Yurian no encuentra entre sus pertenencias el Anillo del Barón...
CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 05. PASADO EL MEDIODÍA; BRUMA CASI INEXISTENTE.
INTERIOR DE EL CUERVO BORRACHO. ESTANCIA PRIVADA.
TEMPERATURA: 18 GRADOS. - EL SOL ILUMINA LA ESTANCIA.
Las últimas páginas del diario, rezan así...
Diario de Humbertus, Alcalde de Kravenhold
(Encuadernado en cuero. Las primeras páginas muestran una caligrafía firme y elegante; las últimas, más rápidas, con trazos irregulares y manchas de tinta.)
Día 12 del mes del Silencio
Kravenhold prospera, y conmigo al frente, no es casualidad. Las cosechas responden, el ánimo del pueblo mejora y, aunque el castillo sigue ahí como una mala deuda que nadie sabe cómo pagar, hoy pesa un poco menos. Puede que sea ilusión, pero si lo es, es una ilusión bien administrada.
He cruzado la plaza y tres mujeres me han sonreído; una llevaba un niño con mis ojos, lo cual empieza a ser estadísticamente sospechoso. No haré comentarios. Que hablen, yo seguiré haciendo mi trabajo… y aparentemente también el de otros.
Día 3 del mes de la Tormenta
El Padre Morganti me ha citado en privado. Nunca es buena señal cuando un hombre de fe baja la voz para hablar de esperanza.
Trae consigo un ritual, antiguo según él, capaz de librarnos del Barón Cuervo. No habla de guerra, habla de solución definitiva. Dice que podría abrir un camino para que fuerzas de otros mundos acudan en nuestra ayuda. Le he preguntado por el precio; ha sonreído como quien no quiere estropear una buena historia con detalles incómodos.
Eso no me tranquiliza.
Día 19 del mes de la Tormenta
Insiste. Cada vez con más fervor.
El ritual necesita canalizar algo más que plegarias, y cuando un clérigo empieza a hablar de “energías equivalentes”, conviene contar los dedos después de estrecharle la mano. He vuelto a preguntar por el precio. Esta vez ha tardado más en esquivarlo.
Empiezo a pensar que la pregunta correcta no es cuánto cuesta, sino quién paga.
Día 27 del mes de la Tormenta
El pueblo ha cambiado conmigo, o quizá yo con él.
Se callan cuando paso, algunos bajan la mirada, otros la mantienen con una firmeza nueva, incómoda. No es odio, no exactamente; es resolución. Y uno no quiere ser el objeto de la resolución de todo un pueblo.
Pazguattus dice que exagero, que todos me quieren, que soy el alcalde más guapo que ha habido jamás. Es un argumento débil, pero agradezco el esfuerzo.
Día 2 de la Oscuridad
Hoy he obtenido respuestas. No de buen grado, pero suficientes.
El ritual requiere sacrificio. Dos almas.
Morganti lo ha dicho como quien anuncia mal tiempo: inevitable, pero necesario. He asentido como si estuviera valorando una propuesta de impuestos, aunque ya sentía ese frío en el estómago que uno reconoce cuando la conversación ha dejado de ser teórica.
Le he preguntado quién.
Silencio.
A veces, el silencio es una confesión muy educada.
Día 3 de la Oscuridad
No soy un necio.
No hace falta que lo digan en voz alta. Soy el alcalde, he tomado decisiones difíciles, he pedido sacrificios antes. Parece justo, en la lógica torcida de las cosas, que ahora me toque a mí encabezar la lista.
No iré solo.
Pazguattus.
Aquí es donde el plan pierde elegancia.
Día 4 de la Oscuridad
He hablado con Morganti. No ha negado nada, lo cual le honra en la misma medida en que lo condena.
Habla de bien mayor, de generaciones futuras, de libertad. He escuchado todo con atención, incluso he asentido en algún momento, porque si uno va a morir al menos puede hacerlo con educación. Le he preguntado si ocuparía mi lugar. Ha bajado la mirada. En fin, tampoco esperaba que se ofreciera.
Día 5 de la Oscuridad
Pazguattus me ha traído flores.
No entiende nada de lo que ocurre, y quizá por eso es el único que actúa con absoluta sinceridad. Me ha preguntado si iremos a casa después de “la ceremonia”. Le he dicho que sí, porque mentir en ese momento me ha parecido más piadoso que explicarle la verdad.
No sé si eso me hace mejor o peor alcalde.
Día 6 de la Oscuridad
El pueblo ya ha decidido. No hay guardias, no hay cadenas, no hacen falta. Uno no huye de su propio cargo.
He dejado por escrito mi última voluntad: que mis pertenencias, este diario incluido, sean enterradas conmigo. Si alguien ha de juzgar lo ocurrido, que lo haga con toda la información, no con las canciones que seguro inventará algún bardo oportunista.
Día 7 de la Oscuridad
Nos han llevado al lugar.
El círculo está trazado, las palabras comienzan a tomar forma y el aire… el aire se tensa como si alguien lo estuviera estirando desde dentro. Pazguattus ríe, cree que es un espectáculo preparado para él; quizá, en cierto modo, lo es.
Ha sido el primero.
Rápido, limpio, casi misericordioso. Su sangre ha tocado el círculo y algo ha respondido.
Lo he sentido.
