De todas las sectas del Caos activas dentro de las tierras del Imperio, ninguna es tan poderosa ni está tan arraigada como la Mano Púrpura, culto que veneran a Tzeentch, El que cambia las cosas, con la intención de dominar el Imperio.
La Mano Púrpura es un organización amplia y con numerosos contactos, tiene células diseminadas en todo el Imperio y se ha pasado décadas infiltrando a agentes en posiciones de poder, desde los círculos interiores de las diversas órdenes de caballería hasta los Templarios de Sigmar, pasando incluso por los sacerdotes de mayor nivel de los distintos cultos del Imperio. Controlan a mercaderes, nobles, artesanos y plebeyos por igual. Ahora, mientras otras fuerzas se preparan para atacar el Imperio desde fuera, la Mano Púrpura conspira para derribarlo desde dentro.
Traman planes dentro de los planes, se implican en intrigas y corrupciones, propagan su mácula para situar individuos leales a su causa en los puestos más elevados de cada región. Resulta imposible hacer un recuento de los miembros de la Mano Púrpura: están por todas partes. Una parte de su objetivo principal consiste en reiniciar el cisma causado por las herejías sigmarianas (una época de desesperación y persecución) en un intento de desestabilizar aún más el Imperio.
Su plan es vasto, con una red de objetivos y contingencias tan complejas que ni siquiera los Magisters Magistri, como se autodenominan los líderes de la secta, entienden por completo la totalidad. Los sectarios individuales sólo conocen a un puñado de compañeros, y una fracción infinitesimal del plan. Esto proporciona a la secta una gran seguridad, por lo que un cazador de brujas que capture e interrogue a una docena de sectarios no conseguirá averiguar lo suficiente para perjudicar a la organización en general.
Aunque sus creencias y perspectivas son similares al Culto de la Corona Roja, ambos cultos se odian entre si e intentan destruir al otro como sea. El Culto de la Mano Púrpura busca infiltrarse en posiciones de poder y el Culto de la Corona Roja pretende organizar la población creciente de mutantes y Hombres Bestia del Imperio y prepararles para cuando la autoridad fracase y se inicie la guerra civil.
La Mano Púrpura se dedica a infiltrarse en las altas esferas del poder del Imperio con el objetivo de subvertir la aristocracia desde dentro. Funciona con un sistema de células. Los sectarios están repartidos por toda la nación y las comunicaciones entre ellos son intermitentes, incluso contradictorias. Obsesionadas con el secreto, varias células cambian constantemente sus códigos de reconocimiento, y ocasionalmente un mensajero de un grupo es asesinado por otro tras ser confundido con un cazador de brujas.
Es probable que la secta no haya causado mucho más daño únicamente debido a esta falta de coordinación. A pesar de su ineficacia, la Mano Púrpura es una verdadera amenaza para la estabilidad del Imperio. A lo largo de los años se ha infiltrado en muchas instituciones políticas y religiosas poderosas. Incluso miembros de alto rango de la nobleza o de los cultos de Sigmar y Ulric están siendo manipulados por la Mano Púrpura.

Particularmente en Middenheim, la secta cuenta con un gran número de miembros activos y planes avanzados sobre cómo controlar a la nobleza. El principal impulsor es el magister magistri de la secta, jefe del Círculo Interior, nada menos que el Señor de la Ley Karl-Heinz Wasmeier. Además de las intrigas de Wasmeier, las operaciones de la secta en Middenheim se dividen en tres ámbitos: reclutamiento y adoctrinamiento (Ordo Novitiae), recaudación de fondos (Ordo Impedimentae) e investigación y desarrollo (Ordo Terribilis).
Cada ámbito tiene su propio grupo de agentes y ocupa un tercio de la ciudad. El Ordo Novitiae opera desde Ulricsmund y se concentra en los barrios del noroeste, el Ordo Impedimentae tiene su sede en Kaufseit y se concentra en las zonas del suroeste, mientras que el Ordo Terribilis tiene su sede en la zona de Wynd, con células en los barrios del este.
Tres sectarios de alto rango, conocidos como magistri, controlan los Ordos. Se trata de especialistas (como Hechiceros, académicos o asesinos) o de miembros de larga trayectoria que han alcanzado posiciones de poder e influencia en la ciudad (como importantes miembros de un gremio o consejeros de alguna de las numerosas Komissiones de Middenheim).
Supervisando cada movimiento están las tres figuras sombrías del Consejo Interior, a las que se suele llamar el Triunvirato. En parte por razones de seguridad, y en parte porque los sectarios están obsesionados con el secreto, las comunicaciones entre los tres Ordos y el Círculo Interior se mantienen al mínimo. Los magistri utilizan palomas mensajeras para enviar mensajes cortos y codificados entre los Ordos, pero los tres Consejeros Internos desconocen la verdadera identidad de los demás.
Wasmeier es el jefe nominal del Ordo Terribilis en Middenheim, aunque sus obligaciones como magister magistri y Señor de la Ley le dejan poco tiempo para dedicarse a la investigación y el desarrollo. Deja la mayor parte del trabajo al visir Bhar.
Gottfried Jarmund, un abogado muy respetado, dirige el Ordo Novitiae. Está especializado en defender a los jóvenes y a los desheredados de Middenheim, lo que le hace ganarse el corazón de los filántropos de la ciudad, pero también le pone en contacto con reclutas perfectos para la secta.
Erich Kalzbad es un funcionario de alto rango de la oficina del canciller. Un hábil malversador que tiene acceso al tesoro y es la persona perfecta para dirigir el Ordo Impedimentae.
Solo se reúnen en persona dos veces al año, en lo más profundo del bosque de Drakwald, en las noches del Hexenstag (Día de la Brujería, Día de Año Nuevo) y del Geheimnistag (Día del Misterio). En un claro mágicamente escondido, los magistri enmascarados de los tres Ordos realizan juramentos de devoción a Tzeentch, cantan sus alabanzas y concluyen la ceremonia con un sacrificio humano.
El origen de la Mano Púrpura no está muy claro, pues queda envuelto en mentiras y medias verdades. Algunos afirman que nació de entre los sindicatos del crimen de Sartosa y evolucionó hasta su forma actual: una amplia red de conspiraciones en cuyo centro se halla Tzeentch. Otros postulan que la secta es de origen reciente, pero la profundidad a la que logran influir en la sociedad imperial parece sugerir lo contrario.
