Con su característico encanto y una sonrisa que podía iluminar una galaxia entera, Liora Venn subió al escenario con gracia. Su vestido resplandecía bajo las luces, reflejando los tonos carmesí y dorado que representaban la luna roja del festival.
-¡Gracias, Tarek! Y gracias a todos ustedes por hacer de este festival una experiencia inigualable - exclamó con entusiasmo, dirigiéndose al público con un guiño coqueto -. Han competido, han reído, han bailado… y algunos han probado delicias que jamás olvidarán.-
Algunos asistentes que habían probado el Rokeg Blood Pie de T’Larn se removieron incómodos en sus asientos, lo que provocó algunas carcajadas en la multitud.
-Pero como sabemos que la participación es lo más importante, queremos recompensarlos a todos. Así que, si han sido parte de cualquier concurso o evento, no olviden pasar por la recepción del festival para reclamar su regalo especial-
Un murmullo emocionado recorrió la plaza.
-Cada uno de ustedes se lleva más que un premio… se lleva recuerdos, amistades y, tal vez, nuevas historias para contar. Pero no se preocupen, esto no es una despedida, sino un simple ‘hasta la próxima edición del Festival de la Luna Roja’. ¡Nos vemos el próximo ciclo!-
La multitud aplaudió con entusiasmo mientras fuegos artificiales holográficos iluminaban el techo de la estación, marcando el final oficial del festival.
Mientras el acto de cierre concluía y la multitud comenzaba a dispersarse, algunos comerciantes aprovechaban los últimos instantes para hacer una última oferta a los asistentes que aún rondaban la plaza. Bajo la luz tenue de los faroles flotantes, tres figuras llamaban la atención con sus peculiares productos y su entusiasmo por vender lo que quedaba de su inventario.
Con su túnica azul adornada con patrones plateados y su mirada soñadora, Eldrin Maris se encontraba de pie junto a una pequeña mesa con un expositor de cristales de memoria. Su voz melodiosa flotaba en el aire mientras recitaba fragmentos de sus poemas a los transeúntes, intentando captar su interés.
-"Bajo la luz de la luna roja, susurré tu nombre a las estrellas… y ellas, celosas, lo guardaron en su brillo eterno."-
Hizo una pausa dramática, dejando que sus palabras calaran hondo en los corazones de los oyentes antes de esbozar una leve sonrisa.
-Mis queridos visitantes, ¿por qué dejar este festival sin un recuerdo que perdure más allá del tiempo? -dijo con aire teatral, levantando uno de los pequeños cristales de memoria que resplandecía en su mano-. Estos poemas holográficos podrán proyectarse en sus habitaciones, sus naves… incluso en un holodeck, para revivir la pasión de cada verso una y otra vez.-
Algunos curiosos se acercaron, hojeando las colecciones con interés.
-Ah, joven dama -dijo a una bajorana que examinaba un cristal púrpura-, esa es una obra especial inspirada en los vientos de Risa. Perfecta para noches solitarias o… románticas -agregó con una ceja arqueada.
A un par de metros de distancia, T’Larn, el chef klingon, no tenía la misma sutileza poética de Eldrin, pero sí un volumen de voz que aseguraba que nadie lo ignorara.
-¡No se vayan sin probar el último manjar del festival! -rugió con la pasión propia de un guerrero-. ¡Encurtidos de dinosaurio Selay! ¡Fermentados a la perfección, con un toque de sangre de targh para el auténtico sabor klingon!-
Sostuvo un frasco de vidrio repleto de rodajas carmesí flotando en un líquido especiado que emitía un fuerte aroma picante.
-¡Esto no es comida para débiles! ¡Es un bocado digno de verdaderos guerreros!-
Un nausicaano se acercó con desconfianza, tomó una muestra y la probó con recelo… solo para soltar un bufido de aprobación y comprar dos frascos.
T’Larn sonrió con satisfacción.
-¡Sabía que eras un hombre de honor! -tronó, dándole un fuerte golpe en la espalda que casi lo tumba al suelo.
A un lado, Liam, quien aún tenía el estómago revuelto de su anterior encuentro con la cocina de T’Larn, se limitó a observar la escena con absoluto horror.
Por su parte, Jizzi Fink no tenía intención de quedarse atrás en la última venta del festival. Con su típico atuendo extravagante y sus orejas adornadas con pequeños anillos de oro, sonreía con astucia mientras la chica de Dabo mostraba un padd con una lista de programas descargables para holodeck.
