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Tenebris diebus - El ladrón de humo

Diarios e Historias

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30/10/2018, 17:37
Narradora

Diarios e Historias

Recopilación de fragmentos, relatos e historias escritos por los jugadores.

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30/10/2018, 17:44
Daire O'Connor

La Bestia

Una gota de sudor frío corría por la sien de Daire. Sus ojos, fijos en la silueta recortada contra la luz del atardecer. Los de la bestia, fijos en el preciado recipiente que tenía atrapado entre sus zarpas. Dentro, algo cuyo valor no era capaz de comprender. No podía dejar que lo destrozara.

-Buen chico...

La criatura se giró para mirarle. Su mirada fría y calculadora produjo un escalofrío que recorrió toda la espina de Daire. Unos ojos indiferentes, inmunes a cualquier tipo de súplica. La mayor parte de las criaturas con las que Daire trabajaba podían ser apaciguadas, de alguna manera. Pero no aquella: la bestia no atendía a razones. Su actitud destructiva no se debía a la incomprensión de aquellos que habían tratado con ella, ni al error de algún metepatas que había intentado traérsela con él a un hábitat antinatural.

En sus ojos había malicia. Y Daire sabía que solo tendría una oportunidad.

-Hagamos un trato, ¿quieres?

Cometió el error de dar un paso adelante. La criatura volvió a bajar la mirada, y empujó el recipiente un par de centímetros. Un simple gesto, apenas perceptible, pero calculado a la perfección para situarlo al borde del abismo. Daire se quedó congelado, como una estatua. ¿Qué hacer?

La criatura volvió a mirarle, como retándole. Dotada de una sorprendente inteligencia, sabía que tenía a Daire contra las cuerdas. El mago se planteó la posibilidad de coger su varita. Un hechizo de petrificación, quizás. O uno de levitación... Pero descartó la idea rápidamente. No tendría tiempo, los dos eran conscientes. En lo que llevaba la mano a su pantalón, el objeto que tanto le había costado conseguir ya estaría cayendo al vacío. Confiar en que su habilidad sería suficiente, llegado a ese punto, era pura arrogancia.

¿Pero qué otra opción tenía?

Inspiró, intentando calmarse y mantener la cabeza fría.

-Tú ganas -mantuvo el contacto visual, consciente de que la bestia comprendía cada palabra de lo que decía-. No te obligaré a hacer nada, si me lo devuelves. Una vez lo tenga en mis manos, serás libre.

La criatura pareció sopesar sus palabras. Tras unos segundos, apartó la pata unos centímetros... Y en ese momento, Daire lanzó su mano al pantalón, intentando desenfundar la varita a tiempo.

Fue entonces cuando comprendió que todo había sido una trampa. La criatura solo había estado jugando con él: nunca tuvo intención de echarse atrás. Girándose, golpeó la bolsa con la cola... Y Daire no tuvo tiempo de agarrarla antes de que se despeñara por el borde de la ventana.

-¡Nooooo! -se giró hacia la derecha para lanzar una mirada acusadora al responsable, que había subido encima del sofá con actitud casual, como si la cosa no fuera con él. El meneo de la cola delataba, sin embargo, la satisfacción que sentía al contemplar el resultado de sus fechorías-. ¡¿Sabes cuánto me ha costado esa comida?! ¡Ni siquiera le has dado una triste oportunidad! -miró hacia abajo, con tristeza, observando los restos de la bolsa despatarrada por los suelos. Las palabras "premium" y "dieta equilibrada" todavía podían distinguirse, incluso a esa distancia.

Batta bostezó, ignorando a Daire. El irlandés se giró, indignado.

-Mira, te estás poniendo como una bola. Tenemos que cortar con la comida basura, ¿me oyes?

-Meow.

-Ni meow ni nada. Voy a ir ahí abajo, y voy a recoger lo que pueda salvar. Y luego tú vas a... ¡Eh! ¡No se te ocurra darme la espalda, bichejo! ¡Cómo salgas por esa puerta te juro que...! Umm...

...

-Puto kneazle.

