Partida Rol por web

La Maldición de los Cuervos.

E.04 - Camino de vuelta a través del Tralmach.

Cargando editor
28/07/2025, 22:24
Gulfang Herster.

IRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

Se retorció en el lecho por última vez, sintiendo hasta la última de las piedras que había debajo del saco de dormir. - Maldita sea, que puta noche he pasado. - pensó mientras se quitaba los hediondos atuendos que había utilizado para darse más calor, le molestaban sobremanera ahora mismo, por lo que los tiró a un lado sin miramientos. Sentía que hedían a muerte, y se prometió no acercárselos más, con sus ropas y su manta debería de bastar. Luego lo recogería todo.

Le dolía la cabeza por no haber descansado bien y necesitaba estirar el cuerpo, pero no estaba tan aturdido como para no escuchar la conversación entre Alaric y Daisy. Se giró hacia el centro, donde la hoguera, y vio a Alaric observando la blanca flecha, no tan blanca como la nieve, parecía nieve sucia, de hecho, y esas plumas y esa punta que contrastaban tanto. 

Se levantó y se acercó, acariciándose la barbilla en un gesto reflejo. - Grrgfrr...nos días... - murmuró, casi soltando un gargajo en el proceso. Miró a Daisy otra vez, de reojo. - ¿Y dices... que apareció sin más? ¿Y que una figura no muy discernible estaba fuera del alcance de la vista, observando? - estaba sorprendido que ante una situación así no les hubieran avisado, pero también sabía que estaban cansados y que la tensión, el miedo y la noche podía jugar malas pasadas, pero aún así...

Allí estaba la flecha. 

Carraspeó de nuevo y se concentró, cerrando los ojos un momento. - Pharasma, tunsobal ozistist elom. -dijo en su idioma natal. La magia fluyó de él y pudo percibir la magia a su alrededor, como si fuese un murciélago que en lugar de sonido, se guiara por la esencia mágica. Observó la flecha por si había rastro de magia en ella, para luego observar poco a poco a su alrededor, comprobando los alrededores,  la mula, objetos en general que portaban y así hasta dar toda la vuelta sobre sí mismo. - Espero que sea esa opción, Daisy. - dijo, esperando de verdad que fuera, en contra de toda lógica, esa la opción correcta, aunque en el fondo no le hacía ninguna gracia pensar que no tenían ninguna arma para enfrentar a vaya usted a saber qué monstruo. 

Cargando editor
29/07/2025, 23:50
Lira Cli.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

La mañana llegó con una lentitud densa, como si el mundo dudase en sacudirse la oscuridad del Tralmarch. El aire era inmóvil, frío y húmedo, y la luz del alba apenas conseguía romper el velo gris que cubría el claro donde habían acampado. Uno a uno, los miembros del grupo comenzaron a desperezarse, murmurando saludos adormilados, sacudiéndose la escarcha de las capas y avivando los rescoldos del fuego. Y fue entonces cuando todos la vieron.

Junto al campamento, en el suelo húmedo y aún teñido de sombras, la flecha seguía clavada como un reclamo, una declaración muda y precisa. Su madera plateada no reflejaba la luz, pero tampoco parecía absorberla, y las plumas blancas que remataban el asta —inmaculadas durante la noche— tenían ahora un brillo lechoso y apagado. Su punta de obsidiana, afilada y oscura como la noche cerrada, parecía respirar quietamente, esperando algo.

Las reacciones no tardaron en manifestarse, aunque se expresaron más en miradas y suspiros que en palabras directas. Kyras fue el primero en avanzar unos pasos, con ese gesto que parecía decir “ya lo presentía”, teatralmente dramático incluso a esas horas. Su mente saltó de interpretación en interpretación: una advertencia, una firma, un juego. ¿Una norna? ¿Un cazador? ¿Una broma siniestra? Cada una de sus sospechas era más lúgubre que la anterior.

Daisy, aún descalza y abrazando su arco como si fuera una taza de té caliente, observó la flecha con la intensidad de quien ya está trazando conexiones imposibles en su mente. ¿Un regalo? ¿Un mensaje cifrado? ¿Una prueba de que las historias de las brujas del Tralmarch eran ciertas? Su imaginación danzaba sin freno, aunque no dejaba de estar alerta, agachada como si pudiera leer las intenciones de la flecha en la forma en que cortaba el aire inmóvil.

Gulfang, práctico hasta en el miedo, se limitó a rodearla lentamente, evaluando la trayectoria, la profundidad del impacto, el tipo de arma, y hasta el barro que la rodeaba. ¿Quién podía acercarse tanto sin ser visto ni oído? ¿Por qué dejar algo tan específico sin más? Su expresión no mostraba inquietud, pero sí una concentración casi quirúrgica. Algo no encajaba, y eso lo irritaba.

Fue entonces, justo cuando el primer rayo del sol traspasó las brumas bajas del este y tocó la flecha, que todos dieron un paso atrás al unísono. La madera plateada comenzó a evaporarse como si fuera niebla sólida, disolviéndose en el aire con un murmullo sordo, sin viento. Y en su lugar, apareció el caramillo.

