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El Enemigo Interior 3: Muerte en el Reik

Epílogo

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09/03/2026, 03:57
Narrador

Día 27 de labrario del año 2052 del calendario Imperial pasada la media noche. Torreón de las Montañas Negras.

Se reencontraron todos en el patio interior, bajo la luz blanca, estable y benévola de Mannslieb y la luz verde, irregular y corrupta Morrslieb. Los enanos habían portado hasta allí el cuepro de Ylka, pero también el de los enanos Durak, Drogni y Rurik. Los cuatro cuepros yacían en el centro del patio interior con los ojos cerrados, ya por fin descansando tras aquel terrible combate.

Para sorpresa de Chester, Renate y Phineas, Joseph y Adso estaban allí, aún con las ropas raídas y llenas de polvo del camino y una expresión de agotamiento y hambre que pocas veces se la habían visto. Adso parecía más entero. O trataba de disimular o realmente aguantaba mejor que Joseph el cansancio y la desnutrición, pues el pobre barquero, parecía necesitar una cama como un pez el agua.

Sin embargo, todos parecían coincidir en que antes de comer y descansar, se requería hacer un esfuerzo por dar un último adiós a los caídos. Gemme había intentado de todo. Había rezado a Sigmar con voz firme, había impuesto las manos, había invocado la luz dorada que tantas veces devolvió la vida a los caídos. Pero esta vez, nada. El cuerpo de Ylka estaba frío y sin rastro de su alma.

La joven yacía en el centro del patio interior, tendida sobre una sábana blanca manchada de sangre seca.

Phineas, silencioso como siempre, apoyado contra el muro norte observaba la sitación con una pena evidente. Renate guardaba silencio como pocas veces, aunque eso sí, portana una copa de vino ya vacía en la mano. Por su parte Gruda, tenía la mirada gacha. Sentía mucho la muerte de aquella joven. Los únicos ausentes fueron Hansen y Eka, aún convalecientes y la pequeña Liza, qie agotada tras todo el trastorno vivido, se había quedado dormida y nadie osó despertarla.

Balin, Bryna, Hilda, Durgan, Borin, Keldan y Dakrar formaban de pie con las barbas bien peinadas para la ocasión y en señal de respeto por los cáidos. Hasta Dumpling había salido de su cocina y aguardaba con respeto el inicio de los ritos funerarios. 

Y Vrizz Cagabotas también estaba allí, algo ajeno a la solemnidad del acto, pues poco o nada le importaba lo que estaban haciendo. Al menos no más que el hueso de pollo que estaba saboreando tras robarlo de la cocina ahora que la halfling se había ausentado...

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09/03/2026, 04:15
Joseph Quartjin

Mientras Adso, Gemme y Gruda preparaban los cuerpos para el viaje al otro mundo, Joseph se acercó a Chester.

- Alder murió en Grissenwald. Lassange lo mató frente al Aurora. - Le desveló. - Nosotros vimos todo… pero no pudimos hacer nada. - Miró a Renate, a Chester, a Phineas. Sus ojos brillaron un instante. - Pero estamos aquí y él no murió en vano. - Suspiró. - Lassange llegó cuando estaba con Adso tratando de vender algunas mercancías en el mercado. A nuestro regreso al Aurora, ya habían tomado el barco... - Apretó los puños. - Otra nave perdida... - Carraspeó. - Tuvimos que salir por patas y preguntando... - Le dio una palmada a su amigo. - Llegamos hasta aquí...

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09/03/2026, 04:19
Adso de Nuln

Mientras Joseph terminaba Adso dio un paso al frente. Se detuvo junto al cuerpo de Ylka, miró primero a los astros lunares, luego a los muertos y finalmente a los vivos.

- Alder no está perdido. - Dijo con una calma que heló más que el viento nocturno. - Lo vi. - Hizo una pausa, como si escuchara algo que solo él percibía. - Está en la orilla del río sin nombre. Espera, aunque no por nosotros… sino por ella.

Señaló a Ylka con la barbilla, sin tocarla.

- Los muertos no mienten. Pero los vivos… sí. Lassange cree que ganó. Cree que borró sus nombres del libro. - Una sonrisa asomó en sus labios. - Pero Morr ya los ha anotado y cuando llegue su hora… 

 

Adso se colocó frente a los cuerpos tendidos. Ylka y los tres enanos caídos, habían sido envueltos en mantas de lana gruesa. Los enanos habían trenzado sus barbas con cintas negras y Gemme había limpiado y peinado a Ylka con ayuda de Gruda. No llevaban más ornamentos, como tampoco tenían ni incienso para acompañar los ritos, pero lo que si tenían era un gran sentimiento de pérdida, por lo que todo lo demás, sobrabava.

