Partida Rol por web

El amor en los tiempos del Sida

Epílogo: Una enemistad de por vida

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07/04/2015, 22:12
Narración

Jueves, 26 de diciembre de 1984 - 14:24

Dos días atrás, Rose le había llamado para despedirse. Lo hacía por teléfono, decía, para ser capaz de ello. "Eres demasiado guapo, pero no creo que esto pueda funcionar" fue más o menos lo que le dijo. Fue una llamada muy corta y dolorosa, aún más teniendo en cuenta que tendría que ver a menudo a su madre, que en realidad se le parecía bastante.

En pleno ramalazo de melancolía sidhe, Shyam recibió una carta. La escritura era sobria pero no llevaba firma. Lo citaba allí, en esa cafetería, a esa hora. Pero quien fuera se retrasaba por lo menos diez minutos.

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07/04/2015, 22:18
Lady Dahlia

Al fin llegó Lady Dahlia envuelta en una capa de pieles. Vestía de negro y azul y el frío de sus ojos congelaba el pecho. Regia, tomó asiento frente a él.

-Estoy contenta de que hayáis venido. Esto lo hará mucho más fácil.

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08/04/2015, 00:37
Shyam

Shyam lo entendía. Rose era una muchacha joven con una vida fuera de lo común, y aunque sus semblantes no se distanciasen tanto en edad, eran dos seres muy diferentes. Había sido un fling, una quimera que había terminado por deshacerse y, aun así, sentía que le debía mucho. Intentó transmitirle ánimo –todo lo que una simple llamada permitía-, y la dejó ir si ese era su deseo.

El feudo tenía muchas labores por hacer y la asociación también, y aunque no estaba enfermo se sentía más convaleciente que en años: los síntomas del desengaño. Sin embargo, seguía moviéndose con voluntad férrea. Había recuperado una vida después de muchos años de devoción por los demás, pero parecía no terminar de encajarlo. Eddie y Van Doren iban a ser padres, Nadim se había ido, Calandra disfrutaba de más boas y pintalabios, y, en general, todos parecían tener un rumbo que él había perdido. Quizá por ello el hecho de ver a Lady Dahlia casi le resultó agradable, aunque la recibió con una mirada que le resultaría ofensiva a cualquiera.

-Lo que quiera que vayáis a decirme, no tengo interés en escucharlo. No considero que esté mal lo que he hecho ni he faltado a mi palabra para con vos. No os debo nada. Si queréis perseguirme y volveros mi tormento, adelante, es vuestra decisión.

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08/04/2015, 00:47
Lady Dahlia

Dahlia sonrió.

-Los Fiona no conocéis el miedo. Eso os hace unos necios. Haríais bien en temer mi ira, Shyam. Podríais haberlo tenido todo y en su lugar elegisteis... eso. -Su gesto se arrugó al mencionar, aunque fuese de pasada, a Calandra-. Mas deberíais tener en cuenta que el último hombre que me rechazó y decepcionó murió entre horribles sufrimientos para ver pisoteada su memoria poco después. Lord Stevron fue mucho más grande de lo que vos y esa banda de plebeyos a los que llamáis amigos seréis. ¿Quién os recordará cuando mi tormento os haya tocado?

La Eiluned se levantó tan ágilmente como se había sentado.

-No es una amenaza. Es una promesa. Esta es una enemistad de por vida. San Francisco sigue siendo un lugar muy peligroso y los Fiona suelen brillar mucho antes de desaparecer para siempre. Tenedlo en cuenta, Shyam.

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08/04/2015, 00:55
Shyam

Shyam esbozó una sonrisa agria.

-Me recordarán los amigos que de verdad importan, y no me quitan el sueño lo más mínimo vuestras amenazas porque, ¿quién os recordará a vos? ¿Todos los enemigos que habéis dejado atrás, o los amigos a los que habéis apuñalado por la espalda? Deberíais hacer algo de más utilidad con vuestra corta vida en vez de destilar odio y bilis. Quizá así encontréis alguien que os recuerde con cariño y os sostenga la mano cuando estéis convaleciente, asustada, y sola. A Lord Stevron nunca le faltaron y a mi tampoco, pero vos misma admitísteis que nadie pondría la mano en el fuego por vuestro frío corazón.

Que tengáis una buena tarde.

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08/04/2015, 01:05
Lady Dahlia

-Hay muchas cosas en las que os mentí -murmuró Dahlia al marcharse-. Y una de ellas es mi esperanza de vida. Tengo muchos más años por delante de los que creéis para destruiros...

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08/04/2015, 01:09
Shyam

Shyam se encogió de hombros y ahorró en saliva. Tarde o temprano el Dán ponía a cada persona en su sitio y de una forma u otra aquel momento le llegaría también, igual que le había llegado al corby, a Silveth, y a muchos otros antes y después de estos. Preocuparse ahora no servía de nada, había mucho que hacer.