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07/11/2018, 22:40
El ladrón de humo

Lealtad

Un sonoro «crack» desgarró el silencio nocturno que reinaba en la pequeña villa. Contuvo el aliento. Un segundo. Dos segundos. Tres segundos… Nada ocurrió. Los segundos continuaron apilándose hasta formar el minuto, y en la lejanía un reloj anunció las cinco y media. Los efectos de la poción se habían desvanecido por completo, lo que significaba que debía esconderse de inmediato. Decidió moverse, sosteniendo firmemente a la criatura contra su pecho. Temblaba y la sangre cálida empapaba sus ropas, pegándolas a su estómago.

Con cautela abandonó la oscuridad del callejón, deslizándose cerca de las paredes y suavizando la luz titilante de las lámparas con un gesto de su varita. La oscuridad era su aliada, pero en la lejanía el cielo comenzaba a clarear débilmente: debía darse prisa. Su cabeza bullía, su corazón galopaba, pero los pensamientos continuaban a raya. No era el momento de perder los nervios… todavía.

Al llegar al número 12 se escurrió hacia la parte trasera, huyendo de las ventanas, y llamó a la puerta con los nudillos. Las patas de una silla arrastrándose sobre el parqué se escucharon de inmediato, seguidas por pasos urgentes.

Extranjero, la noche es fría y busco refugio —anunció, y la puerta se abrió de inmediato descubriendo la presencia de una mujer.

¡Dioses! ¿Estás bien? ¿Lo tienes? —preguntó de inmediato. Había cierto alivio en su rostro, en la profundidad de sus ojos, pero su voz sonó rota.

La mujer se apartó de la entrada para que pasase y cerró la puerta tras de sí, recitando un hechizo de impasibilidad sobre la misma.

Lo tengo, lo tengo. Pero lo han herido. Lo han herido por mi culpa... —Le tendió el objeto, queriendo librarse de él, y acarició de nuevo el denso pelaje de la criatura. —Ya pasó, ya pasó…

¿Te han visto? Mierda… ¿Cómo? ¿Qué ha pasado?

Luego. Necesito algo para cerrar la herida. ¡Ya!

En lo que su amiga salía disparada fuera de la habitación, se deshizo de la túnica haciéndola un rebullo sobre la mesa de la cocina, posando al animal con un cuidado infinito. Después se quitó la camiseta empapada, tirándola al suelo después de restregarse el pecho con ella, tratando de deshacerse de la sangre. Intentó recordar, organizar sus pensamiento y no dejarse apresar por el pánico ahora que estaba en un lugar seguro. Había sido culpa suya. El animal, en toda su buena voluntad, se había interpuesto en el camino de la maldición. Una lealtad así no se encontraba en ningún otro lugar.

Por el rabillo del ojo captó el brillo de la caja. La odiaba. Todo por aquel dichoso objeto… No. No por el objeto, trató de recordarse. No por el objeto.

Los pasos regresaron acompañados del peculiar tintineo de los viales. La mujer portaba una caja con multitud de pociones, la mayoría sin etiquetar. Siempre sabía qué era qué; siempre había sido una maestra en pociones.

Díctamo. Unas gotas deberían bastar —explicó, tendiéndole un frasco.

Mientras abría la diminuta botella y aplicaba la dosis, su amiga se movió por la cocina abriendo y cerrando cajones. Regresó con varios trapos limpios y una palangana con agua que calentó rápidamente con un movimiento de su varita. Comenzaron a trabajar. Los siguientes minutos se perdieron en un silencio tan solo roto por los quejidos y sollozos del animal. Minutos en los que el nudo de su garganta no hizo más que aferrarse con más fuerza. De vez en cuando sus miradas se encontraban y sabían que todo había empezado a torcerse. El tiempo apremiaba.

¿Pawl? —se atrevió a preguntar, su mirada escurriéndose hacia el salón.

Sigue dormido, pero tenemos que actuar con rapidez antes de que se haga muy tarde. Se nos está echando el tiempo encima y...

No puedo devolverlo —cortó, antes de que pudiese continuar.— Creo que me han reconocido. Bueno, a él.

¿Qué? Se suponía... —Pero ella misma cerró los labios.