Parecía delicado y antiguo, pero sin marcas de uso. Su cuerpo era de una madera inidentificable de color plata mate, con la superficie veteada como si imitara el grano de un hueso largo y viejo o las raíces de un árbol antiguo. La boquilla era de una piedra negra, lisa como obsidiana pero más densa, más fría. Y el extremo estaba rematado por una pipeta de nácar pálido, como una lengua de luna detenida. Ninguno lo tocó al principio. Todos lo contemplaron, como si esperasen que les hablara.

El silencio se volvió más denso cuando las miradas se desviaron, casi al mismo tiempo, hacia el norte del camino. Allí, apenas distinguible entre la bruma que se alzaba del suelo helado, se erguía el tocón que habían visto la primera noche. Algo lo marcaba ahora: de una de sus ramas quebradas colgaba una pluma blanca, grande y suave, como arrancada de un ave de presa. Blanca… salvo por las manchas rojas secas que la tiznaban. Esa pluma no estaba allí antes.

Sin necesidad de decirlo, todos supieron que era necesario acercarse. Reunieron el equipo justo, se miraron entre ellos con gravedad silenciosa, y se dirigieron hacia el tocón. El Tralmarch no les había dejado dormir tranquilos… y tampoco les iba a dejar despertar sin preguntas.

Notas de juego

Cargando editor
30/07/2025, 11:53
Alaric Vostek.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

Alaric no se movió de inmediato, los ojos fijos en el caramillo.

Esto...no me lo esperaba —murmuró finalmente, sin alzar la voz.

Se agachó, no para tocar el caramillo, sino para observarlo más de cerca.

Gulfang, ¿Crees que puedes tantear esta....cosa?—dijo entonces, alzando ligeramente el mentón hacia el enano.

Se incorporó con calma, cruzándose de brazos, y dirigió una mirada breve hacia la pluma ensangrentada en el tocón.

—Todo esto me parece demasiado teatral. Demasiado preciso para un aviso. Demasiado simbólico para un simple mensaje.

Cargando editor
30/07/2025, 17:12
Kyras Cornocorvo.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

¡Oh, sorpresa! Conforme los rayos del sol al alba se abrían paso entre la bruma y las ramas y tocaban la flecha, ésta se desvaneció como la figura misteriosa que vieran la noche anterior Daisy y el propio Kyras. En su lugar aparecía una flauta fina y estilizada, pero sus materiales y colores extrañamente idénticos a los de la flecha: la boquilla negra como la obsidiana, el tubo de madera argéntea y tallado como un tronco, rama o raíz nudosa y el remate de un nácar cual luna en el cielo nocturno. Aquello daba al traste con sus suposiciones; ni ofrenda con la que combatir un mal insospechado ni aviso cruel. Simplemente, un instrumento musical, el cual se antojaba inofensivo a primera vista. ¿Y por qué no había de ser así? El bardo se rió por lo bajo cuando cayó en la cuenta. Por muy crueles que las historias dijeran que eran los nornas, no dejaban de ser criaturas faéricas; caprichosas y, puede que hasta cierto punto, glamurosas.

La risa murió en sus labios cuando la atmósfera del Tralmarch se volvió más opresiva y el silencio aparentaba crecer a su alrededor y envolverlos y amenazaba con engullirlos. Porque habían acampado no muy lejos de donde pernoctasen durante su primer día: cerca del tocón grabado. Aquello no podía ser una casualidad.

"¡Qué diantres!"

Kyras alargó la mano y tomó el caramillo. Lo acercó para examinarlo más de cerca y, por unos instantes, pensó en hacerlo sonar, comprobar cómo eran las notas que producía. Pero desistió. O, mejor dicho, pospuso tal comprobación para otro momento. Quizás, y sólo quizás, aquel caramillo estaba pensado para ser tocado en un momento determinado, ni un instante antes ni después.

"Voy a guardarlo, si nadie tiene que objetar. Es posible incluso que pueda sernos de utilidad más adelante."

En un principio, trató de ocultar la flauta bajo el jubón de cuero pero, ante el temor de que pudiera resultar dañado o roto, Kyras optó por guardar el instrumento en la bolsa de componentes que encontrara. Después se acercó al tronco con el resto. Seguía igual excepto por la pluma colgada. Era blanca, pura como la nieve, y grande y suave en apariencia. La criatura de la que procedía debía de ser hermosa pero las manchas de sangre reseca esparcidas por su superficie... ¿Estaban de nuevo ante una advertencia que el bosque les dejaba?¿O era un aviso del daño causado a una criatura silvana, dueña de la pluma, y los nornas y otros seres del bosque pretendían que ellos vengasen ese ultraje?¿O puede que no fuera nada de eso?

Kyras le dio otra vuelta a esos pensamientos en su fuero interno pero no llegó a ninguna conclusión clara. En vez de eso, se separó del grupo unos pasos y, acercado al linde del Tralmarch, sacó el caramillo, lo sostuvo con ambas manos en alto y agradeció en la lengua silvana, con voz alta y clara, su entrega a cualquiera criatura del Tralmarch que pudiera estar observándoles. Así permaneció unos segundos, tras los cuales guardó el instrumento de vuelta a la bolsa y se juntó con los demás.

Cargando editor
30/07/2025, 18:00
Daisy Greenhaven.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

-¡Exactamente eso dije! ¡Y Kyras lo vio también! Pero desapareció y como había sido muy extraño lo dejamos pasar, si no fuera por la flecha casi hubiera pensado que era un sueño o producto de mi imaginación. -Respondió a Gulfang.

