

La madera, ennegrecida por los restos de sangre del Córvido Aterrador, vibraba sutilmente con cada latido de su muñeca, como si hubiera absorbido el último temblor del monstruo. Yurian no la soltaba. No por miedo a un ataque repentino —eso ya se había disipado—, sino porque no sabía aún qué hacer con todo lo que se le arremolinaba dentro. No estaba acostumbrado a que le hablasen como Iraia le había hablado. No así. No alguien como ella.

Cuando la elfa se acercó y le retiró el mechón de pelo de la frente —una vez más, inútilmente—, Yurian ni siquiera parpadeó. Su mirada, inusualmente fija, intentaba contener un mar de sensaciones mal entendidas. No había en su rostro una sonrisa, pero tampoco rechazo. Solo algo denso, áspero, como si por dentro se estuviera rompiendo un patrón aprendido.

"Indómito" —repitió para sí, en voz apenas audible, como quien prueba una palabra que nunca ha dicho.

La tomó de la mano cuando se la ofreció. No por cortesía, sino porque se lo pidió. Y ayudó a mantener abierta la mandíbula de Kyras con la punta de los dedos, sin necesidad de mirar al bardo para saber que respiraba. Lo hacía. Porque no había sido su magia la que lo había salvado. No directamente. Fue Iraia. Y eso también lo perturbaba.

Mientras tragaba la última baya, Kyras murmuró algo entre dientes sobre musas y crueles dilemas románticos. Yurian lo miró de reojo.

Hablas demasiado para estar recién devuelto del borde —musitó.

No había acritud en su tono. Ni humor. Solo una línea recta y deshilachada que no terminaba de saber si era reproche o constancia. Se levantó en cuanto Iraia lo hizo, pero no la siguió. Solo se quedó allí, de pie, el bastón ya apoyado en la tierra, el rostro inclinado mientras observaba la humedad rojiza entre sus dedos.

Fue entonces cuando Gulfang se acercó. Pocas palabras, como siempre. Solo un “Gracias. Me has salvado la vida.” Yurian lo miró de frente, con un leve alzar de cejas, como si la frase lo hubiera sorprendido más de lo que admitiría jamás.

No fue por ti —respondió con sequedad. Pero no se movió. No se apartó. No volvió la cara. Y ahí estaba la verdad.

Se alejó unos pasos, hacia el carromato mayor, donde Iraia hojeaba el cuaderno y Daisy hablaba de contrabandistas con la ligereza de quien podría bailar sobre una trampa sin activarla. Al pasar junto a ellas, miró el anillo aún entre los dedos de Iraia y soltó una exhalación suave.

Sea culto o contrabando, el símbolo es una marca —dijo—. Y lo que se marca, se rastrea.

Apretó los dientes y escupió una palabra antigua que aprendió de Zafran hacía meses, una de esas que no significaban nada en sí, pero que traían imágenes densas a su mente: hambre, hielo, hueso. El anillo vibró ligeramente al oírla, como si reconociera la cadencia.

Detectará el Hielo Negro —dijo—. Si vuelve a estar cerca, lo sabremos. Lo guardaré yo, salvo que haya otro adepto en magia que quiera correr el riesgo.

Y sin más discusión, se lo metió en el zurrón.

Fue Daisy quien, instantes después, le preguntó si Zafran había visto algo. Yurian no respondió de inmediato. Miró al cuervo, posado sobre un saliente del carromato, con las plumas aún tensas y los ojos abiertos como carbones encendidos.

No vio cuervos —dijo finalmente—. Pero escuchó algo. Un grito que no tenía garganta. Un eco de muerte, aún lejano.

Hizo una pausa. Cuando volvió a hablar, lo hizo ya de cara a todos los presentes.

—Y eso es peor. Porque lo que se puede ver, se puede matar. Pero lo que no ves... es lo que te parte por dentro.

Se volvió hacia Betsy. Recorrió con la vista los sacos, las picas, las mantas dobladas. Todo lo que aún podía ser salvado. Luego miró al bosque. Sus palabras siguientes salieron claras, cortantes:

—Algo viene. No sé qué. Pero viene. Zafran lo sabe. Lo siento yo también. No es un presentimiento. Es una respuesta.

Entonces alzó la voz.

—Y no nos sobra el tiempo. Si no tenéis nada útil que hacer, espabilad. Reunid lo que podamos llevar, cargad a la mula, distribuid el peso, aseguraos de que todos tengan ropa, agua, y algo para calentarse cuando la noche llegue. Si podéis coser una herida, hacedlo. Si podéis remendar una bota, hacedlo. Si podéis manteneros en pie, hacedlo.

