Partida Rol por web

Proyecto Prometheus

[Prólogo] Retorno a Ophius

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10/11/2025, 09:51
Elaine West

A pesar de sus años de servicio, a pesar de sus nervios de acero, Elaine palideció visiblemente cuando pudo ver gracias a su implante óptico el contenido de aquellos ¿recipientes? bañados en luz purpúrea. 

Su mirada pasó fugazmente a buscar la de Frost, intentando transmitirle sin palabras el horror de lo que había visto, que algo no iba nada bien.

Todas esas mujeres...

El horror dio paso a la indignación, y a la ira. Sabía que debía mantener la calma. En un combate abierto, las dos no tenían nada que hacer contra todos aquellos seres, y mentalmente hizo las paces con el hecho de que probablemente no saldría con vida de ese lugar.

Pero no es la muerte lo que nos aguarda... Ojalá. Lo que nos espera es mucho, mucho peor...

Mantener la calma. Sí. Pero no podía permitir que aquellas mujeres siguieran siendo... utilizadas de aquel modo perverso y repugnante. No sin intentar hacer algo al respecto.

Alzó la mirada al frente, buscando el origen de aquella voz que sonaba sospechosamente como la de Klausner, y sin esperar permiso ni autorización, dio un paso al frente, hacia aquellas dos siluetas medio ocultas por las sombras del lugar.

-¿Qué queréis de nosotras? ¿Qué demonios estáis haciendo con esas mujeres? 

No se llevó la mano al rifle, aún no, pero la dejó a medio camino mientras avanzaba, preparada para desenfundar y disparar a la velocidad del rayo si era necesario.

-Hemos venido por voluntad propia y con intenciones pacíficas. Pero eso... -señaló a las luces púrpura- ...eso es intolerable. Exijo la liberación inmediata de todas esas mujeres. Y una explicación. Hace mucho que nos debéis eso, y lo vamos a obtener. De una manera o de otra.

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10/11/2025, 23:55
Pike Frost

El agua fría llegaba más arriba de mis muslos, un recordatorio constante de que estábamos muy, muy lejos de cualquier protocolo estándar. La caverna, iluminada por ese hermoso y antinatural color aturquesado, era una imagen que mi mente de piloto guardaba con celo, una anomalía en el espacio hostil de Ophius. Pero mi atención se centró de inmediato en las gigantescas formas acorazadas y, sobre todo, en la voz.

— Klausner.

Esa familiaridad disonante, ese eco de un humano traidor resonando en un cubil alienígena, era el primer eslabón lógico en esta cadena de locura. A su vez, los xenomorfos que manipulaban las baterías con una inteligencia sorprendente, y las dos moles biológicas que nos observaban, confirmaban que este era un lugar de trabajo y propósito. No un simple nido. Nos habían guiado hasta su centro de operaciones. La curiosidad, mi vieja compañera, se disparó por encima de mi instinto de conservación.

Pero entonces la Mayor West se quebró, y no de la manera que yo esperaba.

Vi su palidez, ese fugaz pero intenso intercambio de miradas que me dirigió. Había horror, sí, pero también una furia repentina que la hizo avanzar. Los túneles de luz púrpura, las sombras sumergidas... yo solo veía formas borrosas. No distinguía cuerpos, ni rostros, ni la fuente de su indignación.

"¿Qué demonios estáis haciendo con esas mujeres?" escuché a West, y mi confusión creció.

— Mujeres. ¿Dónde? — ¿Eran las sombras sumergidas? ¿Eran prisioneras? ¿Experimentos? Para mí, las luces púrpuras se sentían más como un criadero o un proceso de bioingeniería, no una celda. Pero la Mayor, con su tecnología superior y su instinto militar, había visto algo que yo no. Ella había pasado del modo 'sigilo y observación' al modo 'carga suicida' en un instante, dispuesta a la confrontación.

"Hemos venido por voluntad propia y con intenciones pacíficas. Pero eso... eso es intolerable" continuó West.

La palabra "intolerable" resonó en la caverna, una provocación que podía costarnos la vida. Mientras ella avanzaba, preparada para desenfundar su rifle, yo sentí la imperiosa necesidad de mediar. Había un diálogo potencial aquí, una explicación que la voz de Klausner parecía dispuesta a ofrecer. Un conflicto armado en ese momento era una decisión miope; la muerte sería el menor de nuestros problemas si perdíamos la oportunidad de entender qué demonios estaba pasando.

— Mayor West — intervine rápidamente por el intercomunicador, bajando la voz al límite para que solo ella me escuchara, pero manteniendo el contacto visual con las criaturas. — Freno de mano. No estamos aquí para una masacre, sino para respuestas. ¿Podemos, por favor, hablar antes de disparar a dos alienígenas acorazados que son más grandes que una deslizadora?

Di un paso al frente, no para encarar a West, sino para posicionarme ligeramente a su lado, en una postura de apertura hacia las sombras donde creía que estaba Klausner y hacia las criaturas centinelas. Mi mano permaneció vacía, lejos de mi pistola de bengalas.

— Mi nombre es Piloto Pike Frost —proyecté mi voz con claridad, haciendo énfasis en mi rango no militar, intentando establecer un terreno neutral. — Hemos aceptado la invitación de su guía. Agradecemos la cortesía. Mi compañera y yo tenemos muchas preguntas, y parece que ustedes tienen la capacidad de responderlas. Empecemos por el principio, si es tan amable el que ha hablado: ¿Quién es y por qué hemos sido traídas a este lugar? La cooperación es un camino mucho más eficiente que el conflicto.

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13/11/2025, 00:04
Destino

La horrorizada y silenciosa mirada que West le dedicó a Pike fue la primera "llamada de atención" de la oficial hacia la piloto. Acabando por destapar el pastel cuando hizo aquella pregunta sobre las mujeres. Momento en el que la piloto, presa de la curiosidad, avanzó un par de pasos hacia una de las balizas púrpuras. Viendo exactamente a qué se refería la Mayor.

La primera intervención de la pelirroja hizo que los xenomorfos acorazados centrasen toda su atención en ella. La segunda, ya fuese por el tono que usó, por la repentina gesticulación o por el lenguaje no verbal que pudiese proyectar, ocasionó que ambas bestias emitiesen un estridente bufido —afilado y sumamente agudo— al tiempo que adoptaban una postura claramente ofensiva. Ambas criaturas parecían más que listas para saltar sobre vosotras. No obstante, y en un último y extraño gesto —como si algo, o alguien, retuviese su avance de algún modo— hizo que todo quedase en un amago y no se moviesen del sitio. Sin embargo, y aún sin moverse, se les notaba tremendamente tensos y nerviosos. Más que dispuestos a abalanzarse sobre vosotras a la mínima señal de peligro o excesivo acercamiento.

Por favor, oficial West. Le ruego que no insulte mi inteligencia. No han venido hasta aquí por voluntad propia. Lo han hecho porque su nave se encuentra varada alrededor de este satélite moribundo. De lo contrario, y casi de seguro, habrían pasado de largo. —afirmó la voz de Klausner en un tono neutro y carente de rencor o reproche.

Sé quiénes son. —afirmó después de que la piloto se presentarse— Mi nombre humano es Cassandra. Y en cuanto a qué queremos de vosotras, se lo dije antes a la Mayor. Quiero su ayuda. No puedo dejar que mi prole muera en este satélite. Y según los datos de los que dispongo, la bodega de carga de la Ulisses es suficientemente amplia como para llevarnos a otro planeta. Con respecto al tema de las hembras, sepa que no hago ni más ni menos que lo que el Dr. Van Tassen nos dijo que hiciéramos: usar el vientre de las hembras del complejo de aguas para evolucionar. En estos momentos, hay cientos de embriones gestándose dentro de cada una de ellas. Razón por la que, como comprenderán, no puedo dejarlas ir. Y, de hacerlo, tanto el recipiente como los embriones morirían en cuestión de horas. —aclaró en el mismo tono neutro, calmado y monótono— Así que lamento en lo profundo no poder complacer esa exigencia, ¿Qué más desean saber?

