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Proyecto Prometheus

[Precuela] Despacho de la Dra. Doyle [Luke]

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25/08/2024, 19:54
Amanda Doyle
Sólo para el director

Amanda pudo observar la franqueza con la que el capitán se estaba disculpando, lo que ablandó ligeramente su molestia. Escuchando a continuación las siguientes frases, sacadas prácticamente de un manual de sexología. Concluyendo finalmente de nuevo con un insulto hacia su exmarido que la volvió a hacer sonreír. - Le confesé dos motivos, el primero era sentirme atrapada. - Se pensó dos veces si seguir compartiendo con el soldado su vida privada, pero algo en su interior deseaba contárselo todo, y también saberlo todo sobre él. - Los problemas de comunicación y mi intensa sensación de estar marchitándome en ese matrimonio fueron los principales detonantes. Si le añadimos las diferencias en la cama, obtenemos el divorcio como resultado. - Le dijo en un tono tranquilo - Por otro lado, al sentirme libre quise aprender sobre mi cuerpo, mi deseo y mi sexualidad. Y de ahí el máster. Soy una mujer muy curiosa.  - confesó, continuando con la conversación. - ¿Acaso usted también tiene el máster en sexología, capitán? - preguntó socarrona - Sus respuestas parecieran sacadas del manual.

 

Amanda escuchó atenta cada palabra que salía de aquellos labios que la tenían loca. - Si solo fuesen sueños - pensó. Riendo dulcemente de forma nerviosa con la continuación. Él estaba usando la estrategia que ella le había estado explicando, ahora, para devolverle la pelota. Amanda asintió - Veo que ha tomado buena nota de mis consejos, capitán - respondió divertida antes de que éste continuase hablando. 

La siguiente respuesta creó una reacción en cadena entre su imaginación, mente y cuerpo. Amanda tragó saliva, su rostro se tintó rosáceo tirando a rojizo, desde las mejillas hasta la punta de la nariz y también las orejas. ¿De verdad el capitán estaba diciéndole aquello? No pudo evitar imaginarse cada una de las escenas que éste describía, derritiéndose con cada palabra que añadía a la fiesta. Comenzó a sentir un calor asfixiante, a pesar del aire acondicionado. Sus pulsaciones, en lugar de relajarse habían aumentado con creces, sintiendo como cada uno de los latidos ejercía presión sobre su pecho, que deseaba liberarse de aquella camisa y ofrecerse al capitán. La cara de la doctora era un poema fácilmente descifrable; estaba tremendamente excitada, encantada e hipnotizada. No podía quitarle la vista de encima a aquel hombre, lo deseaba, a él y todo lo que le estaba ofreciendo. Con una voz calmada que no cuadraba en absoluto con su temple actual respondió - Que yo le suplicaría que se dejase llevar, capitán. - Su mirada estaba repleta de deseo - porque, efectivamente, me siento locamente atraída hacia y por usted, Adams. No solo en mis sueños y es posible, que no exclusivamente de forma sexual. 

De nuevo esos nervios, esperando la respuesta, la mantenían ligeramente temblorosa a la espera. Se sentía como una jovencita esperando su primer beso del chico que le gusta.  

- Tiradas (1)
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26/08/2024, 20:28
Adams, Luke

—Ese primer motivo, en mi opinión, es más que suficiente para hacer lo que hizo, doctora. —aseguró tras las primeras palabras de la profesional, aprovechando su breve pausa. Esa en la que parecía estar pensándose si seguir hablando sobre los motivos de su divorcio o no.

—Absoluta y totalmente justificable. —afirmó con contundencia— Una relación se basa en la comunicación, la sinceridad y el respeto. Y si alguna cosa de esas falla... —dijo, posteriormente con una sutil negativa.

La mención a su curiosidad le arrancó una leve sonrisa al soldado, que asintió de manera tenue. Pareciendo coincidir con el punto de vista de la psicóloga.

—Que va. —dijo en un tono divertido— Ya quisiera. Pero le confieso que soy bastante... neandertal en esos temas. —añadió— La frase de antes es la misma que usó conmigo el sexólogo que había antes que usted. Porque... bueno, digamos que la masturbación me provoca una sensación de "suciedad". Eso, sumado a que soy extremadamente selectivo a la hora de mantener relaciones sexuales con una mujer, pues... da lugar a bastantes síntomas de estrés al no haber una "liberación" propiamente dicha. —explicó— Y respecto a su posible siguiente pregunta sobre el tema, sí. Llevo sin tener sexo con nadie más de dos años. —aclaró justo después con algo de reparo. Era una tontería no decírselo. Después de todo, la mujer tenía acceso a cualquier otro informe suyo. Por lo que si ella quería, antes o después, iba a saberlo.

