CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. SE EXTINGUEN LAS ÚLTIMAS LUCES DE DÍA; LAS SOMBRAS SON ALARGADAS.
INTERIOR DE EL ÚLTIMO REFUGIO. SÓTANO BAJO LA CUADRA.
TEMPERATURA: 10 GRADOS. - LA LUZ ILUMINA EL SÓTANO IMPÍO.
El bardo se apoyó contra la primera superficie sólida que encontró y soltó un resoplido corto pero fuerte. En el fondo, ahora que miraba la oquedad en el suelo, se sentía decepcionado. ¿Cómo era posible que, entre tres personas y con la fuerza que se le suponía al alguacil, sólo hubieran podido desplazar aquella losa unos pocos centímetros?
Sin embargo, lo que le preocupaba era la impresión de frío sobrenatural que había experimentado al tacto con aquella piedra. Observó la punta de sus dedos antes de frotarlos entre sí, en un pretendido gesto de hacerles entrar en calor. Pero también como si rascara una suciedad invisible, la cual escapa a cualquier escrutinio pero sentía pegada a la piel.
"No creo que vayamos a avanzar mucho más por aquí." Ladeó la cabeza en dirección a la losa apenas movida. "Pienso que nos iría mejor si explotamos la pista que Tophom ha dado a Daisy. Una cripta bajo una piedra sin nombre en el cementerio... Apostaría por buscar una lápida sin inscripción, o una borrada por el tiempo y los elementos y ver qué hallamos bajo ésta."
Lo cierto era que, tras los sucesivos encuentros con los cadáveres profanados y con el propio Edric, el semielfo agradecería cualquier oportunidad de un mínimo descanso. Y no uno para recuperarse del reciente esfuerzo por ayudar a mover la losa. Unas cuantas horas de sueño o trance reparador para refrescarse no estarían mal. Nada mal. Y por eso su mente volvió a repasar, esta en vez en profundidad, los relatos y leyendas que recordara sobre vampiros. Qué métodos eran realmente efectivos para matarles y cuáles eran mera ficción (y, por tanto, peligrosos de intentar); pero, sobre todo, cuánto tiempo podía necesitar uno de aquellos muertos vivientes en recuperar sus fuerzas antes de estar plenamente revigorizado. O lo que fuera que sentían esas criaturas cuando se recuperaban de una paliza como la que le habían propinado.
Kyras no dijo nada, pero observó de reojo al viejo borracho. No hacía más que hablar y menospreciar los esfuerzos que realizaban para proteger a la aldea y a su gente. Pero lo que ese agorero parecía ignorar era que, por lo menos el bardo, ya se habían figurado que allí estaban obrando fuerzas desconocidas que seguían un plan trazado, quién sabe cuándo, en que aparentaban tener en cuenta los posibles movimientos que gente bienintencionada pudieran llevar a cabo. Estaba claro que, antes que nada, necesitaban información, conocer detalles para anticiparse a aquella conspiración y no servirla más.
Y descansar. Por Daevin que un buen descanso no les vendría mal para recuperar fuerzas y despejar la mente. Tal y como se sentía en esos momentos, Kyras dudaba que su arte pudiera inspirar mucho más a una audiencia u obrar magia. Seguir adelante en esas condiciones podía resultar un suicidio o una muerte estúpida y poco heroica. Paseó la mirada de uno a otro de sus compañeros y se preguntó hasta qué punto podrían seguir ellos adelante antes de sentirse igual; o si, por el contrario, también se sentían igual.
El bardo resopló otra vez.
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El grupo se había dividido las "tareas" -por decirlo de alguna manera- y mientras los mas fuertes intentaban mover la losa, el resto se dispuso a investigar el sótando, esperando encontrar algo de utilidad. Lo cierto es que las busqueda conjunta tanto con Yurian como Daisy había sido efectiva, dado la cantidad de recursos e información encontrada. La alquimista daba por hecho que habían logrado encontrar todo lo que había de interés y de utilidad en la sala.
Creo que hemos sido bastante rápidos al llegar aquí- dijo en voz alta- dudo mucho que Edric hubiera dejado todo esto en el sótano- ya habría tiempo de repartir el botín, dado que ahora lo más importante era continuar, mas no sería por esa losa.
Quizás tenga algún mecanismo para moverla- dijo la alquimista, no muy convencida. Al fin y al cabo, ellos habían inspeccionado la zona sin encontrar nada de esas características- pero si no se puede mover esa losa habrá que ir al cementerio si- dice mientras palmea la espalda de Kyras- es nuestra mejor opción en estos momentos.