Notas de juego

Edito: Me columpié con el nombre de la "voz", sorry. ^_^"

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13/11/2025, 00:05
Destino

Al acercarte a la baliza púrpura, pudiste ver un cuerpo femenino —totalmente desnudo— sumergido bajo el agua. De su boca salía algún tipo de cilindro biológico por el que sospechabas podría —o más bien debería— estar recibiendo oxígeno y/o alimento. De lo contrario la mujer habría muerto ahogada o por inanición. Algo que, a juzgar por la exigencia de la Mayor de liberarlas, no había ocurrido.

Los pechos de la chica estaban parcialmente cubiertos por una suerte de ventosa biológica que, ocasionalmente, parecía emitir palpitaciones. Misma situación en la que se encontraba el sexo de la mujer. Cubierto casi en su totalidad por una ventosa cilíndrica orgánica. que también parecía palpitar.

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13/11/2025, 09:52
Elaine West

Por un momento, Elaine se preguntó si Frost habría podido mantener la frialdad y el tono negociador como había hecho si hubiera visto lo mismo que ella. Probablemente sí. Al fin y al cabo, ella misma era... diferente.

Pero Elaine no solo había visto lo que estaban haciendo a esas mujeres. Le habían hecho sentir en su mente exactamente lo mismo por lo que estaban pasando las víctimas de aquellos seres, reducidas a meras incubadoras vivientes para sus larvas. Recordaba perfectamente la sensación de aquella cosa entrando en su sexo, penetrándola, llenando su útero de... de algo. Casi pudo sentir de nuevo el tubo viscoso violando su boca... 

Saber que dentro de cada una de aquellas mujeres inocentes se estaban gestando cientos de esas cosas la horrorizaba más que cualquier peligro físico al que se pudieran ver enfrentadas. Ahora comprendía de donde salían todos aquellos pequeños octópodos que habían visto arriba. De quién salían...

O quizá no. Quizá... La alternativa era aún peor. Echó de nuevo un vistazo a los ejemplares de aquella especie que poseían forma humanoide, al contrario de los pulpos de arriba.

Evolución... Mezcla de genes...

No. Jamás sería cómplice de algo como eso.

No se dejó arredrar por los bufidos de los soldados de la colmena, ni por las palabras de "Cassandra". 

-Creo que no soy quien insulta la inteligencia de su interlocutor.

Sí, es obvio que hemos bajado a este planeta para resolver el problema de nuestra nave. Problema que, según todos los indicios que tenemos, habéis provocado vosotros para conseguir que hiciéramos justo eso. Pero aún así, hemos bajado sin intenciones hostiles, con la intención de explorar,  descubrir la raíz del problema y encontrar una solución. Una solución que nos ayude a todos. 

Has dicho dos veces que necesitas nuestra ayuda. ¿Pero cómo vamos a ayudar a una especie que nos está haciendo lo que vosotros estáis haciendo? Porque vamos a resumir:

Habéis retenido nuestra nave, tomando como rehenes a todos sus tripulantes.

Habéis invadido nuestra nave, y lo que es peor, nuestras mentes. Habéis hurgado en nuestras psiques, entrando como intrusos en nuestra más vulnerable intimidad, y alterado la química de nuestros cuerpos.

Y habéis reducido a las mujeres de esta estación a bestias de cría, profanando sus cuerpos y sin duda sus voluntades. Porque no voy a creer ni por un segundo que ellas han dado su consentimiento a esto. ¿Y qué les ocurrirá cuando esos embriones nazcan? ¿Qué será de ellas? ¿Sobrevivirán al proceso, incluso?

¿Cómo pretendéis que os ayudemos en esas condiciones?

¿Cómo queréis que os ayudemos a salir de este mundo sabiendo que una vez fuera vais a hacer lo mismo a todas las mujeres de la Lexine... y quizá, con el tiempo, de la especie humana?

No. Jamás os ayudaremos a eso.

Si de verdad queréis nuestra ayuda, tenemos que llegar a una solución que beneficie a las dos partes. Necesitamos garantías de que eso de ahí... -señaló a las incubadoras- ...acaba aquí y ahora. Que jamás se volverá a repetir. Necesitamos garantías de que vais a respetar los derechos y libertades del resto de especies inteligentes, como la nuestra. Que no volveréis a secuestra naves ni personas ni mentes, por ningún motivo. Y necesitamos saber cómo empezó todo esto, y qué pretendéis hacer cuando salgáis de aquí.

Cuando tengamos esas garantías y esa información, podremos empezar a hablar. 

De lo contrario, jamás os ayudaremos a propagaros fuera de este peñasco. Tienes mi palabra de eso... Cassandra.

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16/11/2025, 14:55
Destino

Cassandra —a través de la voz de Klausner— no interrumpió a la Mayor mientras esta exponía su punto de vista y dejaba claras sus exigencias. Creándose un ambiente sumamente tenso mezcla del sepulcral silencio de las criaturas, de la aterciopelada voz de la pelirroja, el caer de las gotas de agua de las estalactitas, el suave y lejano zumbido eléctrico de los generadores de fondo y el delicado mecer del agua bajo vuestros pies.

Entre tanto, los xenomorfos acorazados, inquietos y sumamente alerta, daban vueltas en el sitio como famélicos perros de presa encerrados en jaulas.

Varios segundos después de la intervención de la Mayor, y casi como si aquella criatura estuviese escogiendo adecuadamente cada palabra, Cassandra rompió su silencio.

Tiene razón, Mayor. —reconoció sin acritud ni culpa aquella voz masculina— Hemos sido nosotros los que, usando vuestra tecnología, os hemos "atrapado" cerca de este satélite. También hemos sido nosotros, yo en particular, —aclaró— quien ha invadido los sentidos de su tripulación con esos espectros que veían en su nave. Y sí. También he sido la responsable de colarme en sus sueños. Todo con la esperanza de llamar su atención. —afirmó antes de una breve pausa— En lo que sí que no tuve nada que ver fue en la forma que adoptaron los espectros para comunicarse con vosotros. Al igual que tampoco lo soy en cuanto al estado comatoso, el aumento de libido de su especie o esos sueños con carácter reproductivo que han tenido. Efectos secundarios que, sin lugar a duda, estarán asociados a vuestra... genética. Sepa que la gente que aún sigue sumida en ese extraño coma es porque así lo desean. Puede ser que se sientan más cómodos o felices en ese sueño que en la realidad. Razón por la que, deduzco, han decidido no despertar. En cualquier caso, sí que le pediría que aceptase mis más sinceras disculpas. No por lo que hice. Si no por las molestias que pudiera haberles ocasionado. No obstante, dígame una cosa, oficial. Y le pido que sea sincera conmigo ¿No habría hecho usted lo mismo si con ello existiese una mínima posibilidad de salvar a los suyos?

En cuanto a las mujeres de este complejo, Mayor, sí que eligieron. Les dimos dos opciones. Y estas hembras que ve aquí escogieron ayudarnos de esta forma. Afortunadamente para ambas especies, no existe ningún riesgo asociado al nacimiento de las crías. Y llegado el momento, mi prole, al principio no más grandes que un huevo de ave media, saldrán al exterior a través de su conducto vaginal. Sin traumas, dolor o daños. Así que sí. Sobrevivirán al proceso ¿Qué será de ellas después de la expulsión de los huevos? Sencillo. Se les vuelve a fecundar y se repite el proceso. Puedo entender que no le resulte agradable las forma en las que, como dice, hemos "profanado" sus cuerpos para dar una oportunidad a mi especie. Pero debe saber algo, Mayor. Y es que su especie, mediante alteraciones genéticas, fue la que nos obligó a procrear de esta manera. Por lo que, y lamentándolo mucho, no puedo darle garantías de poner fin a "eso de ahí". Hacerlo supondría la extinción de mi especie. Y como comprenderá no estoy dispuesta a ello. Del mismo modo que tampoco puedo garantizarle que no vaya a secuestrar otra nave si nos vemos en una tesitura como en la que nos encontramos actualmente. —explicó antes de otra breve pausa— Lo que sí puedo garantizarle es que no usaremos a ninguna mujer de la Lexine como procreadora. Tiene mi palabra. Y también le garantizo liberar a gran parte de las hembras de la Tierra que actualmente estén siendo usadas como procreadoras. Pero para ello debe llevarme allí.