—Por supuesto que sí, doctora. Necio sería si no aceptase un consejo suyo de un área que domina tan ampliamente. —razonó con una leve sonrisa. Contagiado por la jovial y bonita sonrisa de la mujer.

A medida que las palabras salían por su boca, ocasionaban evidentes cambios exteriores, cada vez más abruptos, en la mujer: nerviosismo, aparente y apasionado deseo, excitación, rubor en todo su rostro, un aumento en sus pulsaciones, que se tradujo en una mayor velocidad de respiración, sus pezones más erectos que antes... todo parecía indicar que estaba deseosa, casi incluso suplicante, de que cumpliese con todas y cada una de las cosas que le estaba relatando. Algo que, instantes después, le confirmó la chica. Ya no había marcha atrás. La terapeuta acababa de quitarle el último retén que lo mantenía a raya. Permitiendo que el indescriptible deseo que tenía en su interior tomase el control de su cuerpo y de su mente.

—En ese caso... —mencionó con sosiego tras levantarse lentamente del taburete, acercándose de seguido con peligrosa pausa a la profesional— Espero que me perdones por lo que estoy a punto de hacer... —añadió a continuación, tuteándola por primera vez, en un tono cargado de puro y travieso fuego.

Cogió a Amanda de la cintura, la empujó hacia él y, una vez en pie, la besó apasionadamente. Apoyándola a continuación contra la mesa y fundiéndose con ella en un húmedo, ansioso y apasionado beso mientras sus manos, lejos de quedarse quietas, subieron hasta la camisa de la terapeuta. Abriéndola repentinamente, con rudeza, sin importarle lo más mínimo rasgar la prenda. Una vez con el torso al aire, apoyó las manos de nuevo en el vientre de la profesional, ahora desnudo, y comenzó a subir peligrosamente hacia su busto en un zigzagueante camino cargado de dulces, a la par que ansiosas y traviesas, caricias.

En una fugaz pausa entre beso y beso, y aprovechando para coger aire, se deleitó con la hermosa visión de los apetecibles y sugerentes pechos de Amanda. Que provocaron un inusitado brillo lujurioso en su mirada antes de volver a atacar su boca. Capturó el labio inferior de la chica entre los suyos, mordisqueándolo y devorándolo con notable presión aunque sin llegar a ocasionar auténtico daño. Tirando momentáneamente de este hacia él antes de, finalmente, liberarlo. Volviendo a besarla con pasión.

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26/08/2024, 23:08
Amanda Doyle
Sólo para el director

En buena parte, se sintió reconfortada al escuchar que al capitán le parecían válidas las razones de su divorcio. ¿Por qué motivo? Eso era algo que no quería admitir todavía, pero estaba claro que el sentimiento por aquel hombre iba mucho más allá del simple interés laboral. 

Se sorprendió de que el soldado le hablase tan abierta y tranquilamente sobre el haber asistido a un terapeuta anteriormente y también que le comentase del mismo modo sobre sus inquietudes y tiempos. Parecía que el hombre se sentía realmente cómodo con ella, o al menos, con suficiente confianza como para contarle aquellos detalles íntimos. Amanda asintió tranquilamente a cada una de las confesiones del oficial, recabando nota mental de todo ello, sin tomar apuntes esta vez. - ¿Son temas que le gustaría tratar conmigo, capitán? - soltó la doctora sin demasiado disimulo, de nuevo, pudiendo entenderse la frase de múltiples formas. - Es posible que pudiese ayudarle. Con alguno, al menos. E incluso enseñarle alguna cosa sobre sexología, si realmente está interesado. - añadió tranquilamente. Aunque en su mente aquella tranquilidad no existía, pensando en cómo esas frases podían retorcerse para expresar lo que ella realmente estaba deseando. Por otro lado, no daba crédito a que un hombre como él pudiese estar dos años sin ninguna mujer y encima con aquel problema hacia la masturbación. ¿Qué tipo de templanza tenía este soldado? hasta rechazando jovencitas que se le ofrecían en bandeja. Menudo autocontrol... aquel hombre cada vez le gustaba más y más. 

