—¡Ah, tú te refieres al capitán Lassange! Digo: "si yo no conozco a nadie llamado Lassañe"... Vaya, no sabía que tú le conocieras también. Un tipo muy profesional, nos ayudó a conseguir un mapa de las cloacas de Bögenhafen. No recuerdo que tuviéramos ningún problema con él, quizá fue uno de los pocos con los que no tuvimos problemas en la ciudad. Qué curioso, me parece que hayan pasado años desde que le vi por última vez... Y dime, ¿dónde ha interceptado el Berebeli, en el río o aquí en el puerto? ¿Tú crees que tiene Lassange autoridad aquí en Weissbruck para detenernos?
- La tenga o no, ha eso ha venido. - Respondió Quartjin con cierta urgencia. - Tiene una decena de hombres. No creo que sea conveniente que de con nosotros. - Le comentó. - Pero vamos... - Se encogió de hombros. - Él depende del Juez Ritcher de Bögenhafen y tendrá una orden de arresto contra vosotros y seguramente también contra mi. - Le dijo muy serio. - Tenemos el Aurora, quizás lo más sensato sería marchanos inmediatamente de aquí.
—Pero sí yo no he hecho nada... —protesto, antes de darme cuenta de que esa es una actitud muy infantil por mi parte y que a nadie le importa realmente si mis manos están o no manchadas de sangre—. Esto me pasa por juntarme con malas compañías. Seguro que también me acusarán de la carnicería del almacén...
Veo como Joseph me mira interrogante ante está última frase.
—Es mejor que no preguntes. Alder, Gemme y compañía nos meten en casa lío...
Intento localizar a Liza, la pequeña entrometida que aparece y desaparece cada vez que me descuido y que me sigue a todas partes esperando que vuelva a invitarla a comer.
—Eh, tú, renacuaja. Vete corriendo a buscar a los demás y diles que el capitán de la guardia de Bögenhaffen está aquí y quiere arrestar a Adso, a Alder y a Gemme por... Bueno, no necesitas saber por qué, solo díselo. Que si no quieren salir de Weissbruck a toda prisa, al menos busquen un buen lugar donde esconderse una larga temporada. ¡Venga, que no tenemos todo el día! Que yo vea cómo te alejas moviendo esas piernecitas flacuchas.
Me giro de nuevo hacia Joseph.
—En fin, supongo que tienes razón. Seguramente no sepan que tenemos el Aurora y podríamos escapar con él, solo que no tenemos la titularidad de ese barco. ¿Qué tendríamos que hacer para regularizar ese pequeño asunto administrativo, capitán? Porque por lo que a mí respecta es tuyo por derecho propio, pero no sé si los burócratas del Imperio estarán de acuerdo conmigo.
- ¡Si! - Exclamó la niña.
Liza salió corriendo a toda prisa hacia el inmueble donde habían dejaro al resto de la expedición y los tres cadáveres de los sureños. Para cuando la pequeña de cabellos de oro llegó junto al almacén de la puerta roja, Alys Y Ragnar ya saliían del interior del mismo junto con Phineas, seguido de Eka.
- Me ha dicho Chest, que el capitán de no se donde viene a arrestar a Alder. - Le comunicó a los allí presentes.
Alys abrió los ojos de par en par. Lo que Liza acababa de decir era precisamente uno de los principales motivos por los que había decidido quedarse en Weissbruck. No deseaba ese tipo de aventuras en su vida, sino todo lo contrario. Alys de Louvriers quería por encima de todo, una vida apacible y honrada. No obstante, los acontecimientos que estaban teniendo lugar le impedían conseguir esa paz.
- Gracias por todo. - Dijo sinceramente agradecida. - Pero tenemos que marchar... - Reveló algo apenada. - ¡Vámonos Ragnar! - Le pidió al bruto de su marido.
Ragnar frunció el ceño y apretó los labios al recibir las órdenes de su mujer. Parecía evidente que no deseaba dejarles en la estacada y mucho menos después de lo que había sucedido y de como le habían ayudado a reencontrarse con Alys. Siempre les estaría agradecido por la ayuda. Sin embargo, su esposa tenía razón, si la guardia les pillaba allí, junto a Alder a quien buscaban por algún tipo de cargo y junto a tres cadáveres, nunca encontrarían la tan asniada paz.
- Si. - Le respondió como el perro fiel que era. Miró una última vez a sus antiguos compañeros de andanzas. - Gracias. - Acto seguido se dio media vuelta y corrió junto a su esposa perdiéndose entre los callejones circundantes.
- ¿Me buscan a mi? - Preguntó Alder. - ¿Sólo a mi? - Insistió extrañado. - ¡Vamos con Jospeh! ¡Él nos sacará de aquí.
Sin más, el joven bsucavidas salió corriendo para reunirse con Chester y Joseph, junto a él Gemme y Adso que acababan de salir del interior del habitáculo donde los cultistas habían encerrado a Alys, junto a Eka, Phineas y también Liza, se reunieron de nuevo con Jospeh.