Puedo suponer la indignación, la aversión o la ira que pueda provocarle esto que acabo de revelarle. Pero antes de que tome una decisión que pudiera perjudicarnos a ambas, quiero que tenga algo muy presente, Mayor. La UCC Lexine está bajo mi control. —comentó en un tono que distaba de sonar a amenaza— No quisiera verme obligada a sobrecargar el núcleo de la nave y que todo, y todos, estallen en mil pedazos. Condenándonos a ambas a la extinción. En sus manos está la posibilidad de salvar a toda su especie y a todos los presentes en este satélite. Y si las razones que acabo de darle no le parecen suficientes, piense en el aciago destino de esas dos hembras que le profesan un amor tan puro, desmedido e incondicional.

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17/11/2025, 10:09
Elaine West

La larga explicación de Cassandra arrojó luces a muchas de las preguntas y suposiciones que se había formulado Elaine, pero hizo más bien poco por hacer que viera al ser alienígena con mejores ojos. La confesión de que les habían atrapado, secuestrado e invadido sus mentes, junto a la pistola en la sien que era la amenaza de destruir la Lexine y matar a todos sus ocupantes, hizo que la Mayor apretara las mandíbulas.

Aquella cosa le preguntó si ella no habría hecho lo mismo para salvar a los suyos.

-Esa pregunta revela lo poco que nos conoces, a pesar de haber entrado en nuestras mentes. No. No lo habría hecho. Creo firmemente que el fin no justifica los medios. 

No era necesario secuestrar nuestra nave para atraernos hasta aquí. Una simple llamada de auxilio, una baliza de socorro, habría bastado. Nuestras leyes y nuestras consciencias nos obligan a prestar ayuda a quienes estén en problemas ahí fuera, en el espacio. Habríamos acudido en vuestra ayuda de inmediato al captar la llamada.

Y de nuevo repites el error. Nos pides ayuda para tu especie, una ayuda que nos sentiríamos inclinados a ofrecer por naturaleza... y lo haces amenazando con destruir nuestra nave y todas las vidas a bordo. Bonita manera de pedir ayuda. 

¿Es esa la otra opción que ofrecisteis a esas mujeres? -añadió, señalando a las cubas-. ¿Ser las madres de vuestras crías o morir? ¿Así de voluntariamente lo eligieron?

Dices que no sufrirán ningún daño, pero que el único futuro que les espera es seguir procreando para vosotros. ¿Si al dar a luz alguna de ellas decide no seguir con esto... se lo permitiréis? ¿O seguirán siendo vuestras esclavas de cría de por vida?

Un pensamiento no se lo podía quitar de la cabeza. ¿Había mujeres en la Tierra que estaban pasando por eso mismo? Su mirada pasó a Frost durante una décima de segundo.

Se obligó a inspirar profundamente antes de seguir.

-El daño que ya está hecho no podemos solucionarlo. Y, si es cierto que mi especie ha sido culpable de experimentar con la vuestra y poneros en peligro de extinción, lo lamento profundamente y si aún es posible intentaré que los culpables lo paguen según nuestras leyes. No deseo vuestra extinción, y comprendo que deseis evitarla a toda costa. Y si nuestras razas trabajan juntas, quizá podamos encontrar un modo para perpetuar vuestra especie sin esclavizar a la mía. 

Pero para que os ayudemos, para que accedamos a vuestra "petición", necesitamos garantías más sólidas. Después de lo que nos habéis hecho ya para obligarnos a ayudaros, no puedo correr el riesgo de sacaros de aquí solo para que supongáis la extinción de la mía.

Porque sin esas garantías, jamás os ayudaré. Y si tengo que morir, si la Lexine y todas las almas a bordo tienen que morir, para impedirlo, así será.

Y conozco los protocolos de la UCC. Si la Lexine es destruida en la órbita de Ophius, el planeta será marcado como zona peligrosa. Zona prohibida. Ninguna otra nave pasará por aquí.

Nadie gana. Las dos perdemos.

Pero eso no tiene porque ocurrir.

Podemos llegar a una solución favorable para los dos pueblos. Si nos dais un modo irrefutable de confiar en vosotros.

Dicho eso, Elaine guardó silencio, esperando la respuesta de la criatura. El órdago estaba lanzado.

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17/11/2025, 12:59
Pike Frost

La tensión en la cueva era tan densa que Pike Frost casi podía sentirla deslizarse sobre su piel como el agua helada. La Mayor West, firme y terrible en su moralidad, acababa de declarar la voluntad de morir para evitar la propagación de esta nueva especie. Por otro lado, Cassandra, con la calma implacable de la necesidad, sostenía la vida de la Lexine como rehén, justificando actos atroces como el último recurso para evitar la extinción.

«Un punto muerto. Un duelo de absolutos donde ambas especies mueren» pensó Pike, mientras observaba cómo los xenomorfos acorazados seguían girando, nerviosos. «West tiene razón: el fin no justifica los medios, y su especie no puede nacer de la esclavitud. Pero Cassandra también la tiene: la supervivencia es la ley primordial. Mi trabajo no es juzgar, es pilotar y garantizar la misión... y ahora mismo, la misión es la supervivencia de todos a bordo, y encontrar una salida operacional. Una guerra de exterminio aquí solo garantiza que nadie gane»

Di unos pasos calculados hacia el centro del espacio de negociación, mi voz, habitualmente más ligera que la de la Mayor, resonó con una frialdad técnica, diseñada para interrumpir el duelo de voluntades y forzar una pausa lógica.

— Alto. Ambas partes, por favor, detengan el órdago.

Me dirigí primero a la Mayor, ofreciendo un asentimiento breve que validaba su postura, pero la obligaba a mirar la realidad táctica.

— Mayor West, su determinación es digna de la UCC, y su condena de lo que estamos viendo es la única respuesta moral posible. No podemos, ni vamos a, sacrificar la integridad de nuestra especie por una amenaza. Pero también debemos reconocer que, en este momento, la opción de la aniquilación mutua es la más sencilla para todos, y es la peor posible. Cassandra no nos ha dado garantías creíbles. Pero tampoco le hemos ofrecido una alternativa viable más allá de la muerte.

Luego, mis ojos se posaron en el lugar de donde procedía la voz de Klausner, asumiendo que hablaba directamente a Cassandra.

— Cassandra, tiene razón en algo: el instinto de supervivencia es universal. Pero el secuestro, la invasión y el terror no son una "llamada de socorro", son una declaración de guerra. La Mayor West y yo representamos a la única nave viable que puede sacarlos de este satélite, y si nos aniquila, habrá garantizado el destino que tanto teme: la extinción total, ya que la Lexine se convertirá en un marcador de zona prohibida. Nadie más se acercará.

Me incliné levemente, adoptando un tono de negociación empresarial, despojando a la conversación de tanta carga emocional como fuera posible.

— El problema principal es el destino. La Mayor West no permitirá que se acerquen a la Tierra o a ninguna nave habitada de la UCC. Pero podemos eliminar esa variable. Si la Ulisses tiene la capacidad de carga que usted necesita, podemos acordar un punto de destino alternativo. Propongo que busquemos un planeta deshabitado, clasificado como de Clase D o E, con condiciones ambientales similares a las que su especie podría adaptarse. Un planeta nuevo, lejos de las rutas de la UCC, donde puedan establecer su colonia sin poner en peligro a ninguna otra especie consciente.