 

Hacía mucho tiempo que no se encontraba tan nerviosa esperando una respuesta, hasta el punto de sentir como le temblaban las manos, aunque en realidad no estaba ocurriendo. Cuando el hombre empezó a hablar, levantándose hacia ella, todo su cuerpo se tensó, esperando con ansia y deseo aquello que creía que iba a suceder. Él se acercaba tan despacio que le daba tiempo a la mente de la psicóloga para imaginar diferentes escenarios, todos ellos oscuros, sensuales y muy sexuales. De nuevo, la boca seca, el corazón desbocado, esta vez una ligera humedad en las palmas de las manos, y no hablemos de la entrepierna, empapada. 

- "Espero que me perdones por lo que voy a hacer" "Perdones" - Se repitió mentalmente Amanda, centrándose en aquella pequeña "S" que marcaba una enorme diferencia. Amanda estaba loca por perdonarle lo que fuera que estaba cruzando por la mente de aquel monumento como para decirle eso con aquel tono tan delicioso. -"Espero que me perdones"-. La doctora se mordió el labio inferior, increíblemente excitada. No podía apartar la vista ni un segundo del capitán. - E.. estás perdonado. - Le dijo incluso antes de saber a qué se refería, completamente fuera de sí. 

Sintió como la cogía por la cintura, dejándose llevar hacia él dócilmente y entonces llego el beso. En el mismo instante en que sus labios se tocaron, Amanda cerró los ojos, soltando un suave pero intenso gemido cargado de deseo y pasión. Aquello era lo que había estado deseando desde que ese hombre había entrado por la puerta, incluso antes, pero sobre todo después. Le devolvió el beso de forma pasional y electrizante, demostrando que sabía muy bien lo que hacía con su lengua. Se apoyó en la mesa, torpemente, tratando de no tirar la comida, mientras seguía enlazada con los labios del soldado. Iba a rodearle con los brazos cuando sintió como éste rompía su camisa sin piedad, dejándola con los pechos tan solo ligeramente cubiertos por el sujetador. El rubor volvió a apoderarse de sus mejillas, acalorada, especialmente al sentir las manos del soldado sobre su vientre desnudo, acariciándola y subiendo de forma traviesa hacia sus pechos. 

En el momento en que Luke se separó del beso, la terapeuta aprovechó para coger aire, lo que hizo que, incluso sin querer, elevase sus pechos todavía más de lo que lo hacía aquel sostén. Los pechos de Amanda eran bonitos y redondos, con sus pezones tan duros que se podían observar perfectamente al otro lado del sujetador.

La psicóloga no dejó de mirar los ojos del capitán cada vez que éste le daba un respiro. Parecían brillar con mayor intensidad justo antes de volver a besarla y a jugar de forma un tanto agresiva con su labio inferior, lo que no supuso ningún tipo de problema para Amanda, que se excitaba muchísimo al sentir aquel fuego y desenfreno en el hombre. Retomando de nuevo otro beso, y otro más. 

La mujer decidió entonces agarrar la camiseta del soldado por la base de la cintura y tirar por ella hacia arriba, sabía que lo más probable es que él comprendiese qué deseaba ella y le permitiese quitársela. Sus cuerpos tuvieron que separarse a penas unos segundos, pero rápidamente volvieron a fundirse en un pasional beso. Amanda había podido observar tan solo de refilón aquel pecho esculpido por los dioses, pero no le hizo falta mucho más para saber que lo deseaba sobre y también debajo de ella. Ahora el tacto era más natural, piel con piel. Nerviosa todavía y sin dejar de besar a su chico, echó las manos atrás, desabrochándose su propio sujetador y quitándoselo, tirándolo hacia alguna parte del suelo del despacho. Quería más y más y más... 

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27/08/2024, 17:12
Adams, Luke

No dejó de imaginarse segundas, y hasta terceras, intenciones en los ofrecimientos de la mujer. Sexualizándolos cada vez con mayor frecuencia. Llegando incluso a perderse, tras las palabras de la profesional, en una fugaz aunque de lo más real ilusión sexual. En ella, la doctora se encontraba sentaba en una silla de oficina, de esas acolchadas, con las piernas abiertas. Una sobre cada reposa brazo. Luciendo un conjuntito compuesto por un tanga rojo semitransparente, que dejaba bien poco a la imaginación, y un atrevido sujetador, con algo de encaje, a juego.

