—¿Qué dices? —preguntó incrédula con una tímida y ruborizada sonrisa, y casi a punto de echarse a reír, ante la explicación que le dio su amiga acerca del collar. Seguidamente dando un suave respingo en el sitio, bajando la cabeza sumisa y adquiriendo un semblante más bien solemne ante la orden de guardar silencio de su, ahora, reina. Lo cierto es que la sola idea de ser la súbdita de Amanda ya le producía un cosquilleo de lo más placentero en su húmeda entrepierna. Cada vez con mayor necesidad de ser atendida. Necesidad que aumentó ante la amenaza de ser castigada si se portaba mal, ¿Desde cuando la pelirroja tenía ese control, ese conocimento y esa naturalidad sobre el BDSM?
—V-vale. —dijo en respuesta a hablar solo cuando esta se lo pidiera, desafiando en cierta manera y con sutileza a su "ama". Pues la chica no le había dado permiso para hablar ni tampoco le había pedido confirmación alguna.
Se mantuvo cabizbaja mientras la pelirroja giraba a su alrededor, mirándola de reojo con enorme interés y deseo cada vez que pudo. Alzando la cabeza solo y momentáneamente para facilitarle la tarea a la psicóloga de ponerle el collar.
Miró la correa con una mezcla de excitación, curiosidad y vergüenza, observando cómo su dueña tiraba de esta. Ganándose una buena cachetada con la fusta, que le arrancó un fugaz y sonoro gemido, al tardar más de la cuenta en obedecer. Poniéndose a continuación, sumisa, a cuatro patas.
Gateó de manera sinuosa, felina, grácil y elegante. Siguiendo los designios de Amanda.
- Si no fuera porque no me apetece, te sacaría a pasear por toda la cubierta.. .- Dijo con una mirada traviesa, tras hacer que Brenda la siguiera y diera algunas vueltas por sus despacho lo que bien seguro le comenzaría a provocar ligero dolor de rodillas.
- Algo no me encaja.. te falta algo... espera aquí a tu renia.. Ordenó, atando la correa a una de las sillas para así estar libre y ponerse a rebuscar en un armario donde tenía unas cajas almacenas. Aunque lo cierto es que no le hizo un nudo en condiciones y realmente Clarise se podría seguir moviendo, si lo deseaba.
En cada de las cajas había dosieres y rezaban nombres, posiblemente de pacientes, y guardaban multitud de objetos, incluso prendas que poco o nada tenían que ver o sentido de usar en esos momentos. - Este... fue muy revelador trabajar en su caso.. como afortunada de que me quedara con algunas de sus cosas.. Una sonrisa que daba algo de miedo se dibujó en el bello rostro de la pelirroja.
- Perrita mía... ven aquí .. tengo una colita que te va a quedar monísima-

A medida que seguía a Amanda a gatas por todo el despacho, miró con disimulo y ocasionalmente el culo de esta. Tentada de darle un pequeño mordisquito en uno de los glúteos. Algo que quedó en un mero y travieso pensamiento.
No supo cuánto tiempo estuvo siguiendo a la psicóloga por la habitación. Pero lo que sí supo es que estaba empezando a acusar algo de molestia en las rodillas. Por lo que cuando la chica le "ordenó" esperar allí fue todo un alivio.
Por un momento se imaginó paseando desnuda y llevada de la correa cual perra, como dijo su reina instantes antes, por todas las instalaciones del pabellón psicológico. Invadiéndole una poderosa y vergonzosa sensación que, en cierta manera, le excitó y a la vez generó bastante incomodidad. Y es que a saber la de cosas que dirían de ellas en un panorama tal que ese. Suerte que sabía que su amiga jamás haría algo así. Por lo que intentó quedarse únicamente con la parte morbosa de aquella idea.
No sólo se atrevió a moverse cuando la pelirroja se marchó en busca de algo. Si no que, además, se tomó la libertad de erguirse del todo. Dirigiendo su atención con evidente curiosidad en dirección hacia donde su "dueña" estaba.
—¿Revelador? —preguntó con curiosidad al tiempo que ladeaba la cabeza levemente, abriendo a continuación los ojos de par en par. Visiblemente sorprendida y ruborizada cuando la chica le mostró aquel objeto.
—N-nunca me he... me he metido nada por... por ahí... —musitó por lo bajo con vergüenza, algo de miedo e inquietud. Pues tenía de oídas que el tema anal, si no se hacía con cuidado y poco a poco, dolía muchísimo.
Amanda llevó sus manos a ambos costados de sus caderas, con teatral enfado, mientras miraba con desagrado a Clarise.