A ver, en su lugar también tendría muchas dudas así que no se molestaba por las sospechas, pero no había mucho que explicar y tampoco tenían ninguna prueba excepto la extraña flecha. Para colmo de males la flecha ya no era una flecha si no una flauta.

-¿Has sido tu Gulfang? -El enano había pronunciado unas extrañas palabras que a ella le habían sonado como un hechizo. Se esperaba ese tipo de bromas de Yurian pero no del enano.- Muy gracioso... -Y encima Alaric parecía que le seguía la broma, bien pues que no contaran con ella.- Espera un momento Kyras. ¿Vas a guardarla sin más? Al menos toca algo ¿No? -Ya que tenían una flauta qué menos que hacer algo de música.- Y si no quieres déjamela que yo soplaré, en el colegio era buenísima con la flauta.

Bueno quizás no con la flauta exactamente, pero sí con la cerbatana y eran parecidos, solo que la flauta tenía más agujeros y no servía para divertirse tirando cosas a la gente.

Cargando editor
01/08/2025, 22:43
"Señores de las Brumas".

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

Con el sol ya despuntando sobre el horizonte, y tras varios minutos de debate contenido, Kyras acabó por inclinarse hacia el caramillo con gesto reflexivo. Examinó con cuidado la pieza, deslizando los dedos por su superficie sin atreverse aún a probarla. Lo sostuvo brevemente a contraluz, observando cómo el nácar del extremo parecía absorber el amanecer más que reflejarlo, y cómo la boquilla de piedra negra despedía un leve frescor inorgánico. Con un gesto solemne, lo guardó finalmente en su bolsa de componentes, envuelto en una tela limpia, como si supiera que el objeto requería algo más que simple prudencia: una forma de respeto, que remató con su canto.

Mientras el resto comenzaba a desmontar el campamento con gestos silenciosos y rutinas conocidas, Alaric, Daisy y el propio Kyras se apartaron hacia el norte, rumbo al tocón muerto. La silueta blanca que colgaba de él parecía aún más pálida con la nueva luz, contrastando con el tronco ennegrecido y las ramas mutiladas por viejas tormentas.

Fue Alaric el primero en observar la pluma detenidamente. Su tamaño era notable: incluso sin tomarla en la mano, la curva de su caña, la anchura de las barbas, hablaban de un ser alado colosal, cuya envergadura podría fácilmente superar los cuatro metros. Un ave o criatura que ningún habitante común de los bosques admitiría haber visto.

Pero lo que atrapó la atención de Daisy fue el medio por el cual la pluma pendía. No era cuerda normal lo que la sujetaba, ni hilo de caza ni fibra vegetal. Era algo más fino aún, como un cabello tejido por arañas: una cuerda de arco, concluyó, pero de una clase que parecía esquivar incluso la luz del alba. Era apenas visible, como si se desdibujara al menor movimiento. Aun así, era resistente. Lo suficiente como para mantener la pluma suspendida sin que esta girase ni se agitase siquiera con el viento.

Lo más inquietante, sin embargo, no fue su aspecto, ni la sangre que manchaba el blanco, ni siquiera su procedencia incierta. Fue una sensación compartida y tácita: aquella pluma exudaba algo que resultaba inquietantemente familiar. Un eco no del todo físico, una nota disonante en el aire. Tenía el olor férreo de la sangre, sí, pero también algo más profundo, más ancestral, más atávico. Algo que evocaba a los Córvidos a los que se habían enfrentado. No a uno cualquiera, sino al Córvido Aterrador su olor, su mirada, a su acecho.

Los tres quedaron allí unos instantes, inmóviles, como si esperaran que la pluma dijera algo. Como si, de algún modo, ya lo hubiera hecho.

Notas de juego

Cargando editor
02/08/2025, 13:49
Iraia Pagadi.

Iraia se acercó también al tocón siguiendo a los demás. La ignorancia podía ser una constante pero también era cierto que allí ocurría algo extraño, sobrenatural, mágico. Todo su ser élfico vibraba en presencia de los sorprendentes mensajes que debían interpretar. La flecha transformada en caramillo y que no dudaba estaba destinada a su bardo quien, por obra y gracia de su arte en la noche pasada, parecía haberse ganado la gracia de alguna entidad protectora del bosque.

Y ahora, la pluma, manchada de sangre y que recordaba, de forma inquietante, a las criaturas córvidas a las que habían vencido. Y si se les mostraba, era para ser tomada y no solo observada, o así pensaba Iraia quien tendió la mano y tomó el fino hilo del que pendía la pluma.

Cargando editor
02/08/2025, 17:04
Kyras Cornocorvo.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

"¿Lo sentís?"

El bardo no se había percatado hasta estar a pocos pasos del tocón: la pluma blanca tenía un aura amenazadora, una impresión inquietante que demasiado bien recordaba al más monstruoso de los córvidos humanoides con los que se habían enfrentado. En su mente, Kyras se corrigió. No era hermosa el adjetivo que buscaba, si no magnífica; la criatura dueña de aquella pluma debía de ser, sin duda, magnífica, hermosa como puede serlo una tormenta eléctrica, cuyos relámpagos se dibujasen contra un cielo de nubes oscuras, o una mar embravecida cuyas olas rompieran contra un acantilado. Un espectáculo hermoso, sobrecogedor y, especialmente, mejor observado desde la seguridad que proporciona la distancia. Estaba a punto de sugerir dejar en paz tan macabra señal cuando Iraia se adelantó y tomó ambos elementos, pluma y cuerda.