—¿Te gustaría tratar esos temas conmigo... capitán? —preguntó en un tono cargado de lujuria, seguidamente mordiéndose el labio inferior de un modo de lo más erótico y provocativo— Es posible que pudiese ayudarle con... alguno.  —aseguró con una traviesa sonrisilla— ¿Quién sabe? —preguntó con un deje irónico sin perder esa provocativa sonrisa— Igual... hasta podría enseñarle alguna cosa sobre... sexología. —mencionó al tiempo que descendía una de sus manos hasta su ropa interior. Acariciando la zona de su entrepierna unos segundos con una sugerente y lasciva mirada antes de hacerla hacia un lado. Dedicándole al capitán un primer plano de su depilado y húmedo sexo que, aparentemente, parecía palpitar con auténtica necesidad—  Si realmente está interesado en... esto, claro está. —mencionó con fingida y pervertida inocencia antes de colar el dedo corazón de su otra mano dentro de su vagina. Ocasionando que la mujer cerrase momentáneamente los ojos y su cuerpo se arquease y estremeciese con una deliciosísima expresión de placer en el rostro.

—Es... es muy posible, sí. —reconoció bastante sonrojado tras aquella fugaz visión— Todo... —carraspeó— Todo lo que quiera enseñarme será de... de agradecer, sí. —aseguró sutilmente inquieto— Aunque le advierto que soy un alumno... difícil. Y no sería raro tener que repetir algo más de una vez. —añadió. Queriendo usar el mismo tono que había utilizado la psicóloga. Permitiendo contemplar múltiples interpretaciones.

La maestría que Amanda demostró con su lengua en aquel beso, disparó tanto la excitación como la imaginación del soldado. Cuya mente, casi de inmediato, comenzó a inventarse un morboso escenario en el que sacarle un buen partido a aquella traviesa y deliciosa maestría. Fruto de aquella escena mental se le aceleró el pulso y la respiración. Presentando evidentes y ansiosos temblores en cada una de las atenciones y caricias que le dedicó posteriormente a la mujer. Continuando agasajándola con apasionados, ansiosos, húmedos y ardientes besos.

Los besos se sucedían uno tras otro y sin ningún tipo de control o piedad. Ocasionando que la terapeuta, algo a falta de aire, elevase su torso en busca de este. Comprimiendo aún más aquel par de preciosos, redondos y apetecibles pechos rematados con dos endurecidos pezones que, en silencio, gritaban que los atendiesen como era debido.

La psicóloga aprovechó una de las breves pausas que el soldado hizo para coger aire entre y beso, intentando quitarle la camiseta. Algo que no solo no dudó en permitirle. Si no que la ayudó a llevarlo a cabo. Mostrándole un cuerpo de lo más esculpido, definido y trabajado antes de retomar los besos y las lacerantes caricias.

Se abrazó a ella con fuerza, ahora que ninguno de los dos tenía camiseta, deleitándose y disfrutando de la calidez y la suavidad de la piel de la chica. Invadiéndole un, cada vez más, irrefrenable deseo de arrancarle toda la ropa y someterla a su entera voluntad y deseos.

Cuando Amanda se deshizo de su sujetador y lo arrojó sin miramientos a algún lugar del despacho, permitiéndole ver con total claridad sus increíbles y juguetones pechos, simplemente estalló. Se separó ligeramente de la mujer y, de manera ruda, la tumbó boca arriba sobre la mesa. No sin antes haber hecho los platos a un lado con total descuido. Seguidamente posicionó la cadera entre las piernas de la terapeuta. Que, aunque fugazmente, pudo sentir una considerable y endurecida presión en su zona íntima procedente de la entrepierna del capitán. Una vez tumbada, el soldado se dobló hacia delante. Empezando a ascender a través del sabroso vientre de la muchacha a base de cálidos y fogosos besos mientras se aseguraba que Amanda no podría moverse del sitio. Una vez llegó a su busto, atenazó uno de sus pechos con una de las manos, estimulando tanto este como su pezón de forma implacable, con sutil rudeza y notable ansia. Llevando casi a la misma vez la boca hasta el pezón del otro pecho. Que no dudó un solo instante en lamer, presionar con los labios y hasta morder con visible necesidad. Al mismo tiempo que castigaba los satisfactorios y redondos pechos de la mujer, coló la otra mano entre sus piernas. Sonriendo muy provocativo y travieso al notar lo empapada que estaba el tanga de la terapeuta.

