Becca escucha... Analiza, espera, se angustia y habla.
Sabes que siento? Siento que te di por sentado, que abuse de mi suerte, que no te cuide pensando que siempre estarías, siento que te defraudé y que me defraudé... Siento que asumi un amor utópico e irreal, cuando te perdí, porque allí al menos por un momento perdí tu amor, entendí que mi egoísmo nos alejo y ese espacio me dolió, me dolió más que la inmortalidad... Cuando los vi hablarse con familiaridad, cuando vi la complicidad que antes era solo nuestra me derrumbe. Sentirte ajeno me rompió más que ser artificial, me quebró más que no ser madre. Pensé que mi sueño era conocerlo todo, salvarnos a todos... No, mi sueño eres tú, conocerte a ti y salvarnos solo a nosotros dos. Cuando estábamos en contabilandia ya lo sabía, te había perdido y solo quería desaparecer, volver a lo básico, ser planta, sentir algo real que me enraize al presente.
Respira hondo como tomando una bocanada de aire para sumergirse nuevamente en un monólogo.
-Yo no sé si quieres seguir a mi lado, yo quiero seguir a tu lado, porque donde tú te ves pequeño yo... Yo te veo inmenso, porque tú eres el universo que necesito conocer, entender y explotar.. porque mientras tú sientes que me decepcionaste por desear sentirte admirado, yo veo que falle en hacerte notar mi admiración hacia ti, falle en demostrarte mi amor...
No quiero ni necesito otra cosa que nosotros siendo el lugar seguro del otro, siendo el orgullo del otro y finalmente siendo el universo del otro... Oklahoma es circunstancial, nosotros somos nuestro hogar, donde sea... Del tamaño que sea la casa, el pueblo, el planeta... Tú eres mi lugar, mi hogar...
Y si lo deseas y puedes confiar en mi, yo quiero ser tu hogar.
Curaremos las heridas, descansaremos y seremos lo que siempre fuimos, si aún lo quieres, seremos tú y yo, seremos nosotros, seremos nuestro hogar, dame si puedes darme la oportunidad de volverte a conocer y conquistar, de enamorarnos y elegirnos cada día.
Te amo, y nada puede cambiar eso, amarte también es agradecer todo lo que has dicho, agradecer que me hayas escuchado y agradecerte me elijas o no hoy... Yo compro con tara, con fallas y con cualquier defecto que tú ves en ti, porque yo sé lo que vales y créeme eres valiosísimo Bert, me explota de orgullo y admiración el corazón de solo pensar en tí.
Digame señor Lostnut firmara está compra-venta? Cerrará el trato? Porque yo lo hago sin dudar, le advierto que mis defectos y taras también son grandes.
Sirril permaneció en silencio mientras Cristina hablaba, quizá tenía razón quizá su impetu por mantenerla fuera de todo peligro había hecho que incoscientemente la alejara de él. El vulcano tomó el comunicador que ella le brindaba, en realidad no lo necesitaba pues sabía como encontrarla y en caso de necesitarlo nadie le impediria llegar hasta ella, pero comprendía que aquello significaba mucho para Cristina y en cierta manera sentiría a Sirril más cerca.
- Cristina, que me aleje no significa que no te quiera... espero que tengas eso claro... siempre te querré. Lo llevaré siempre conmigo y si necesitas contactarme no dudes en hacerlo, este donde este te escucharé.
Sirril acarició el rostro de Cristina, con quien siempre tendría un vinculo especial.
Motivo: Sirril Malvado
Tirada: 1d100
Dificultad: 98+
Resultado: 35 (Fracaso) [35]
Cristina iba a retirarse a la mesa con los demás cuando Sirril la retuvo, la española escuchó al vulcano y dejó que la tocara, los sentimientos que le profesaba siempre eran tan dispares como intensos. Amaba a dos hombres completamente distintos y no quería renunciar a ninguno de ellos, la diferencia es que uno de ellos estaba y el otro prefería alejarse. Además cada uno despertaba un lado opuesto en Cristina… el luminoso y el oscuro. Aunque se había dejado llevar por el oscuro ella siempre volvía a la luz, por lo que la elección estaba clara.
De Alba necesitaba a alguien dispuesto a cogerla de la mano y caminar a su lado, no quería más dramas… la vida de un humano era corta.