Extendida por todo el Imperio, hace ya varios años que tenía una importante base de poder en Middenheim, y ha estado detrás de un complot para asesinar al Graf Boris Todbringer, frustrado por poco, siendo ésta, una de sus operaciones más famosas, junto al intento de sustituir al Emperador. Aunque pocos conocen los detalles completos, se rumorea que la Mano Púrpura casi logró reemplazar a Karl Franz, por un soberano títere (aunque algunos afirman que la secta trató de reemplazar al hijo y único heredero de Karl Franz). La forma en que casi lograron esto es incierto, y los superiores dentro del culto de Sigmar, así como las autoridades palatinas, se han mantenido firmemente ecuánimes al respecto. Basta con decir que la Mano Púrpura estuvo muy cerca de lograr su objetivo, y si lo hubieran hecho, habrían tenido bajo control todas las armas administrativas y militares de nuestro Imperio.
No hace mucho, el juez Wasmeier de Middenheim y una compañía naviera de la que se decía que tenía intereses financieros, fueron investigados por supuestas asociaciones con la Mano Púrpura. Desafortunadamente, la investigación fue restringida antes de una conclusión satisfactoria debido a la intervención del propio sumo sacerdote del Culto de Ulric. Al parecer, el Ar-Ulric había sido informado por uno de sus asesores de que los cazadores de brujas estaban promulgando un plan maestro de los Archilectores de la Iglesia de Sigmar que tenía la intención de minar la autoridad independiente de Middenheim, y por lo tanto dar una excusa políticamente conveniente para atraer a más agentes de Sigmar a la ciudad.
Aunque el Ar-Ulric aseguró a la corte imperial, y a los líderes de la orden de cazadores de brujas, que él realizaría su propia investigación con respecto a Wasmeier, es una creencia común dentro de ciertos círculos en Altdorf que el culto de Ulric, y la ciudad de Middenheim en general, carece de la experiencia de los cazadores de brujas en cuanto a investigación de tales materias, y por lo tanto no hizo un trabajo tan exaustivo como los templarios de Sigmar podría tener. Wasmeier fue liberado de todos los cargos, y el caso en su contra fue abandonado.
Se piensa que la Mano Púrpura representa un peligro significativo para los Sigmaritas y los devotos de Ulric, pues cree que el culto ha logrado infiltrarse tanto en la Iglesia de Sigmar como en la de Ulric, y está seguro de que los esfuerzos de esta maligna organización son en gran medida responsables de que las relaciones entre los dos credos son tan tensas. De hecho, muchos consideran el caso de Wasmeier como un caso perfecto, ya que sospecha que los asesores del Ar-Ulric que le desaconsejaron sobre la presencia de los cazadores de brujas en Middenheim eran de hecho miembros activos de la Mano Púrpura, o al menos fueron manipulados por ellos.
Se sospecha que la Mano Púrpura tiene pequeñas posee divisiones menores de su organización por todo el Imperio, e incluso se extiende a Tilea y Estalia. Sin embargo, por alguna razón que todavía se desconoce, la Mano Púrpura parece tener poca o ninguna presencia dentro de Bretonia, el reino del Rey Leoncouer, aunque sigue siendo un montón de conjeturas si realmente no tienen ninguna presencia allí, o simplemente tienen más éxito ocultándose entre los bretonianos que entre los ciudadanos del Imperio. Como cualquier otro culto de Tzeentch, todos los recursos y esfuerzos de cada rama de la Mano Púrpura se inclinan hacia la subversión de cualquier organización social legítima en la que se infiltran.
Se dice que los agentes de la Mano Púrpura a menudo se encuentran dentro, o incluso dirigen, diversos sindicatos del crimen que se extienden a lo largo del Viejo Mundo, desde el punto más septentrional de Kislev hasta la isla meridional de Sartosa A pesar de que las organizaciones criminales están pobladas por la escoria y desechos de la sociedad, muy pocos de los piratas, ladrones y criminales de estos grupos parecen saber algo acerca de la conexión de la Mano Púrpura con su organización, o que simpaticen con la Mano Púrpura incluso si lo hicieran. Las tendencias criminales no siempre implican una inclinación hacia la herejía o la demonología.
Sin embargo, a pesar de su tamaño y la casi omnipresencia de la Mano Púrpura, en realidad es una organización bastante desorganizada y fragmentada, pues se subdivide en pequeñas células aisladas que dificultan o incluso imposibilitan la comunicación. Su estructura de pequeñas células aisladas garantiza su seguridad, pero dificulta la comunicación y la acción coordinada. Como resultado, las células tienden a actuar independientemente, ocasionalmente en desacuerdo entre sí. Tal vez, se preguntan los estudiosos, esto sea un reflejo de los inescrutables caprichos de Tzeentch, o tal vez es el diseño deliberado de la mente demoníaca fragmentada que inspira la secta.
La Mano Púrpura emplea mensajeros secretos para transmitir la voluntad del mago sectario a los distintos acólitos que controlan cada célula, pero estos mensajeros se pierden o son asesinados durante el trayecto con demasiada frecuencia. En consecuencia, la comunicación entre las células del Imperio suele ser irregular en el mejor de los casos, tendiendo a actuar de forma independiente, a veces incluso enfrentándose entre sí.

De echo, la Mano Púrpura está tan extendida que la comunicación entre las diversas ramas del culto resulta ser su punto más débil. El gran volumen de comunicados que pasan entre los numerosos brujos y acólitos del culto significa que es inevitable que algunos de ellos sean interceptados por los agentes leales del ejército del Imperio o la Santa Iglesia de Sigmar. Los cazadores de brujas han logrado frustrar varias conspiraciones debido a esto, y han obtenido buenas pistas en cuanto a los nombres y posiciones de algunos de los miembros más antiguos de la Mano Púrpura.
Las células de la Mano Púrpura se componen normalmente de grupos reducidos de nueve miembros en una ciudad concreta. Cada una de estas ciudades es el hogar de tres o más células dependiendo de su tamaño, que actúan independientemente y desconociendo las órdenes y movimientos de las demás células o ignorando su existencia.
Cada célula responde ante un acólito sectario, quienes a su vez les comunican las órdenes de los magos. Existen numerosos acólitos para mantener un flujo constante de información; normalmente hay uno por cada ciudad. Siempre que se comunican con una célula, ocultan su identidad por si la célula estuviera en peligro o fuera descubierta. Si esto llegara a ocurrir, se ordenaría a otra célula que destruyera a todos los supervivientes de la primera para evitar que se filtre información alguna.