—Veo que alguien... está muy... pero que muy sucia por aquí abajo... ¿No? —preguntó retóricamente. Ejerciendo algo de presión sobre su sexo, principalmente por la parte superior, con un par de dedos.

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27/08/2024, 21:07
Amanda Doyle
Sólo para el director

Sorprendida por la reacción del capitán y sus extrañas respuestas, la doctora se acomodó en la silla, algo nerviosa. Le gustaba cómo sonaba aquello de enseñarle todo lo que ella quisiera y que él fuese un alumno... difícil. Carraspeó ligeramente llevando la mirada a otro punto de la oficina antes de volver a posarla en él. Su imaginación había sucumbido a una escena dónde él la agarraba con facilidad y la posaba en la cama, ya desnuda, para besarla con intensidad y comenzar a penetrarla sin más preparación que un poco de lubricante, haciéndola gritar y gemir al mismo tiempo en una mezcla de dolor e intenso placer. Duro, firme, indulgente. Qué calores.

Dejó aquel tema atrás, sacando otros y continuando con su agradable charla, procurando alejar de su mente aquellos sueños. 

 

Los intensos besos de la doctora pronto hicieron efecto sobre el excitado capitán, quién no tardó en comenzar a respirar mucho más agitado y ansioso. Amanda disfrutaba de cada una de sus atenciones, tanto de sus ardientes besos como de sus intensas caricias. La respiración de la mujer también era agitada y entrecortada con pequeños suspiros de placer. Tras quitarle la camiseta al capitán, éste la abrazó con fuerza y ella lo rodeó con los brazos fundiéndose con él, piel con piel, regalándole pequeños besitos allí dónde sus labios lo tocaban: hombro, brazo, cuello. Aquel cuerpo perfectamente entrenado era pura fibra y músculo. Tan solo imaginarse cómo podría manejarla si él quisiera, conseguía hacerla temblar hasta las rodillas. Acarició suavemente con las uñas la imponente espalda de aquel hombre, demostrándole con ello la intensidad del deseo que sentía por él.

En la siguiente pausa de besarse, la doctora quiso compensar su desnudez despojándose a si misma del sostén. La última prenda que impedía que su pecho y el del capitán se fundiesen en uno solo, derritiéndose con el fuego y la pasión que ambos desprendían en ese momento. Aquel gesto había hecho que el soldado explotase en una vorágine de lujuria, deseo y ansia. Amanda pudo sentir cómo el cuerpo del oficial se separaba ligeramente para luego con un rudo gesto echar los platos a un lado y tumbarla sobre la mesa sin ningún tipo de complicación ni resistencia por su parte. Él la manejaba a su antojo, y eso a ella no hacía más que ponerla todavía más cachonda.

Desde aquella posición no perdió de vista ni un segundo a su capitán, siguiéndolo con la mirada cargada de lujuria cada movimiento que realizaba. Mientras, ella se mordía el labio inferior, demostrando su propia ansia. El capitán se posicionó entre sus piernas, que tenía ligeramente abiertas, dejándole sentir levemente aquel bulto de su pantalón. En ese corto instante a la mujer se le escapó un suave y ligero gemido de placer, volviendo a morderse el labio inferior, esta vez tímidamente y algo sonrojada, pero manteniendo la mirada hacia el capitán siempre cargada de ese insaciable apetito.

Adams había comenzado a besarle el vientre sin permitirla moverse de dónde la tenía atrapada. Aquel control que él ejercía sobre ella excitaba sobre manera a Amanda. En el ritmo de su respiración podían notarse los nervios y el anhelo de la mujer por que la hiciera suya. El capitán no tardó en llegar a sus pechos, dónde comenzó a darle atenciones con la mano a uno mientras con la boca se ocupaba del otro. Aquello ocasionó que la doctora empezase a gemir continua y placenteramente, cerrando los ojos y arqueando la espalda bajo él, deseosa, hambrienta de más. Fue entonces cuando el soldado no tardó en descender su otra mano hasta el sexo de la mujer. Al sentir aquel tacto la terapeuta abrió de nuevo los ojos, clavándolos en los de su hombre, que le hacía una pregunta mientras presionaba su sexo en una zona específica y la volvía completamente loca - Lo.. lo estoy, capitán. Muy sucia... - le dijo entre gemidos, siguiendo aquel divertido juego. A continuación volviendo a cerrar los ojos y arquear la espalda con un intenso gemido. - Más... por favor... - le suplicaba ansiosa. 