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-¡Ohhhh! ¡Un libro! -Dijo finalmente después de haber estado fisgoneando por todos los rincones posibles. Debía ser algo importante porque estaba bastante bien escondido así que se lo puso a ojear con mucho interés.- Prfffff un libro de cuentas... ¡Menudo rollo! -Dijo aburrida y a punto de tirar el libro, pero la curiosidad la llamaba y sobre todo el querer demostrar que tanto esfuerzo por encontrarlo había servido para algo.- ¡Anda! Parece que Tophom vendía Hielo Negro, supongo que ya no pasa nada por chivarse, no es que Gulfang lo vaya a encarcelar. Ummmm. Pero a nadie de aquí, a gente rica de otros sitios... No parece que vendiera a ninguna sociedad secreta con oscuros fines... -Siguió pasando hojas, si a alguien le interesaba la contabilidad de Tophom podría revisar el libro más tarde con detenimiento, a ella no le importaba un comino. Hacia el final sí encontró algo mejor, más de su gusto.- ¡Mirad qué pone aquí!
Daisy leyó en voz alta los párrafos finales donde hablaba de Edric y lo que estaba pasando, no era mucho pero parecía que al posadero le removía mucho la conciencia. Cuando llegaba lo mejor el libro terminó, la página siguiente, la que a Daisy le parecía más interesante, ya no estaba...
-Y eso es todo... ¿Alguien quiere el libro? Os lo regalo, creo que voy a seguir buscando por ahí.
Se puso a ello y junto a Iraia y Yurian pudieron reunir un pequeño botín.
-¡Vaya! ¡Cuantas cosas! Creo que Iraia tiene razón, seguro que no tenía intención de dejarnos todo esto para nosotros. Ahora es nuestro. -Miró todo lo que había. ¿Qué le gustaba más? ¿Las piedras preciosas? Eso siempre era un negocio seguro. ¿Y qué había de los otros extraños objetos?- Para que servirán todas estas cosas... No parecen muy comunes. ¿Verdad?
Desvió su mirada hacia la losa, no parecía que se fuera a mover mucho más.
-Si la losa no se mueve no perdamos el tiempo con ella. -Daisy se se acercó y le pudo la curiosidad. ¿Qué había ahí debajo? Acercó la cabeza, miró y después apartó la cara algo agitada- ¡Eh! ¡Ahí hay alguien! ¡Un viejo muy extraño que lleva unas ropas rarísimas, parece un bufón con ese gorro puntiagudo, pero... parecía muy poderoso! ¡Aunque también muy simpático!

Daisy volvió a asomar la cabeza por el agujero pero esta vez no vio nada, lo que era raro. ¿Se lo había imaginado? Era imposible que hubiera desaparecido de repente. Seguramente había sido una ilusión óptica o algo producto del cansancio o de toda la adrenalina que había gastado.
-Falsa alarma, falsa alarma, no había nadie... Jijijiji. ¿No os lo habréis creído?
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Alaric permaneció en silencio un largo momento, observando los hallazgos de sus compañeros. Sólo el goteo lejano del agua y el amortiguado crujido de las vigas recordaban que el mundo aún existía allá arriba. Los sonidos llegaban inquietantemente apagados allí abajo.
Su mirada se detuvo en el cuerpo carbonizado de Tophom, y durante un instante pareció que iba a inclinarse sobre él… pero sólo bajó la cabeza.
—No fue en vano —murmuró—. Pero el precio ha sido alto.
Se volvió hacia el círculo ritual, observando las runas ennegrecidas y las gotas secas en sus intersecciones, el ceño fruncido. Sus pasos resonaron en la piedra mientras se acercaba a la mesa ennegrecida. Las notas, los diagramas, el diario de Tophom… todo hablaba de meses de investigación, de desesperación, de una lucha intelectual contra algo que iba más allá de la razón. Negó con la cabeza, turbado.
Alzó la vista hacia el cofre y sus contenidos: las monedas viejas, el sello de plata, los objetos extraños que destilaban un poder al alcance del grupo. Tras unos segundos de reflexión, tomó la Pluma de Nosoi entre los dedos y la sostuvo a contraluz.
—Si vamos a seguir a ese...nigromante hasta su tumba, necesitaremos toda ayuda posible.
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- Dadme un momento... quiero examinar esto - dijo Yurian sosteniendo por un instante el Sello del Barón Cuervo. Sus ojos recorrieron el anillo con meticulosidad. Sus dedos se deslizaron por su superficie buscando cualquier grabado. Y su mente hizo memoria sobre los conocimientos que tenía sobre aquello.
- Voy a ponérmelo un momento. Es necesario para conocer todas sus capacidades... Estad atentos por si... Bueno, por si vieseis algun comportamiento poco habitual en mí - advirtió a los demás justo antes de ponerse el anillo. Procuró darse prisa en ello, intentando no dar tiempo a nadie de que le detuvieran... por si tenían la loca idea de detenerle.