"No creo que haya sido una buena idea. Empiezo a sospechar que fuera una señal de advertencia, pero no para nosotros si no para la criatura de la que procede esa pluma. Tengo la extraña sensación de que el Tralmarch pueda estar más a disgusto con la presencia de los córvidos humanoides que con la nuestra." Era una idea rara, pensar en el bosque como una entidad con consciencia propia. Puede que, al fin y al cabo, la silueta de la noche pasada fuese un norna y no ninguna encarnación del bosque. Un norna con poderes misteriosos, capaz de moverse como si fuera bruma y de materializar flechas que, bajo la luz de la mañana, se mostraban como instrumentos musicales. Aunque la imagen del bosque consciente, capaz de presentarse bajo la forma de un avatar, se prestaba incluso a pensamientos más alegres y traviesos. "Imaginadlo. El Tralmarch dotado de una consciencia capaz de adoptar forma física humanoide; en lugar de resultar en un aspecto terrible y sobrecogedor lo hiciera en la forma delicada y bella de una ninfa o criatura similar. Y que hubiera quedada prendada de mi irresistible encanto. No sabría qué hacer en ese caso. ¿Creéis que sería sabio cortejarla?"

Obviamente, a juzgar por el tono jovial y despreocupado, el bardo bromeaba. Y por qué no, al fin y al cabo. Un poco de chanza para alegrar los ánimos y desterrar la oscura impresión que dejaba aquella pluma seguramente no estaría de más.

Cargando editor
04/08/2025, 18:13
Daisy Greenhaven.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

Eran unos sosos, por un momento parecía que Kyras iba a tocar algo de música pero se limitó a guardar la flauta y ni siquiera le dejó probarla a ella. Decidió acercarse al extraño tocón después de haber recogido sus cosas y vio algo sorprendente.

-¡Habéis visto! ¡Pedazo de pluma! -Daisy cerró un ojo y comenzó a medir con la mano el tamaño de aquella cosa.- Si la pluma es así, el pájaro... -Alzó su brazo todo lo que pudo e incluso saltó.- ¡Es más grande incluso que el que hemos matado!

A Daisy le pareció buena idea lo de quedarse con la pluma y también con aquella cuerda.

-Creo que esa cuerda serviría perfectamente para un buen arco, dejemos que Alaric la examine ya que él sabe mucho de esas cosas. ¿Y la pluma? ¿La queréis para algo? Se me ocurre que sería un buen adorno para un sombrero. ¿A quien le apetece ir elegante? -Se volvió hacia Kyras algo enfurruñada.- ¡Pues claro que le molestan más esos cuervos que nosotros! ¿No has visto lo monas que somos? -Dijo mientras se ponía al lado de Iraia.- El Tralmarch está encantado de tenernos aquí y que matemos a esos cuervos feos. ¿Verdad tronquito? -Luego se rió de las ocurrencias de Kyras sobre ligarse al Tralmarch.- ¡Eso me gustaría verlo! Creo que podrías seducirla si le tocas tu nueva flauta. ¿Porqué no lo intentas? Igual aparece esa bella mujer a la que esperas, ya que una y media no te son suficientes. -Dijo mientras señalaba a su amiga y a ella misma.

Cargando editor
05/08/2025, 11:39
Kyras Cornocorvo.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

Kyras rió con ganas por toda respuesta a las ideas de la mediana. Estaba bien comprobar que el grupo contaba con alguien que pudiera seguirle las gracias y tuviera una perspectiva más risueña del mundo. Entre Alaric y Yurian ya llevaban suficientes cenizos para toda una vida. Sin duda, la sugerencia de usar el caramillo era algo a lo que le había dado vueltas su naturaleza caprichosa. Y no hubiera necesitado que Daisy tratase de incentivarle a hacerlo. Pero había algo en lo profundo, quizás el legado de su sangre élfica, que le hacía intuir que dicho instrumento no era algo frívolo con lo que banalizar; tenía un significado, y posiblemente un uso, concreto que los nornas confiaban en que se le reconociera. Hacer sonar aquella flauta a la ligera podía ser incluso interpretado como una ofensa.

"No te negaré que resulta intrigante el usar el caramillo; tengo ese cosquilleo en los dedos que, sospecho, sólo se irá si lo intento. Pero tengo la impresión de que puede tener una utilidad en un momento posterior. Como si fuera una suerte de alarma que sonar para pedir la ayuda de los habitantes del bosque. Pero como tengo parte de sangre humana, quizás esté siendo presuntuoso y me imagino cosas que no son. ¿Qué opina nuestra gentil Iraia?¿Suena demasiado pretencioso el creer que el Tralmarch nos prestaría su ayuda con hacer sonar un caramillo?"

Mientras hablaba, el bardo dirigió una mirada de reojo a la elfa. Quizás su linaje puro y su mayor conocimiento sobre la naturaleza le dieran una afinidad con ella que proporcionase un mejor conocimiento para evaluar la situación.