Amanda separó un poco más las piernas procurando ofrecerle un mejor acceso a su zona íntima al soldado. Mientras tanto sus manos continuaban recorriendo los hombros de aquel imponente hombre, y de vez en cuando se enredaban con el pelo de él. Ella quería moverse, quería más, deseaba probarlo, comérselo entero, sentirle en su interior, follárselo y hacerle el amor. Lo quería todo con él, lo necesitaba todo. Pero él llevaba su ritmo y ahora mismo el mando. No parecía que fuese a soltar éste segundo. A la terapeuta se le ocurrió la maldad de, ayudada de cada vez que el oficial la hacía arquear la espalda, frotarse con el bulto del pantalón del hombre al bajar, comenzando a hacerlo, sutilmente, mirándole de nuevo con aquellos ojos lujuriosos. - Quiero... ensuciarme más, capitán... ensúciame más... por favor...  - Le suplicó de nuevo, esta vez con voz tremendamente sensual y provocativa. 

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30/08/2024, 03:51
Adams, Luke

La agitada y entrecortada respiración de la profesional, así como sus pequeños y delicados suspiritos de placer, fomentaban a que la excitación del hombre se incrementase por momentos. Sintiendo la imperiosa necesidad de seguir provocándolos con sus atenciones.

Los suaves y cariñosos besos que Amanda le dio al soldado en el hombro, el brazo y el cuello, se le antojaron de lo más dulces e íntimos. Derritiéndole el corazón y arrancándole una sincera y amplia sonrisa, al tiempo que sus ojos refulgían cargados de fuego, cariño y pasión. Erizándosele seguidamente toda la piel al sentir el leve arrastre de las uñas de aquella increíble y sexy mujer sobre su espalda.

Pese a estar ocupado en devorar, no solo con la mirada si no también con las manos, aquel atractivo cuerpo. Pudo notar con pasmosa claridad las felinas y lujuriosas miradas que la psicóloga depositaba en él. Aumentando su excitación a causa del evidente y sobrecogedor deseo que percibía en la terapeuta.

Se deleitó con el delicioso y furtivo gemido que se le escapó a la chica cuando se frotó contra su entrepierna, seguidamente sonriendo de manera tímida, aunque muy traviesa, anotándose mentalmente el volver a repetir el gesto.

El delicioso y tembloroso busto de la mujer subía y bajaba de manera irregular, acompañado de una respiración de lo más nerviosa, anhelante y cargada de deseo. Invitando al soldado a continuar, con mayor ahínco, con sus atenciones sobre sus pechos. Algo que hizo sin dudar.

—Amanda. Si no dejas de gemir, voy a pensar seriamente que estás disfrutando con esto... —susurró con picardía mientras ejercía algo más de presión sobre su sexo. Disfrutando de sus gemidos, de los temblores de su cuerpo y de sus espamos. Por no hablar de sus satisfactorias súplicas.

—¿Más? —preguntó con fingida sorpresa— No conocía esta faceta tuya... doctora. —susurró de manera juguetona. Percibiendo cómo la mujer separaba un poco más las piernas con la presunta intención de ofrecerle un mejor acceso. Gesto que le produjo una traviesa y comedida sonrisilla al capitán.

Dejó de estimular momentáneamente el sexo de la psicóloga y, tras retirar también la otra mano de su pecho, llevó ambas a la cintura de la chica. Donde, tras otro gesto rudo, tiró de la falda hacia abajo sin importar si se rompía o no. Dejando a la terapeuta únicamente vestida con su bonito y sugerente tanga.

—Mejor así, ¿no crees? —preguntó de manera retórica y lujuriosa. 

Entonces cogió de la cadera a la muchacha y, tras encajar ambos sexos, volvió cada mano a su respectivo sitio: una a estimular su pezón y la otra, ávida y jueguetona, a jugar con el nacimiento de su húmeda entrepierna.

—Estás muy traviesa tú, ¿eh? —comentó con evidente pasión. Mordiéndose con disimulo, aunque bastante firmeza, el labio inferior cada vez que la mujer se frotaba contra su erecto y duro miembro.

Aquella súplica tremendamente sensual y provocativa erizó nuevamente la piel del soldado. Que se debatía entre metérsela en la boca mientras la masturbaba sin piedad, ponerla a cuatro patas y arremeter contra ella sin medida o penetrarla tal y como estaba ahora. Sin embargo, las ganas y la necesidad de jugar con ella, torturarla un poquito más y alargar aquel íntimo y ardiente encuentro, seguían siendo mucho mayores que las de terminar con aquello. Por lo que finalmente optó por alargar un poco más el juego.