Hice una pausa, asegurándome de que esta primera propuesta radical se asentara, y luego continué con la parte del "acuerdo" que aborda el problema de la confianza.

—Para que podamos siquiera considerar moverlos, necesitamos establecer confianza, que es lo único que nos separa en este momento. Ustedes necesitan la nave y el conocimiento para operarla. Nosotros necesitamos garantías reales y conocimiento sobre la amenaza que suponen o no.

En primer lugar: El intercambio de personal y conocimiento. Su especie ha demostrado una capacidad asombrosa para el control mental y la comunicación psíquica. La tripulación de la Ulisses está incapacitada. Si quieren usar la bodega de carga, necesitan un equipo de vuelo. Nosotros podemos enseñarles los protocolos de vuelo; a cambio, queremos aprender sobre su capacidad telepática. Podríamos seleccionar miembros de su nueva especie, a los que entrenaríamos bajo estricta supervisión para que actúen como tripulación temporal, a cambio de que accedamos a clasificarlos y estudiarlos en laboratorios seguros a bordo. No esclavitud, Cassandra. Colaboración.

En segundo lugar: El estado de las incubadoras. Mayor West no puede aceptar que continúe la esclavitud reproductiva, ni en la Tierra ni aquí. Si la supervivencia de su especie requiere la gestación, debemos encontrar el medio de replicar las condiciones de esa baliza en un entorno de laboratorio, sin usar cuerpos humanos. Si fue nuestra ciencia la que los obligó a esta vía reproductiva, debe ser nuestra ciencia la que los libere de ella. Nos comprometeremos a investigar inmediatamente vías artificiales de gestación para su especie.

En tercer lugar: Prueba de buena fe. Si está dispuesta a un destino alternativo y a la colaboración en la nave, libere a una de las mujeres de la baliza. Solo una. Si su afirmación de que el proceso es reversible y sin traumas es cierta, liberarla y supervisar su recuperación será la prueba de buena fe que la Mayor West necesita para siquiera empezar a creerle.

Miré a ambos. Estaba ofreciendo un camino que evitaba la masacre y, simultáneamente, garantizaba la supervivencia alienígena y la seguridad humana, aunque a un costo tecnológico.

—La Mayor West y yo estamos aquí para explorar, descubrir la raíz del problema y encontrar una solución. Hemos identificado el problema: su necesidad de supervivencia. Y ahora, hemos puesto sobre la mesa las variables de la solución: un nuevo hogar, intercambio de conocimientos y una vía científica que termine con el uso de nuestros cuerpos. ¿Está dispuesta, Cassandra, a negociar la supervivencia sin la esclavitud?

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30/11/2025, 00:54
Destino

21:28
Ophius,
Interior del pozo del Complejo de Aguas: Cubil de los xenomorfos


 

Me choca mucho el que me acuse de no conocer lo suficiente a su especie, Mayor. Y sin embargo, parece ser usted la que no la conoce. —dijo la voz de Klausner sin acritud y con pausada neutralidad— Y es que una grandísima y aplastante mayoría de los suyos habrían hecho, no sólo lo que yo hice, si no cosas muchísimo peores y por motivos menos primarios: inflar el coste de un antídoto para ser accesible únicamente para su "élite", sacrificar a muchos para salvarse ellos, bloquear mercancías por ego o luchas de poder, extinguir especies por capricho... ¿Continúo? No obstante, la creo cuando me dice que usted no lo habría hecho. Confío en su persona. Por desgracia, no deja de ser un porcentaje irrisorio en comparación con el resto de sus homónimos. Así que, por favor, le ruego no intente venderme la idea de que su especie son todos buenos e inocentes samaritanos. Porque ambas sabemos que no es así. —afirmó antes de una breve pausa, sonando un pequeño y suave chapoteo— En cuanto al asunto de secuestrar su nave, insisto. No tenía otra forma de comunicarme con su especie. Este complejo no tiene baliza de socorro. Y tampoco contábamos con las herramientas necesarias para construir una.

No dijo nada sobre su postura acerca de pedir ayuda con amenazas. Directamente respondiendo la pregunta que la pelirroja le hizo acerca de la voluntariedad de las mujeres.

En cualquier caso, Mayor, ¿Fue o no fue una elección? Me preguntó si les di la posibilidad de elegir. Y sí. Lo hice. Cosa que no hicieron los suyos cuando decidieron jugar a ser Dios con mi especie. —explicó, haciéndose un sepulcral silencio tras sus palabras— De todos modos, y una vez iniciado el proceso de "inseminación", ninguna de las hembras podría negarse a continuarlo. Ya que antes de eso se les induce a un estado de letargo en el que no hablan, escuchan ni sienten. Aunque, y para que vea que no soy enemiga de su especie ni les guardo rencor, quiero que sepa que me aseguré que soñasen con una vida ideal y plena. Que fuesen felices mientras tanto. Después de todo, Mayor, el futuro de mi especie depende del vientre de la suya.

La oficial, entonces, volvió a tomar la palabra. Asegurando que el daño que ya estaba hecho no podía solucionarse. Lamentaba el aciago destino al que había sido sometida la especie de Cassandra. E intentaría castigar —si fuese posible— a los responsables de aquello. Pero no fue eso lo que más captó la atención de la xenomorfo. Si no la posibilidad de no depender de los humanos para procrear. Claro que para recibir esa ayuda que la oficial mencionaba, tenían que asegurarse que los xenomorfos no eran una amenaza para ellos. De lo contrario, West estaba dispuesta a condenar a ambas especies con la esperanza de proteger la Tierra y a sus habitantes. Mencionando los protocolos de la UCC sobre rutas prohibidas.

Tras West, intervino Frost. La piloto. Poniéndose en una especie de postura mediadora entre ambas partes: habló de llevar a su colonia a otro planeta. Y después de eso añadió tres condiciones más. Preguntándole a Cassandra si estaba dispuesta a negociar una supervivencia sin esclavitud.

Se hizo un silencio. Tenso. Pesado. Profundo. Tomando poco después la palabra.

Los responsables ya pagaron por ello, Mayor. Al menos los que todavía permanecían en el complejo cuando... evolucionamos. Aun así, le agradezco el gesto. —afirmó la voz masculina en un monótono tono carente de emociones— Me consta que unos pocos lograron marcharse algo antes de que nosotros adquiriésemos "conciencia" plena de nuestros actos. Por desgracia para ellos, tengo entendido que regresaron a la Tierra. En cualquier caso, quiero dejar clara una cosa. Y es que mi intención no es esclavizar otras especies. Ni la suya ni ninguna otra. Y si estas hembras están así es por pura necesidad. Ahora bien. Si me aseguráis que hay una posibilidad de poder desligarnos de vuestra especie, la aceptaré gustosa. Liberando, obviamente, a todas y cada una de sus hembras.

En cuanto al tema de sus protocolos, y ruego no se tomen esto como una amenaza o una provocación, lamento tener que informarles que estoy al corriente de todos y cada uno de ellos. Y soy consciente que si un oficial o un técnico enviase un mensaje informando de una anomalía en el núcleo de fisión momentos antes de la explosión de la nave, ni el planeta ni la ruta serían marcados como zona de peligro al, presuntamente y a falta de una investigación más exhaustiva, tratarse de un fallo mecánico. Suceso que, antes o después, haría que enviasen otra nave de exploración para ver qué fue de la Lexine y, si se pudiese, recuperar la caja negra para investigar el origen del desastre. Pero como bien han dicho ambas, no tiene porqué ocurrir nada de eso, ¿No? —preguntó la voz de Klausner con cierta y extraña ambigüedad al tiempo que sonaba un suave y pequeño movimiento de agua procedente de donde, presuntamente, se encontraba Cassandra.