No se cuánto tiempo queda, así que si queréis comer, que sea durante el camino. Lo que viene es peor que lo que hemos enfrentado.

Calló unos segundos. Luego añadió, sin suavidad:

—Y si no podéis hacer nada... entonces al menos no estorbéis.

No esperó respuesta. Se giró, sacó de entre su bolsa el trozo de escama dorada que había hallado antes, apenas más grande que una uña, y lo sostuvo un momento entre los dedos. Sabía qué conjuro podía lanzar con ella, pero necesitaba tiempo para poder prepararlo. Después volvió a guardarla.

Subió la capucha sobre el cabello y se alejó un poco, justo al borde de la arboleda, Zafran sobre su hombro. La niebla se enredaba entre las ramas, arrastrando el silencio de los muertos y el susurro de lo que aún no había llegado. El augur cerró los ojos y, por primera vez en horas, respiró hondo.

El bastón, aún en su mano, dejó de temblar.

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09/07/2025, 18:22
Kyras Cornocorvo.

CIRCA 101, MES DEL RENACER – DÍA 01. CERCA DE LA HORA DE COMER.

A DOS JORNADAS Y MEDIA DE KRAVENHOLD. – EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 9 GRADOS. – BRUMA LIGERA.

"Por supuesto." Kyras respondió, divertido, a la petición de la mediana. Al menos eso era más entretenido que molestarse en replicar al gruñón de Yurian. Quien, por su parte, aparentaba erigirse en líder del grupo con sus ordenes pretenciosas y su actitud insoportable. "Al menos una estrofa para la adorable Iraia, donde loaré su hermosura mientras desciende cual criatura celestial sobre el campo de batalla para sanar al apuesto y galán héroe."

Hizo una breve pausa antes de continuar con tono de fingida sorpresa.

"Pero, ¿Daisy?¿Quién es Daisy?¿Quién la ha visto para saber si es guapa u horrible cual saga nocturna?¿O si ha sido valiente en el campo de batalla?" El bardo, al tiempo que giraba su cabeza de lado a lado en un simulado intento por avistar a la mediana, recuperó su cítara tras asegurarse de que los fardos que cargaba no se caerían. Rasgó las cuerdas para darse el tono y comenzó a cantar suavemente. "Figura menuda, / oculta en la espesura. / Espada ropera/ que corta cartera/ e hiende piel/ antes de desaparecer./ Otra vez."

Al llegar al final, elevó la voz inconscientemente, llevado por el ímpetu de su improvisación, así como el volumen de las notas. Y Kyras se arrepintió por unos instantes. Quizás no era los más prudente en aquellos momentos. Y mientras los ecos de su voz y el sonido de la cítara se apagaban en el opresivo silencio del bosque, el bardo oteó al cielo y entre los árboles, en previsión a una nueva amenaza que surgiera por alguno de esos puntos.

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09/07/2025, 22:57
Alaric Vostek.

CIRCA 101, MES DEL RENACER – DÍA 01. CERCA DE LA HORA DE COMER.

A DOS JORNADAS Y MEDIA DE KRAVENHOLD. – EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 9 GRADOS. – BRUMA LIGERA.

Alaric volvió a leer el trozo de papel ennegrecido, ya asegurado entre los pliegues secos de un cuaderno con el lomo roto. Lo había encontrado junto al escondite de contrabandistas, protegido del viento entre raíces húmedas. La letra era angulosa, con una prisa que no ocultaba el tono de conspiración.

Ravensburg… día 14… recogida pendiente de H.N. en “U.R.”... —murmuró, siguiendo las líneas con un dedo enguantado. Esto era una red. Una red con nombres codificados, con pagos, vigilancia, rutas clandestinas.

T. recibe pago… B.E. reporta desperfectos… alguien ha estado vigilando Kravenhold, quizá desde dentro —dijo, bajando la voz al leer la parte más inquietante: “Vigilar en ‘K.’ — evitar sospechas sobre vigilancia de (G.H.?)”.

G.H.
¿Guardias?

Apartó el papel y miró el hueco ya vacío. Casi. Kyras había hallado la gema de cuarzo rosa, brillante y muda.

Sacó un carbón de la bolsa de explorador, arrancó una hoja de pergamino nuevo, y calcó la nota palabra por palabra, letra por letra, esperando sacar algo más en claro.

La mula bufaba nerviosa, los ojos grandes y húmedos por el cansancio y el hedor a muerte que aún flotaba entre las ruinas. Alaric apoyó la frente contra su testuz unos segundos, luego acarició su cuello con movimientos lentos, envolventes, como quien le habla a un viejo amigo. Alaric la equipó con cuidado, revisando cada cuerda, asegurando los bultos con doble nudo, el grupo había conseguido equiparse, y llevar la carga de vuelta al pueblo les aseguraría renovadas fuerzas.