En las grandes ciudades como Altdorf, Nuln y Middenheim la secta está mejor organizada. Los grupos se organizan bajo los auspicios de tres Ordos gobernantes. Estos son la Ordo Impedimentae, la Ordo Novitiae y la Ordo Terribilis.
Hay muchas sociedades secretas en el Imperio que trabajan de buena fe para promover reformas necesarias. Por desgracia, estos grupos proporcionan a la Mano Púrpura oportunidades abundantes de captación, así como un buen grado de cobertura para sus planes más siniestros. Con demasiada frecuencia, los cazadores de brujas han quemado a ingenuos revolucionarios mientras los verdaderos seguidores del Caos escapaban. Las reuniones de la secta celebradas en las noches en que Morrslieb está llena dan a los cazadores de brujas la única oportunidad real de atrapar a varios sectarios al mismo tiempo.
Las reuniones de la secta son una ocasión para que los miembros de la Mano Púrpura actualicen los códigos de reconocimiento, una serie de gestos con los que identifican a los otros conspiradores. Es posible que algunos sectarios con mala memoria tomen nota de dichos códigos.
La Ordo Impedimentae tiene encomendada la tarea de conseguir fondos y recursos para la secta. Sus miembros cumplen el cometido de tesoreros e intendentes y están en la cúspide de una red más amplia que incluye el robo y el chantaje. Si bien la Ordo Impedimentae funciona como una banda organizada, debe ir con sumo cuidado.
Los delincuentes habituales se benefician de un código de conducta flexible por el que se apoyan unos a otros, pero sólo el señor del hampa más depravado pensaría en tener esta conversación con los seguidores del Caos. Los delincuentes deben tener cuidado de no alertar a la guardia de la población, pero no suelen preocuparse por las investigaciones más meticulosas de los cazadores de brujas.
La Ordo Novitiae se preocupa de buscar talentos y captar a nuevos miembros. Aunque a veces recurre al chantaje o a la fuerza, se le ha enseñado a identificar y reclutar a los verdaderos creyentes, en lugar de intentar coaccionar a la gente para que adore a Tzeentch. Los miembros de Ordo tienen que ser muy despiadados y duros, ya que les corresponde a ellos silenciar a cualquier novato que se convierta en un riesgo para la seguridad.
La Ordo Terribilis se encarga de la investigación y el desarrollo de la secta. Instruye en los rituales y hechizos de Tzeentch a los miembros con dotes para la magia, se asocia con demonios y estudia el saber prohibido. Dada la limitada base de experiencia disponible para la secta, la Ordo Terribilis de cada gran ciudad se centra en un campo en particular. En Nuln, lleva a cabo un experimento sociológico que anima a los mutantes a construir comunidades dentro de la ciudad. En Middenheim, prueba a fusionar las artes oscuras del demonólogo con las del nigromante.
Cada Ordo está encabezada por tres Magistri, que suelen ser expertos en otro campo útil (como hechiceros, eruditos o asesinos) o personas con una posición de autoridad fuera de la secta (como maestres de gremios o miembros de la aristocracia). Juntos, los Magistri de las tres Ordos forman un Círculo Interno de nueve.
En el Círculo Interno, los jefes de cada Ordo forman un consejo de gobierno conocido como el Triunvirato. Éste se encuentra en la cúspide de la jerarquía y elige a uno de los tres para que sea el líder regional de la secta: el Magister Magistri.
Los miembros del círculo interno de la secta suelen desconocer la identidad de los demás. Se reúnen sólo dos veces al año en Hexenstag y Geheimisnacht, cuando Morrslieb está en fase de luna llena. Vestidos con túnicas de la secta y elaboradas máscaras, comparten los logros y elaboran planes para la fase siguiente. Al finalizar, realizan ritos prohibidos, cantan alabanzas a Tzeentch y concluyen con un sacrificio humano.

La Mano Púrpura utiliza como símbolo la huella ensangrentada de la palma de una mano morada. La usan como tarjeta de presentación, haciéndose un corte en la palma, apretando el puño y estampando su mano sangrienta sobre una superficie sólida. Todos los miembros la tienen tatuada en algún lugar del cuerpo. Los objetivos se marcan con el símbolo, pintadas en la puerta de un edificio o se transmiten a un individuo usando el hechizo la mano púrpura.
Los miembros también llevan una prenda de vestir de color púrpura, para ayudar a reconocerse. Las vestimentas ceremoniales suelen ser de color morado o púrpura oscuro como señal de su riqueza y poder, y están decoradas con diseños de manos y símbolos de Tzeentch. En las ceremonias tambien llevan el símbolo de Tzeentch colgado del cuello con una cadena de oro.
El principal objetivo de la Mano Púrpura es derrocar el gobierno del Imperio y sustituir al Emperador por un regente-títere que sea completamente leal a sus intereses. Una vez establecida, la Mano Púrpura será libre para desmantelar el Imperio provincia a provincia. La verdadera amplitud de la influencia de la Mano Púrpura sobre los asuntos del Imperio fue expuesta no hace mucho tiempo, durante un terrible escándalo que involucró al propio hijo y heredero del Emperador Karl Franz.
La manipulación es el sello de la Mano Púrpura. Mediante sobornos, extorsión y asesinato consiguen ocupar puestos de poder e influencia, tanto laicos como religiosos (existen pruebas de que la Mano Púrpura se ha infiltrado tanto en el culto de Sigmar como en el de Ulric, y que se dedica a mantener la discordia entre ambos grupos). Una vez afianzados, los sectarios acumulan poder en sus manos, eliminando rivales e individuos sospechosos.
Es imposible conocer el alcance de la influencia de la Mano Púrpura, pero se sabe que hace años fueron muy activos en Middenheim y se habían infiltrado en los niveles más elevados del gobierno. Corre el rumor de que recientemente han vuelto a resurgir.
La manipulación, el soborno, la extorsión, el chantaje y el asesinato son las armas favoritas de la Mano Púrpura. La esencia de Tzeentch es el cambio, y su herramienta más poderosa es la hechicería, que permite a los agentes de la secta ofrecer enormes incentivos a aquellos cuyas almas ya están minadas por la ambición o el deseo de poder. El objetivo de la secta siempre es conseguir poder: político, militar o mágico. Lo hace colocando agentes en altas esferas, o corrompiendo a los que ya están allí.