- Yo también te quiero… pero no siempre voy a estar, mis días sobre este Universo se acortan. Los humanos no vivimos tanto tiempo como otras especies, por eso sentimos con más fuerza y buscamos la cercanía de nuestros seres queridos. Sé que me escucharás… siempre lo haces… tanto tú como el monstruo que llevas ahí dentro- le posó una mano en el pecho- no me arrepiento de lo que ha pasado, pero si volvemos a vernos, no te vuelvas a acercar a menos que sea para acompañarme.
Si Cristina hubiera visto otra cosa en el vulcano podría haber elegido otra cosa, pero eso quizás habría correspondido a otra realidad, de otra dimensión.
Las palabras de Cristina fueron acogidas por una sonrisa del vulcano, sabía que eran sinceras y en cierta menera compartía esa sensación.
- He luchado con todas mis fuerzas contra mi alterego y daría mi vida por ti una y otra vez ante él... pero después de todo hay algo que envidio de él y es tener el valor de llevarte conmigo sin mirar las consecuencias, pero yo las conozco y no puedo permitirlo. Quizá haya otra vida ahi fuera u otra dimensión en la que estemos juntos, esto no es una despedida para siempre.
Cristina recuperó la oscuridad de la que había hecho gala en anteriores ocasiones y se acercó al oído de Sirril.
- Quizás eso es lo que deberías de haber hecho… en el mundo de la nebulosa… tú escogiste a un elfo mentiroso, yo a una hechicera desmemoriada que en realidad era una vampira con poderes mágicos que se sentaba en un trono de sangre… ¿No te parece revelador? O puede que no… ¿quién sabe?- lo miró una vez más a escasos centímetros de su labios y le dio un beso fugaz, pero con fuerza. Para después retirarse.
Cuando Cristina le dio aquel beso Sirril pudo sentirlo profundamente, vio como Cristina se despedía y antes de que le soltará la mano la tomó acercándola para darle un último beso en los labios, tras aquello la miró.
- Quizá...
Para después darse finalmente la vuelta y alejarse.
Motivo: Sirril malvado
Tirada: 1d100
Resultado: 4(+98)=102 [4]
Motivo: Sirril malvado
Tirada: 1d100
Dificultad: 98+
Resultado: 93 (Fracaso) [93]
Casí... ;)
Cristina volvió con los demás sin la compañía de Sirril, se sentó y se bebió de un trago el té. Tras unos segundos se decidió a hablar.
- No sé si volveremos a vernos… pero si me necesitáis en cualquier momento podréis encontrarme en este número encriptado- les mostró una numeración fácil de recordar el número de serie y las siglas de la Exaclibur con una BBC al final- Si dejáis un mensaje lo veré, de igual forma que también me puedo comunicar con vosotros, sería una forma de estar en contacto de manera segura.
Desde lejos, los curiosos pueden ver a la pareja hablar, serios al principio, luego cada vez más cerca. Becca responde algo a Bert, también un discurso largo, pero sin tantos aspavientos, más contenida. Luego, se quedan en silencio, mirándose.
Finalmente, Bert hace algo impropio, algo muy antiguo, algo quizás un poco asqueroso. Escupe en su mano y la tiende hacia Becca.
Ella lo mira, primero a la mano, luego a él, otra vez a la mano tendida.
Suelta una carcajada y la estrecha, haciendo ambos grandes aspavientos.
Luego se abrazan y Bert la levanta, dando una vuelta sobre sí mismo.
Cogidos de la cintura regresan a la mesa.
Bert se queda en silencio con los ojos húmedos.
Suspira, esboza una pequeña sonrisa de medio lado.
Se lleva la palma a la boca, parece escupir y la extiende hacia Becca.
-Es un trato.
Es el gesto más inesperado que Becca podía imaginar, pero Bert no le da tiempo a reaccionar.
-A ver, el tata Ambrose era de la vieja escuela, pero ni siquiera él escupia de verdad. Es sólo una tradición. Viene muy al caso para cerrar compras de tarados, ¿no?
Luego, mientras vuelve a la mesa, Bert le susurra:
-No... no necesito que me admires, Becc, sólo sentir que estamos juntos. Nada más.
Becca y Bert regresan a la Mesa juntos y se nota que la pareja sigue en pie.
Escuchan a Cristina dar su número de contacto y Becca lo repite en su mente dos o tres veces.