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10/07/2025, 17:08
Iraia Pagadi.

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TEMPERATURA: 9 GRADOS. – BRUMA LIGERA.


Iraia había enderezado un barril y sentada sobre él, había dispuesto a su alrededor toda una serie de elementos que iba a necesitar para proceder a las curas. Había tenido suerte encontrando casi bajo sus pies algunas hierbas que le permitirían hacer emplastos. Lo que no veía era prisa alguna por parte de los heridos para ser atendidos. En la espera, escuchó lo que decía Alaric y…

Su boca se abrió de par en par, y sus ojos mostraron una expresión de asombro. Había trabajado con aquel texto y, sin embargo, había necesitado escucharlo en voz alta para caer en algo.

-Gulfang, tu apellido, es Herster, ¿verdad? ¿Crees que puedes ser el GH al que mencionan? Si es así, podrías identificar las iniciales a las que responderían -dijo emocionada-. Y ahora ven aquí antes de que te traiga por la oreja. Y ve sacándote las prendas del pecho, que es lo que veo en peor estado.

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11/07/2025, 23:47
Gulfang Herster.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 01. CERCA DE LA HORA DE COMER.

A DOS JORNADAS Y MEDIA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 9 GRADOS. - BRUMA LIGERA.

Escuchando a unos y a otros, parecía que tenían todo el tiempo del mundo, cuando sus huesos y las advertencias de Yurian le decían que era importante salir de allí y poner distancia cuanto antes. 

Dejó los sacos cerca de la mula y escuchó con  atención lo que decían sus compañeros. Yurian, parco en palabras y al parecer, en emociones, daba la sensación de no saber manejarse entre otras personas, como si estuviera habituado a ir siempre por su cuenta. También era posible que Gulfang se equivocara, puesto que él tampoco era persona de socializar, o al menos, no solía caer bien. - Me importa un bledo si fue por mí o no, la cuestión es que me salvaste. Eso es lo importante. No lo olvidaré, un enano no suele olvidar. -  

La siempre dicharachera Daisy le contradijo, y el enano alzó ligeramente una ceja, mirándola con seriedad. - ¿Y que sean contrabandistas anula que puedan ser nigromantes? Creo que ambas "profesiones" no son excluyentes. Piensa un poco, Daisy, eres más lista de lo que haces ver. - le dijo, picado porque le hubiera contradicho. 

Iraia no aceptaba irse sin comer, así que se acercó y le ofreció unas raciones secas y agua, y se quitó la parte superior para que ella pudiera atenderle. Mientras, aprovechó para dar unos cuantos bocados también. En unos pocos minutos podían llenar el buche y salir de allí. - Dale. Comemos, nos coses y nos vamos. Hay algo que no me gusta, llámalo presentimiento. Y si el brujo y su cuervo dicen que viene algo, prefiero prevenir, que curar. - aunque lo había dicho con el ceño semi-fruncido, al poco sonrió ligeramente. - Anda, una broma, pues me ha salido sin querer. - explicó, arruinando el momento. 

Mientras, Alaric leía y descifraba el cuaderno en voz alta. - Sí, sin duda parecen anotaciones de contrabandistas. - concedió a Daisy, aunque de mala gana. Varias de las anotaciones le llamaron la atención. Sin duda K se refería a Kravenhold, y sí, asintió cuando le preguntó Iraia. - Sí, es bastante probable que se refiera a mí. Vigilancia y GH, en Kravenhold. Blanca y espesa, leche de cabra montañesa, diría mi madre. - pero, ¿y el resto?

Gulfang meditaba mientras masticaba y aguantaba el trato exquisito de Iraia sobre sus heridas. 

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14/07/2025, 15:02
Yurian.

CIRCA 101, MES DEL RENACER – DÍA 01. CERCA DE LA HORA DE COMER.
A DOS JORNADAS Y MEDIA DE KRAVENHOLD – EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.
TEMPERATURA: 9 GRADOS – BRUMA LIGERA.

Yurian no respondió a la provocación cantada de Kyras. Ni una mueca, ni un comentario. Solo el breve parpadeo de su mirada clavándose por un segundo en el bardo mientras revisaba por quinta vez el amarre de su zurrón. Ignorar. Dejar que los sonidos se apagaran por sí solos.

Zafran, aleteando nervioso sobre una rama cercana, emitió un graznido breve. El joven brujo alzó el rostro hacia él, apenas una señal con los dedos, y el cuervo se perdió otra vez entre las ramas, vigilando los cielos.

—Sigue ahí —murmuró, más para sí que para nadie—. Más cerca. Más claro.

