Abandonaste el laboratorio después de que la Dra. Ratzger te entregase el sistema de respiración portátil del traje de la Mayor.
No había ningún taller —ni nada que se le pareciese remotamente— en la Ulisses. Por lo que, y por descarte, los camarotes parecían ser el sitio menos concurrido y donde, muy seguramente, no te molestaría nadie mientras trabajabas.
Si bien apresuraste el paso con la intención de ponerte manos a la obra lo antes posible, te viste forzada a aminorarlo nada más ver a varios metros de distancia a la Dra. Doyle, al Dr. Sweigert y al capitán Adams. Este último, todavía inconsciente, a hombros del sanitario. Mantuviste aquella distancia prudencial con ellos hasta que, como tú, entraron a uno de los camarotes. Cerrándose automáticamente la puerta tras entrar.
Una vez dentro de la tranquila y solitaria estancia, buscaste una caja de herramientas bajo los compartimentos la cama. Todas las naves contaban con una, aunque fuese muy básica, en cada dormitorio. Claro que la Ulisses no entraba dentro de "todas", ¿verdad? A punto estuviste de empezar a soltar pestes por la boca. Finalmente dando con ella. Tal y como imaginaste se trataba de una caja de herramientas de lo más básica. Pero para lo que ibas a hacer —esperabas— sería más que suficiente.
Posaste la caja de herramientas sobre la cama. La abriste y, tras dejar el sistema portátil de respiración sobre esta, comenzaste con la delicada operación...
Tirada visible: Destreza + Mecánica (6D + 2)*
Tirada oculta: Inteligencia + Mecánica (6D + 2)*
Como el número máximo de dados en una tirada son 4D, cada "D" que exceda esta cifra otorga un +3. Sumando el +2 restante a parte. Es decir. Tirarías 4D6 en cada caso y sumarías +8 (+6 por los 2D excedentes y +2 del sobrante)
En poco tiempo llené toda la superficie de la cama con las diferentes partes del equipo de respiración que estaba desmontando. La verdad que ya podía dar gracias de no encontrar demasiados problemas, pues con el escaso equipo que disponía iba a ser un milagro hacer un trabajo medianamente decente.
Hice una pausa, pensando, contemplando cada engranaje y conector de plástico. Ideando la mejor forma de hacerlo mas eficiente para que no entrase ninguna mierda de patógeno alien por donde respirábamos otra vez. Conesa idea en la mente recordé la imagen de aquellos tres entrando en la habitación. Si, debía hacerlo bien para que no se repitieran los mismos errores. Las consecuencias eran realmente mortales, iba la vida en ello.
Por otro lado me dio por pensar en lo que había ocurrido durante el examen de la doctora. No me sentía como una guarra, sé que había sido porque estaba infectada. No recuerdo haberme sentido tan caliente en mi vida. Me había corrido de gusto varias veces con lo que me hizo con aquel juguete de goma. La verdad que le di trabajo.. Me mordí el labio recordando.. para después respirar y mirar de alejar aquellos pensamientos. Ahora tocaba currar.
Motivo: Destreza + Mecánica
Tirada: 4d6
Resultado: 15(+8)=23 [2, 5, 5, 3]
Motivo: Inteligencia + Mecánica
Tirada: 4d6
Resultado: 19(+8)=27 [4, 5, 4, 6]
Tirada oculta
Motivo: Inteligencia + Mecánica
Tirada: 4d6
Resultado: 17(+8)=25 [5, 2, 5, 5]
Desarmaste el compacto —y altamente tecnológico— dispositivo con una gracia y una precisión tan quirúrgica que, de haberte visto alguien, no sería descabellado que pensase que el aparato lo habías diseñado tú.
Nada más abrirlo te encontraste con un sinfín de circuitos, válvulas, condensadores, chips integrados, LEDs de estado y el conducto de entrada y salida de aire —entre otros muchos componentes—. Había que reconocer que el diseño, tanto interior como exterior, era sencillamente hermoso. Aprovechándose el espacio al milímetro. Y por esa misma razón te rechinaba todavía más que, pese a su complejidad y lo obscenamente caro que debía ser, no contase con alguna clase de contingencia para lidiar con situaciones donde el aire del entorno estaba comprometido. Situación para nada descabellada en viajes espaciales.