- Todos mantendremos el contacto y espero que nos veamos con cierta frecuencia, serán siempre bienvenidos a nuestra casa, estemos donde estemos.
Un placer coincidir con cada uno, el próximo encuentro que sea sin "imprevistos" por favor jajajajaja
Ruby llamó su atención con un codazo cariñoso y señaló en dirección a la puerta. Staafar enarcó la ceja al ver que Becca y Bert volviendo juntos y de buen humor. Un gesto poco expresivo, pero ya sabían interpretar como el equivalente a una sonrisa de oreja a oreja en términos humanos. Al menos, en aquel contexto.
—Si todo sale bien, volveremos a vernos todos más pronto que tarde —dijo, en referencia a su futura boda. Esperaba que todo saliese bien. Desde luego, tendría que mostrarles la parte más racional de su decisión. Además, había al menos un antecedente en cuanto a emisarios vulcanos casados con mujeres humanas se refiere.
Dejaron también sus contactos, junto al resto.
La noche había avanzado sin que nadie la contara.
Las conversaciones se habían ido transformando, como capas que se superponen: primero la incredulidad, luego la necesidad de entender, después la risa… y finalmente, ese territorio más silencioso donde ya no hacía falta explicar nada.
La banda seguía tocando. El blues había mutado en algo más suave, casi íntimo. Como si también entendiera que aquella mesa no era una más. Que allí se estaba cerrando algo que no volvería a repetirse del mismo modo.
Los vasos estaban a medio vaciar, y las palabras… también. Ya no había grandes declaraciones. Solo fragmentos.
Promesas que nadie formalizaba del todo, pero que todos entendían.
“Nos veremos” “Cuando estés en la Tierra…” , “Avísame si pasas por…” Pequeños puentes lanzados hacia un futuro incierto.
Cristina observó el grupo en silencio durante unos segundos; No como capitana; No como comodoro. Como alguien que había compartido algo irrepetible.
Bert y Becca intercambiaban miradas que ya no necesitaban traducción. Había en ellos una calma distinta, una decisión tomada. No era una retirada. Era una elección de vida... construir algo... algo que no necesitaba de las estrellas para tener sentido.
Ruby apoyó su cabeza apenas contra el hombro de Staafar en un gesto breve, casi imperceptible… pero completamente fuera de protocolo vulcano. Él no se apartó. Su ceja no se arqueó esta vez... había cosas que ya no requerían explicación lógica.
Y luego estaban ellos... los que seguirían.
Cristina, con ese fuego tranquilo que ya no era duda sino dirección. El almirantazgo no era un destino lejano. Era un camino que ya había comenzado y logrado otear.
Aakesh… inevitable en su lugar. El puente, la responsabilidad y la estructura. No por inercia, sino porque, en el fondo, era donde mejor entendía el vasto universo que diariamente se dibujaba en la pantalla principal de su nave.
Otros más... Cada uno con su propio vector. En diferentes trayectorias, pero con un mismo origen.
Entonces la medianoche llegó sin anunciarse, pero todos la sintieron. Hasta que alguien miró la hora.
Otro dejó escapar una risa breve, casi incrédula. — Bueno…— dijo alguien — supongo que este es el momento incómodo. - Pero no lo fue... no del todo.
Se levantaron sin prisa. Sillas que se deslizan, telas que se acomodan y miradas que se sostienen un segundo más de lo habitual.
No hubo abrazos dramáticos, hubo algo mejor. Abrazos sinceros.
Aakesh inclinó la cabeza con respeto hacia varios de ellos, aunque con algunos… el gesto se rompió en una cercanía más humana.
Ruby se despidió como siempre: recordando nombres, detalles, prometiendo escribir… y, por una vez, sabiendo que lo haría.
Bert y Becca fueron de los primeros en salir. No porque quisieran irse. Sino porque ya sabían hacia dónde ir.
Staafar y Ruby se quedaron un instante más en la puerta. Miraron atrás. Luego, sin palabras, avanzaron juntos.
Cristina fue de las últimas. Se detuvo un segundo en la salida.
Observó el interior del bar, la mesa, los vasos. El lugar donde, por unas horas, el tiempo había sido algo distinto. Y luego salió.
Afuera, la Tierra seguía girando, indiferente pero perfecta en su normalidad. El cielo no tenía anomalías, no había cristales. Tampoco había entidades observando.