La Mano Púrpura es muy cuidadosa y meticulosa en su proceso de reclutamiento, y escruta a todos los candidatos antes de permitirles el acceso al círculo interior. En el momento de hacer un acercamiento o poner en marcha una operación, la secta ya lo sabe todo sobre la persona, incluidas debilidades, predilecciones, seres queridos y otros puntos de presión.
Además, la Mano Púrpura controla agentes no afiliados mediante el chantaje y la extorsión, preparando situaciones que beneficien a la secta y promuevan sus intereses. Si un agente demuestra lealtad y capacidad, la célula podría invitarle a unirse a ella, aunque no siempre ocurre. En muchos casos sencillamente se ejecuta al individuo para evitar que revele sus contactos en un exceso de celo.
Pese a que parece ineficaz y desorganizada (y, de hecho, lo es), la Mano Púrpura es despiadada cuando se trata de perseguir a quienes frustran sus planes o llegan a averiguar demasiado sobre la secta. Demasiado' significa 'cualquier cosa'.
Cada célula se reúne en secreto una vez al mes para invocar el poder de Tzeentch. El acólito sectario dirige a la congregación en una serie de frases escuetas, y una vez completadas, se hace un corte en la mano con un puñal ceremonial. Luego vierte su sangre en un cuenco mientras revela a los miembros el nuevo plan, y la gloria que les aguarda cuando por fin destruyan al Imperio. Al final del ritual, cada miembro da un paso al frente para beber del cuenco mientras el resto recita los nombres de Tzeentch en la lengua de los demonios.
La Mano Púrpura tiene muchos enemigos. Todos los dioses reconocidos del Imperio se oponen a la amenaza del Caos. Incluso los shallyanos más mansos desprecian la influencia corruptora de El Que Cambia las Cosas y, aunque han jurado no derramar ellos la sangre de los sectarios, aun así querrían verlos desenmascarados y ejecutados… de la forma más humana posible. El Culto de Sigmar en particular se opone con ferocidad a todos los grupos que auspician la adoración del Caos. Sus cazadores de brujas están atentos a la búsqueda de sectarios y no tienen reparos en someterlos a un final lleno de torturas. La Orden del Martillo de Plata, como se conoce a los cazadores de brujas sigmaritas autorizados, tiene la sensación de que hay una amplia red de adoradores de Tzeentch que se identifican con el tatuaje de una mano púrpura, pero solo están empezando a entender la secta.
Aunque la Mano Púrpura es capaz de cooperar con otros seguidores del Caos cuando le conviene, suele considerar que las sectas menos organizadas son más una desventaja que una ventaja. La Mano Púrpura llega incluso a avisar a los cazadores de brujas de la existencia de otras sectas si con ello desvía la atención de éstos.
La Mano Púrpura son devotos del cambio, pero no son salvajes o anárquicos. Muchos de los miembros actúan con el interés propio en mente y se ven como beneficiarios del nuevo orden futuro. Por lo tanto, pueden entrar en conflicto con los seguidores del Caos que defiendan un credo más destructivo. La Corona Roja, otra secta de Tzeentch que considera que su misión es despertar a los mutantes y los hombres bestia de los bosques del Imperio e incitarlos a una campaña de conquista violenta, tiene mucho en común con la Mano Púrpura. Sin embargo, sus puntos de vista diferentes sobre el destino del Imperio aseguran que, pese a las similitudes, las dos sectas estén enfrentadas de manera encarnizada.
Casi todos los sectarios de la Mano Púrpura pertenecen a una de tres categorías:
Aunque la Mano Púrpura es, con mucho, la secta de Tzeentch más extendida y ambiciosa, los adoradores del dios son legión. Adoptan todas las formas y tamaños posibles y están presentes en todos los estratos de la sociedad del Viejo Mundo y más allá. Cada secta sigue el ejemplo de su magus, sustituto espiritual de Tzeentch y guardián del saber de la secta.
Sin embargo, las sectas son innumerables y cada una tiene su propia forma de magus. En Norsca, muchos son chamanes conocidos como vitki. Los de la lejana Catai adoptan la forma de cortesanos y concubinas. Los magi de Bretonia a menudo son lugareños exaltados de talento, los Magister Magistri que montan las células locales de la Mano Púrpura. Cualquiera que sea la forma que adopte un magus, y con independencia de las mentiras que cuente para llegar al poder, al final sólo le importa una cosa: cambiar el statu quo.
Más recientemente, la Mano Púrpura ha intentado localizar a la reencarnación de Sigmar, aunque al final sus esfuerzos se han visto frustrados después de que Luthor Huss lo descubriera casualmente. Resumiendo, la Mano Púrpura no emprende tareas banales; no, las pequeñas victorias no significan nada para ellos, pues están adiestrados para perseguir el premio definitivo: controlar el Imperio.
Desde entonces, el culto de la Mano Púrpura ha estado en las sombras, reconstruyendo su fuerza en Middenheim y en todo el Imperio. Las células dispersas de sectarios que conforman la Mano Púrpura todavía están desorganizadas, y esto es lo que queda de los restos del culto en Middenheim.
Otros cultos -especialmente el Cetro de Jade de Slaanesh, el cual tiene multitud de seguidores entre jóvenes y ricos- colaboraron durante el asedio en distintos complots para que Middenheim cayese desde dentro. Al descubrir sus planes, los devotos fueron perseguidos y quemados por Cazadores de Brujas Imperiales. La Mano Púrpura, mientras tanto, permaneció oculta y concentrada en su supervivencia. Tzeentch es un dios sutil, y sus seguidores saben que a veces es mejor esperar el momento oportuno. Ese momento ha llegado.
Se rumorea que una célula de la Mano Púrpura, ha descubierto recientemente una gran cantidad de Piedra de Disformidad en polvo en una base Skaven abandonada en la SubCiudad bajo Middenheim. Sus agentes están utilizando el polvo para contaminar el abastecimiento de agua de la ciudad, desencadenando una ola de mutaciones por toda la ciudad. Con Archaón huyendo de Middenheim y la fuerza principal del ejército Imperial tras él, los restantes defensores de la ciudad no podrán hacer frente a un repentino ataque desde el interior. El primer objetivo fue el Templo de Ulric, el corazón espiritual de Middenheim.