El aire entraba por el conducto de entrada de O2 gracias a una bomba de succión —pudiendo ser su origen el de una botella de oxígeno o desde el mismo aire ambiental— y continuaba hasta una cámara donde era analizado por el controlador de composición de O2. Si la mezcla era adecuada y correcta pasaba al siguiente conducto. Si no, el filtro químico administraba una cantidad adecuada de producto para hacer ese aire lo más respirable —y menos nocivo— posible. Tras la fase "química", el aire pasaba por un proceso de depuración adicional —y limpieza— gracias a unos filtros de carbono. Repitiéndose el proceso hasta que el controlador de composición de O2 arrojase valores apropiados. Momento en el que la compuerta superior se abría y el aire llegaba al usuario. Cerrándose inmediatamente después para abrirse la de salida de CO2.
Pensativa y sumamente concentrada, le echaste un vistazo a todo el conjunto durante un buen rato. Intentando buscar alguna forma de no alterar su tamaño y hacerlo, de algún modo, más seguro ante cualquier mierda que pudiese colarse a través del conducto de salida.
Varios minutos después, y todavía sin llegar a una solución, tu mente se tomó la libertad de evadirse unos instantes. Viniéndote a la cabeza todo lo ocurrido en el examen médico. Reviviendo de nuevo lo mucho que habías gozado con la placentera e intensa sensación a la que te sometió aquel "vibrador de goma" —aunque según la Dra. Ratzger se trataba de un instrumento citológico— en manos de la científica. Entrando y saliendo de ti con pasmosa, deliciosa y lubricada facilidad. Por no mencionar la lasciva expresión de la científica. ¿O eso quizá fue imaginación tuya? Nah. La doctora tenía ganas de guerra. Lo viste —y más aún sentiste— con cada pausada y quirúrgica precisión con la que empujaba aquel instrumento. Para luego retirarlo con la misma pausa. Eso, en tu tierra, era una masturbación en toda regla. Empujaba... y luego lo recogía... ¿Em... pujaba? ... ¿Empujar? ¡Claro! ¿Cómo no se te había ocurrido antes? Si colocabas una bomba de expulsión —generando un efecto de empuje— en el conducto de salida, asegurarías que nada pudiese entrar a través de él. Claro que, para hacerlo efectivo del todo, habría que añadirle un sensor de presión al inicio del conducto de salida del CO2 para que la bomba no estuviese trabajando continuamente. Por no mencionar la alimentación de ambos componentes...
La idea era compleja. Bastante compleja, de hecho. Pero tenía todas las papeletas para ser la mejor solución al problema de las esporas. De hecho, si funcionaba —aunque tú estabas más que convencida que iba a funcionar—, ese mismo sistema también se podría aplicar a los trajes convencionales. Modificación que, para el caso de estos últimos, no sería tan delicada ni tediosa como para el sistema de respiración del traje de la Mayor. La siguiente pregunta era, ¿de dónde sacar bombas de expulsión y sensores de presión? Tu mente no tardó en resolver ese dilema.
La Ulisses contaba, a ojo, con un total de 10 trajes. Uno por cada uno de vosotros —restando a Spencer y a Philip que no estaban en la nave— y cuatro más de repuesto. Siendo dos modelos de hombre y los otros dos de mujer. Si sacrificabas alguno de esos trajes... quizá pudieses usar sus piezas para llevar a cabo tu idea.
Lo que sí tenías claro es que, de empezar a trastear, ibas a necesitar una superficie mucho más estable. No la cama. Que en cualquier momento podías ejercer más presión de la debida y cargarte cualquier pieza.