La información era poder, y en esos momentos necesitaban saber qué capacidades, beneficios y perjuicios, otorgaba ese anillo. Cualquier cosa podía darles ventaja contra Edric. Y Yurian ya estaba dispuesto a sacrificar lo que hiciera falta por purgar al mal de aquel lugar. Definitivamente.
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Asiente ante las palabras de Yurian, y más teniendo en cuenta que Yurian había actuado con tanta rapidez que no les había dado tiempo a poder impedírselo- de acuerdo Yurian, te vigilamos y si te comportas de forma extraña actuaremos para quitarte el anillo- aunque esperaba que no ocurriera nada extraño. Habían terminado un duro combate para tener que enfrentarse en el momento a otros problemas.
Mientras no le quitaba los ojos de encima continuo hablando- en cuanto a los objetos, si os parece bien podríamos repartirnos algunos entre el grupo. He visto alguno que me puede interesar.
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Gulfang negó con la cabeza al no recibir respuesta de Cosette, al parecer, demasiado afectada por lo sucedido. La temperatura siguió subiendo ostensiblemente, ya era como en la época en la que los árboles perdían sus hojas allá en su hogar, y el aire perdió ese olor malsano que le recordaba a un pantano marchito, a sangre derramada, a maldad. Gulfang se irguió e inspiró profundamente, recuperando parte de su vitalidad, para ponerse a dar vueltas alrededor de la losa, examinando su superficie y laterales mientras pasaba la mano con suavidad por encima, por si notaba algo al tacto que con la vista no fuera capaz de ver. Un enano tenía cierta mañana en eso, a pesar del frío que emanaba de aquella piedra extraña, sin duda, mágica.
- Así que sabes cosas, ¿no Viejo Agorero? Me estoy cansando de tus insinuaciones y dobles sentidos. Si tienes algo que decir, ¡habla! Necesitamos información, todo lo que podamos reunir será bueno, nos preparará mejor para lo venidero, para luchar contra estas herejías y maldades. Colabora o vete a beber y déjanos tranquilo, ya está bien. - su mirada fue dura, y más porque seguía viendo como las miradas ávidas y deseosas de aquel viejo se posaban en la joven Cosette, y le irritaba tener esa sensación, porque si había algo de verdad en su intuición, aquel viejo podría intentar hacer daño a la bella y joven Cosette.
Los demás estaban revisando el lugar, buscando pistas o algo que nos sirviera para nuestras futuras batallas, incluso pensando en formas de matar al vampiro o cuánto tiempo tendríamos, como Kyras. El enano se tranquilizó y trató de apartar de su mente cualquier prejuicio o rumor malcontado, exageraciones y mentiras, para tratar de ofrecerle al bardo sus conocimientos para ayudarle a, entre todos, conseguir la información que buscaba, vital para ellos en aquellos momentos. Entre saberlo con seguridad o no saberlo, estaba la diferencia entre el fracaso más absoluto y muerte de todos, y la pequeña posibilidad de victoria.
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Daisy seguía paseando por el sótano aunque después de haber rebuscado por todas partes ya no prestaba tanta atención al entorno y se centró más en sus compañeros. Al ver como Alaric observaba aquella pluma se acercó con interés.
-¿Te gusta? ¿Piensas hacer una flecha con ella?
No creía que el cazador fuera de los que las usaban para escribir, aunque pensaba que era una pluma bastante bonita para desperdiciarla en una flecha, en cualquier caso a ella no le interesaban esas cosas así que podía hacer lo que quisiera, sobre todo si pensaba que les sería de ayuda. Cuando Yurian se interesó por el sello también se le acercó, era bonito pero parecía un objeto normal.
-¿Crees que es mágico? ¿No tienes miedo a volverte invisible o a hincharte como un globo y luego explotar? ¿Estás seguro que quieres hacerlo? -La mediana sonrió divertida, lo más probable era que no pasara nada y al escuchar a Iraia le respondió.- Yo también lo vigilaré de cerca. Pero... La verdad es que Yurian lleva comportándose de forma extraña desde que sacó un cuervo del pecho. ¿Le quito ya el anillo o necesitamos que sea aún más extraño?
En cualquier caso tenía curiosidad por si pasaba algo así que dejaría que se lo pusiera sin molestarlo, le dejó actuar mientras seguía hablando con su amiga.
-¿Te interesa alguno de los objetos? ¿Cual? -Preguntó curiosa mientras alzaba la mirada pensativa.- ¡Ya se! ¡Ya se! ¡El mortero! ¡Puedes usarlo para hacer pociones! ¡¿Verdad? ¡Además es muy bonito. Creo que es una buena elección.
Sí definitivamente era un objeto que le iba bien a su amiga, aunque quizás se estaba equivocando y su interés era por otra cosa. Al fondo escuchó protestar a Gulfang y sonrió, eso significaba que ya estaba recuperado del todo. Podía haberse enfadado por haber tenido un traficante de hielo negro delante de sus narices pero después de todo lo que había pasado era un asunto casi sin importancia.