-¡Atención, viajeros y jugadores del Dabo! -llamó, levantando una mano con dramatismo-. Antes de que se vayan a sus naves grises y aburridas… ¿por qué no llevarse un pedazo del Refugio de las Orejas Doradas con ustedes?-
Señaló el padd, donde se desplegaban opciones de entretenimiento de todo tipo: desde una simulación ultrarrealista de una cantina ferengi hasta un escenario de Dabo con probabilidades un poco más favorables para el jugador.
-¿Cansados de perder siempre contra la casa? - susurró a un cliente que aún parecía molesto por su mala suerte en el juego-. Este programa recrea nuestra mesa de Dabo, pero… con ciertas “mejoras” para que no se vayan con las manos vacías. ¡Y es libre de Malware! -
El cliente, aún receloso, miró el padd y luego sacó su latinio.
-No diré que no a una oportunidad justa.-
Jizzi rió entre dientes.
-¡Por supuesto que no! Y por solo cinco tiras de latinio más, le añado un escenario exclusivo donde siempre hay un cliente dispuesto a apostar más de lo que puede permitirse perder.-
La chica de Dabo rodó los ojos pero siguió sonriendo, sabiendo que los negocios nunca descansaban.
Un mensaje de cada uno y cerramos.
Próxima actualización.
Miércoles 12/2

Cristina miró a Bert y Becca como si de un partido de tenis se tratara para después mirar la bebida que les había ofrecido Votix y enarcar una ceja, mientras dejaba fluir sus pensamientos.
“- Ha tenido que ser la bebida… yo me la he bebido entera, ¿Os queda algo? Tal vez sea digna de un análisis. Con la cantidad d pelis de espías que he visto y voy y caigo como una novata… que malo es hacerse mayor.”
Al no volver a ver aparecer a Votix y dado que ya todos se iban, desdeñó su paranoica idea y se unió a Kellan en su camino hacia la salida.
Le tomó del brazo, como quien se cuelga del brazo de un amigo. Prefirió eso a coger la mano que él le extendía. Cogerle de la mano era un acto que implicaba cierta intimidad y tampoco quería que se malinterpretara por ninguna de las dos partes. Ahora debía centrarse en la nueva misión que les iban a encomendar.
- Por cierto, habrá que ir a reclamar nuestros premios. Pasemos primero por recepción, tengo curiosidad por ver con que nos obsequiarán.
Staafar ojeó distraídamente los expositores de Eldrin y T'Larn mientras le daba vueltas a lo que le había dicho su compañero respecto al doctor Arthur Zoidberg. Era completamente lógico desconfiar de él debido a la situación tan azarosa en la que estaban en vueltos. Sin embargo, aún no les había dado motivos de preocupación más allá de algunas pruebas que habían desembocado de formas enrevesadas y peligrosas. Kehoe hacía bien siendo escéptico, pero lo más adecuado era verle, por el momento, como a un «buen tipo».
Iba caminando con el resto de sus compañeros. También le intrigaba saber qué premios recibirían. No es que tuviese el apego emocional por los objetos que exhibían algunas especies como la humana, pero le podía la curiosidad. Había ganado en dos de las competiciones. ¿Qué clase de recompensa recibiría? Aunque, si le preguntaban, el verdadero premio había sido conocer a gente tan diversa y haber podido compartir experiencias con ellos.
—Debo reconocer que este festival ha sido realmente estimulante —les comentó a Becca y a Bert—. La próxima vez me aseguraré de traer a Ruby.
Todo estaba medido y todo tenía motivo de ser, la bebida no era excepción.
Votix los había conectado mentalmente y por suerte para Becca la Capitana y Bert eran Los únicos que tomaron.
Está era la forma más rápida de contarlo todo que se le hubiera ocurrido, gracias a Votix su inusual amigo .
- Bueno, no perdere un segundo de este Don... Votix es un Q, en algún momento pareja de Queenie hoy definitivamente No, hablamos y me explico que intercedió por mi ante ella y logro bajar la pena que me correspondía pero eso hizo que en consecuencia ella me condenará con este cuerpo Synth. Jhonny es ahora parte del universo y al parecer está bien y seguro, pero no volverá a ser humano. La misión que nos día a Jhonny y a mí Queenie era la de trabajar juntos y ganar sin ayuda, por algún motivo fracasamos. En el universo espejo Jhonny me declaro su amor y cuando lo rechacé me secuestro, vi como explotaba la nave y fue en ese momento que apareció Queenie. Que más? En cuando algo se ponga muy difícil con Bert nos iremos a nuestra casa y le diremos adiós a la DTI, está aprobado por la DTI.creo que el resto lo podemos hablar sin miedos y públicamente.