- ¡ Soy la puta ama! . Grité por todo lo alto celebrando que había descubierto la manera de ajustar los sistemas de los trajes, lo que evitaría una nueva exposición a esas mierdas que liberaban al ambiente las setas extraterrestres.
Lo único que necesitaba ahora era un lugar adecuado en el que trabajar. La superficie de una cama no era ni de coña lo mas adecuado con eso que el muñido del colchón no paraba de moverse a la mínima que ejercía presión.
Antes de llevar a cabo mi idea y reventar seis trajes para conseguir piezas de recambio lo mejor que podía hacer era hablarlo con las demás. No es que necesitara su aprobación, pero me cubría las espaldas por si al final el esfuerzo y la pérdida de equipo no servía para una mierda.
La última persona a la que había visto era a la Dra. Doyle, junto al Dr. Sweigert llevando al capitán Adams. Antes de buscar a ciegas al resto entré en su camarote para ver como estaba el capi.
No recuerdo donde se encuentra repartida el resto de la tripulación. Comienzo con la Dra. Doyle
No recuerdo donde se encuentra repartida el resto de la tripulación. Comienzo con la Dra. Doyle
La Dra. Doyle, el Dr. Sweigert y el capitán están en el camarote de al lado. El número dos. La Dra. Ratzger, si no se ha movido, estará en el laboratorio. Supones que Pike estará en la cabina. Y que la Mayor, por asegurarse que la piloto no haría ninguna de las suyas, estaría con ella.
La escena sigue en: [Prólogo] Retorno a Ophius. Acto VI (Camarote - 2)
Mientras seguía a Elaine y Müller, la escena de Adams desnudo se repetía en mi mente. — ¡Qué impropio! Y la Doctora... ¿tan poco profesional? Nunca había visto al Capitán así. De hecho, nunca había visto a un hombre desnudo en la realidad. Siempre había sido a través de fotogramas o archivos holográficos, y la imagen… me ha impresionado, lo reconozco. — Un leve rubor cubrió mis mejillas. ¡Por el Omnis!
— Mayor — dije, la voz un poco más aguda de lo habitual, — si la Doctora, o alguna de nosotras, se ve afectada de esa forma... ¿acabará desnuda también? Es que... — Me interrumpió la incomodidad, el pudor. — Yo solo he... bueno, solo he visto cuerpos femeninos así, nunca de hombres, en... en persona. — Miré a Müller y a West, con una ingenuidad que no pude ocultar. — ¿Vosotras... alguna vez habéis...? — La pregunta se quedó en el aire, un eco de mi inexperiencia. Este escenario era totalmente nuevo, y mi sistema intentaba procesar tanta información inesperada.
—¿Poco profesional? —preguntó, visiblemente en desacuerdo con la piloto—. Le estaba salvando el pellejo al capi, tolai —añadió, ya una vez fuera del camarote número dos.
—Ni tú ni ninguna de nosotras —opinó sobre lo de no haber visto nunca al capitán así—. Menuda tranca. ¿Quién necesita un martillo neumático teniendo semejante taladro, verdad? —bromeó, mirando acto seguido a Pike como a un bicho raro cuando aseguró no haber visto nunca a un hombre desnudo—. Tía, ¿de qué puto planeta vienes tú? —preguntó mientras acompañaba a ambas chicas hasta el camarote contiguo: el número tres, cerrando la compuerta nada más entrar todas.
—Ahí lo tienes —dijo a la oficial, cabeceando hacia la cama. Sobre la que, bien extendido, se encontraba el traje de nanofibras.
—Conseguí añadirle una bomba de expulsión en el canal de salida del CO₂. Está puenteada con el sensor de la compuerta de gases, por lo que, cuando se expulsa CO₂, la bomba se activa y empuja cualquier cosa que haya entrado por el conducto de solo salida —explicó, cruzándose de brazos mientras la mujer se desvestía, centrando la vista en el atractivo y sugerente cuerpazo de la pelirroja—. Lo que no consigo comprender es cómo algo tan caro no tuviera un método de seguridad tan... digamos, básico.