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El aire del sótano, antes cargado de un frío antinatural y de un silencio casi doliente, parecía ahora reposar. No había ya aquel helor que calaba los huesos ni el sofoco de la corrupción arcana que lo había impregnado todo; la temperatura era… normal. Humedad de piedra y madera vieja, el olor agrio de la sangre, la bruma de la pólvora y el incienso seco. Tras la violencia del combate, el espacio respiraba una calma tensa, expectante, como si las paredes mismas contuvieran el aliento.
Los héroes, abatidos pero en pie, tomaron ese momento para recuperar fuerzas. Gulfang y Kyras, inclinados sobre los restos ennegrecidos del círculo ritual, comparaban en voz baja sus deducciones: la huida de Edric no era una desaparición, sino una metamorfosis. Lo que habían enfrentado ya no era el hombre, sino su sombra vampírica, y esa neblina… no había huido al azar. Ambos coincidieron, con desagrado, en que el antiguo aventurero buscaría ahora completar sus fines en otro lugar, en los túneles o criptas bajo Kravenhold; aún así tenían cierto margen... siempre y cuando el engendro no pudiera actuar mientras el sol brillara en el cielo.
Mientras tanto, Alaric, en un rincón donde la luz de una antorcha dibujaba sombras quebradas, examinaba los objetos encontrados. La Pluma del Nosoi, delgada y gris como un suspiro, pareció brillar un instante al contacto con su mano. La guardó con solemnidad, sin saber si le inspiraba respeto o temor. Daisy y Iraia revisaban otros hallazgos, mientras Cosette, sin perder su compostura, se afanaba en atender las heridas, sus palabras suaves como plegarias, aunque sus manos temblaban de agotamiento.
El Viejo Agorero, ajeno a la actividad, había tomado asiento en los últimos peldaños de la escalera. El pichel descansaba entre sus rodillas, y su mirada perdida vagaba entre las sombras del suelo, donde aún quedaban restos de cera fundida y sangre seca. No habló. No se movió. Su mutismo, más que cansancio, parecía una renuncia.
Yurian, por su parte, contemplaba el anillo hallado —el que ostentaba el sello del Barón—, como si aquel metal pesado lo llamara. Entre las voces de prudencia del alguacil y los susurros de advertencia de Kyras, decidió colocárselo. Un instante de duda. El leve chasquido del aro ajustándose a su dedo.
El silencio se quebró. Un grito desgarrador, humano, reverberó en las paredes. Yurian cayó de rodillas, forcejeando con su propia mano mientras trataba de arrancarse el anillo. Su rostro estaba pálido, cubierto de sudor; su respiración, entrecortada. Por fin logró liberarse del metal maldito, que rodó por el suelo hasta perderse en la penumbra. —"Una maldición pesa sobre eso..."— susurra el brujo con un hilo de voz.
Nadie habló durante unos segundos eternos. Solo el sonido del anillo al detenerse, con un leve tintineo que pareció demasiado vivo para un objeto inerte.
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El sótano permanecía en un silencio denso, apenas roto por el goteo distante de alguna filtración. La luz de la linterna danzaba sobre el metal ennegrecido del anillo, que descansaba en la palma de Yurian como un ojo dormido.
Curioso —y acaso movido por una voz que no era del todo suya— el joven brujo deslizó el sello sobre su dedo.
El frío fue inmediato. No el frío del hierro ni de la piedra húmeda, sino el de algo que no debía existir bajo el sol. Un pulso recorrió su mano, latiendo con un ritmo ajeno al suyo, y por un instante sintió cómo una sombra invisible reptaba desde el anillo hacia su pecho, buscando un camino hacia el corazón de su alma.
Pero su Pacto —ese vínculo arcano que lo une a su Patrón— se alzó como un muro invisible. El poder que lo protege rechazó la intrusión, y el susurro que se insinuaba entre sus pensamientos se quebró en un siseo de furia y frustración.
Con un esfuerzo casi físico, Yurian arrancó el anillo de su dedo. La superficie seguía gélida, como si nada humano la hubiera tocado jamás. Sin embargo, el contacto le había bastado para comprender su naturaleza: un objeto maldito, creado como catalizador del ritual que unió el destino de Edric con la entidad que lo corrompió… el mismísimo Barón Cuervo.
Al mirarlo de nuevo —sin poder evitarlo—, incluso sin tocarlo, un leve eco resonó en la sala: murmullos de alas, risas huecas, el batir de plumas que parecían venir de todas partes y de ninguna.
Y en medio de ese murmullo, tres frases se entrelazaron, como talladas en el aire helado:
“El hijo fue mi puerta.