Kastor Lieberung ha sido miembro de la Mano Púrpura durante la mayor parte de su corrupta y malhechora existencia. Gracias a sus capacidades y méritos propios, alcanzó con rapidez una posición importante de cierto poder en la célula de Nuln, la de Magister Impedimentae.
Como Magister Impedimentae, el principal deber de Kastor era adquirir lo que la secta requiriera por cualquier medio necesario. Entre otras cosas, fue responsable de organizar una campaña de secuestros para satisfacer la constante necesidad de la secta de víctimas para sacrificios los ritos del culto, especialmente el rapto de niños.
Cuando una sectaria –la hermana Beatha– intentaba secuestrar a la hija de un comerciante, fue capturada, torturada y obligada a confesar. Por suerte, no conocía a Lieberung más que por su título. Aun así, y temiendo por su seguridad, Kastor huyó de Nuln para dirigirse hacia Middenheim. En esta ciudad se integró a otra célula donde siguió fomentando las ambiciones de la Mano Purpura para perseguir, como siempre, los objetivos del culto.
Las autoridades de Nuln iniciaron algunas investigaciones, sin demasiado afán, para conocer la verdadera identidad del Magister Impedimentae, pero abandonaron la búsqueda rápidamente, frustradas. Aun así, en Nuln había mucha gente que se mostraba reacia a que se cerrara el caso con tanta rapidez y pronto comenzó una nueva investigación. Se ofreció una suma generosa por la cabeza del misterioso magister impedimentae, lo que complació sin duda, a muchos Cazarrecompensas que quisieron hacerse con ella.
Algunos de ellos se inmiscuyeron demasiado en los asuntos y actividades de la secta y acabaron desapareciendo. Otros, que perdieron la esperanza de capturar a lo que más bien, parecía una sombra, se dedicaron a perseguir presas más fáciles. Sin embargo, uno de los Cazarrecompensas, Adolphus Kuftsos no abandonó y logró infiltrarse en el nivel jerárquico más bajo de la Mano Púrpura. Así fue como se enteró de que el magister impedimentae había abandonado Nuln para irse a Middenheim tras el chapucero secuestro, y así comenzó la caza.
Con el objeto de ganarle la partida a esta presa, Adolphus pasó primero por Altdorf y se puso en contacto con Quintus Fassbinder, un profesor de la Universidad de esa ciudad. El profesor Fassbinder tenía la autorización del anterior Emperador, Luitpold III, para estudiar y catalogar las múltiples sectas del Caos y sus miembros. Muchas de sus investigaciones le habían llevado hasta la Mano Púrpura y se mostró encantado con la idea de ayudar a Adolphus a encontrar a su objetivo. Supo decirle al cazador de recompensas mucho sobre el cometido del magister impedimentae y darle algunas pistas para localizar al fugitivo.
Quintus sabía de buena tinta que el Magister Impedimentae era un tal Kastor Lieberung, un artesano establecido en Middenheim desde hacía poco tiempo. El plan de Adolphus consistía en sacar al magister de su escondite con la promesa de una lucrativa herencia, que incluía una pequeña hacienda y un titulo menor. Envió una carta a la última dirección conocida de Kastor, en Nuln, para atraerlo a una trampa en el mercado de Bögenhafen.
A su debido tiempo, un sectario de Nuln envio la carta a Middenheim y allí se la entregó al Consejo Interno de la Mano Púrpura. El asunto les pareció una ganga y le ordenaron a Lieberung que fuera hasta Bögenhafen para tomar posesión de su herencia. Si Kastor pasaba a formar parte de la nobleza terrateniente, sin duda tendría más facilidad para conseguir los objetivos de la secta para desbaratar el Imperio avanzaran. Kastor se puso de camino después de recibir la instrucción de ponerse en contacto con la célula altdorfiana del culto ya que ésta podría brindarle su ayuda en caso de necesidad.
Pero Kastor nunca llegó a destino ni nunca lo hará. Ha muerto asesinado a manos de unos mutantes en un ataque fortuito a la diligencia.
El culto sigue buscando a Kastor Lieberung. No saben que ha fallecido, que la herencia no existe, que las firmas de los letrados no existen y que todo fue una trampa urdida por un cazarrecompensas para atrapar a Lieberung. Por ello han movilizado agentes por todo Reikland.
Los cultistas sabían que Liberung iba a Bögenhafen a cobrar la herencia y luego tenía que ir a Nuln a entregarla a la Mano Púrpura. Se han enviado agentes por toda la ruta, para localizar a Lieberung en las poblaciones de la región.
Si son capturados, tienen una cápsula suicida de veneno rápido.
Tiene lugar en Weissburg. Cuando lleguen a la ciudad, serán abordados por un par de sectarios disfrazados de buhoneros. Intentarán intercambiar señales secretas con Lieberung, aunque tratan de aparentar vender ollas y cazuelas.
Mientras uno trata de vender la chatarra, el otro hace las señales secretas del culto: rascarse la ventana derecha de la nariz, mientras introduce el pulgar de la mano derecha en la oreja izquierda con la palma hacia delante y con los dedos totalmente extendidos.
Si repiten el gesto, ofrecerán un apretón de manos. La mano del sectario esta cubierta de tinta lila y manchará la mano del aventurero. Una vez pase esto, los sectarios se marcharán por algún callejón a toda velocidad.
Esto se trata de una amenaza velada del culto: entregad el dinero o ateneros a las consecuencias.
Si no repiten los gestos, lo intentarán de nuevo durante dos o tres días y si es infructuoso, regresarán a Altdorf para informar a sus superiores.
Los sucesos tendrán lugar en Altdorf o sus proximidades. Les seguirán dos sectarios.
Dos veces al día, los aventureros tienen un 5% de posibilidades de descubrir a sus perseguidores.
Si los aventureros superan la tirada, descripción de los sectarios. Prueba de percepción de los sectarios para evitar emboscadas. Si superan, se marcharán.
Si son capturados o muertos, al ser registrados se encontrará el siguiente documento:
Tiene lugar en Kemperbad, yendo o viniendo de las Colinas Áridas.
Tendrá lugar en una zona pública, un mercado o una posada por ejemplo. Un cultista se acercará a Chester y le dirá al oído:
- ¿A qué juegas, Kastor? Estamos muy preocupados por ti. ¿Por qué no te has puesto en contacto con nosotros? ¡Espero que no se te haya olvidado que tienes que entregar lo acordado al Círculo Interior!