Cargando editor
08/08/2025, 20:55
"Señores de las Brumas".

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

La luz temprana filtraba un resplandor blanquecino sobre el tocón marcado, sus inscripciones apenas visibles bajo la humedad del rocío. Iraia, adelantándose con paso firme, se detuvo frente a la nívea pluma que colgaba inmóvil. Su mirada se endureció, como si algo en aquel objeto hubiera despertado una certeza interna. Sin vacilar, cerró sus dedos en torno a la cuerda de arco invisible y la pluma manchada de sangre.

Detrás, Daisy, Alaric y Kyras observaban, las palabras de este último aún resonando en el aire. Fue entonces cuando ocurrió: Iraia quedó rígida, como si un golpe invisible le hubiera atravesado el cuerpo. Sus ojos se tornaron blancos, sin pupila ni iris, y su boca se abrió en un grito que nunca llegó a oírse. Sus manos apretaron la cuerda y la pluma con fuerza antinatural, y por un instante, todo a su alrededor pareció volverse denso, como si el aire hubiera sido exprimido del mundo.

Kyras dio un paso adelante, pero se detuvo al sentir un hormigueo extraño en la piel. Daisy frunció el ceño, tensa, mientras Alaric se movía para sostenerla si caía. Pasaron apenas unos segundos, aunque en la mente de todos fueron eternos.

Entonces, Iraia inspiró bruscamente, como si hubiera estado sumergida bajo el agua durante minutos. Sus rodillas flaquearon y se apoyó en el tocón, jadeando, el pecho subiendo y bajando en un ritmo irregular. Cuando finalmente habló, su voz estaba impregnada de algo que no era del todo suyo.

Les contó lo que había visto: un claro teñido de sangre y silencio, la llegada de una criatura de blancas plumas y afiladas garras, su encuentro con una figura envuelta en escarcha y musgo, y el choque violento entre ambas. La harpía herida batiendo alas hacia el norte, la norna recogiendo la pluma como un voto sagrado. Lo narró con precisión, como si hubiera estado allí, oliendo el hierro y sintiendo el viento desgarrado por las alas.

A cada palabra, sus compañeros intercambiaban miradas, reconociendo fragmentos de la historia que no deberían conocer. Cuando terminó, Iraia se pasó la mano por la frente, como si tratara de borrar la sensación que aún le recorría el cuerpo.

—Los dones de los faéricos— dijo, sin realmente mirarles — son siempre retorcidos… o extraños. El silencio que siguió se sintió más pesado que la bruma matinal.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. ÚLTIMAS LUCES DEL DÍA.

A UNOS MINUTOS DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 10 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

El resto del día transcurrió con un paso constante, aunque cada uno de ellos llevaba en mente la imagen de la visión de Iraia. El sendero se estrechaba entre bosques que parecían escuchar, y el aire, aunque más claro, no traía alivio. El sol descendía con lentitud, tiñendo la bruma de tonos dorados y violetas.

Cuando alcanzaron la última elevación, pudieron verlas: las luces de Kravenhold, lejanas, difusas, como islas titilantes en un mar de niebla. Era el hogar, el final del viaje. Y sin embargo, ninguno sintió la ligereza que deberían.

La tensión que les había acompañado desde su partida no se disipaba. Al contrario, parecía haberse instalado en lo más hondo del estómago, como un vacío expectante y hambriento. Era una sensación que no se podía razonar ni explicar, pero todos la reconocían: algo, allá en la distancia, aguardaba.

Mientras las sombras se alargaban y las primeras antorchas de la ciudad encendían su resplandor, el silencio del grupo se volvió más denso. La bruma ocultaba tanto como revelaba. Y aunque los muros de Kravenhold se perfilaban cada vez con mayor claridad, la certeza era innegable: lo que habían traído consigo pesaba más que cualquier carga física.

Notas de juego

Cargando editor
09/08/2025, 12:33
Kyras Cornocorvo.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. ÚLTIMAS LUCES DEL DÍA.

A UNOS MINUTOS DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 10 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

La reacción de Iraia al tomar pluma y cordel había hecho parecer la advertencia del bardo premonitoria. Y, desde luego, la historia que les contó, o el extraño aviso "los dones de los faéricos son siempre retorcidos... o extraños", había rondado la mente de Kyras durante todo el camino. No dejaba de pensar sobre la exactitud de sus propias divagaciones acerca del origen de las "ayudas" que los habitantes silvanos del Tralmarch les habían dejado hasta el momento. Y durante unos segundos, el semielfo tuvo la incómoda sensación de ser un peón atrapado en un juego que le superaba. Que les superaba. Títeres al servicio de poderes que desconocían y de los que, realmente, debían de cuestionar su altruismo o su deseo por el bienestar de la buena gente de Kravenhold.

