Apenas Liam dio la orden, el ordenador respondió con la eficiencia de siempre.
Una luz ámbar parpadeó en los paneles de las paredes, seguida de una alerta de audio que se propagó por los pasillos de la cubierta. Las puertas de los compartimentos se sellaron automáticamente, restringiendo el acceso a los corredores. Los oficiales en la zona, sorprendidos por la súbita alerta, se apresuraron a seguir las instrucciones y resguardarse en habitaciones cercanas.
Mientras tanto, el replicador cercano emitió un pitido y materializó la Pargemia, el hongo klingon de fuerte aroma. La fragancia densa y terrosa llenó el aire de inmediato. Liam, aún algo sonrojado por su peculiar fuente de datos culinarios, tomó el plato y lo colocó dentro de una habitación vacía cercana.
El Targ, que se había detenido a gruñir a la distancia, levantó la cabeza y olfateó el aire. Con un resoplido, giró bruscamente y se lanzó hacia la fuente del olor, su instinto superando cualquier precaución. Las pesadas patas del animal resonaron contra la cubierta metálica cuando irrumpió en la habitación en busca de la Pargemia.
¡Ssshhht-clank!
Tan pronto como el animal cruzó el umbral, Liam ejecutó el cierre manual de la compuerta. La sala quedó sellada, con el Targ dentro.
Kellan, mientras tanto, analizó los datos de su tricorder con expresión concentrada. La pantalla mostraba lecturas biológicas detalladas.
-Al fin -dijo finalmente el doctor Veran al ver el resultado - Un virus de origen desconocido, pero con patrones de mutación similares a los que se encuentran en Kessik IV. Causa fiebre alta y fatiga severa en la mayoría de las especies humanoides. Lo más probable es que el Targ lo haya contraído en la superficie y lo esté propagando sin mostrar síntomas graves. - Veran, que aún sostenía el phaser, dejó escapar un suspiro de alivio luego de leer en voz alta el informe.
-Bien pensado, doctores. Ahora que está confinado, podemos sedarlo y transportarlo directamente a la bahía de contención. El antivirus estándar para patógenos de Kessik IV debería ser efectivo, pero necesitaremos confirmar la cepa exacta antes de administrarlo-
Ambos asintieron.
-Haremos un barrido con el biofiltro del transportador antes de que lo devuelvan a su dueño. Y, si no funciona, siempre podemos convencer al primer oficial de que este virus le otorga al Targ una “gloriosa fiebre de guerrero” y que lo deje en cuarentena.-
Kellan sonrió ante el comentario y Liam asintió satisfecho. Con el animal seguro y los datos del virus en sus manos, la crisis estaba contenida y con esto el día llegaba a su fin.
Con el “incidente del Targ” resuelto y la emergencia biológica bajo control, el grupo finalmente pudo relajarse. Es algo que se rumoreó durante el resto de la estadía de los miembros de la DTI y que luego quedaría en el olvido por otros eventos más severos y menos hilarantes.
Durante el tiempo restante a bordo de la USS Cerritos, los tripulantes aprovecharon la oportunidad para descansar y explorar la nave.
Algunos visitaron la cubierta de observación, donde el vasto océano de estrellas se extendía más allá de los paneles transparentes. Otros recorrieron la bahía de lanzaderas, donde ingenieros trabajaban en el mantenimiento de pequeños transbordadores de la Flota. Incluso hubo quienes, con curiosidad o resignación, se aventuraron a los holodecks, esperando no verse atrapados en otra simulación de combate klingon.
El comedor permaneció animado, con conversaciones sobre misiones recientes y el siempre excéntrico comportamiento de la tripulación de la Cerritos. No importaba cuántas veces alguien abordara una nave de la Flota, siempre había algo nuevo que descubrir… o alguien peculiar con quien toparse.
Finalmente, el anuncio esperado resonó por los comunicadores internos:
"Atención, tripulación y pasajeros. Procedemos con la aproximación a Espacio Profundo Nueve. Prepárense para el desembarco."
A través de los ventanales, la silueta de la estación Cardassiana se agrandó, con su estructura en forma de araña proyectando sombras entre las estrellas. En las pantallas, el tráfico estelar era constante: transportes civiles, naves de patrulla, cargueros y algún que otro runabout maniobraban en torno a la estación.
Dirigiéndose a la esclusa lateral, el grupo se encontró con un último intercambio de saludos y despedidas. No todos los días se viajaba en una nave como la Cerritos—y aunque el tiempo a bordo había sido breve, había sido suficiente para dejar una impresión duradera.
Con un leve temblor, la compuerta de aire se abrió con un chasquido, y una brisa reciclada de la estación los recibió al cruzar. Dejaban atrás una nave en constante movimiento y adentrándose en una instalación que respiraba historia, conflictos y oportunidades.
La Cerritos se apartó lentamente del puerto de atraque, y con su partida se cerraba un capítulo. Pero al pisar el umbral de Espacio Profundo Nueve, otra misión estaba a punto de comenzar.