-Ya me había olvidado- comentó a Hannah y Staafar al recordarle los premios. Los últimos entretenimientos le habían distraído.
Se giró un momento hacia Becca y la examinó antes de preguntarle. -¿cómo te encuentras?- comentó con su típico tono amigable. Aún le intrigaba lo sucedido con la chica, y tenía mucha curiosidad por saber qu había pasado y se que forma podría ayudarla. Pero no quería atosigarla y lo primero era dejarle espacio para que ella asimilase lo acontecido. Esperaba que ella supiese que podía contar con él para aquello que necesitase.
-¿Y tu pierna, Bert? ¿Crees que podremos rebajar la dosis de calmantes? sería bueno probar una temporada.- sonrió al hombre.
Negó con la cabeza. -disculpad. Quizá no sea el momento.- dijo volviendo a mirar al frente mientras avanzaban. Quizá ese día tendría que terminar como estaba, con todos disfrutando y relajándose y mañana ya sería un nuevo día. Listo para volver al trabajo. Miró a su alrededor, contento de haber podido disfrutar de al menos un día así con aquella gente que comenzaba a apreciar como algo más que simples compañeros.
Bert mira de hito en hito a la Capitana y a Becca.
No necesitan ese recién adquirido contacto telepático para entender lo que pasa por la mente del ingeniero. Su rostro expresivo, los ojos muy abiertos y boqueando como un pez sacado del agua, indica claramente su sorpresa y mil preguntas, todavía en un nivel subconsciente, por lo que sus mentes no son inundadas con cuestiones como:
¿ha sido la bebida? ¿qué ha hecho Votix? ¿es permanente? ¿un premio? ¿una maldición? ¿cuál es el truco? ¿Oh, jamás, jamás volveré a fijarme en las piernas de XXXX(*)? La figura de Becc es maravillosa, totalmente proporcionada, pero esas piernas interminables... es un interés puramente ingenieril, claro.
Becc, ¡te quiero!
Ese pensamiento sí llega con fuerza, pero es acallado con un toque cálido de Becca, que rápidamente inunda el canal telepático con una rápida puesta al día de lo que han pasado.
¿Podría ELLA saber lo que piensan?
No, no ahora, decide el ingeniero y ellas lo perciben claramente.
ELLA -en su mente, Queenie siempre es ELLA, con mayúsculas, el temor que le tiene permanece en su mente y es casi palpable-quería que lo encontrara por ella, pero no podía decírselo a nadie ¡no entiendo el motivo! Si yo lo podía encontrar, ella por fuerza tenía que saber quién era y dónde estaba. Acaso sería un juego con los que tanto disfrutaba ELLA... no lo sé.
El asunto es que no fui capaz, Votix parecía buena persona y había ayudado a Becc ¡la había salvado! ¿Cómo iba a sacrificarlo? Tampoco es que fuera mucho mejor, quise ser más listo y apuntar a Arthur y fallé.
Fui mezquino y puse a todo el mundo en peligro. Lo siento, Capitana.
En cuando algo se ponga muy difícil con Bert nos iremos a nuestra casa y le diremos adiós a la DTI, está aprobado por la DTI
Pero lo haremos lo mejor posible.
En otro momento, Bert hubiera afirmado que no fallarían. Becca sujeta la mano de su marido y sonríe con un toque melancólico.
(*) ¡Vaya! De algún modo, Bert logra esconder el nombre.
Durante unos momentos, todo el mundo puede ver a Bert boquear y gesticular a la Capitana y a Becca. Quizás algo le ha sentado mal.
Cuando el doctor Lee se acerca, Bert ya parece recuperado y de nuevo abrazado a su mujer, como si fuera un salvavidas en mitad de la tormenta.
-¿Y tu pierna, Bert? ¿Crees que podremos rebajar la dosis de calmantes? sería bueno probar una temporada.- sonrió al hombre.
El ingeniero asiente y sonríe.
-Ahora estamos mejor, muchas gracias. Es hora de dejar la medicación, doctor. No vamos a aficionarnos como el tata Ambrose con su julepe de menta. Tenía razón, señor Lee. Haremos caso al médico.
Y el viejo Bert reaparece con su entusiasmo contagioso.
-Sin duda ha sido una experiencia este festival, pero aquí estamos todos, juntos. Y tendremos que asegurarnos una plaza para la próxima. Ruby no puede perdérselo otra vez -el ingeniero extiende el brazo pasándolo por la espalda de Staafar y agarrándolo por el hombro, dándole un achuchón (sin separarse de Becca).