El padre, mi precio.
El cuervo, mi testigo.”
El eco se desvaneció tan pronto como había llegado, dejando tras de sí un silencio expectante. Cuando Yurian miró su mano, descubrió que allí donde el anillo había tocado su piel quedaba grabado un anillo oscuro, una marca tenue pero imposible de borrar. No dolía, pero a veces, al mirar de reojo, le parecía que algo se movía bajo ella, como si el metal invisible aún respirase.
El sello y su sombra lo habían marcado, aunque el Pacto lo hubiese salvado. Y, en lo más hondo, una certeza le heló la sangre: aquello no era el final del contacto… solo el principio.
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Los ojos de Yurian no se separaban del anillo que permanecía en el suelo. Perlas de sudor caían de su frente, y el brujo ni parpadeaba. Desvió su mirada hacia su mano, a su dedo, y con los dedos de la mano diestra recorrió la marca que aquel objeto maldito había dejado en el dedo anular de su mano izquierda.
- Que nadie toque eso. Hay que guardarlo y ocultarlo de cualquier persona hasta que sepamos cómo destruirlo - aseguró intentando - sin conseguirlo - mantener un tono firme en su voz. - Ese anillo ha sido creado como catalizador del ritual que unió el destino de Edric con la entidad que lo corrompió… el mismísimo Barón Cuervo - advirtió a todos casi en susurros.
Alzó de nuevo la mano derecha, buscando llamar la atención de todos sus compañeros, y una vez se aseguró de que le estaban mirando a él, pronunció unas palabras.
“El hijo fue mi puerta.
El padre, mi precio.
El cuervo, mi testigo.”
Lo hizo lentamente, con tono grave, y les iba mirando mientras hablaba. Al finalizar, tras un par de segundos de silencio, aclaró: - He escuchado esas frases cuando me puse el anillo. Parece una especie de profecía pero no lo sé seguro. Y ya sabemos que Nergal intenta regresar a este mundo. Edric fue su puerta. Tophom la llave. Tengo dudas sobre quién quiere que sea su testigo, y ahora mismo no sé si es buena idea que Zafran o yo estemos cerca de Edric en el momento de su destrucción... No quiero que seamos su testigo si con cuervo se refiere a uno de nosotros dos.
Les dejó sopesar sobre sus palabras. Y observó a sus compañeros a la espera de ver si alguno llegaba a alguna conclusión al respecto. Si faltaba que un cuervo - fuese quien fuese ese cuervo - observase algo en concreto para que Nergal pudiera regresar a este mundo... Lo malo de las profecías y augurios era que solían ser lo suficientemente ambiguos como para cumplirse en numerosas circunstancias, hasta las más inesperadas.
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Alaric levantó la mirada hacia Daisy, esbozando una sonrisa cansada mientras giraba la pluma entre los dedos.
—No —respondió al fin, con voz baja—. Esta no es de las que vuelan rectas en el aire.
Su mirada se desvió hacia Yurian, alarmado por el grito. Alaric se incorporó, acomodándose el arco en el hombro.
—¿Te encuentras bien?
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Si hubiera estado menos cansado, Kyras probablemente hubiera reído las ocurrencias de Daisy. Pero fatigado como estaba, lo más que podía hacer era debatir con el alguacil sobre la naturaleza de las criaturas vampíricas. Y no ayudó mucho que Yurian trasteara con uno de los objetos. Su aviso, y su reacción, habían puesto en alerta al grupo; por suerte, no hizo falta que le auxiliaran. El hijo de carnicero tuvo la suficiente entereza como para deshacerse del objeto una vez se percató de su naturaleza nociva.
"Yo apostaría a que el cuervo es una referencia al Barón Cuervo. Incluso eso podría darnos una pista; quizás el ritual se deba llevar a cabo en el castillo Kravemir."
Con movimientos lentos, el semielfo se incorporó, se atusó los pantalones y miró los objetos recuperados y los tesoros que Edric dejara atrás.
"Podríamos recoger estas cosas y llevárnoslas a la taberna. Allí, incluso podríamos discutir qué hacer con el anillo; si es tan peligroso como dice Yurian, y clave para el ritual de Edric, puede ser incluso un cebo para atraerle. Pero como último recurso." Señaló a Gulfang y luego, conforme hablaba, a la pesada losa de piedra. "Edric puede necesitar desde minutos hasta horas para recuperar fuerzas y regenerarse. Y su ritual parece que debe hacerse en las horas nocturnas. Eso descarta cualquier actividad relacionada durante las horas del día. Por tanto, lo que yo planeo hacer es volver al Cuervo Borracho, descansar cuanto pueda y luego, con las luces del nuevo día, buscar e investigar la piedra sin nombre. Y si encuentro la cripta con Edric descansando en su interior,..."