Entonces Pike nos hizo aquella pregunta y, seguidamente, aquella confesión.
—Si acabas afectada por las esporas, quedarte desnuda será el menor de tus... problemas. Te lo aseguro —afirmó, con las mejillas repentina y momentáneamente ruborizadas al recordar lo que pasó al otro lado de la holocortina—. Pero vamos, la única que te verá desnuda será la doctora Ratzger, así que estate tranquila.
—En cuanto a lo de si alguna vez he follado... sí. Muchas veces —reconocí—. Aunque nunca con nadie con semejante bate de béisbol.
Pnjotizada
Elaine aprovechó que se estaba poniendo de espaldas para desnudarse para sonreír sin que la vieran ante la confesión de Pike y la reacción de Müller al tamaño de la erección de Adams
Que Müller le preguntara a Pike de qué planeta era casi le arranca una carcajada por sorpresa, dado todo lo que sabía Ellie de Frost, pero consiguió evitarlo. Se quedó únicamente con la ajustada braguita, ya que el traje de nanofibras iba directamente sobre la piel, como le había contado a Izzy.
-Ni tú ni nadie, Max -dijo, aún de espaldas a ellas, en relación al tamaño de la verga de Adams-. El estado del capitán era... anormal. No te hagas falsas ideas, Pike. Lo que has visto es una anomalía.
Extendió los brazos hacia el traje de nanofibras. Acercó a su cuerpo lo que en ese estado parecía una tela fina y flexible. Al momento, los nanitos reconocieron su patrón de ADN e hicieron su trabajo, recubriendo su cuerpo con el traje como una plateada segunda piel. Cuando la base flexible estuvo totalmente acoplada, los nanitos formaron placas más duras y resistentes para cubrir los puntos vitales y dotarles de una mayor protección.
Activó el casco un segundo, para comprobar que los visores estuvieran en buen funcionamiento y comprobó que las lecturas indicaban que los ajustes que había hecho Müller funcionaban a la perfección. Lo replegó de nuevo.
-Excelente trabajo, Max. Eres una genio. Con poco tiempo y menos materiales. Impresionante.
Luego se volvió hacia Pike.
-Sí, Pike. Yo también he tenido relaciones sexuales (y afectivas) con hombres. Y con mujeres. Es algo natural, intrínseco en el ser humano... por no hablar de lo divertido que es. Todo el mundo lo hace... Entre otras cosas, por eso estamos todos aquí.
O casi todos... -se corrigió mentalmente.
Se colgó a Betty y a Veronica de sus acoples en la cintura. Ahora por fin volvía a sentirse vestida para la misión.
-Las doctoras están sobradamente preparadas... -su mirada pasó fugazmente a Müller- ...para tratarnos si nos vemos afectadas. Eso no debe preocuparte.
Finalmente colgó el rifle a los enganches magnéticos de la espalda.
-Ahora en marcha. A ver si encontramos a los dos AWOL y empezamos a enderezar todo este sindiós de una maldita vez. Abre camino, Frost. Te sigo. Max, intenta seguir con los trajes de los demás. Nos vemos a la vuelta.
Le dio una amistosa palmada en el hombro a la mecánica, y se dispuso a iniciar la búsqueda de los desaparecidos... si es que era verdad que Pike los tenía localizados.
—Jooooder... —pensó la ingeniera al ver a la oficial vestida únicamente con aquella sugerente, ajustadita y sensual prenda. Muda, devorándola con los ojos.
—¿Anomalía? —preguntó segundos después de la intervención de esta, ya con algo menos de descaro—. Joder, Mayor... pues menuda anomalía. ¡Eso parecía una anaconda! No quiero ni imaginar cómo tiene que sentirse que te empalen con una de esas. Que, como te descuides, te la sacan por la boca —bromeó divertida, claramente exagerando con ironía—. Pero vamos, tampoco le digas que se haga falsas ideas, Mayor. Las hay de ese tamaño. Más grandes, incluso —explicó, mientras la soldado se colocaba el traje—. Aunque no todo te entra, ya sabes —comentó, mirando de reojo a Pike, tomándose a broma que, dada la aparente edad de la piloto, nunca hubiese visto a un hombre desnudo.