Solo estrellas... Las mismas de siempre. Y, sin embargo… No eran las mismas... Porque ellos tampoco lo eran.
Algunos construirían sus vidas lejos del uniforme. Otros lo vestirían nuevamente en cuestión de días y algunos buscarían respuestas.
Otros aprenderían a vivir con las preguntas. Pero todos llevarían consigo algo que no podía registrarse en ningún informe de la Flota.
Algo que no podía explicarse en términos científicos ni diplomáticos. Habían visto lo que había más allá de lo medible.
Habían elegido. Y, por una vez… Esa elección había sido completamente suya.
En algún punto del espacio, lejos de toda cartografía conocida, los Vel’Kesh continuarían su labor, observando, esperando.
Y quizá… recordando.
Sin embargo en la Tierra, en un bar cualquiera, una mesa quedó vacía. Pero no abandonada.
Solo… cerrada, como se cierran las buenas historias.
No con un final.
Sino con la certeza de que, en algún lugar del tiempo…
volverán a cruzarse.
El aire de Vulcano no se movía.
No como en la Tierra. No como en ninguna parte donde la vida se apoyara en el viento para sentirse presente. Allí, todo parecía existir en equilibrio estático, como si el planeta mismo respirara en intervalos demasiado largos para ser percibidos.
El templo se alzaba en medio de esa quietud. El templo de Amonak. Un sitio de piedra antigua y geometría precisa. De luz dura filtrándose desde lo alto, cayendo como una verdad imposible de esquivar.
Los monjes se habían retirado en silencio, como correspondía. No hubo palabras finales. Tampoco hubo gestos innecesarios, porque el ritual había concluido.
El fal-tor-pan… había sido ejecutado.
Hannah Lightman permanecía sola... o casi.
Frente a ella, sobre la losa ceremonial, yacía el cuerpo inmóvil de Delios Villiers. Su respiración era apenas perceptible, un hilo fino que oscilaba entre la vida y algo que no terminaba de definirse.
Ambos vestían las túnicas rituales. Ambos habían cruzado un umbral del que no se regresaba igual.
Hannah no se movía. Pero no era quietud...Era tensión contenida.
Sus manos, entrelazadas, se aflojaban y tensaban en pequeños ciclos. Su mirada no se apartaba del rostro del capitán. Había pasado por demasiadas cosas, visto demasiadas imposibilidades como para dudar ahora.
Y aun así… la espera pesaba, más que cualquier anomalía. Más que cualquier decisión tomada en el puente de una nave, porque esta vez no había protocolo. Tampoco había misión.
Solo una verdad que había crecido en silencio, entre informes, crisis y decisiones imposibles. Y que ahora… exigía ser dicha.
Un leve cambio, apenas perceptible.
El pecho de Villiers se elevó con más firmeza. Y un segundo después… sus dedos se movieron.
Hannah dio un paso adelante sin darse cuenta. -Capitán… -susurró, con una voz que no había usado nunca en servicio.
Los ojos de Delios Villiers se abrieron. Sin confusión ni desorientación. Se abrieron con urgencia y en un movimiento súbito, su mano buscó la de Hannah y la aferró con fuerza. Demasiada fuerza para alguien que acababa de regresar de la nada.
-¡Consejera, no hay tiempo que perder! - La voz era clara, firme; Cargada de una intensidad que no pertenecía a ese momento.
-¡Tus compañeros, Staafar, Bert y los demás están en grave peligro! - Hannah parpadeó. Atónita.
El mundo no encajaba... No aquí. No ahora.
-¡Debemos viajar al pasado a advertirles que…! - Y entonces...
Las campanas del templo sonaron con fuerza. El sonido llenó el espacio, profundo, resonante… absoluto. La frase de Villiers se perdió en la distancia. Solo siendo escuchada por Hannah.
Hannah no soltó su mano, no podía. No ahora.
No cuando todo volvía a empezar, porque lo entendió. El tiempo no estaba cerrado... Nunca lo había estado.
Y aquello, aquello no era un final. Era otra bifurcación, otra elección.
Otra historia esperando ser vivida. Las campanas siguieron sonando... Vulcano permaneció inmóvil.
Y en algún punto entre el deber, el tiempo… y lo que nunca llegó a decirse... la aventura continuaba.