- El Aurora está preparado. - Dijo el capitán. - Tenemos que encontrar a su légitimo dueño en Grissenwald... - Sonrió mirando a Chester. - Hasta entonces y mientras no lleguemos allí, podemos usar la nave, ¿si? El funcionario de la exclusa lo permitió. Pero mejor será zarpar antes de que Lassagne le haga cambiar de opinion, ¿si?
Aquella era una advertencia para todos los presentes. Si deseaban seguir abordo del Aurora y bajo la capitanía de Joseph, era el momento de dejar atrás Weissbruck. Si por el contrario, deseaban permanecer más tiempo en aquel pequeño puerto fluvial por tal de averiguar algo más, deberían quedarse en tierra y muy posiblemente, tendrían que acabar viéndoselas con el capitán de la guardia de Bögenhafen.
Dos opciones:
1- Zapar ya.
2- Quedarse en tierra.
No es una sorpresa para mí enterarme de que Ragnar y Alys han huido como ratoncitos en cuanto han olido el peligro. Solo espero que cuiden bien de Lyza, al final he empezado a cogerle cariño a esa renacuaja y todo...
Echo un vistazo al mapa fluvial que encontramos en el Aurora cuando lo abordamos.
—¡Listo y a sus órdenes, mi capitán! —respondo a Joseph, dedicándole mi mejor versión de un saludo marinero—. Podemos pasar por Altdorf, aprovisionarnos y llegar a Kemperbad evitando Grungerg. Y, desde allí, bajar por el canal hasta Grissenwald y buscar pasaje a Nuln o Wissenburg. Ambas son ciudades grandes en los que nos resultará más sencillo pasar desapercibidos.
Gemme observó el panorama. De nuevo llegaba el momento de partir, ahora eran fugitivos... suspiró, aquello era una injusticia, esperaba que tarde o temprano el mundo se diese cuenta de la verdad y dejasen de querer apresarles.
-Bueno, pues ya se ocuparán ellos...- dijo no de muy buen grado dejando atrás el granero con todas aquellas botellas en cajas. Esperaba que las autoridades atasen cabos y embargasen las pociones así como que fuesen capaces de desarticular la banda o al menos una parte importante como para dejarla tocada.
Asintió a Joseph y subió al Aurora. De nuevo a navegar a otro destino. Gemme no tenía muy claro qué les depararía el futuro a partir de ese punto, y también le inquietaba lo que dejaban atrás.
Phineas se encogió de hombros, nada ganaba on quedarse en Weissbruck y sinceramente no sabría por donde empezar si decidían desmantelar el culto. - Zarpemos entonces, no quisera que atrapen a Alder por quedarnos más tiempo del debido.
Lo tenía claro: donde fuese Phineas iría yo y si su decisión era la de abandonar con aquellos extraños ese lugar, así sería.
- Genial. Vamos a ganarnos dos enemigos en una sola noche. - Me quejé mientras colocaba mi hacha a mi espalda para poder arrancar a correr más cómoda de llegado el caso.
- Espero que no te confundas con la elección, querido amigo. Pues creo que ayudándoles con sus amigos, ya pagamos nuestra deuda por ser sacados de aquel asqueroso lugar y traídos a tierra. - Le comenté a Phineas, dado que había tomado la decisión sin consultarme. Algo que no solía pasar nunca. De lo contrarío haría tiempo ya que le hubiese dejado atrás.
Y es que no soy el perro faldero de nadie ni tengo amo a quien perseguir.
Phineas negó con la cabeza ante el comentario de su amiga y le sonrió - Por el contrario, si nos quedamos seguramente los que buscan a Alder tratarán de atraparnos para que lo entreguemos, en cambio si les damos el esquinazo aquí podemos despedirnos en el próximo puerto. - apoyó una mano en su cintura - Si prefieres que nos quedemos aquí e intentemos huir por tierra te acompañaré sin dudarlo, simplemente creo que el barco es la salida más rápida. ¿Que quieres hacer? - preguntó ahora un poco más serio, dispuesto a seguirla si decidía abandonar al grupo.
- Tampoco es que hayamos pasado tanto tiempo con él por aquí como para que nos vayan a perseguir a nosotros.
Entonces miré al suelo, pensativa y noté o más bien me vi la sangre del cuerpo de aquellos desgraciados pegada sobre mí. Las salpicaduras del ataque de Ragnar junto a las del mío no eran algo demasiado llamativas en la oscuridad de la noche pero sí podrían ser un problema. Por lo tanto Phineas tenía razón de nuevo. Era mejor irse y partir en un lugar más tranquilo. Asentí con mi cabeza a mi compañero.
- Tienes razón, como casi siempre. - Le sonrío. - Será mejor que nos demos prisa antes de que los guardias sumen el barco a la aparición de Alder y no tengamos ni eso para salir de aquí. - Y con esas palabras apremié a todos a correr un poco. Si tenía que llevar en mis brazos a aquel viejo capitán, lo haría sin dudarlo.