Día 7 de la Oscuridad, más tarde
El portal se abre.
No como una puerta, sino como una herida. Algo al otro lado observa, mide, decide. Y entonces cruzan.
Sombras al principio, luego formas más definidas: armaduras, luz, figuras que no pertenecen a este mundo. No tengo tiempo de contar cuántos son, pero Morganti sonríe como un hombre que cree haber ganado una discusión.
Tal vez tenga razón.
Tal vez esto funcione.
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Me han explicado cómo funcionará.
Dicen que el portal no puede sostenerse solo, que abrirlo es una cosa y mantenerlo es otra muy distinta, y que para eso hace falta una segunda ofrenda, una voluntad que quede anclada mientras lo que venga del otro lado cruza por completo. Lo dicen con palabras más solemnes, pero el resultado es el mismo: primero Pazguattus, luego yo.
No creo que sea un proceso largo. O al menos eso espero; uno no suele recibir garantías en estos asuntos, pero prefiero pensar que será rápido, limpio, eficiente… como deberían ser todas las decisiones importantes.
Imagino que, cuando llegue el momento, me colocarán en el centro del círculo, repetirán sus plegarias y el Padre Morganti hará lo necesario sin demasiadas ceremonias. Si todo funciona como él asegura, el portal permanecerá abierto el tiempo suficiente para que esas… cosas, esos guerreros, crucen del todo y terminen lo que nosotros no hemos podido empezar.
No veré el final, pero he visto suficiente para entender el propósito.
Si de verdad logran derrotar al Barón, entonces esta historia será contada de otra manera. Más limpia, más heroica. Seguramente omitirán detalles incómodos, y no les culpo; los pueblos necesitan relatos que puedan soportar, no necesariamente los que son ciertos.
Por mi parte, me doy por satisfecho con dejar esto escrito.
No fui el mejor hombre de Kravenhold, pero sí el que tomó la última decisión.
Y eso, supongo, tendrá que bastar.
(La última línea se corta en seco, con un trazo que se desvía bruscamente.)
Abre el cofre y saca el abrecartas para observarlo.
El abrecartas de Humbertus; una hermosa hoja damasquinada es que aparentemente ornamental. No obstante puedes comprobar que su filo no se ha perdido.
En opinión de Gulfang, o es una herramienta de calidad o pesa sobre ella algún tipo de encantamiento.
Lee el diario, siente un regusto amargo en el estómago y formula preguntas sin aparente respuesta, salvo sorpresa.
Kyras utiliza Leer Magia en el diario, aunque sea para descartar que pueda haber algo más "grabado" entre las líneas.
El diario está escrito en Común Antiguo, una variante arcaica que no todos pueden leer con soltura. Yurian y Cosette, al reconocer la lengua, se encargan de su lectura, alternándose en voz alta para el resto del grupo. En algunos fragmentos se detienen brevemente para ajustar términos o interpretar expresiones más antiguas, pero en general consiguen trasladar el contenido de forma clara y comprensible para todos.
Yurian lanza detectar magia en todo el contenido del cofre.
Kyras, tu conjuro revela que el la contraportada del diario hay invisible una Marca Arcana (se traduciría tal como reza abajo):

Yurian, dos objetos que tiene una aura encantada:
El abrecartas y un pequeño pero elegante zurrón de los que se llevan al cinto, algo más grande que un monedero (que está vacío).

Le paso la daga a Yurian para que averigüe qué hace.
CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 05. PASADO EL MEDIODÍA; BRUMA CASI INEXISTENTE.
INTERIOR DE EL CUERVO BORRACHO. ESTANCIA PRIVADA.
TEMPERATURA: 18 GRADOS. - EL SOL ILUMINA LA ESTANCIA.
Y así, entre preguntas sin respuesta, teorías más o menos acertadas y ese regusto entre lo heroico y lo inquietante que deja toda victoria a medias, los héroes de Kravenhold se encuentran, por primera vez en mucho tiempo, sin una urgencia inmediata que reclame su acero, su magia o sus nervios. Lo cual, conviene señalar, es casi sospechoso.
Porque sí, habéis abierto cofres malditos (o decepcionantemente normales), sobrevivido a criptas, espectros, demonios y a la hospitalidad de Garrick, que no es poca cosa; habéis desafiado a un Barón Cuervo que, con toda probabilidad, sigue tramando cómo arruinaros la próxima noche de sueño… y aun así, contra todo pronóstico, seguís aquí. Enteros. Más o menos.
Y aunque vuestro instinto —ese que ya empieza a oler problemas a kilómetros— os empuje a seguir tirando de cada hilo hasta que algo se rompa, quizá por una vez… solo por una vez… no sea mala idea detenerse.
Comer. Beber. Dormir sin esperar una espada espectral en mitad de la madrugada. Revisar lo ocurrido con la cabeza fría, o al menos menos embotada por el alcohol, que tampoco hace milagros. Dejar que las piezas encajen, o que al menos dejen de moverse.
Porque el mundo no se ha acabado hoy. Lo cual, dadas las circunstancias, ya es bastante logro.
Así que sí… vuestro tiempo de acciones, por ahora, ha terminado. Guardad fuerzas. Ordenad pensamientos. Disfrutad —si sabéis cómo— de esta tregua prestada.
La necesitaréis.
Porque cuando la historia decida continuar… lo hará sin pedir permiso.