-Tenemos que ver ese recuerdo para todo el mundo, pero si me lo permiten. ¡Disculpe, excelsa poetisa Maris! ¿Podría componer un holo para nosotros? Mire, ésta es nuestra Capitana de Alba, una mujer de armas tomar, heredera de una dinastía de líderes; aquí está Staafar un vulcano sin parangón, sabio como él solo; éste es el devoto y leal Sirril, no siempre claro, pero siempre fiel; los doctores Lee y Kehoe que impiden que hagamos locuras y nos mantienen sanos; la señorita Lightman que tiene una voz de oro y está dispuesta a desentrañar los más intrincados secretos del universo; Becc, bueno, Becca es la mejor ingeniera de la galaxia...
Venid, por favor, no dejéis que sea yo quien lo haga todo. Si fuera cambiar la polaridad del acoplador de flujo de las toveras de dispersión no tendría problema, pero la poesía no es lo mío.
¿Eso es un cristal empático? Entonces podría tomar nuestras emociones y componer algo, ¿verdad?
A ver, esto es todo lo que tengo. Es una pieza de la vieja Tierra -¿de dónde ha sacado Bert un reloj de mesa del siglo XIX?- Lleva en mi familia... no lo sé, siglos. ¿Cree que podría intercambiarlo por esa composición empática? Sólo con los buenos momentos. ¡Ese karaoke final! Sí, guardar esa emoción... ¿Lo cree posible? Por favor.
-Y añada el recuerdo de otra persona, Johnny Lightman. Pregúntele a Becca...
Vale, me he venido un poco arriba, pero si pudiera es lo que haría el bueno de Bert.
Cristina recibió los pensamientos de Becca y Bert tratando de analizarlos y entenderlos, cuando le informaron que Votix era un Q no pudo evitar asombrarse… jamás lo hubiera imaginado en especial porque el concepto que se había forjado de los Q era pésima, dada la experiencia.
- Votix un Q… vaya, jamás lo hubiera imaginado. Estaba convencida de que todos los Q son unos desalmados que juegan con los mortales como si fuéramos sus juguetes… Lo que no entiendo es por qué esa creación de Quennie por no querer que habláramos entre nosotros de nuestras respectivas “misiones” a Kellan y a mí nos encargó que debíamos de resolver el cubo imposible, un artefacto que nadie había conseguido resolver, y además debíamos estar juntos y no separarnos más de diez metros o volveríamos con los zombis al Universo Espejo. En nuestro caso fuimos capaces de hacerlo y de paso descubrimos que el bueno del doctor es uno de mis descendientes… es una especie de nieto, por parte de uno de mis hijos…
Al pensar en sus hijos una honda tristeza y melancolía recorrió el pensamiento de la capitana, no iba a a dejar nunca de amarlos y querer abrazarlos, pero procuró que la pena no la ahogara y continuó con su hijo principal de pensamiento.
Cuando Becca comentó lo de la intercesión de Votix, De Alba recordó la llamada que ella realizó a Quennie para interceder por Becca y Jhonny, como llegaron a un trato con la Q donde tanto Sirril como ella accedieron a pasar por el laberinto para completarlo, so pena de estar condenados a bagar por la nada para siempre… al recordar las pruebas a los que fueron sometidos sintió el temor inicial, la dificultad de las distintas pruebas y la alegría de haberlas superado para después sentir la decepción por no haber conseguido que Jhonny regresara.
- Vaya si llego a saber que tenías a un Q intercediendo por ti me hubiera estado quieta, pensé que habías sido perdonada por qué Sirril y yo intercedimos y fuimos sometidos a una de las pruebas de Queniee, en cualquier caso me alegra tenerte, aunque sea con una naturaleza distinta.
Tras la explicación del ingeniero Cristina no conseguía comprender del todo.
- Bert… no entiendo del todo tu misión ¿Encontrar a quien? Y… ¿por qué nos ha unido telepáticamente mediante la bebida?
Cristina se había quedado ensimismada unos minutos para después levantarse de su asiento y comenzar a andar unos pasos hacia la salida, ella también consideraba que era hora de finalizar con aquel festival tan curioso, que había terminado por ponerla a prueba en varias ocasiones, la capitana no era la misma que la que había llegado, algo había cambiado en ella aunque siguiera siendo la misma mujer.
- Premios… mientras no sea comida klingon- entonces cuando Bert comenzó a hablar de todos en voz alta, De Alba quiso escabullirse, no le gustaba ser el centro de atención cuando no estaba de servicio, con disimulo comenzó a esquivar a tratar de esquivar a los que iban poniendo rumbo hacia el exterior para terminar por tropezarse y empujar sin querer a varios asistentes.