- ¿ Quien te ha dicho que puedes moverte?. Y es mas... ¿ Te pedí la patita?. ¿ Te dije que ladraras acaso? Dijo asumiendo demasiado bien su rol de dominanta. - TE PEDÍ SILENCIO, PERRA.- Alzó la voz y tiró sin previo aviso del collar, sacudiendo a Brenda y arrastrando esta hasta llevarla frente a la mesa de su despacho. La ató al otro extremo de la mesa, a la silla de forma que Clarise casi cayó de bruces sobre el mobiliario, quedando tumbada boca abajo sobre el escritorio, con las piernas colgando hacia abajo y los brazos apoyados contra la madera de nogal de la superficie.
¡ ZAS!... ¡ ZAS!... Me has obligado a castigarte.. yo no quería, pero es por tu bien... ¡ ZAS! . Amanda azotó las nalgas de su amiga con la fusta, no se contuvo demasiado y estas bien pronto quedaron coloradas por la golpiza
De la misma forma repentina como había iniciado aquel escarmiento, cesó. - Mi pobre perrita , deja que lama tus heridas.. Amanda se agachó para besar el trasero de Brenda. Tiernos besitos en las rojeces de las nalgas para después pasear su lengua a placer recorriendo las redondeces de su trasero. - Oh.. y no te preocupes .. siempre hay una primera vez para todo.. dijo sin venir a cuento antes de colarse entre sus glúteos y hundir su lengua en el trasero. Lamió su ano exteriormente lubricando el mismo hasta que sus dedos se unieron al juego y con algo de mañana y destreza, Amanda llegó a introducir en su culo su dedo corazón hasta el fondo, chocando así sus nudillos contra sus tiernas nalgas.
- Tienes un culo muy hermoso.. le dijo besando uno de sus cachetes, mientras su mano entraba y salía de entre sus nalgas.
Se quedó helada cuando vio aparecer a Amanda con esa mirada cargada de desagrado y aquel teatral enfado. Buscando, nerviosa e inquieta, una excusa.
—P-pues... —musitó por lo bajo un tanto cohibida y avergonzada. Guardando silencio repentinamente cuando su amiga alzó la voz y la llamó perra. Sintiendo un agradable y vergonzoso cosquilleo en su cuerpo.
Seguidamente y sin previo aviso, la pelirroja tiró con fuerza y rudeza de la correa. Haciendo que Brenda trastabillase en varias ocasiones mientras era arrastrada en dirección al escritorio. Acabando tumbada boca abajo sobre este, totalmente expuesta, y con los brazos extendidos al tiempo que su ama ataba la correa al otro extremo de la mesa.
Su cuerpo se sacudió y arqueó tras cada azote. Botando tanto sus moderados pechos como su humildemente respingón culo. Acompañando el gesto con un extraño sonido mezcla de gemido y gimoteo. Jadeando entre azote y azote.
Su respiración se agitó muchísimo durante y después del castigo. Erizándosele la piel nada más sentir cómo los cálidos y suaves labios de la chica recorrían su trasero.
—Estoy... estoy muy cachonda, Ama... —dijo entrecortada y con un tono de lo más excitado— nda. C-creo... creo que nunc... ¡ah! —soltó un sonoro gemido. Abriendo los ojos de par en par mientras su cuerpo, enormemente tembloroso, se tensaba con severidad al notar aquella cálida y húmeda presencia sobre su ano. Que tardó muy poco en estar totalmente lubricado y listo para que lo penetrase.
Antes de que la pelirroja, de manera inesperada, introdujese el dedo en su culo. Brenda abrió algo más las piernas. Buscando facilitarle la tarea a su amiga tanto como le fuese posible. Dejándose atender y llevar, muy dispuesta, por la experimentada boca de la chica.
—Quiero... que... co... ño. —afirmó de manera inteligible. Volviendo a arquearse y a tensionarse repentinamente todo su cuerpo en el mismo instante en el que el dedo corazón de la muchacha, travieso, diestro y con maña, se introdujo en su interior. Silenciándola durante unos instantes entre tanto apoyaba la frente sobre la mesa. Dejando algún que otro rastro de baba por la misma.
A medida que la psicóloga introducía el dedo en el interior de su ano, los gemidos se hacían cada vez más audibles. E incluso llegó el momento en el ella misma seguía, con la cadera, el recorrido del dedo hacia delante y hacia atrás mientras por sus muslos resbalaba una considerable cantidad de flujo. Viéndose tentada, en más de una ocasión, a ponerse a cuatro patas sobre la mesa.
¡Ya ando por aquí! Sorry. Te tenía súper abandonada. T_T
Amanda parecía complacida de que aquel lascivo juego hubiera gustado a su compañera. No lo había dicho ni confirmado pues su cuerpo la traicionaba y era suficiente prueba.
- Bien, bien perrita mía... estas lista para que tu ama te monte como la zorrita que eres..-
Si bien Brenda tenía algo que objetar llegado el momento en el que comprendiera las palabras de Doyle, ya se encontraría con la visión al volverse a la doctora colocándose un cinturón de castigo sexual.