Dejó en suspense la frase para que cada cual la terminara de acuerdo a la idea que pudieran tener de él.
"En cuanto a los túneles, creo que perderíamos un tiempo precioso buscando la ruta hasta el escondrijo de Edric. No tenemos ni idea de lo que puede haber ahí abajo. Incluso sin guardianes, explorar cada galería, cada corredor, podría llevarnos días."
Retiró la mano que apuntaba a la losa y se dispuso a recoger parte del tesoro, antes de abandonar aquel lugar lúgubre en dirección a la taberna, si es que alguien más era de su opinión.
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Sorbiendo y bufando con gran esfuerzo, escupió hacia un lado un gargajo verde, grande como una tortilla. Resopló, resolló, miró a los aventureros con ojos turbios y desvaídos que se iban centrando lentamente, poco a poco, como el mismo tiempo que seguramente no tenían para salvar a todo Kravenhold de un horror sin nombre. O tal vez sí tenía nombres: Nergal, Edric Barbaespuma, Barón Cuervo, las Nornas. Todo seguía siendo tan horrible como el primer día, cuando los zombis pútridos querían meterse a la fuerza y de cualquier manera en la taberna del "Cuervo Borracho", interrumpiendo así vidas plácidas, bebidas plácidas, y momentos plácidos.
- "Que no está muerto aquello que puede yacer eternamente, y con los evos extraños, incluso la muerte puede morir. O al menos eso dicen los sabios y algunos locos. Yo no sé mucho, al menos no tanto como quisiera. Aunque ya conocéis el dicho de que más sabe el Diablo por viejo que por Diablo. Supongo que eso se aplica también a los viejos borrachos. Sin embargo, soy impotente en todo sentido de la palabra, me temo. Sólo sé que tal vez podáis hacer algo, aunque la ventana de oportunidad se va estrechando poco a poco, a cada minuto que pasa..." -
DM
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Iraia sonrío a Daisy- lo has acertado- responde a la mediana- creo que ese objeto me viene muy bien dado mi oficio. Aunque hay que usarlo con cabeza, dado sus efectos perniciosos- no obstante, para la alquimista los efectos del mortero bien merecían el sacrificio.
En ese instante Yurian advirtió al grupo sobre los efectos del anillo, y la advertencia un tanto funesta que lanzaba el mismo. Pero teniendo en cuenta todo lo acontecido hasta llegar allí no podía esperar menos de un anillo a todas luces malvado.
Kyras tiene razón- ante las palabras del bardo no pudo menos que apoyarlas- lo mejor es llevarnos todo esto a la posada y descansar, para proseguir la búsqueda a primera hora de la mañana. Creo que un descanso nos vendría bien a todos. No obstante en estos momentos para continuar la persecución.
CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. HA CAÍDO LA NOCHE; SE LEVANTA UNA BRUMA LIGERA.
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Cosette, después de terminar de vendar los últimos cortes y aplicar el espeso óleo curativo sobre hematomas y magulladuras, se inclinó hacia Gulfang para revisar un golpe particularmente feo en el hombro. Fue entonces cuando, con naturalidad distraída y tono casi alegre, dejó escapar un comentario que tomó a todos por sorpresa: — “Vaya, alguacil… creo que por fin empieza a asomaros una barba de verdad. No sé cómo no me había fijado antes.” —
Gulfang gruñó algo ininteligible, más por pudor que por molestia, mientras los demás compañeros intercambiaban miradas desconcertadas. Era cierto: nadie lo había notado conscientemente… y sin embargo, ahí estaba. Una barba incipiente, ruda y sólida como él.
Tras ese pequeño desliz inocente, Cosette se irguió, limpiando sus manos en un paño. Miró a los héroes uno por uno, satisfecha con su labor pero agotada, y habló con la serenidad aprendida en años de convivir con médicos y cuidadores.
— “Bien, ya estáis todos atendidos dentro de lo que cabe. Creo que deberíamos irnos cuanto antes. La idea del Cuervo Borracho es, sin duda, la más sensata que he escuchado en toda esta noche.” — Guardó meticulosamente sus frascos y vendas antes de suspirar. — “Sigo preocupada por el Padre Gregor, y permanecer aquí, después de lo ocurrido, no hará ningún bien a nadie.” —
Con un último vistazo al sótano profanado, aún cargado de ecos que era mejor no escuchar, se dirigió hacia la escalera con la clara intención de ser la primera en abandonar aquel lugar.
CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. HA CAÍDO LA NOCHE; SE LEVANTA UNA BRUMA LIGERA.
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Por extraño que pudiera parecer Yurian estaba de acuerdo con la idea de Kyras. Y por lo que pudo comprobar, Iraia y Cosette también. Por su parte, apoyándose con esfuerzo en el bastón - pese a que ya no estaba herido visiblemente - el brujo tosió y carraspeó un poco antes de sumarse a la propuesta de sus compañeros.