Las palabras de Arthur no habían sido tranquilizadoras aunque resultaban previsibles después de todo, Sirril había conseguido ganar algo más de lo que tenía en un principio aunque no era algo que realmente le importara ciertamente, había sido más un experimento científico que otra cosa.
Por fin volvió a reunirse con el resto de compañeros para lo que parecía el acto final de la fiesta, había sido una experiencia inolvidable y aquel bello rincón con tal riqueza de especies resultaba sin duda estimulante. Era hora de volver a pensar en su día en día en volver a las preocupaciones que les habían traído hasta allí, en verdad aquellas preocupaciones nunca se fueron pero su cerebro les había dado un respiro.
- Parece que la fiesta llega a su fin.
Eldrin Maris observa a Bert con interés, sopesando la oferta con la delicadeza de un artesano que mide cada palabra antes de ser pronunciada. Sus ojos azul hielo brillan con curiosidad cuando examina el reloj de mesa, un vestigio del pasado de la Tierra, cargado con el peso de generaciones.
-Es una reliquia excepcional - musita, acariciando la madera con la yema de los dedos -. Cargada de historia, de tiempo vivido. Un objeto así merece ser transformado en algo eterno.-
El andoriano levanta la otra mano, revelando el cristal empático, un pequeño prisma que parece vibrar con una energía apenas perceptible.
- Sí, joven, puedo hacerlo. Esta gema no solo captura emociones, sino que también las entrelaza en una obra inmortal. Pero necesito más que palabras. Necesito sentirlo-
Maris observa a los demás con expectación, esperando que compartan sus emociones más puras. El cristal parpadea con un leve resplandor al captar los ecos de la alegría en el karaoke, el compañerismo forjado en cada desafío, la risa compartida, la nostalgia de las despedidas.
Cuando Bert menciona a Johnny Lightman, el poeta asiente solemnemente.
-El recuerdo de aquellos que nos marcaron nunca debe desvanecerse.-
Con un movimiento elegante, presiona el cristal contra el reloj, iniciando el proceso. La gema absorbe la esencia del objeto, fusionando su historia con las memorias más recientes del grupo. Durante unos instantes, una cálida luz azulada envuelve a todos los presentes.
Finalmente, Maris extiende la nueva creación hacia Bert.
-Aquí está. Un poema empático, tejido con las emociones de todos ustedes. Quien lo sostenga podrá revivir esos momentos, sentir la unión de su equipo, el eco de las risas y la sombra de los que han partido. Que siempre les recuerde quiénes son y de dónde vienen-
El cristal ahora es una joya única, pulsante con recuerdos, un testamento de su viaje juntos.
Con el discurso de Liora aún resonando en el aire y el bullicio de los últimos mercaderes despidiéndose de los asistentes, los tripulantes de la Flota Estelar se dirigieron hacia la recepción del festival. Allí, un grupo de voluntarios los esperaba con sonrisas y pequeños paquetes envueltos en un fino material translúcido que reflejaba luces tenues de colores, como si atrapara el resplandor de una aurora.
Al abrir sus obsequios, encontraron un souvenir conmemorativo del Festival de la Luna Roja: un pequeño medallón con un cristal en el centro, grabado con el emblema del evento. Al tocarlo, el cristal emitía un suave resplandor carmesí y proyectaba una breve imagen holográfica del festival en su apogeo: risas, música, danzas y los momentos más memorables vividos en estos días de celebración.
-Un recuerdo que nunca se desvanecerá -comentó uno de los voluntarios con orgullo-. Llévenlo con ustedes dondequiera que vayan.-
Los concursantes intercambiaron miradas. Por más ligeros que fueran esos días, había algo especial en ese festival. Un respiro antes de lo que vendría.
Justo cuando comenzaban a despedirse, el distintivo pitido de sus comunicadores se activó.
-Aquí el USS Cerritos -anunció la voz formal de un oficial de transporte -Preparen su equipo. Procederemos a transportarlos a bordo en los próximos minutos-
El momento había llegado. Con los regalos en mano y el peso de la misión asomándose en el horizonte, dieron un último vistazo a la estación, grabando cada detalle en sus memorias antes de tocar sus insignias y confirmar su partida.
Un instante después, la energía del transportador los envolvió en un brillo dorado.
El Festival de la Luna Roja llegaba a su fin.
La verdadera aventura estaba por comenzar.