—Bueh... —murmuró con un ademán de mano—. Ya lo sé, Mayor —bromeó con fingido tono prepotente, cuando esta la llamó genio.
La técnico era, en realidad —y pese a su fachada irónica—, una persona realmente humilde. Jamás habría reconocido ser mejor que cualquier otro… aunque, en el fondo, lo fuera.
—Ya te contaré, cuando salgamos de esta y con una jarra en la mano, cómo se me ocurrió la idea. Vas a flipar —dijo con una suave y pícara sonrisilla.
La confesión de la pelirroja sobre haber tenido relaciones con otras mujeres hizo que la ingeniera la mirase momentáneamente perpleja. No parecía esperarse que a la militar le fuese la carne y el pescado.
Cuando la mirada de la Mayor se cruzó con la suya al mencionar la "preparación" de las doctoras, la técnico se ruborizó repentina y considerablemente. No tardó en romper el contacto visual, carraspeó en seco y asintió varias veces. Mejor no decir nada al respecto.
—¿AWOL? —preguntó, extrañada, dando por sentado que sería alguna sigla rara propia de los militares.
—Llevad cuidado —les deseó, haciéndose a un lado para que pudieran salir de la habitación, antes de asentir a la última orden de la oficial.
Pnjotizada
¿Poco profesional? ¿Taladro? ¿Anomalía? Mi mente giraba. No había visto a un hombre así, no en carne y hueso. Maxine bromeaba, pero yo me sentía extraña. Si así eran, ¿cómo podían las relaciones ser "divertidas"? Los "fotogramas" no mostraban esa... magnitud.
La Mayor empezó a desvestirse. Dioses, ¿por qué aquí, y ahora? Mis ojos se clavaron en ella. Esos músculos, esa piel. Me ruboricé, desviando la mirada por un instante para luego volver a fijarla. Ella se giró, y yo busqué desesperadamente una excusa. — Mayor, ¿la parte frontal del traje tiene algún... ajuste especial que deba conocer? ¿Algún patrón de nanofibra diferente por delante? — Quería verla, mi pudor luchaba con una curiosidad inesperada. Ella se puso el traje; yo solo veía su cuerpo. Era tan... fascinante.
"He tenido relaciones sexuales (y afectivas) con hombres. Y con mujeres." La confesión de Elaine me sorprendió. Siendo mujer, sabía lo "divertido" que podía ser, pero ¿con hombres? ¿No les hacían daño con semejante "bate"? ¿Para qué lo utilizaban? ¿Cuáles eran las dimensiones habituales? Tomé nota mentalmente, aunque la aversión inicial persistía.
"Abre camino, Frost." La orden me sacó de mi ensimismamiento. — Entendido, Mayor — dije, mi voz firme, el rubor disipándose. Debo concentrarme. Seguiría las huellas de Klausner.
Al pasar junto a Maxine, le di un cachete pícaro en el trasero, sin venir a cuento. — Nos vemos a la vuelta, ingeniera — le dije, recordando nuestro "agradable encuentro" con una punzada de algo indefinido y salí corriendo antes de que pudiera reaccionar, mi risa escapándose al reconocer la audacia de mi propio gesto. Tenía una misión, y la cumpliría.
No se esperaba en absoluto el gesto furtivo de la piloto. Y para cuando terminó de procesar lo ocurrido, ambas ya habían abandonado el camarote.
—¡Oye! —exclamó, frunciendo el ceño mientras se asomaba por la puerta—. ¡¿Qué confianzas son esas?! ¡Antes de tocar nada se invita a una comida, a una cena... hasta a una cerveza! ¡Tsk! —refunfuñó con fastidio, llevándose la mano al glúteo—. Será jeta...
Pnjotizada
@Elaine West y @Pike Frost abandonan el camarote nro. 3. La historia continúa en: Retorno a Ophius: I