"Empiezo a pensar que todo esto es más profundo de lo que alcanzamos a ver." Kyras hablaba de forma distraída mientras caminaba rumbo a la aldea con el resto. "Si repasamos los detalles que conocemos sobre los habitantes del Tralmarch y lo que hemos podido asumir sobre los córvidos humanoides, vemos que giran en torno a la figura del Barón Cuervo. Supuestamente." El bardo se apresuró a matizar aquella idea antes de hilvanarla con su siguiente tren de pensamientos. "No obstante, nornas y córvidos no parecen comportarse como los aliados que se suponen deberían de ser bajo el servicio del Barón Cuervo; casi parecen enfrentados. Es posible que por el hielo negro. Y es con el hielo negro que entran en escena también nuestros amigos de las Manos Sombrías, quienes parecen tener una tapadera en nuestra insignificante Kravenhold." Que un grupo con semejante reputación se molestase en tener un suerte de base de operaciones en la aldea decía mucho sobre su posible importancia en los planes de alguien. "La cuestión es, en cuanto lleguemos, ¿nos olvidamos de todo esto, montamos una fiesta con alcohol y doncellas o... investigamos el Último Refugio y su conexión con todo este asunto? Yo, por supuesto, abogo por lo primero."

Y rió. En la lejanía, las pálidas luces que delataban la posición de Kravenhold cobraban vida. Su destino estaba cerca ya. Y a pesar de las bromas y de lo reconfortante que, en teoría, debía de ser pensar en el calor del hogar y una jarra de cerveza en la mano para acompañar un buen relato, a Kyras le resultaba imposible sacudirse de encima la sombra de la sospecha y la inquietante presión que la ansiedad o la angustia ejercía sobre su pecho. Una voz lejana, desde un oscuro rincón de su mente, gritaba una advertencia. "Esto todavía no ha terminado."

Cargando editor
09/08/2025, 22:14
Gulfang Herster.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. ÚLTIMAS LUCES DEL DÍA.

A UNOS MINUTOS DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 10 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

No dejó de dar un paso tras otro en dirección hacia su destino, ayudando en los momentos requeridos e incluso cargando con algo más de peso del que le correspondía, como si necesitara de alguna forma desfogarse por los pensamientos que le corroían la mente. Sin querer, de pura casualidad, habían descubierto un tejemaneje de contrabando de hielo negro, una sustancia mágica y codiciada, entre alguien que aún no habían identificado, pero que tenía toda la pinta de ser alguien poderoso de donde provenía la caravana, Ravensburg y otro alguien que se ponía en contacto con Tophom, al cual usaba de punto de encuentro y almacén de contrabando. Gulfang no hacía más que darle vueltas y vueltas a la información adquirida hasta ahora. Todo era información si se sabía interpretar de la forma correcta, pero ese era precisamente el problema, no dejarse llevar por quimeras y ensoñaciones, y tratar de distinguir el hilo de la verdad, seguirlo y desentrañar el misterio. 

- He estado dándole muchas vueltas a todo, estoy intentando encajarlo todo, pero es complicado. - cayó unos segundos, mientras sus pasos resonaban en el suelo helado que estaba adquiriendo una densidad similar al barro, aunque aún más duro. No pareció percatarse de las miradas de reojo o directas que algunos le dirigieron, o decidió ignorarlas. - Como información reseñable, tenemos el diario que hemos encontrado en la caravana, y un noble o enviado de un noble, muerto, probablemente de Ravensburg. Igual sería mucha casualidad, o demasiado descarado, dado con el sigilo que trabajaban, visto lo visto, no sé qué pensar, la verdad, pero podría ser el enviado del jefe de esa organización en concreto, ¿quiénes son? Ni idea. En la caravana había Hielo Negro que ya no está, que alguien se ha llevado. Creo que hay al menos aquí, cuatro patas, por un lado, la organización que envía el Hielo Negro, que, si no he interpretado mal lo que hemos descubierto hasta ahora, trabajaba con Tophom. El Último Refugio era el lugar donde entregaban el Hielo Negro, y le daban el pago a Tophom entiendo que por sus servicios de mediador y almacén de la mercancía. ¿De dónde sale el Hielo Negro? Ni idea. ¿De Ravensburg o sus alrededores? Probable. Utilizaban la caravana para llevarlo a escondidas, por lo que al menos parte de la organización está allí. ¿Que pintan los Manos Sombrías en esto? Tenían que encontrarse con la caravana que llevaba el Hielo Negro, que les esperó para pagarles y al final dejó el pago en un escondite exprofeso para ese menester ... ¿para o por qué? ¿se encargaban de coger el Hielo Negro e introducirlo a hurtadillas en el Último Refugio? Luego están los no-muertos, ¿de dónde han salido y por qué ahora? ¿Quién los manda? ¿El Barón Cuervo? Desde luego, los cuervos están relacionados con ellos, pero no con la organización del Hielo Negro, sólo hay que ver las anotaciones del diario. Y por último está el bosque, el Tralmarch. Los no-muertos atravesaron el bosque y al parecer, el bosque no intervino, sin embargo... Kyras, no puedo evitar pensar en la noche que dedicaste un canto al bosque, o así me lo pareció a mí, cuando te encaraste con la oscuridad y hablaste con respeto de las nornas y de todo eso. Con lo que ha pasado de la flecha, el caramillo, lo que contó Iraia al tocar la pluma... ¿es posible que nos tomaran bajo su protección? Las nornas, digo. He escuchado historias similares, y es lo único que tiene cierto sentido de todo esto. Puede que no les haga gracia que quien esté jugando con fuerzas nigrománticas alterando el ciclo de vida-muerte los use, aunque sea como medio de paso. Se escapó un hombre-cuervo, el blanco. Lo lógico es que ellos encontraran el Hielo Negro, sabemos que encontraron el pago y se lo llevaron. ¿Se llevó el hombre-cuervo blanco el Hielo Negro? ¿Quién los envió? ¿Las nornas atraparon al hombre-cuervo blanco y esa pluma es de él? ¡Pero es demasiado grande, maldita sea? ¿Otro monstruo? ¿La "madre" que llamó el hombre-cuervo blanco en su grito de ayuda antes de huir? ¿Os acordáis de lo tenso que estaba Yurian y su cuervo y la tensión que había en el aire, como si algo estuviera a punto de atacarnos? ¡Demasiadas incógnitas, maldita sea!