- Sí. Descansar un mínimo es buena idea. Hay que retomar fuerzas y luego... luego ir a por Edric con todo. Lo más rápido debería ser encontrar su tumba en el cementerio, en vez de ponernos a perseguirle como locos por túneles desconocidos... concuerdo con Kyras - admitió mirando a Gulfang. Quizá el enano quería proseguir con la persecución, pero al menos Yurian pensaba que tomaría en consideración la opinión del resto.
Después de todo, Gulfang se había erigido en líder indiscutible de aquel caótico grupo, y aunque cada uno parecía tener sus ideas y planes propios todos volteaban los ojos al enano cada vez que había que elegir un camino importante. Y ése era uno de esos momentos.
- Y repartamos estos objetos que hemos encontrado, serán más útiles si cada uno tiene alguno, así como el oro - comentó revisando de nuevo con la mirada todo el botín que habían recopilado. - Yo dejaría las gemas y el sobrante de la división en un fondo común hasta que podamos vender las joyas - sugirió. - Y respecto a los objetos... no me interesa ninguno.
Sin decir más, se dirigió andando con paso firme hacia donde había caído el anillo maldito. Cogió un pañuelo grueso de su bolsillo y se agachó para envolver el anillo poniendo mucho cuidado en no tocar su superficie con su piel en ningún momento. Finalmente se lo guardó en el bolsillo.
- Si os parece bien lo mantendré a buen recaudo hasta que sepamos qué hacer con él. Si preferís que lo lleve Gulfang u otro no tengo inconveniente, pero que nadie lo toque.
CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. HA CAÍDO LA NOCHE; SE LEVANTA UNA BRUMA LIGERA.
INTERIOR DE EL ÚLTIMO REFUGIO. SÓTANO BAJO LA CUADRA.
TEMPERATURA: 10 GRADOS. - LA LUZ ILUMINA EL SÓTANO IMPÍO.
Tras ver lo que había pasado con Yurian se quedó sorprendida, al principio pensó que les estaba tomando el pelo pero no le parecía que el hijo del carnicero fuera muy bromista y si lo estaba haciendo verdaderamente era un gran actor.
-¿Estás bien? -Parecía que no le había pasado nada grave a excepción de una extraña experiencia y el susto.- ¿Destruirlo? ¡Eso debe costar mucho dinero! ¿No hay otra opción? -Miró al resto a ver si compartían su opinión. Tampoco estaba de acuerdo con la conclusión de Yurian sobre el significado de lo que había escuchado. Asintió a las palabras del bardo pues tenía mucho sentido lo que estaba diciendo sobre lo de Yurian.- Yo creo que Kyras tiene razón. ¿Tú no querrás escurrir el bulto? Ummmm. -Daisy dirigió su nariz hacia él e hizo como si lo estuviera oliendo.- ¿Huelo a miedo? -Después sonrió y no le dio más importancia al asunto.- No te preocupes, no dejaremos que ni Edric ni el Barón Cuervo te hagan nada, de lo único que va a ser testigo es que destruimos al malo.
Tras el asunto de Yurian y su anillo regresó a la conversación con Alaric y la pluma.
-¿Entonces no sirve para una flecha? ¿Y qué harás con ella? -Preguntó curiosa.
Volvió a asentir con las siguientes palabras de Kyras.
-Me parece bien, todo me parece bien Kyras. Lo de llevarnos todo a la taberna y lo de dormir. -Lo que peor llevaba de la vida de aventurera era dormir poco.- Opino que lo mejor es descansar. Primero cenamos algo, luego dormimos y después nos tomamos el primer desayuno, entre el primero y el segundo acabamos con Edric y lo celebramos después. Es un buen plan. En cuanto a lo de la cripta... Quizás lo que dijo el pobre Thopom era donde estaba el cuerpo de Edric, creo que quería ayudarnos de alguna manera y evitar que lo que es ahora su hijo siguiera haciendo daño al pueblo y no pudiera completar el mal mayor que desea. Lo de los túneles lo podemos dejar para más adelante si queréis, por mi parte me gustaría explorarlos en el futuro.
¿Habría algún túnel que llegara hasta su casa? Así podría entrar y salir sin ser vista. Dejó aquellos pensamientos a un lado para el futuro y respondió a su amiga.
-Con la cabeza o con las manos mejor jajajaja. Estoy segura que podrás darle una buena utilidad.
Iba a seguir hablando cuando escuchó a Cosette y no pudo evitar acercarse a Gulfang con curiosidad. ¿Cuándo le había crecido aquella barba?