Gemme sostenía una vela de cera pura, encendida con fuego bendito. A su izquierda, Gruda portaba un cuenco de agua de y sal, bendecido a su manera por Adso. Ambas sabían que aquel no era un rito que conocieran… pero sabían que era su deber asistir al mismo, presidido por un monje de Morr.

Adso alzó las manos en señal de plegaria.

- Morr no consuela. - Dijo con voz clara. - Morr cuenta. - Hizo una pausa. - Durak Dimholtm, corazón en piedra. Drogni Patahiero, sabiduría de piedra. Rurik Escaramuza, leal hasta el último latido. - Tras pronunciar los tres primeros nombres, nizo una pausa. - Ylka… la que no tenía nombre... - Dijo sin saber muy bien a que se refería. - Ojos que vieron lo que otros cerraron. - Se inclinó y tomó un puñado de tierra. La dejó caer sobre cada frente, una por una. - Que vuestros pasos no pesen en la orilla. Que vuestras sombras no se queden atrás. Que nadie pronuncie vuestros nombres en vano… porque ya están escritos donde nadie puede borrarlos.

Luego, se volvió hacia Gemme. Ella asintió y acercó la vela. Adso la tomó, la sostuvo un instante sobre los cuerpos y luego la apagó con dos dedos.

- La luz no los guía y la oscuridad los reconoce. - Pronunció de forma solemne. 

Gruda avanzó entonces, con un paño humedecido en el cuenco, limpió suavemente las manos de Ylka y las frentes de los enanos, borrando el polvo del combate, devolviéndoles la dignidad del reposo. Cuando terminó, Adso se arrodilló entre los muertos y entonó, en una lengua antigua de los monasterios de Nuln, una letanía sin melodía. Al final se levantó. 

- Ahora pueden llorar. - Les dijo a los presentes. - Él ya ha pasado la página

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09/03/2026, 04:23
Narrador

Día 27 de labrario del año 2052 del calendario Imperial al amanecer. Torreón de las Montañas Negras.

amaneció, cavaron tumbas en la ladera oriental, bajo un roble joven. Enterraron a Ylka con su lanza intacta sobre el pecho. A su lado, los enanos caídos fueron sepultados con sus herramientas y una moneda de hierro sobre los ojos.

- Para pagar el paso... - Dijo Balin.

Los cuerpos de los goblins, en cambio, fueron arrastrados al claro y quemados. Las llamas subieron altas, negras y con un olor horrible. Mientras ardían, Adso se adelantó. Vestía su hábito más limpio y alzó las manos y habló en voz baja.

- Morr no os juzga, sólo os cuenta... - Dijo de forma enigmática. - Que vuestro nombre sea olvidado, pero primero recordado. Descansad en paz, alimañas...

Nadie interrumpió al monje. Incluso Cagabotas, que se había mantenido a distancia, observando, bajó la cabeza un instante.

Al regresar al torreón, el olor a sopa los recibió. Dumpling había estado horas en la cocina. En una olla enorme burbujeaba un caldo espeso de cebolla, setas silvestres, cebada tostada y un toque de raíz amarga. Repartió cuencos sin decir palabra y nadie habló mientras comían.

Todo estaba en paz y aquellas gentes diversas, por primera vez en mucho tiempo, sentían que estaban en algo parecido a un hogar... aunque sabían que aquello no iba a durar demasiado.

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09/03/2026, 13:59
Chester Clancy

Me alegro genuinamente al salir de las minas y encontrarme con que Adso y el capitán han regresado. Siento un gran afecto por los dos y también alivio de que se encuentren bien, tanto que no puedo evitar correr a abrazarles en cuanto les veo en una actitud muy poco propia de mí.

Enterarme de que Alder está muerto es para mí un enorme revés emocional. No tanto porque le tuviera mucho cariño, como porque estaba seguro de que sobreviviría aunque para ello tuviera que revelar nuestros nombres e inventarse cualquier patraña acusándonos de demonologistas para arriba.

La pérdida del Aurora me resulta devastadora, porque ya lo consideraba mi hogar y porque buena parte de él lo pagué de mi propio bolsillo. Era legítimamente nuestro y hay pocas cosas que lleve peor que las injusticias. Lassange no tenía ningún derecho a requisárnolo.

Pero la gota que colma el vaso es descubrir que mi cargamento de lana se ha perdido también. Una pérdida insignificante comparada con todas las demás, pero rompo a llorar como un niño pequeño. ¡Maldita sea mi suerte, quién me mandaría a mí intentar hacer negocios!

Me lleva un buen rato conseguir serenarme, resumirle a Joseph todo lo que hemos vivido desde que nos separamos en Grissenwald y darle la parte del botín que le corresponde como nuestro capitán. Aunque no tengamos barco.