Aclarado ese punto, hablemos del destino. Entiendo que usted, Pike, no sepa de qué va todo esto. Pero la Mayor sí que lo ha visto. Yo se lo he mostrado. Han pasado, ¿Qué? ¿Doce años desde que esos bidones de agua con embriones abandonaron este planeta con destino a la Tierra? A estas alturas, oficial, estoy bastante segura que gran parte de los machos de su planeta, si es que no todos, hayan sido devorados y las hembras en edad fértil usadas como procreadoras. Si insistí en que me llevaran a la Tierra no era con intenciones de quedarme allí. Si no para recuperar el control de mi estirpe. —explicó, dando unos segundos para que asumieran la oscura noticia que acababa de revelarles.

Respondiendo a su primera demanda, piloto, ya le adelanto que no consentiré que se experimente con ningún miembro más de mi especie. No necesitamos aprender los protocolos de vuelo. Sólo que nos lleven. Y si quisiésemos aprender algo... tenemos nuestros propios métodos de aprendizaje. Si no, ¿Cómo cree que hemos sabido montar las baterías para hacer una especie de imán gigante? ¿O cómo se explica que conozca los protocolos de la Lexine? Soy consciente que hay miembros de su tripulación que no están... operativos. Pero los dos miembros más importantes para salir de este satélite moribundo; es decir, ustedes dos, sí que lo están.

Su segunda demanda, tal y como les dije antes, denla por cumplida en el mismo instante en el que no dependamos de vuestra especie. No tengo el más mínimo interés en retener a sus hembras ni un segundo más del necesario.

En lo correspondiente a su tercera demanda, lamento decirles que todavía no puedo liberar a ninguna de estas hembras. De hacerlo, mataría a los embriones. Y como entenderán no es algo que esté dispuesta a consentir. Sin embargo, sí que me comprometo a liberar a la primera de ellas que ove para, como dicen, hacerle un seguimiento y ver que no les estoy mintiendo en cuanto al proceso sin riesgo para su salud. Y como supongo que su siguiente pregunta sería dentro de cuánto, o que cuánto queda para que ocurra eso, les diré que debería ocurrir entre entre una y dos semanas. Lamentablemente, ya les adelanto que este planeta no va a aguantar tanto tiempo...

Notas de juego

Perdón por la tardanza. Ç_ç
No acabo de salir de una y me viene otra...

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01/12/2025, 17:00
Elaine West

"Cassandra" dijo muchas cosas. 

Pero prácticamente todas pasaron a un segundo plano en la mente de Elaine al escuchar una de ellas. 

Estoy bastante segura que gran parte de los machos de su planeta, si es que no todos, hayan sido devorados y las hembras en edad fértil usadas como procreadoras...

La Tierra. Estaba hablando de la Tierra. 

Billones de personas. 

Devoradas. Usadas como procreadoras. 

Cassandra había anunciado de manera absolutamente casual el fin de la humanidad.

Solo unos pocos miles de seres humanos se habrían salvado, el personal de la UCC, aquellos destinados a naves estelares o en los puestos y colonias del espacio conocido.

¿Cómo podía haber ocurrido algo así sin que llegaran las noticias a la UCC? Tenía que ser mentira... solo que no podía serlo. Si Cassandra buscaba su cooperación, lo último que le interesaba era mentir con algo como eso. Por lo tanto, tenía que ser cierto. O Cassandra creía que lo era, en cualquier caso.

Su mente conjuró imágenes brutales de lo que había sucedido en su planeta natal... hombres devorados por aquellos monstruos... mujeres violadas y fecundadas para dar a luz a más monstruos...Su rostro había palidecido. Escuchaba el latido de su corazón ahogando el resto de sonidos. 

Su mano aferró con más fuerza el rifle, hasta que los nudillos se le pusieron blancos. 

No le importaba qué especie tenía la culpa. Si era culpa de los humanos por haber experimentado con los aliens para después llevarlos a la Tierra. Si era culpa de los pulpos por atacar sin piedad sus cuerpos y mentes.

Todo su ser le pedía a gritos actuar. Hacer algo.

Mandar al infierno hasta a la última de esas criaturas, sin importar lo que le pasara a ella. 

Aquellos seres habían dejado al ser humano al borde de la extinción. No les ayudaría a salir de Ophius para seguir haciéndolo.

No podía confiar en las promesas de un ser inhumano que creía que obligar a someterse a lo que habían hecho a esas mujeres bajo amenaza de muerte era ofrecer una elección.

Como había dicho Pike, lo que habían hecho esas criaturas, tanto en Ophius como en la Tierra, era una declaración de guerra. 

Y ante el enemigo ni se negocia ni se cede. 

Abrió los ojos tras aquellos instantes y dijo:

-De acuerdo. No tenemos elección. Os sacaremos de Ophius.

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01/12/2025, 19:52
Adams, Luke

Tras tu falsa —aunque muy convincente— decisión de ayudar a Cassandra, una inesperada voz masculina —cansada, consternada y casi entre susurros— sonó a través de tu intercom.

Mayor... aquí... aquí Adams... —dijo en un frágil, fatigado y desolado tono antes de tragar saliva y emitir un desagradable sonido de aspiración acuosa— Señor. He... creo que he matado a la Dra. Doyle. N-no... no sé cómo ha ocurrido. Y tampoco sé si la Dra. Ratzger y Müller... —insinuó, seguidamente haciéndose un breve silencio.

No dejo de escuchar sonidos raros dentro mi cabeza. Y, le va a sonar a locura, pero tengo la sensación de no ser plenamente dueño de mis actos. —explicó nervioso y entre jadeos— Como si... como si tras un parpadeo me encontrase en otro sitio y circunstancia.

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03/12/2025, 10:16
Elaine West

Elaine cerró los ojos ante las noticias que le transmitía Adams. 

Doyle... muerta. Las otras dos mujeres del equipo, probablemente también.

Eso no contribuyó a mejorar lo que pensaba de aquellas criaturas. En absoluto.

Usó el micro subvocálico para responder a Adams de forma no audible para los demás.

-Adams. Sé como debes sentirte, pero escúchame bien. No es culpa tuya. No has sido tú. Estos seres han afectado a tu mente, a tu fisiología. Ellos te han hecho hacerlo. Pero ahora necesito que uses todo lo que tienes para seguir siendo tú mismo un rato más. Sé la clase de hombre que eres... tú puedes hacerlo. Y tienes que darlo todo para asegurarme que no volverá a pasar nada parecido. 

Apretó más los párpados, sabiendo lo que le estaba pidiendo. 

-Tienes que asegurarte que no volverás a hacer nada que ponga en peligro al equipo y a la misión. ¿Me entiendes, Adams? Lo que sea necesario. Antes de que pierdas por completo el control sobre ti mismo.

Elaine tragó saliva.

-Haz lo que debas. Es una orden.

No podía... no podía seguir hablando con él. Sabía que, como soldado, Adams entendería muy bien su mensaje, y no quería ni pensar en ello.

-West fuera.

Notas de juego

Ufffff... 

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04/12/2025, 22:14
Adams, Luke

Tus palabras generaron un prolongado y denso silencio ¿Le habría llegado tu mensaje al capitán? ¿Te habría ignorado? ¿Habría hecho "lo que debía" sin más? ¿Sin siquiera decirte nada? Fue entonces cuando el suboficial, y puede que contra todo pronóstico, acabó respondiendo. Eso sí. Con un pronunciado tono de culpa y aflicción.

Yo... q-quisiera que, de mi parte, le diese el pésame a las familias de las chicas, Mayor. —dijo casi a modo de ruego, y consternado, antes de una breve pausa. Muy seguramente haciendo acopio de toda su disciplina para no venirse abajo y romperse en mil pedazos.