Tomó aire. Cerró los ojos, una mano posada sobre la pobre criatura, tratando de confortarla. Los dedos del animal se cerraron sobre su mano y una lágrima se le escapó.

No pude deshacer uno de los hechizos defensivos. Apareció uno de los guardias y... —sacudió la cabeza recordando el destello rojizo y el chillido que lo había sucedido.— En unas horas van a estar en la puerta de su casa. No puedo hacerle eso.

Su amiga dudó; pudo verlo en sus ojos. Tenía un plan. Ella siempre tenía un plan.

Escúchame. He estado revisando algunos libros. Encantamiento desmemorizador y, no, escúchame. Podemos poner una runa protectora en él, escondida. No podrán romper el encantamiento ni recuperar esa memoria. Estará a salvo, te lo prometo, pero no podemos retenerlo aquí sin usar la maldición Imperius y no quiero recurrir a eso.

Su mano se cerró en un puño firme, haciendo que sus nudillos perdiesen color. Nadie lo habría notado, pues sus manos estaban manchadas de sangre. Volvió a mirarla.

¡No va a estar a salvo si lo liberamos! —restalló, y el animal se encogió sobre sí mismo.— ¿Te crees que no intentarán torturarlo cuando estén desesperados? ¿Que no usarán otras maldiciones Imperdonables con él? En el momento en que pise su casa va a tener a medio ministerio allí. ¡La he cagado, joder!

Pero su amiga no iba a dejar que perdiese la cabeza en aquel momento. Siempre había sido la más sensata. Sorteó la mesa que hacía de barrera y aferró sus hombros con firmeza. Era incapaz de mirarla, pero sentía su mirada clavada como un puñal. Cuando habló, lo hizo con aquel tono firme e inamovible.

No. Esto no es culpa tuya, ¿me oyes? Y no voy a permitir que pienses lo contrario. Lo que estamos haciendo… Debía hacerse. Eres muy, muy valiente por cargar con esta responsabilidad y esto no es culpa tuya. Vamos a encontrar una solución, como siempre hemos hecho, y sabes que voy a estar contigo hasta el final.

Sacudió la cabeza, negando. En aquel momento habría sido incapaz de mirar su propio reflejo.

No… Ha sido un error, tendría que… Acabo de… arruinar su vida, su familia. No puedo entregar a Marcus en bandeja. No puedo condenarlo a ese destino. Es... precisamente por eso por lo que estamos haciendo esto, para evitarlo.

Lo sé. Lo sé… —insistió, relajando el tono todavía sin aflojar sus manos.— Y sé que lo has hecho lo mejor que has podido. Eres muy noble.

No. Lo que he sido ha sido muy ignorante y... despreciable.

La notó respirar, apresar el aire bajo sus costillas reformulando sus pensamientos. Habían tenido aquella discusión cientos de veces, y siempre terminaba igual. Por eso, decidió no insistir.

Sabíamos que esto podía pasar, ¿no?. Escúchame. Estamos yendo a contrarreloj y no puedo darle más pociones o vamos a terminar haciéndole daño de verdad. Necesitamos tomar una decisión, pero no ahora, ¿de acuerdo? Tienes que descansar, volver al ministerio. No podemos arriesgarnos a levantar sospechas. Borremos su memoria, solo lo esencial. Por precaución. Veamos cómo se desarrollan los acontecimientos durante la mañana. Quizás nadie te reconoció después de todo. Podemos esperar.

Sus palabras tenían sentido y quería creer en el susurro de su voz, pero sabía que no iba a ser tan sencillo. Ya había habido un herido, aquella inocente criatura, y solo era la continuación de todos los que faltaban. Sus ojos regresaron a la caja, la dichosa caja...

De una forma u otra… Nos van a pillar. Nos van a pillar…

Su amiga aguardó un momento, sosteniéndole la mirada. Finalmente asintió con decisión.

Lo sé. Y cuando lo hagan… Lo afrontaremos igual que hasta ahora. No voy a dejar que nada te ocurra.

Notas de juego

Pequeño relato de lo que está pasando al otro lado del asunto. Solo para los VIPs :)