Y, cuando pensaba que ya no me quedaban lágrimas por derramar, resulta que Gemme ha perdido la cobertura con su dios y no consigue traernos de vuelta a los enanos y a Como-se-llame. El funeral resulta de lo más conmovedor, con el solemne discurso incomprensible de Adso y su cabeza afeitada y su apariencia de saber lo que está diciendo. Hasta que pronuncia los nombres de los difuntos y no puedo evitar poner los ojos en blanco y, a continuación, mirar de reojo a Renate.

—¿Ylka? No se llamaba así, ¿verdad? —le pregunto en un susurro durante la ceremonia—. Otra vez se está inventado cosas...

Pobrecilla. Siempre me preguntaré cuál era su auténtico nombre y también por qué decidió venirse con nosotros después de que la rescatamos de la granja en llamas en lugar de irse por ahí a vivir una vida larga y feliz. 

Más pena me dan Drogni y Rurik, a quienes me bastaron los pocos días que pasamos juntos para apreciarlos. A Durak no me dio tiempo a cogerle cariño, pero seguro que era un buen tipo; en cualquier caso, ya estaba muerto cuando lo encontramos y vivía de prestado desde entonces.

Lloro. Pero no lloro por ninguno de ellos, sino por mí y por todas las pérdidas que acumulo desde que me topé por primera vez con Gemme. Esta chica tiene que ser gafe. Ella intenta atribuirle sus gestas asombrosas al poder superior de su dios, pero yo empiezo a pensar que toda la suerte que tiene ella, nos la roba a los demás. Sí, tiene que ser eso, seguro.

Notas de juego

Le doy a Joseph el saquillo con cien coronas que guardaba para él y un reloj de bolsillo de latón (descontado de mi inventario).

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09/03/2026, 22:13
Renate Hauser

Renate contemplaba con tristeza su copa vacía. No tenía ni ganas burlarse del idiota de Adso y su nuevo corte de pelo.

Naaaah... No me suena ese nombre para nada. Nunca nos lo dijo. — aseguró a Chester encogiéndose de hombros—Se lo habrá inventado para hacerse el listo. Ya sabes, sus cosas.

Suspiró ruidosamente. Empezaba a aburrirse. Lo malo de la acción era que, cuando terminaba, siempre le quedaban ganas de más. Y sin barco, estaría obligada a buscar la diversión a pie. Realmente era para estar triste. Le dio la vuelta a la copa, a ver si caía vino como por arte de magia, y como eso no ocurrió, la lanzó lejos.

Vaya unas caras largas, joder. Aunque no me extraña, con la tonterías que suelta el lila de Adso también me dan ganas de tirarme a un pozo. ¡En fin! ¿Qué pasa? ¿Es que no vamos a buscar otro puto barco o qué? ¿Aquí se acaba la aventura? ¡Y una mierda para vosotros, banda de llorones! ¡Cómo se nota que sois jóvenes! ¡La vida sigue, nenes! Y yo no me voy a quedar aquí a vivir. ¡Necesito diversión! Y también encontrar a ese Lassange. Empiezo a tener unas ganas considerables de darle una buena patada en el culo. ¿Vosotros no?

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10/03/2026, 01:11
Gemme Or Cramoise

Gemme respetaba mucho las ceremonias a los.dioses, a los que estaban de su lado al menos, y los difuntos merecían su momento para cruzar en paz. Atendió y participó tomando en serio todo el proceso, trataba de mantenerse entera, aunque las pérdidas también pensaban en su corazón. Pero si ella caía, ¿Quién sostendría al grupo? A Chester se le veía muy afectado, imaginaba que ver a aquellos que habían perdido la.vida.en.esa.emprrsa se hacía duro, y a ese dolor había que sumarle la muerte de Alder de quien no podrían despedirse. No le extrañaban las.lagrimas del contramaestre, eran lícitas y las respetó también.

Sin embargo no podían perder el objetivo de vista, la bruja Hetelka seguía con su siniestro plan, el Imperio dependía de ellos, por más extraño e imposible que pudiese parecer.

- Deberíamos descansar un poco, reponer fuerzas y, cuando Hansen y Eka puedan viajar, reemprender el camino.-Renate sentía la necesidad de moverse también. El peligro podía presentarse en la torre en cualquier momento de nuevo, mejor sería aprovechar el tiempo  La anciana expresó su deseo de tener unas palabras con Lasagne - Es mejor evitar encontrarnos con él, solo hay un final posible si nos da alcance- observó a todos, el cansancio pesaba, ella lo sentía también pese a su disciplina - subiré al balcón del solarium para orar y reponerme- era imperativo ayudar a los heridos para que todo el grupo pudiese retomar camino.