Si el PJ, responde algo similar a "todo está en orden, estoy de camino", TIRADA DE ENGAÑAR. Si falla o no intenta convencerle de que todo está bien:
- ¡Sabes que no puedes engañarnos! ¡Si perteneces al culto, es para siempre! ¡Aún no hemos dicho la última palabra!
A la más mínima señal de violencia, el sectario huirá.
Si empieza una pelea, se unirá toda la gente de los alrededores y el cultista tratará de escapar. La guardia podría intervenir y de ser detenidos, pasarán la noche en el calabozo y deberán pagar 5 po por cabeza como multa.
Poco después, Chester es asaltado en la calle. Alguien le arranca un mechón de pelo y huye.
Regreso a Kemperbad después de la expedición a las Colinas Áridas.
En la posada, el camarero entregará una sobre sellado con un sello de color púrpura que muestra la impresión de una mano inscrita dentro del símbolo de Tzeentch. Dentro del sobre se encuentra el mechón de pelo de Chester y una carta:
Si preguntan quien entregó la nota, señalará a un hombre encapuchado sentado en una mesa junto a la puerta y rodeado de cuatro matones.
El encapuchado es un hechicero y tratará de lanzar abiertamente un conjuro de madición contra Chester, (como en D&D, pero con señas físicas, berrugas, pelo por todo el cuerpo etc). Acto seguido el hechiero abandonará el local y los matones se enfrentarán a los aventreros si tratan de seguirles.
Aspecto furtivo, portan una prenda púrpura, todos tienen un tatuaje de una mano púrpura abierta en alguna parte del cuerpo, normalmente oculta.
Pag. 10 a 12.
Se deberán distribuir durante el transcurso de esta aventura. Sirven para mantener informados a los PJS de la crisis política que está teniendo lugar en el Imperio.
No son totalmente verdaderos, ni totalmente falsos.
El rumor anterior es generalizado y en los párrafos siguientes se proporcionan posibles explicaciones:
- ha sido mancillado por el caos y le ha salido una cola de rata.
- ha contraído viruela / podredumbre de la tumba o algo parecido.
- es por su propio bien, sus hermanos tratan de hacer que le asesinen.
- adora a dioses del Caos (este rumor es considerado alta traición y sólo lo transmitirá otro que confié en la discreción de los pj's).
- es un lunático, siempre ha sido algo simple, pero ahora está como una cabra.
- ha enloquecido por uno de los demonologistas y el Emperador trata de mantenerlo en secreto.
Pag. 13.
Red de pesca
Equipo mágico mutantes:
- Anillo de protección +1
- Cinturón de curación (750 po)
- Varita curar heridas leves x32
- Chaleco de resistencia +1 (1.000 po)
- Varita eterna: armadura de mago(820 po)
- Guantes relampagueantes: 3 cargas/día. 1: 2d6, 2: 3d6, 3: 4d6 TS REF CD 14 mitad, a objetivo adyadente. 1000 po.
- Pergaminos (125 po): agrandar persona, rayo de debilitamiento, salto, caída de pluma, disfrazarse.
- Poción de fuerza de toro.
El detalle de que los secuestradores de Elvyra en El Enemigo Interior sean descritos como "árabes" sugiere que probablemente son originarios de Araby, una región al sur del Viejo Mundo en Warhammer Fantasy, que está inspirada en culturas del Medio Oriente y el norte de África. Esto añade una capa exótica y misteriosa a su trasfondo, especialmente al conectarlos con un símbolo tan peculiar como la cabeza de rata de plata.
En Warhammer Fantasy, la Corona Roja es una secta secreta de adoradores del Caos, concretamente de Tzeentch, el dios del cambio, la manipulación y las maquinaciones. Esta secta opera en las sombras, buscando corromper y controlar diversas partes del Imperio y otras regiones del Viejo Mundo a través de intrigas, magia y la manipulación de sus seguidores. Los cultistas de la Corona Roja a menudo se infiltran en posiciones de poder y tienen una red de agentes y simpatizantes.
Si los tres "árabes" que portan el pendiente de cabeza de rata están vinculados a la Corona Roja, esto sugiere varias posibilidades:
Colaboración para sembrar caos en el Imperio: Tanto los Skaven como los seguidores de Tzeentch buscan desestabilizar la civilización humana. Los Skaven con sus ambiciones de dominar desde las sombras y Tzeentch con su deseo de perpetuar el cambio y la mutación, podrían estar colaborando de alguna manera. Los tres secuestradores de origen árabe podrían ser agentes de la Corona Roja que han hecho un trato con los Skaven, usando el pendiente de cabeza de rata como una marca de esa alianza, para llevar a cabo un objetivo común que podría ser la destrucción o corrupción del Imperio desde dentro.
Conclusión:
El hecho de que los secuestradores sean árabes y porten un pendiente de cabeza de rata de plata puede simbolizar una conexión entre los cultistas de la Corona Roja y los Skaven, ambos buscando la ruina del Imperio. Los agentes de la Corona Roja podrían estar manipulando a los Skaven o viceversa, para llevar a cabo una agenda oculta de destrucción y cambio, muy en la línea de los planes de Tzeentch.
Vane llegó puntual, como siempre intentaba hacerlo, aunque lo cierto era que estaba nerviosa, lo mismo que él. El portal del edificio tenía ese aire elegante y sobrio que encajaba perfectamente con lo que recordaba de Luis. Habían quedado allí, en su piso, después de años sin verse a excepción de algún encuentro fortuito en el que apenas se saludaron y de una visita que él le hizo a ella unos pocos días atrás, cuando Luis de forma sorpresiva apareció en su casa...
Luis se había acostumbrado a las conversaciones ligeras con Vane, esas que empezaban con cualquier tontería y terminaban llenas de risas y un poco de coqueteo. Una noche, mientras ambos intercambiaban mensajes, surgió la idea de tomar un helado juntos. Fue más un comentario al aire que un plan concreto, pero algo en la forma en que Vane lo escribió se quedó rondando en su cabeza.
"Pues un día de estos nos tomamos ese helado. Allá por 2035, cuando tenga un hueco en la agenda"
"Jaja, para ese entones ya estaré vieja"
"Bueno, te puedo hacer un bizzum y te lo compras tú"
"Vale! Espero que llegue, iré al McDonnald's, a por un sandie!"