En cuanto a usted. Decirle que... fue todo un honor servir bajo sus órdenes, Mayor West. —afirmó con un remarcado y ensombrecido orgullo antes de producirse otro pesado silencio— Haré lo necesario. Pero prométame que, pase lo que pase, saldrá de esta maldita roca. La vida de toda la tripulación de la Lexine depende de ello, Mayor. No lo olvide. Confío plenamente en usted y en su criterio. Cambio y corto.

Notas de juego

Ufffff...

Sep. La cosa está fea. Y más que va a ponerse... (?) xD!

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08/12/2025, 00:18
Pike Frost

El aire del pozo se había vuelto denso, más por la carga de la verdad revelada que por la humedad del ambiente. Escuché a la Mayor West pronunciar ese "De acuerdo", y aunque su tono era de una rabia helada, fue la única palabra que importó. No era un acuerdo de confianza, ni un juramento de alianza, pero sí era un pacto no hostil. Y en esta situación, donde cada segundo acerca a Ophius a su colapso final, la distinción es vital.

La declaración de Cassandra—o Klausner, o comoquiera que se llame la conciencia de esa colmena—sobre la Tierra fue, sencillamente, el apocalipsis servido en un tono monótono. Sentí el mismo escalofrío que debió de paralizar a West. La humanidad diezmada. La Tierra convertida en un criadero. Es una verdad que exige una respuesta visceral, y por un momento, creí que West iba a volar la cabeza del alienígena y, de paso, la nuestra. Pero, afortunadamente, la Mayor es una oficial de la UCC; el protocolo y la supervivencia siempre prevalecen sobre el impulso.

Mi propuesta de mediación, de buscar una "supervivencia sin esclavitud", ha encontrado, increíblemente, un terreno común. Cassandra aceptó mis condiciones, aunque con las modificaciones necesarias para su propia especie. Nos llevarán a otro planeta. Se acabó la experimentación. Lo más importante es que han afirmado su voluntad de liberar a las hembras humanas una vez que se independicen de nuestra especie para procrear. Esto es clave: no es esclavitud por capricho, sino por necesidad biológica, lo cual es terrible, pero negociable.

La liberación de la primera mujer ovulante en el plazo de una o dos semanas es el compromiso que ata el acuerdo. Es la "prueba de buena fe" que, si Ophius nos da tiempo, permitirá a la UCC investigar y verificar su afirmación de que el proceso es reversible.

La Mayor West ha capitulado ante la realidad, reconociendo que no tenemos "otra elección". Yo lo interpreto como un triunfo del pragmatismo. No hemos hecho las paces con el enemigo; hemos establecido los términos de una tregua operacional, donde ambas partes obtienen lo que necesitan para la supervivencia inmediata: ellas, el transporte; nosotros, la oportunidad de salir de este lugar con vida y, quizás, la inteligencia necesaria para combatir la amenaza en la Tierra. El acuerdo está sellado.  — Pero el tiempo apremia, Mayor. ¿Cuál es el plan? ¿Acercamos la Lexine a nuestra posición o subimos todos hasta la nave? Necesito instrucciones para el transporte. Ahora la única tarea es sobrevivir el tiempo suficiente para cumplir nuestra parte.

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08/01/2026, 19:07
Cassandra

21:35
Ophius,
Interior del pozo del Complejo de Aguas: Cubil de los xenomorfos


 

Al igual que ocurrió la vez anterior, la respuesta de la Mayor propició un prolongado y profundo silencio. Uno que, y al menos en esta ocasión, no parecía concentrar ninguna asfixiante tensión. No, al menos, por parte de los xenomorfos.
Las dos feroces y enormes criaturas de aspecto blindado parecieron ir relajándose poco a poco. Sonando tras ellas, no mucho después de adoptar una aptitud más mansa aunque todavía alerta, un sonoro chapoteo. Como el de alguien —o algo— saliendo o entrando en una superficie acuática.

Le agradezco su cooperación, Mayor West. —dijo la voz de Klausner en un tono sumamente sincero— Su decisión acaba de salvar a ambas especies.

Y con esa última frase emergió de las sombras que, instantes antes, la mantenían en el más misterioso anonimato.

Cassandra resultó ser una criatura humanoide de aspecto acuático-vegetal, con una presencia tan elegante como inquietante. Su cuerpo esbelto y alargado estaba cubierto por una piel húmeda y opaca, de tonos verde-azulados, que parecía absorber la luz antes que reflejarla. Sobre su superficie, texturas de algas, escamas suaves y hojas marinas se integraban en su anatomía con una naturalidad casi perturbadora.

Su rostro, gélido y desprovisto de humanidad, recordaba a una máscara o caparazón vegetal. Cuatro ojos blancos y luminosos —dispuestos en pares, uno sobre otro— brillaban sin pupilas, sosteniendo una expresión enigmática y sobrenatural donde no cabían emociones humanas, solo una calma fría y ancestral.

De su cabeza emergían apéndices fluidos muy similares a algas, que se mecían a su alrededor como si cada uno tuviera vida propia. Mientras que en su torso, y como venas ramificadas de luz tenue, se distinguían patrones orgánicos y relieves bioluminiscentes.

Sus alargados brazos terminaban en manos con dedos afilados, más cercanos a garras que a dedos humanos, y desde la cintura, su forma se extendía en una cola larga y serpentina, semejante a la de una sirena o una criatura de las profundidades abisales.

Si su aspecto en general ya era profundamente perturbador, lo que sostenía en su mano izquierda no hacía más que intensificar esa impresión, a la vez que quizás explicar por qué la voz de Klausner resonaba cada vez que Cassandra se comunicaba con vosotras. Allí, suspendida por aquellas frías y afiladas garras, pendía la cabeza del ingeniero. Un enorme agujero perforaba su cráneo, dejando al descubierto la cavidad vacía donde antes se encontraba su masa encefálica. Solo el cuello y una porción de lo que en otro tiempo fue su clavícula completaban el macabro trofeo que la criatura exhibía con siniestra naturalidad.

No lo olvidaré. —pronunció el cuerpo inerte del ingeniero.

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07/02/2026, 19:19
Pike Frost

Pike Frost sintió una punzada de náuseas que se esforzó por sepultar bajo una máscara de acero. Había visto horrores en el espacio, pero la visión de Cassandra emergiendo de las aguas era algo que desafiaba su comprensión de la jerarquía natural. Aquella criatura, con su piel de algas y sus cuatro ojos gélidos, poseía una elegancia depredadora que hacía que los marines espaciales parecieran brutos jugando en el barro. Sin embargo, Pike no retrocedió; su orgullo, esa convicción de que era una pieza de valor incalculable en un tablero de peones, la mantuvo firme. 

— Vaya... Así que el gran intelecto de Klausner ha acabado convertido en un altavoz de carne — murmuró Pike, permitiendo que un deje de desprecio se filtrara en su voz mientras sus ojos escaneaban la bioluminiscencia de Cassandra. — Es una imagen muy ilustrativa, Mayor West. La próxima vez que alguien nos hable de la 'cooperación entre especies', recordad que para ellos somos poco más que una batería o un procesador de repuesto.

Pike observó la cabeza del ingeniero suspendida por las garras de la criatura. No sentía lástima por él; sentía una irritación profunda ante la eficiencia con la que aquella "sirena" abisal había asimilado el conocimiento de su especie. A pesar de su sensación de superioridad, Pike no era estúpida. Sabía que un solo movimiento en falso y su propia cabeza podría terminar siendo el próximo trofeo de Cassandra. 

— Le agradecemos el gesto, Klausner... o lo que quede de ti ahí dentro — dijo Pike, dirigiendo su mirada directamente a los ojos blancos de la criatura, sin parpadear. — Pero no confundáis nuestra cooperación con sumisión. Si hemos decidido no apretar el gatillo es porque los recursos que representáis nos son útiles por ahora. Mantened a vuestras mascotas blindadas a raya si queréis que este acuerdo de 'salvación' dure más de lo que tarda un pulso de plasma en cruzar la sala.