Tras la larga parrafada, una de las más largas dichas hasta ahora, el enano parecía realmente frustrado, no conseguía hilvanar bien todo, y necesitaba encontrar una respuesta a todo esto, pues sospechaba que algo más grande se ocultaba detrás, algo más peligroso que el contrabando de Hielo Negro. 

- Yo voy a entrar en el Último Refugio, ni lo dudes, Kyras. Es mi deber, han estado pasando por delante de mis narices, y no voy a consentirlo ni un segundo más del necesario. - sentenció. Por su parte, estaba claro el siguiente paso a dar. - Entregaremos lo que hemos encontrado, relataremos lo que sabemos, y al menos yo, iré a ver qué más averiguo. Y si alguien quiere venir conmigo, maldito sea si lo rechazo, necesito la máxima ayuda posible con esto, me da que va mucho más allá que el simple contrabando, algo gordo hay, con los no-muertos, los cuervos, y todo lo demás... mis huesos me lo están gritando.

Se detuvo contemplando el pueblo a lo lejos, ya no quedaba nada, apenas un esfuerzo más y estarían entrando por la puerta. Los verían como héroes, estaba seguro, pero él se sentía como el mensajero que trae funestas noticias. Todo lo que parecía bueno hasta ahora, se le estaba deshaciendo en cenizas entre los dedos. 

Cargando editor
10/08/2025, 18:56
Daisy Greenhaven.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, TRAS LA NOCHE.

A UNA JORNADA DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 8 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

Cuando Iraia cogió la pluma la mediana se dio un buen susto con lo que pasó, aunque por fortuna no fue algo grave y la elfa parecía estar bien, salvo por el susto que ella también se habría llevado.

-¿Estás bien? ¡Menudo susto me diste!

Había muchas teorías y explicaciones pero casi todas parecían apuntar al mismo sitio como habían señalado sus compañeros ya.

-Está claro que a las normas no le gustan los cuervos, pero el de la pluma, la arpía, debía ser muy grande. ¿Qué hay en el norte que iba tan decidida?

Lo preguntó por evitar ir en la misma dirección si era posible, no le gustaba la idea de encontrarse con una criatura así. Le animó algo más cuando hablaron de lo que harían al llegar de nuevo al pueblo.

-Yo voto como Kyras. Primero deberíamos celebrar que hemos llegado sanos y salvos, ver a nuestra gente y repartir todo lo que llevamos. Y después... -Daisy se quedó pensativa, volver al trabajo de sastre ahora le parecía algo muy aburrido.- Oye Gulfang. ¿Si vamos contigo nos darás el título de ayudantes? Eso molaría mucho más. -Mientras esperaba la respuesta del enano siguió comentando cosas de la conversación que estaban teniendo.- ¡Ohhhh! ¡Claro que si! ¡Kyras se ha ligado a las normas, es así de irresistible! -En cierto sentido podía ser verdad.- Y creo que cargarnos a los cuervos gigantes también les gustó mucho. Quizás por eso nos dieron regalos. -Daisy empezó a señalarlos uno a uno con el dedo como si estuviera contando y luego cabeceó.- Pero somos seis, a algunos nos dejaron sin regalo...

Cargando editor
12/08/2025, 11:34
Kyras Cornocorvo.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. ÚLTIMAS LUCES DEL DÍA.

A UNOS MINUTOS DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 10 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

"Nadie se ha quedado sin regalos." El bardo replicó, pronto, con tono jocoso. "Simplemente, las nornas saben que tener en vuestra constante compañía al irresistible Kyras de Kravenhold, futura leyenda entre bardos, trovadores y artistas, es más que suficiente presente. Pocos de sus dones podrían equipararse a esto; por ello, no han querido insultaros con ofrendas menores."

Una teatral reverencia, dedicada a la mediana, acompañó aquellas palabras antes de que el semielfo volviera a centrarse en las lucecitas que, cuales fuegos fatuos, brillaban allí donde suponían estaba su hogar.

Cargando editor
12/08/2025, 12:58
Iraia Pagadi.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. ÚLTIMAS LUCES DEL DÍA.

A UNOS MINUTOS DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 10 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.


Iraia había permanecido refugiada en un silencio íntimo durante todo el viaje, un silencio que nadie había roto, por respeto o por ser conscientes de que necesitaba gestionar lo que había ocurrido. Pero el periplo había concluido y ante sus ojos se alzaba la aldea, a la que traían aquello que habían podido rescatar de la caravana atacada, algo de conocimiento, un pizca de miedo y prevención y una gran sombra cuyo peligro era difícil de dimensionar.