-¿Eso es tuyo? ¿En serio? -Mientras hablaba no pudo evitar la tentación de comprobarlo, a ella le gustaba disfrazarse y sabía que esas cosas podían imitarse bien, no le podía haber crecido tan rápido, así que fue acercando la mano pero lo hizo despacio así que el enano podía detenerla si quería evitar un tirón.- ¿Es que te has comido o bebido algo raro? Si hace un rato no tenías nada... -Con la otra mano se tocó su propia cara, al fin y al cabo había estado con él y comido y bebido lo mismo.- Yo no tengo nada.
Por fortuna.
Quizás para una enana fuera muy bello pero ella no se veía con pelo en la cara, lo que le faltaba ya para que la gente se fijara en ella más de la cuenta, con eso no pasaría desapercibida.
-Tienes razón Cosette ya nos vamos, aquí ya no hay más que hacer y está claro que meternos en esos túneles solo nos haría perder el tiempo, debemos descansar bien y mañana ir a buscar a Edric en plenas condiciones.
Volvió a atender a Yurian, esta vez sí estaba de acuerdo con él.
-Me parece bien. Si queréis yo puedo guardar las piedras. Tu puedes guardar el anillo si quieres, pero no te lo pongas más que ya has visto lo que te pasó. -Esperaba que el carnicero no fuera tan curioso como ella.
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— “Bien, bien… ya va siendo hora.” —murmuró el Viejo Agorero mientras deambulaba por el sótano, su sombra tambaleante recortándose contra las luces temblorosas. Se inclinó sobre el borde de la losa desplazada, asomándose al agujero oscuro con los ojos entornados, cargados más de vino que de certezas. Dio dos patadas torpes a la piedra, como si esperara que ésta respondiera, y chasqueó la lengua con desaprobación antes de girar sobre sí mismo.
Cruzó el sótano con un andar errático. Al llegar a la mesa donde Edric planeó su caída, tropezó con una de las patas torcidas y tuvo que apoyarse con ambas manos, respirando hondo mientras sus ojos vidriosos recorrían la superficie marcada de símbolos y utensilios. Durante un segundo pareció a punto de decir algo importante, pero sólo emitió un bufido y siguió su avance trastabillante.
Al llegar a la escalera se detuvo, esperando pacientemente —o lo más parecido a ello— a que Cosette terminara de atender a los heridos y comenzara a subir los peldaños. Cuando la joven acólita pasó a su lado, él la siguió con la mirada y luego se volvió hacia los héroes.
Alzó su pichel a modo de torpe saludo, derramando un hilo de vino.
— “Héroes… cumpliré mi palabra con Donnadie. No perder de vista a la muchacha hasta que esté a salvo en el Cuervo Borracho. Y eso haré. Aunque la taberna esté menos maldita que hace un rato, sigue siendo un lugar que abandonar presto… para quien tenga dos dedos de frente.”—
Con un último movimiento solemne —o lo más solemne que podía ofrecer un hombre en tal estado— bajó la vista, dio media vuelta y empezó a subir, guiado más por la costumbre que por el equilibrio.
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Paso a paso, uno tras otro, los héroes fueron dejando atrás la amenaza que impregnaba el sótano del Último Refugio. La temperatura, antes tirante y antinatural, había comenzado a estabilizarse, como si el aire mismo reconociera que el ritual había concluido… por ahora. Cosette fue la primera en subir, acompañada del tambaleante Viejo Agorero, cuyos rezongos y murmullos se perdían entre los escalones. Tras ellos marchó Kyras, dejando que sus luces danzantes se extinguieran una a una, devolviendo al sótano a una penumbra cada vez más densa.
Iraia siguió en silencio, con la espada envainada y el gesto cansado; Yurian avanzó después, aún sobresaltado por el encuentro con el anillo maldito; Gulfang subió con su paso firme, aunque el cansancio endurecía su respiración; Alaric cerró casi la marcha, atento a cada sonido, como si aún esperara que algo les siguiera desde la oscuridad.
Y al final, en la retaguardia, ascendió Daisy, con esa mezcla de curiosidad y cautela que siempre la movía a mirar una vez más por encima del hombro, por si el mal decidía reclamar un último susurro.
Habían repartido entre sí las riquezas y los objetos extraídos del viejo baúl, así como las inquietantes revelaciones que guardaban los legajos carcomidos. Todo aquello pesaba en la mente de cada uno, más que el oro o los extraños amuletos. Pero ahora, mientras el olor a humedad quedaba atrás y el sonido de la taberna se insinuaba en la distancia, comprendían que era tiempo de descansar.
Les aguardaba el calor familiar de El Cuervo Borracho, una hoguera encendida, comida caliente… y el espacio necesario para decidir su próximo paso en esta danza incierta contra la oscuridad que rodeaba Kravenhold.
Salen de Escena, Alaric, Daisy, Gulfang, Iraia, Kyras y Yurian. Continúan en E.01 - El Cuervo Borracho.