Giró hacia el grupo, el ceño cada vez más tenso. Vio a algunos comiendo, otros sentados, la mula rebosante de carga y sin embargo... nadie parecía con la urgencia que lo recorría a él desde hacía minutos.

—Si fuera por mí —dijo de pronto, con la voz rasgada por la impaciencia—, ya estaríamos a una legua de aquí. ¿Queréis comer? Comed. ¿Curaros? Curaros. Pero que no sea al aire libre, visibles desde el cielo, como mendigos esperando que les caiga la siguiente pedrada.

Miró alrededor, los ojos oscuros recorriendo los árboles. Había claros entre ellos, vaguadas, rocas que ofrecían una mínima cobertura. No era mucho, pero era algo.

—Buscad un sitio oculto. Que la mula no destaque. Tapad las huellas si sabéis cómo. Que lo que viene no nos encuentre aquí sentados como idiotas.

Avanzó unos pasos, luego se detuvo, como si algo pesara más que sus piernas.

Se volvió brevemente hacia Gulfang.

—No siempre tendrás a mano quien te levante del suelo. Que no vuelva a ocurrir.

Y volvió a marchar. No fue lejos. Se limitó a subir a una pequeña loma que ofrecía una vista parcial del bosque al este, en dirección opuesta a Kravenhold.

Zafran volvió a su hombro. Algo en su respiración agitada, en su mirada, decía que había visto algo más. Yurian no hizo preguntas. Apretó la mandíbula. Si los demás no se ponían en marcha pronto, no habría escapatoria posible. Y él no pensaba morir en un claro lleno de cantos, bayas y putefracción.

Se quedó allí, en silencio, con el bastón apoyado en la tierra y el puño blanco con la fuerza que lo sujetaba. Esperando que los demás, por una vez, hicieran lo que debían.

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15/07/2025, 20:20
"Señores de las Brumas".

CIRCA 101, MES DEL RENACER — DÍA 01. PRIMERA HORA DE LA  TARDE.

AL SUR DE LAS MONTAÑAS. A DOS JORNADAS DE KRAVENHOLD.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. – BRUMA LIGERA, VIENTO IRREGULAR.

Tras una última revisión del escondite entre raíces y rocas, ni Daisy ni Gulfang lograron encontrar nada más. El alijo parecía haberse vaciado por completo, salvo por los restos ya recogidos. Los indicios de paso, el rastro violento de los córvidos y la gema olvidada quedaban como único eco del tráfico oscuro que había tenido lugar allí. El resto, era sólo bosque, aire húmedo y un silencio que apretaba más con cada minuto que pasaban allí.

No tardaron en retirarse. Era momento de buscar un lugar menos expuesto.

Un claro cubierto por ramas entrelazadas ofrecía cierta protección visual desde lo alto y parecía haber sido, en otro tiempo, usado por leñadores o pastores. No era perfecto, pero bastaba. Allí se asentaron. Algunos se encargaron de despejar suelo, otros de repartir raciones secas; pero fue Iraia quien se volvió el centro de la atención. Con mano firme y mirada precisa, sacó vendas, hierbas machacadas y ungüentos preparados con premura. Sus dedos se movían con la soltura de quien ha repetido cada gesto mil veces. Y aunque el dolor seguía presente en algunos, los efectos fueron evidentes: las posturas se enderezaban, las respiraciones se volvían más profundas, los rostros menos tensos.

Kyras y Alaric se encargaron de repartir la carga sobre Betsy. El trabajo en equipo, la experiencia previa y el saber calmar al animal hicieron que la mula estuviera lista sin mayor contratiempo. Ni una queja escapó esta vez de sus labios resecos. Tras el empaquetado, Alaric trató de hacer un calco de la página, pero finalmente se dio cuenta era mejor simplemente copiar los caracteres antes de que Kyras pudiera trabajar en la restauración del pergamino.

Por su parte, Yurian, siempre al margen pero atento, pareció sacudirse por fin la opresión que lo acompañaba desde la lucha. Sus ojos ya no iban de sombra en sombra, sino que se clavaban en cada árbol con vigilancia lúcida. Su cuerpo, aún rígido, parecía haber recuperado algo de temple. Zafran no se alejaba mucho, y sus vuelos breves eran seguidos por la mirada aguda del joven brujo.

Comieron poco, pero bastó. Y cuando la luz del sol empezó a volverse oblicua y tibia entre los árboles del Tralmarch, se pusieron en marcha.

Notas de juego

Salen de  E.03 - La Caravana Atacada Alaric Vostek, Daisy Greenhaven, Gulfang Herster, Iraia Pagadi, Kyras Cornocorvo y Yurian, continúan en  E.04 - Camino de Vuelta a través del Tralmarch.