-No hay lugar al olvido, Kyras. Quizá fuera lo más sensato. Callar y huir y dejar que la región padezca las consecuencias de cuanto está ocurriendo. Pero no. Y por dos razones. De un lado, porque no hay doncellas que quisieran festejar contigo ni siquiera borrachas -acompañó su comentario con unas risitas- y sobretodo porque es lo correcto. Asumimos una responsabilidad y ahora que las cosas paren complicarse más en vez de resolverse, no podemos volver la cabeza y hacer como que no vemos -en aquel punto se volvió hacia el enano-. Gulfang, no te enciendas. Demasiadas preguntas, pocas respuestas y mucho por hacer. Aconsejo prudencia. No levantemos sospechas, no vayamos directos a por nuestro objetivo. Hagamos las cosas bien. En este momento, en Kravenhold hay alguien que puede darnos algunas respuestas. No lo asustemos no vaya a ser que huya y perdamos una oportunidad de oro. 

Cargando editor
14/08/2025, 11:15
Kyras Cornocorvo.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. ÚLTIMAS LUCES DEL DÍA.

A UNOS MINUTOS DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 10 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

El bardo acompañó las risitas de Iraia, al mencionar que ni borrachas las doncellas celebrarían nada con él, de un gesto teatral: se llevó ambas manos al pecho, con expresión cómicamente exagerada de dolor, y simuló asir un imaginario proyectil clavado en aquella parte.

"Oh, hermosa pero fría diosa del amor, ¿por qué tamaña crueldad para con un humilde devoto?¿Por qué tan hiriente altivez?" En ese momento, se propinó una sonora pero fingida palmada en la frente, como si cayera en la cuenta de algo. "Por supuesto, es porque no me has oído declamar el tórrido romance de Huón y Turón; para la tercera estrofa, las doncellas caen rendidas en suspiros de deseo ardiente."

¿Hablaba en serio el semielfo o su aparente frivolidad sólo ocultaba un intento jocoso por romper algo de la tensión que se acumulaba ante la posibilidad de vérselas, voluntariamente, con las Manos Sombrías?

Cargando editor
14/08/2025, 18:34
Daisy Greenhaven.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. ÚLTIMAS LUCES DEL DÍA.

A UNOS MINUTOS DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 10 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

Daisy aguantó la risa y puso los ojos en blanco ante las palabras de Kyras.

-Ahhhhh.... Sí.... Claro... Tú eres el regalo... Qué bien... -Dijo exagerando la falta de entusiasmo.- Prefería unas piedras preciosas o algo así, la verdad. ¿Crees que si te dejamos con tu nueva novia nos las dará a cambio? Se que perderemos mucho, pero... Me gustan las cosas brillantes.

Sonrió y le sacó la lengua al bardo. No tenían regalos para todos pero al menos la situación era divertida y se conformaba. Escuchó las palabras de Iraia y asintió aquella chica si que sabía hacer las cosas bien.

¡OHHHH! ¡Yo soy buenísima escuchando conversaciones ajenas! -De inmediato se arrepintió de haber hablado tan rápido y quiso arreglarlo.- Quiero decir... Qué no se porqué, quizás porque soy muy pequeña, pues la gente a veces no me ve y habla cosas sin saber que yo estoy allí y claro, no puedo ir con las orejas tapadas todo el tiempo. ¡La gente debería asegurarse que nadie los escucha antes de hablar! -Añadió finalmente con un tono de indignación.

Después se quedó mirando a Kyras, parecía querer una guerra dialéctica con Iraia y eso parecía muy entretenido, aunque quizás no tanto como la historia de Huón y Turón.

-¿Huón y Turón? Cuenta, cuenta.

Cargando editor
14/08/2025, 19:40
Alaric Vostek.

CIRCA 101, MES DEL RENACER - DÍA 03. ÚLTIMAS LUCES DEL DÍA.

A UNOS MINUTOS DE KRAVENHOLD. - EN EL CAMINO AL SUR DE LAS MONTAÑAS.

TEMPERATURA: 10 GRADOS. - BRUMA INTERMEDIA.

Alaric no apartó la vista de Iraia durante todo el episodio. La forma en que su espalda se arqueó, cómo la blancura súbita veló sus ojos…Sus propios dedos, acostumbrados a la presión fría del metal y la madera, se crisparon contra la empuñadura de su arco, no por miedo, sino por la imperiosa necesidad de hacer algo y no saber que.

Dones que conllevan un precio… —dijoen voz baja, como si meditara la frase antes de lanzarla—. ¿No tiene todo uno?

El camino a Kravenhold se convirtió para Alaric en una galería silenciosa, cada árbol un espectador discreto, cada sombra un cuadro a medio pintar. El sol declinaba con pereza, y en el dorado y violeta de la bruma veía el último brochazo antes de que la noche, implacable, cubriera el lienzo.

Cuando las luces de la ciudad finalmente surgieron como faros lejanos, Alaric las contempló tanto con ternura como con cautela. Hogar. Refugio. Palabras vacías, si lo que uno lleva consigo no cabe en ningún muro. Su hermano no iba a volver.

Estando en esas, escuchando las explicaciones de Kyras y Gulfang, continuó descendiendo hacia la ciudad, dejando que la bruma le lamiera el rostro, como un amante que promete tanto consuelo como traición.