Pike se ajustó el equipo, manteniendo una distancia prudencial. No había rastro de temor en su postura, solo una evaluación fría. Si el universo iba a presentarles dioses de las profundidades que usaban cerebros humanos como juguetes, Pike se aseguraría de ser quien dictara las condiciones del juego, o al menos, de ser la última en pie para contarlo.

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09/03/2026, 10:50
Elaine West

La visión de lo que esas criaturas habían hecho con el pobre Klausner solo logró acerar aún más la determinación de Elaine, afianzar más la dura decisión que había tomado. 

-Subrayo las palabras de la Teniente Frost una por una -dijo, con voz tensa-. Ahora pongamos fin a esto de una maldita vez.

Contempló durante unos largos instantes a la criatura alienígena, su cuerpo serpentino, los zarcillos que le salían de la cabeza y sus largas garras. Parecía un monstruo surgido de alguna mitología ancestral, una lamia o una naga de los viejos cuentos. 

Pero era un monstruo mucho peor que los que salían en los mitos. Porque era real, y suponía un peligro para toda la humanidad.

-Prepare a su gente, "Cassandra". Nos vamos de aquí.

Notas de juego

 

Uffff... Me ha costado más de lo previsto, pero ya está... ¡A ver si salimos de este parón, que es totalmente culpa mía!

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20/03/2026, 19:21
Cassandra

21:42
Ophius,
Interior del pozo del Complejo de Aguas: Cubil de los xenomorfos


 

Las palabras de Pike, posteriormente secundadas por la Mayor, generaron otro profundo y tenso silencio. Uno en el que, además, Cassandra se dedicó a observaros con sus luminiscentes ojos blancuzcos en una actitud visiblemente tranquila.

Klausner. —repitió sin ánimo ni emoción. Solo fría neutralidad— Este chico. —añadió poco después de, con cuidado y sutileza, agitar la mano que sujetaba la cabeza del ingeniero— Murió a manos del otro hombre. —aseguró bajando la vista al cráneo del muchacho— El que era más... corpulento que él. Se volvió loco. —explicó antes de alzar la mano a media altura, girar la muñeca y mirar cara a cara a Klausner— Sabía muchas cosas. —afirmó antes de, y como si nada hubiera pasado, bajar la mano otra vez y centrar su atención en vosotras— Era un buen muchacho. —dijo como si, de alguna forma, le conociese estrechamente.

Otro silencio. Esta vez algo más breve.

No creo que esto sea una sumisión, Pike Frost. Soy plenamente consciente que si estáis aquí ahora mismo, es porque no tenéis otra alternativa. Y yo tampoco la tengo. —añadió esto último en un suave, aunque audible, murmullo.

Prepararé a mi pueblo. —dijo finalmente.

Tras las palabras de Cassandra a través de la boca de Klausner, varios xenomorfos —de los que podríais catalogar como obreros— que estaban en la zona de los generadores, abandonaron sus puestos y se perdieron bajo el agua de dónde, presuntamente, habría emergido la líder de estas criaturas.

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20/03/2026, 19:23
Destino

Notas de juego

Tu sensor de movimiento comienza a pitar cada vez más rápido. Detectando cómo una presencia se está acercando a buen ritmo por una especie de túnel auxiliar que da, según el mapa del sitio, a los generadores.

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18/04/2026, 10:27
Destino

21:43
Ophius,
Interior del pozo del Complejo de Aguas: Cubil de los xenomorfos


 

El pitido del sensor de movimiento de Elaine se volvió frenético de repente. Un punto de calor ascendía a una velocidad imposible por un túnel auxiliar que ningún mapa había registrado. Algo —o alguien— se precipitaba hacia el corazón del cubil sin el más mínimo intento de sigilo.

Algo en la firmeza de aquella aproximación, en su absoluta falta de cautela, preocupó a la ranger antes de que sus ojos pudieran confirmar lo que ya intuía.

Adams.

El capitán emergió del túnel como un espectro recién escapado de la fosa común. Su traje hermético colgaba de su cuerpo en jirones, desgarrado en media docena de puntos por los que asomaba una piel pálida y febril. La visera de su casco, agrietada y empañada, apenas dejaba entrever unos ojos inyectados en venas oscuras pero extrañamente serenos. En su mano derecha, aferrada con una rigidez casi cadavérica, sostenía un puñado de granadas. Tres. Quizá cuatro. Las anillas ya habían sido arrancadas. Los seguros, liberados. En la otra mano, su rifle.

No pronunció una sola palabra. Tampoco hizo falta.

Cassandra se giró con una lentitud majestuosa mientras sus cuatro ojos blancos y sin pupilas se fijaban en aquella nueva variable que irrumpía en su ecuación perfecta. A su alrededor, los xenomorfos acorazados erizaron sus placas quitinosas y emitieron un rugido gutural que reverberó por toda la caverna. Sus enormes cuerpos se tensaron, listos para abalanzarse.

Pero estaban demasiado lejos y Adams era mucho más rápido.

No se lanzó hacia Elaine ni hacia Pike. Tampoco hacia Cassandra o hacia sus guardianes. El capitán se arrojó hacia los cuatro enormes generadores que vomitaban aquel torrente verduzco hacia la superficie. El corazón artificial de Ophius. La jaula de energía que había mantenido prisionera a la UCC Lexine durante días.

Los guardias acorazados se abalanzaron sobre él con una ferocidad explosiva, pero Adams no necesitaba esquivarlos. No necesitaba sobrevivir al siguiente segundo. Solo necesitaba llegar.

Y lo hizo.

La explosión fue un puño de luz blanca que lo engulló todo. El túnel, las aguas, los cuerpos, las sombras... todo se disolvió en un instante cegador donde el sonido dejó de existir y solo quedó una histérica vibración. El agua que les llegaba a los muslos se vaporizó en décimas de segundo, levantando una nube de vapor ardiente que escaldaba la piel que no estuviese protegida por los trajes. Las estalactitas del techo temblaron, se resquebrajaron, y comenzaron a caer como dientes de una mandíbula gigante dispuesta a devorarlo todo.

El suelo desapareció bajo los pies de Elaine. El mundo giró. El aire, ya irrespirable de por sí, se volvió ceniza, vapor, metal fundido y carne chamuscada.

Pike, con el instinto de supervivencia grabado en cada fibra de su cuerpo, agarró a la Mayor por el brazo y la apartó. Sus palabras quedaron sepultadas por el rugido, apenas una vibración inútil en el intercomunicador.

El cubil se incendiaba. Los cuerpos de los xenomorfos —obreros, guerreros e incluso quizá incluso alguna de las incubadoras prisioneras— ardían entre alaridos que no pertenecían a ningún lenguaje humano. Algo intermedio. Algo que agonizaba entre el fuego y el agua que hervía a su alrededor.

Cassandra, con su rostro impasible de máscara vegetal, observaba las llamas sin inmutarse. Sus cuatro ojos blancos reflejaban el infierno sin parpadear. No gritó. No huyó. Solo miró.

Entonces llegó la onda expansiva secundaria.

No fue fuego. Fue energía pura. Un pulso azulado y eléctrico que recorrió el cubil como un latigazo, expandiéndose en todas direcciones con una furia silenciosa. Las paredes de la cueva se fracturaron como cascarón de huevo. El techo, antes adornado con estalactitas milenarias, se resquebrajó en una telaraña de grietas luminiscentes que crecían segundo a segundo.

El túnel auxiliar. El que Adams había usado para entrar. La única vía de escape que no estaba en llamas o colapsándose.

Pike lo vio primero. Sin soltar a la Mayor, se lanzó hacia la negrura del corredor secundario. El suelo aún humeaba por el paso reciente del capitán. Las paredes, más estrechas que las del túnel principal, parecían cerrarse sobre ellas como las paredes de un ataúd.

Corrieron.