Había dejado de penetrarla con los dedos, así que lo que siguió fue la sensación de una presión muy fuerte en la entrada de su ano. El grueso glande de goma se fue introduciendo en aquel orificio tan lubricado como dilatado hasta que entró de una todo enterito.
- Mmm, si.. sabía que te cabría enterito.- La espalda de Brenda se arquearía con aquella molesta y a la vez placentera sensación. Un choque de sensaciones opuestas, dolor.. placer..
Amanda la agarró por el cabello como si sostuviera la crin de una montura que domar, y así, comenzó con el vaivén lento de sus caderas, provocando que aquel aparato saliera lento de su trasero para entrar con fuerza poco después, provocando el sonoro choque de la carne de sus glúteos al ser golpeada contra su cintura.
PLAF, PLAF, PLAF...
No te preocupes, bien que avisaste por eso no hay problema. Ya ves que yo misma he estado mal de tiempo hasta el punto de pausar mi partida. Y es que no es lo mismo escribir en una trama que deber mensaje a todo un grupo grande de jugadores...
Ahora que has iniciado la partida y por el bien del ritmo, me gustaría ir cerrando las escenas personales y centrar mi tiempo en la escena personal si no te importa.
BRENDA
Brenda sintió una leve presión en la entrada de su ano, que se fue extendiendo hacia el interior. En un primer momento fue algo doloroso, - No no no... por favor.. no, por favor, duele.- Amanda parecía ignorar por completo sus súplicas por lo que no pudo más que sujetarse a la mesa tratando de soportarlo.
Una vez dentro, el músculo comenzó a adaptarse, pasando del dolor a una simple incomodidad y bastante excitación al sentirse tan expuesta y dominada. La desagradable sensación parecía ir cediendo, dejando paso a un creciente placer según Amanda iba sacando e introduciendo el juguete de nuevo. - De... despacio, po..por favor - suplicaba - su.. suave - con aquellas palabras comenzaban de nuevo los jadeos y tras estos, de nuevo los suaves gemidos. Estaba empezando a disfrutarlo bastante.
Su espalda se arqueaba ligeramente y las manos prácticamente arañaban el escritorio. La mezcla de incomodidad y placer que estaba sintiendo era totalmente indescriptible si alguien le hubiese preguntado. Se sentía una zorrita sucia y pecaminosa y aquello le encantaba, la excitaba y la volvía loca. Quería que Amanda la hiciese suya, la azotase, la penetrase e hiciese con ella lo que quisiera, con tal de seguir manteniendo aquella sensación en su interior.
Sintió el amarre del cabello, echando la cabeza hacia atrás todo lo que Amanda le solicitaba. Sentía como el aparato salía de su interior lentamente y cómo regresaba de un golpe, haciéndole sentir un cúmulo de diferentes sensaciones. Sus gemidos se fueron elevando pero de vez en cuando todavía solicitaba - Le.. lento, por p... por favor Ama -
AMANDA
Aprovechó la buena disposición de su nueva mascota al recibir las embestidas para azotarle con fuerza en una nalga, dejándole una buena marca colorada en el trasero. - No tienes permiso para hablar - Le dijo, autoritaria. - Así que voy a tener que educarte de nuevo - Acto seguido sacó el juguete de su interior y comenzó a azotarla con fuerza con la mano, poniéndole ambos cachetes colorados. PLAS PLAS PLAS. La azotaba sin piedad. - Solo puedes hablar cuándo te lo ordene, ¿lo entiendes zorrita?
Tras varios minutos de aquellas feroces nalgadas agarró de nuevo la colita que le había mostrado al inicio y sin previo aviso le introdujo el plug en su interior con suma facilidad. - Bien, ahora eres una zorrita completa, con su colita y todo. - Cogió de nuevo la correa y tiró por ella, soltándola de la mesa - Vamos, ven, a cuatro patas. - Dejó que se colocase en el suelo en cuadrupedia antes de comenzar a tirar por la cuerda, paseándola por todo el departamento. - Buena chica - le dijo, agachándose a acariciarle la cabeza. - Sienta - ordenó y después le acarició el rostro y la besó tiernamente. - ¿Quieres correrte cachorrita? - Parecía haber cambiado de actitud a una más agradable y atenta con ella. La besó de nuevo, buscando con su mano el clítoris de la chica.
BRENDA
Cada uno de los azotes picaba más que el anterior, y aunque al principio iba a protestar decidió no hacerlo, manteniéndose en silencio, solo con unos pequeños quejidos de dolor hacia los últimos golpes, de tan dolorida que sentía la zona.
Cuando Doyle le introdujo el plug, sintió de nuevo aquella presión y después un gran placer recorrerle todo su cuerpo.