—Que conste. —hizo una breve pausa entre succión y succión— Que... te voy a ensuciar más porque me lo has suplicado. Pero... debes saber algo. —hizo otra breve pausa— Y es que, si te sigues ensuciando, voy a tener que quitarte esto... —comentó con fingida inocencia, colando dos dedos en el interior de la prenda por uno de los laterales. Subiendo y bajando los dedos, ahora muy mojados por el contacto directo con su vagina, varias ocasiones. Ejerciendo una leve presión por dónde pasaba antes de tirar hacia fuera, con suavidad, un par de veces— ¿Y a que tú no quieres quedarte sin ellas? O bueno. Que igual sí. No sé. ¿Tú qué dices? Yo te informo que estoy notando una fuerte humedad por aquí, ¿sabes? Y no me gustaría que cogieses ningún resfriado por ir con la ropa mojada. —mencionó sacando ambos dedos del interior de la prenda de la psicóloga. Volviendo a castigar su clítoris y sus labios mayores desde la parte exterior de su ropa interior. Buscando que esta acabase bien empapada.

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30/08/2024, 22:06
Amanda Doyle
Sólo para el director

Aquella tímida y traviesa sonrisa del capitán había puesto todavía más nerviosa, si cabe, a la psicóloga. ¿Cómo podía ser alguien tan increíblemente sensual y encantador? 

En el momento en que Luke pronunció su nombre, para decirle aquella juguetona fase, todo el cuerpo de la mujer se retorció en un tsunami de placer. Como si aquellas palabras hubieran ocasionado una explosión en su cerebro que crease que una corriente eléctrica se deslizase desde su cuello hasta su pecho y continuase, pasando por su abdomen, bajando hasta su entrepierna, y por último recorriese sus piernas. Haciéndola retorcerse de placer, temblando sutilmente, desde la cabeza a los pies, lentamente, como si de una ola se tratase. Podría haberse confundido con desperezarse, si no fuese porque surgió acompañando todo el movimiento un visceral y prolongado gemido totalmente involuntario. Acto seguido se mordió el labio inferior, tremendamente ardiente y ansiosa. Asintió efusivamente cuando el capitán le preguntó de nuevo ¿más? 

Tras aquello el soldado la soltó momentáneamente para bajarle la falda, que al ser de tubo entallada en la cintura, decidió romperle con brusquedad el botón y la cremallera para poder pasarla por sus anchas caderas. Aquella violencia solo ayudaba a que el estado de excitación de Amanda fuese en aumento, deseando sentirle de ese modo en otras... circunstancias. Otra vez, asintió a la pregunta de su capitán, demasiado cachonda para conseguir ser coherente con palabras. Mejor así, ¿no crees? 

Los gemidos de la psicóloga continuaban con cada una de las atenciones que el soldado hacía a su cuerpo, y éste parecía estar saboreándolos deliciosamente uno a uno, tomándose su tiempo.

De nuevo, Luke la arrastró por la mesa hasta encajar sus miembros, el de ella, empapado, tan solo oculto por el fino tanga rojo de encaje y el de él, erecto, todavía bajo aquel sensual pantalón militar que estaba desesperando a la psicóloga. El ver cómo estaba el soldado de travieso no conseguía en absoluto calmar las llamas de la mujer, si no más bien avivarlas. En ese momento, en el infierno hacía menos calor bajo la piel de la terapeuta. ¿Cómo podía tener tantas ganas de jugar llevando dos años sin sexo? Aquel hombre no dejaba de sorprenderla. ¿Cómo era capaz de aguantar? Menuda autodisciplina. La estaba volviendo loca a ella, y él parecía estar tan tranquilo y juguetón.

El soldado continuó con su picardía, retándola, haciéndola enloquecer. Se le daba tan bien, demasiado bien. De nuevo esa travesura, ¿quitarle el tanga? - Sí, por favor, capitán - suplicó entre desesperados gemidos. Le estaba encantando aquel juego, pero empezaba a impacientarse. Su sexo palpitaba con ansia, realmente empapado y su cuerpo estaba al punto de enloquecerla y hacerla estallar sin llegar a necesitar nada más. ¿Cómo era posible?