El agua —ahora mezclada con sangre, vísceras y restos orgánicos que preferirían no identificar— les llegaba a las rodillas. Las botas resbalaban sobre un suelo que ya no era tierra firme, sino algo más blando. Más esponjoso. Más muerto. A sus espaldas, el cubil se derrumbaba con un rugido que parecía no acabar nunca.

Ninguna de las dos miró atrás.

La luz del firmamento —pálida, enfermiza, atravesada por nubes de ceniza y humo— golpeó los cascos de ambas mujeres cuando emergieron a la superficie. El complejo de aguas, ahora a sus espaldas y en vías de derrumbarse, escupía una columna negra y espesa que se elevaba hacia la atmósfera como un dedo acusador. El humo teñía el cielo de gris, y pequeñas partículas de ceniza caían a su alrededor como una nevada funeraria.

Allí, a unos cien metros, la silueta familiar de la Ulisses brillaba bajo el sol mortecino. Intacta. Esperándolas.

No se detuvieron. Las piernas ardían. Los pulmones también. Pero corrieron. Corrieron como si el infierno siguiera pisándoles los talones. Corrieron sin mirar atrás, sin hablar, sin pensar. Solo corrieron.

La rampa de la Ulisses se cerró tras ellas con un silbido hidráulico que sonó a salvación. Los motores rugieron, activados por el protocolo de emergencia que Müller había dejado preparado antes de que todo aquello ocurriera. Antes de que Adams... antes de que todo.

El despegue fue brusco, violento, casi como una patada en la nuca. Pike se lanzó a los mandos como si hubiera nacido en ellos. Sus dedos bailaron sobre el panel de control con una precisión milimétrica, corrigiendo trayectorias, ajustando ángulos e ignorando las alarmas que aún parpadeaban en rojo.

El suelo de Ophius se alejó. El humo, las cavernas, los cuerpos, Cassandra observando impasible entre las llamas... todo se fue encogiendo hasta convertirse en un punto negro, luego en una mancha gris, luego en nada.

La órbita. El cielo negro y frío salpicado de estrellas que no parpadeaban.

Y allí, flotando majestuosa y silenciosa, la UCC Lexine. El hogar de cientos de almas. Su salvación. Su única vía de escape.

Elaine apoyó una mano en el respaldo del asiento de Pike y cerró los ojos. Por un instante, solo un instante, permitió que la tensión abandonara sus hombros.

Y entonces...

La UCC Lexine estalló sin previo aviso.

No hubo alerta. No hubo cuenta atrás. No hubo súplica. Solo un silencio blanco y absoluto que duró una fracción de segundo antes de que el rugido lo inundara todo.

Una flor de metal fundido y plasma incandescente se abrió en el vacío. Sus pétalos eran fragmentos de corredores, restos de camarotes, trozos de vidas que habían dejado de existir en lo que duraba un suspiro. Los restos de la nave —hogar, refugio, tumba— se dispersaron en todas direcciones como semillas de un árbol moribundo.

Las manos de Pike se movieron solas. No era destreza ni reflejo. Era algo más primitivo. Algo grabado en los huesos después de años de entrenamiento, de simulacros, de noches en vela estudiando protocolos de emergencia que nadie creía que llegarían a usar nunca. La palanca de gases a fondo. El timón de popa a estribor. El compensador de inercia al límite superior. Cada movimiento era una oración atea a la física.

Los restos de la Lexine llovían a su alrededor como metralla celestial. Esquivó uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Pequeños fragmentos que silbaban al pasar, girando sobre sí mismas como guadañas ciegas.

Pero hubo un fragmento, uno oculto tras otro más grande, que la piloto no fue capaz de esquivar.

El fragmento era del tamaño de una pelota de tenis, irregular, imposible de predecir. Tiró del joystick con todas sus fuerzas. La Ulisses viró en picado, las paredes de la nave crujiendo bajo fuerzas G que harían perder el conocimiento a cualquier piloto normal.

Pike no era una piloto normal.

Pero el impacto llegó igual.

La sacudida partió la nave en dos sensaciones: el antes y el después. El motor trasero izquierdo —el estabilizador de la bestia, el que mantenía el rumbo, el que las mantenía vivas— emitió un chirrido agónico de metal retorciéndose sobre sí mismo. Luego, el silencio. Luego, el pitido de los sistemas fallando uno tras otro.

La Ulisses comenzó a girar sobre su eje. Sin el motor estabilizador, el mundo se convirtió en un carrusel de estrellas borrosas y alarmas rojas. El balanceo era nauseabundo, desorientador, una espiral que las arrastraba hacia...

¿Qué era eso?

Frente a ellas, el vacío se distorsionó. El espacio-tiempo, todavía convulso por la onda expansiva de la Lexine, se había rasgado en una decena de pequeños vórtices aleatorios. Eran como heridas abiertas en el tejido del universo: parpadeaban, se contraían, se expandían, desaparecían y volvían a aparecer sin orden ni concierto. Algunos no eran más grandes que un puño. Otros... otros eran lo suficientemente grandes para tragarse una lanzadera entera.

Pike forcejeó con los controles. Sus manos, antes tan precisas, ahora luchaban contra la inercia, contra la física, contra el destino. Intentó enderezar la trayectoria. Intentó corregir el ángulo de caída. Intentó todo lo que sabía y algunas cosas que inventó sobre la marcha.

Fue inútil.

La Ulisses, con su motor mutilado y su rumbo roto, se deslizó hacia el vórtice más cercano con la lentitud cruel de un barco arrastrado por la corriente. No hubo forma de evitarlo. No hubo tiempo para intentarlo.

Ambas se aferraron a sus asientos con todas sus fuerzas. Los cinturones de seguridad se clavaron en sus hombros y caderas como garras metálicas negándose a soltarlas. Las manos de Elaine blanquearon sobre los reposabrazos. Las de Pike, aún temblorosas sobre el joystick inerte, se cerraron con un puño que ya no mandaba a ningún sitio.

Sintieron el frío primero.

No era el frío del espacio exterior, ese que aterraba por ausencia, por vacío, por la promesa de una muerte silenciosa e inmediata. Era otro frío. Un frío que no venía de fuera, sino de dentro. Un frío que se filtraba por la médula, por las venas, por cada poro de la piel. Un frío que las vaciaba por dentro mientras por fuera el mundo se deshacía.

Luego, la presión.

Una mano invisible, enorme, despiadada, apretó sus cráneos desde fuera y desde dentro a la vez. Los tímpanos de ambas vibraron con un silbido agónico que no era sonido sino aviso. Sus pechos se comprimieron como si alguien hubiera extraído todo el aire de sus pulmones y hubiese seguido apretando. Los costados de Elaine ardían. Las costillas de Pike crujieron. El universo entero parecía haberse propuesto encogerse hasta el tamaño de sus dos cuerpos, y luego seguir encogiéndose.

Después, el desgarro y la sensación de ser estiradas en todas direcciones a la vez. Hacia arriba y hacia abajo, hacia delante y hacia atrás, hacia dentro y hacia fuera. Como si alguien hubiera agarrado cada átomo de sus cuerpos y los estuviera separando uno por uno sin llegar a soltarlos del todo. Pike sintió que se desdoblaba, que era muchas Pikes superpuestas en el mismo instante. Elaine sintió que se diluía, que dejaba de tener bordes, que su cuerpo y el asiento y la nave y el vacío eran la misma sustancia informe.

Ser muchas y ninguna. Estar en todas partes y en ningún sitio.

El tiempo dejó de tener sentido. El espacio también. Solo quedó la sensación de estar cayendo sin dirección, flotando sin gravedad, existiendo sin cuerpo.

Y luego, nada.

Silencio.

Oscuridad.

Notas de juego

Y con esto ponemos fin a la partida, chicas.

Espero que hayáis disfrutado, a pesar de toooodos los parones que hemos tenido, los abandonos, incorporaciones, etc.

Ya siento que la experiencia no haya podido ser todo lo buena que me habría gustado. U_u