Luis sonrió frente a la pantalla, imaginando la sonrisa de ella al escribirlo. Sin embargo, la conversación no pasó de ahí, y el plan quedó flotando, sin cerrarse. Pero para Luis, la idea había echado raíces.
Durante la tarde del día siguiente, movido por un impulso que no logró racionalizar del todo, tomó las llaves de su coche. El motor rugió suavemente mientras avanzaba por las calles, iluminadas por la luz anaranjada del sol poniéndose en el horizonte. No estaba seguro de lo que esperaba, ni siquiera de lo que haría al llegar, pero algo dentro de él lo empujaba a continuar. Ella estaba sola en casa y con un poco de suerte le invitaría a pasar.
Mientras conducía, la ciudad se desdibujaba en una secuencia casi automática. No recordaba con precisión el camino, pero sus manos parecían tener memoria propia, guiándolo por calles que apenas reconocía. Los edificios, las esquinas y los semáforos pasaban como si formaran parte de un escenario borroso. Y sin embargo, cuando menos lo esperaba, allí estaba: el edificio de ella, con aquella fachada que le resultaba familiar y el pequeño balcón desde el que hacia fotografías que publicaba en isntagram.
Luis apagó el motor y se quedó unos minutos dentro del coche, mirando la puerta del portal. El peso de lo que había hecho empezó a caer sobre él. No le había avisado, ni siquiera había insinuado que iba a aparecer. ¿Y si no le gustaba la sorpresa? ¿Y si ni siquiera estaba en casa? Tampoco recordaba el piso y aunque estaba seguro de que ese era el edificio, podía estar equivocado.
Pero no podía echarse atrás ahora. Bajó del coche, cruzó la calle y, con una mezcla de nerviosismo y expectativa realizó una fotografía a la fachada y la envió en un mensaje a Vane.
No tardó en responder sorprendida al mensaje, con otro mensaje corto y críptico.
"Estás abajo? Me visto y bajo!"
Ella descenció las escaleras hasta su piso. Él no había planeado nada de esto, pero ahí estaba, frente a la puerta de Vane, con el corazón latiendo con fuerza.
—¿Luis? ¿Qué haces aquí?
—Venía a ver si al final querías ese helado —respondió él, encogiéndose de hombros, como si fuera lo más natural del mundo.
Vane lo miró incrédula durante un segundo antes de soltar una risa que rompió toda la tensión.
—Estás loco. — Vane lo miró, todavía riendo suavemente, y, tras un breve silencio volvió a abrir la boca. - Anda, sube. No te vas a quedar ahí de pie.
Luis asintió, sintiendo un calor inesperado recorrerle el cuerpo. Subió tras ella por las escaleras hasta el piso, intentando mantener la calma. No era la primera vez que entraba allí, pero esta vez se sentía diferente. Había algo en el aire, una tensión latente que lo tenía al borde de cada palabra, de cada mirada.
Cuando entraron, Luis se dio cuenta de que no estaban solos. De la cocina del piso salió una chica, la hija mayor de Vane. Luis recordó vagamente que tendría unos diecinueve i veinte años. La joven levantó la vista por un momento, saludándolo con un gesto casual antes de volver a lo suyo.
El deseo que había sentido mientras subía se disipó un poco, sustituido por una sensación incómoda. No era el momento ni el lugar. Se obligó a concentrarse en la conversación, en las pequeñas bromas y temas ligeros que ambos compartían para llenar el espacio. Vane, por su parte, parecía relajada, como si la presencia de su hija fuera algo que no cambiaba la dinámica entre ellos, más cuando se marchó a su cuarto dejándoles solos.
Se sentaron en el sofá, uno al lado del otro, pero sin rozarse. Hablaron durante una hora, pasando de tema en tema, desde anécdotas del trabajo hasta series que ambos habían visto. Luis hacía un esfuerzo consciente por mantenerse sereno, aunque no podía evitar mirarla de reojo cada tanto, estudiando la forma en que su cabello rojizo caía sobre su rostro, la curva de sus labios cuando sonreía.
De pronto, Vane se inclinó ligeramente hacia él y le tocó la mano. Fue un gesto simple, casi casual, pero Luis sintió el pulso acelerársele al instante. La calidez de su piel lo atravesó como un relámpago. Ella no dijo nada, solo mantuvo su mano sobre la suya por unos segundos antes de retirarla lentamente.
Luis quiso moverse, acortar la distancia, pero la presencia de la hija en el domicilio se lo impidió de alguna manera. Se mordió la lengua, forzándose a contenerse. No era el momento adecuado. Aún así, ese pequeño contacto había encendido algo entre ambos, un acuerdo tácito de que lo que sentían no había desaparecido pese a que ya habían pasado ocho años desde que estuvieron juntos.
La conversación continuó, pero ahora, cada palabra parecía cargada con una nueva intensidad, como si ambos estuvieran esperando, pacientemente, a que llegara un instante más propicio. Por desgracia, Luis tuvo que irse. Trabajaba esa noche y tras un leve abrazo de desepedida, salió por la puerta con la certeza de que volverían a verse pronto.
Y allí estaba ahora ella, en el piso de Luis, tras muchos años sin pisar aquellas baldosas blancas y sin atravesar aquella puertas de madera oscura. Siempre le había gustado su piso y siempre había pensado que Luis no sabía aprovechar aquella enorme terraza con vistas a la pisicina comunitaria del edificio. Si de ella dependiera, haría algunos cambios en la terraza y desde luego, quedaria como un lugar de ensueño para pasar las tardes y las noches de verano.
Luis la recibió en la puerta con una leve sonrisa, esa que solía desarmarla. Alto, calvo y con una barba oscura y canosa, algo asalvajada, parecía un poco más sereno que aquella tarde en la que aparecio en el piso de Vane. Ella notó el brillo en sus ojos, el mismo que siempre había encontrado reconfortante, aunque ahora venía acompañado de una pizca de nerviosismo.
—Pasa —dijo él, abriendo más la puerta.
El apartamento no estaba muy iluminado, pero aquel pasillo del recibidor, con una larga cajonera y algunos cuadros, inspiraba cierta sensación de elegancia. Los muebles de madera oscura, las estanterías repletas de libros y algunos cuadros en las paredes daban al lugar un ambiente acogedor, aunque no demasiado sofisticado. Vane recorrió el espacio con la mirada, recordando las veces que había estado allí, aunque ahora todo se sentía diferente.