Siguiendo las órdenes de su Ama, se bajó de la mesa y caminó por la habitación como una perrita. Al moverse, el plug le iba causando un extraño placer. Aquello, sumado a la excitación de sentirse tan vulnerable, la estaban sumiendo en un extraño estado de disociación de la realidad.
Correspondió con muchas ganas a aquel tierno beso y asintió efusivamente. Separando las rodillas cuando notó la mano de la mujer entre sus piernas, excitada, húmeda y emocionada.
AMANDA
Consiguió llegar al clítoris de su compañera y comenzó a torturarlo sin piedad mientras sus labios se unían en un profundo beso. - Sigue tu aquí - Le ordenó masturbar su propio clítoris mientras ella comenzaba a introducirle un par de dedos en su interior. - Vamos mi zorrita. No pares - cada vez aumentaba el ritmo, mirándola con intensidad - Dámelo, eres mía y lo quiero - sacó los dedos y golpeó con suavidad su coño - Dámelo - le ordenó introduciéndolos de nuevo de forma más brusca, buscando en la entrada, hacia el interior superior, aquella zona rugosa que haría que su cachorra explotase de pasión.
BRENDA
Los gemidos de la morena inundaban el lugar, realmente estaba excitadísima y muy mojada. Las sensaciones que le estaba causando su compañera eran indescriptibles para ella.
Cuando Amanda le ordenó continuar masturbándose no dudó en segundo en bajar una de sus manos y ponerse manos a la obra.
Sintió con total placer y una creciente agitación como los dedos de Amanda recorrían su interior cada vez más intensamente. Sintió como aquel pequeño golpe producía una reacción en cadena, activando todos los nervios desde su intimidad hasta su coronilla. De nuevo los dedos de la terapeuta insistían en el lugar adecuado.
Brenda comenzó a respirar entrecortadamente, quedándose a momentos sin aire. Estaba ahí, solo un poco más. Notó como Amanda comenzaba a penetrarla más duro, rozando con más fuerza la zona rugosa en su interior. Todo su cuerpo se tensó, abrazando con fuerza los dedos de Amanda en su interior para luego comenzar a palpitar, haciéndola temblar y perder prácticamente el equilibrio, cayendo hacia delante, abrazada por la psicóloga, sin que sus músculos dejasen de contraerse espasmódicamente. Sus gemidos eran suaves e intensos, habiendo llegado al clímax - Gr... gr... gracias Ama... - dijo entre suspiros, tratando de recuperar el aliento.
AMANDA
Pudo sentir como los músculos del interior de Brenda se contraían al rededor de sus dedos, disfrutando con ella del intenso orgasmo. - Muy buena chica - le dijo mientras la sujetaba y le acariciaba el pelo con cariño.
Sacó sus dedos del interior de la morena y la besó con intensa pasión. Se puso en pie y ... justo cuando iba a continuar ordenándole algo sonó la puerta. *Mierda, no espero a nadie* Pensó. - Espera aquí - le ordenó a la chica.
Se acercó rápidamente a la habitación, quitándose el arnés y colocándose una bata. Llamaron de nuevo, con mayor intensidad. - VOY - gritó de camino a la puerta. - No te muevas ni hagas ruido - Le ordenó a Brenda. Amanda cerró la bata, por dejado todavía desnuda y abrió una rendija de la puerta. - ¿Sí?
Afuera estaba un mensajero que traía una noticia urgente, debía presentarse en media hora en algún lugar de la nave que le indicarían por mensaje. Tras aquella noticia, el mensajero se marchó y Amanda cerró la puerta, digiriéndose a su cachorrita. De repente, aquella intensa necesidad de hacerle de todo a la morena se había quedado en nada, ¿había sido una enajenación? ¿Se había calmado todo con el orgasmo de su compañera? No estaba entendiendo nada. Lo único que tenía claro es que aquello había terminado, y probablemente no se repetiría.
Se acercó a Brenda liberándole del collar y la ayudó a ponerse en pie - Debo ir a una reunión, tienes que irte. - le dijo acompañado de un cariñoso beso. No, no sentía absolutamente nada... - Gracias por venir. - Añadió mientras recogía la ropa de Brenda del sillón y se la iba entregando. - Lo siento pequeña, tengo prisa. Debes irte. - repitió con algo de apremio. - Puedes llevarte eso contigo - le dijo sobre la colita, que todavía llevaba puesta la mujer.
Finalmente la mujer se vistió y se marchó, no sin antes darle un último beso y decirle que esperaba repetirlo pronto.
Amanda estaba segura que no, aquello no se repetiría. Pero tenía prisa para decírselo en ese momento. - Cuídate Brenda, nos vemos en el trabajo - le dijo como última despedida antes de cerrar la puerta. ¿Se puede saber qué le mosca le había picado?