Luis cerró la puerta tras ella y se quedaron en silencio un momento, parados en medio del pasillo. La distancia física entre ellos era mínima, pero la emocional parecía un abismo.
—Te ves bien —dijo Vane, rompiendo el silencio. Su voz sonó más suave de lo que esperaba.
—Tú también —respondió Luis, con un tono bajo, casi reverente.
Hubo una pausa. Ambos parecían buscar las palabras adecuadas, pero las emociones eran más fuertes que cualquier frase ensayada. Entonces, sin previo aviso, Vane dio un paso hacia él, y Luis no dudó en acortar lo que quedaba de distancia. Se fundieron en un abrazo cálido, primero suave y luego más profundo. Las manos de Luis recorrieron la espalda de ella y luego ella le toco el rostro. Se miraban de reojo, mientras la respiración de ambos se alteraba y rozaban sus rostros y la nariz de uno con el otro. De pronto y sin más avuso, sus labios se encontraron en un beso cargado de todo lo que habían reprimido durante esos años de separación.
El beso fue lento al principio, como si ambos estuvieran redescubriéndose. Pero pronto la intensidad aumentó, alimentada por la mezcla de deseo, nostalgia y algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar. Cuando se separaron, sus respiraciones eran profundas, y sus miradas, fijas.
—No sabía si íbamos a llegar a esto —confesó Vane en un susurro, todavía con las manos apoyadas en su pecho.
—Yo tampoco —admitió Luis, con una leve sonrisa—. Pero me alegro de que lo hayamos hecho.
—¿Vamos al cuarto? —preguntó Vane.
—Vale... —respondió él.
El ambiente en el piso cambió, se volvió más cálido, más íntimo. No sabían qué pasaría después, pero por ahora, lo único que importaba era que, después de tanto tiempo, habían encontrado el camino de regreso el uno al otro.
Kurtus von Hartendorf (Corona Roja)
Kurtus von Hartendorf no era un hombre que pasara por alto los detalles. Su oficina en las instalaciones portuarias, con sus estanterías perfectamente organizadas y su escritorio pulido, era un reflejo de su carácter: meticuloso, preciso, y con una intolerancia visceral hacia el caos. Había pasado la mañana revisando los registros de los barcos que atracaban en Altdorf, y entre ellos figuraba el Viento del Reik, una embarcación de poco renombre capitaneada por Joseph Quartjin, quien había nombrado capitán a un tal Chetser. Kurtus conocía personalmente a Quartjin, por lo que dedujo que no estaba frente a otra persona que el propio Chester.
Apenas unas horas antes, un mensajero a caballo había llegado desde las afueras de Altdorf, portando una nota lacrada de Lassange, un hombre con quien Kurtus mantenía una relación, en el mejor de los casos, tirante. Lassange, siempre autoritario y seguro de su propia superioridad, había dejado claro en su misiva que el Aurora debía ser tratado con el máximo cuidado. Según su información, una serie de fugitivos, cuyas identidades no había tenido el detalle de revelar, viajaban a bordo de la embarcación. Además, había ordenado que cualquier tripulante superviviente o testigo debía ser detenido y puesto a disposición de sus hombres. Todo con el tono de una autoridad que no admitía cuestionamientos, un tono que Kurtus encontraba particularmente irritante.
Por eso, cuando el hombre que se hacía llamar "Kringle" comenzó a hablar, detallando el ataque de los mutantes del Caos y el rescate de la nave, Kurtus sintió que tal vez el destino le estaba sirviendo una oportunidad en bandeja. Este "Kringle" podía ser el eslabón perdido para ganar ventaja sobre Lassange. Era evidente que el supuesto capitán no era un funcionario ordinario ni un oportunista cualquiera; sus palabras estaban llenas de matices que sugerían una astucia innata.
Kurtus es un miembro destacado del culto de La Corona Roja, una secta del caos cuyo objetivo es reclutar mutantes y sembrar el caos cuando el Imperio entre en una guerra civil. Este grupo se caracteriza por su deseo de desestabilizar el orden del Imperio desde sus cimientos, esperando que el conflicto los favorezca cuando finalmente llegue.
Por otro lado, La Mano Púrpura, otra secta del caos, persigue una agenda diferente: en lugar de simplemente desatar el caos, su meta es conquistar el Imperio desde dentro, infiltrándose en sus círculos de poder y manipulando sus estructuras políticas para asegurarse el control total.
Kurtus, al pertenecer a La Corona Roja, ve a La Mano Púrpura como una amenaza directa, ya que su enfoque de control podría obstaculizar los planes más desordenados y destructivos que él y su secta tienen para el futuro del Imperio.
Kurtus, miembro del culto de la Corona Roja, tiene una historia personal con Heletza Herzen, una hechicera del caos que en su momento fue aliada de su secta. Sin embargo, debido a la interferencia de la Mano Púrpura, la hechicera se distanció de la Corona Roja y se alió con la secta rival, que busca conquistar el Imperio infiltrándose en sus círculos de poder.
La relación entre Kurtus y Heletza es tensa debido a esta traición, pero su vínculo personal y la importancia de un objeto mágico que ella posee lo han llevado a emprender una misión para recuperar dicha esfera.
Kurtus está decidido a recuperar la esfera de Heletza, no solo por su valor, sino porque es crucial para los planes de la Corona Roja, que pretende usarla para sembrar el caos cuando el Imperio caiga en guerra civil. El objetivo de Kurtus es recuperar la esfera de Heletza antes de que caiga en manos equivocadas y evitar que la Mano Púrpura pueda usarla para sus propios fines.
La esfera:
La esfera, un artefacto de gran poder, había sido forjada con magia ancestral. Su superficie era opaca, como si en su interior contuviera una tormenta de pensamientos y deseos reprimidos. Kurtus sabía que si conseguía apoderarse de ella, podría desatar una fuerza capaz de cambiar el curso de la guerra civil que estaba por estallar en el Imperio. Contenía el poder de alterar el curso de los eventos, algo que Heletza Herzen había guardado celosamente desde que la traicionó.
Kurtus von Hartendorf
Lassange => capitán de la Guardia de Bögenhaffen.
Phineas => escapó de la organización.