Partida Rol por web

In Deos Corpora

Acto I - 1. Reclutamiento

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14/06/2015, 18:00
Amil Eashana
Sólo para el director

Amil no había caído en la propuesta de Erina. No estaba acostumbrado a que le ofrecian material de primer nivel para labores médicas. La distancia nunca había sido un problema cuando alguie necesitaba ayuda, así que aunque el jet estuviera más lejos, habría que arriesgarse.

- Que los dioses te lo paguen. Tú delante. - dijo asintiendo mientras en su rostro se dibujaba la angustia apremiante de la cuenta atrás.

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14/06/2015, 18:09
Director

Amil no había caído en la propuesta de Erina. No estaba acostumbrado a que le ofrecieran material de primer nivel para labores médicas. La distancia nunca había sido un problema cuando alguie necesitaba ayuda, así que aunque el jet estuviera más lejos, habría que arriesgarse. Amil asintió mientras en su rostro se dibujaba la angustia apremiante de la cuenta atrás.

- Tú delante. Que los dioses te lo pa...

La última palabra de Amil se perdió en la noche, sustituida por un súbito estrépito que acabó con el silencio del bazar del pescado. Una repentina luz deslumbró a Erina, Amil y Rajani, que retrocedieron unos pasos asustados. Las puertas de las dos casas que tenían justo enfrente, en el lado contrario de la calle donde encontraron a Daya, se habían abierto de par en par y la luz proveninente de unas linternas les dio directamente en el rostro, deslumbrándoles. Cuatro figuras salieron rápidamente de las casas, portando las linternas y rodeándoles en forma de semicírculo, atrapándoles contra la pared.

Con las manos protegiéndose los ojos, Erina y Amil pudieron apreciar que las figuras llevaban uniforme. Amil rápidamente lo reconoció como el uniforme del Cuerpo de Policía Indio. Erina no reconoció tan rápido las camisas blancas, las altas botas y la boina negra, pero no tardó en atar cabos cuando vio el mismo símbolo que identificaba el casquillo en la pechera de los hombres.

El siguiente detalle del que se percataron, mientras Rajani se abrazaba aterrorizado a la  cintura de Erina, es que las linternas estaban acopladas a la empuñadura de unas pistolas que les apuntaban directamente al pecho. Tres de los hombres apuntaban a Amil, pero el cuarto y más cerano a Erina, le apuntaba a ella.

Una quinta figura salió de la casa de la derecha, con el mismo uniforme que las demás y con su arma apuntando al suelo, la linterna también encendida. Durante una fracción de segundo pudieron ver a un hombre abrazando con gesto protector a una mujer en el interior de la casa, pegados a la pared más lejana a la puerta. Con paso firme, el oficial se colocó en el medio de sus cuatro hombres. Pese a que lanzó una mirada inquisitorial a Erina, que claramente destacaba en ese entorno, su voz era firme al hablar y sus ojos, oscuros en su tez morena, miraban fíjamente al monje.

-Amil Eashana, queda detenido por infringir los Artículos 1, 3, 8 y 17 del Decreto de Prioridad, incluyendo el no registro ante un organismo oficial, la práctica ilegal de medicina y el prestar atenciones médicas sin autorización del Gobierno Indio. Deje al niño en el suelo, coloque las manos sobre la cabeza y dese la vuelta muy despacio. Y usted señorita, suelte el bolso y no haga nada estúpido. Nadie tiene  por qué salir herido.

Mientras el oficial habla, uno de sus hombres se lleva la mano a la oreja y asiente levemente. A Erina no se le escapa ese gesto y alcanza a distinguir unos pequeños auriculares en los oídos de los cinco hombres.

Notas de juego

Aprovecho este post para introducir una funcionalidad de la web, que es la posibilidad de elegir destinatarios. En cada uno de vuestros posts podéis elegir que el destinatario sea todos los jugadores, sólo algunos o sólo yo. En este caso, pedí a Mario que escribiera su respuesta con la opción "Sólo para el director", así que solo la veo yo y la he podido integrar en mi post. Utilizaré este sistema en momentos en los que la acción lo requiera para dar dinamismo.

También es mi primer experimento con poner música a los posts, no es mi punto fuerte, pero intentaré hacerlo lo mejor posible :D

Es posible que en los próximos posts queráis utilizar poderes. Voy a probar para ello con el sistema de Corbacho (Carlos). En vuestro post expresáis vuestras intenciones, lo que queréis hacer, sea poder o no. Yo describiré los resultados y las interacciones con los otros PJs o PNJs. Esta es primera escena de "acción", así que perdón si fallo en algo. Acepto sugerencias, ya sabéis todos.

 

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14/06/2015, 19:24
Erina Avramidis

El súbito asalto de los hombres del gobierno hizo que Erina perdiera la cabeza un momento. Antes de situarse y volver a saber qué estaba ocurriendo, los rayos de luz de las linternas acopladas a las pistolas la cegaron y pusieron nerviosa. Tardó un instante en recomponerse, lo justo para que apareciera el hombre que parecía estar al mando. Al ver que hablaba en inglés, trató de calmarse. Cogió aire y después de un segundo en el que no ocurrió nada, Erina empujó con mucha suavidad al niño más pequeño, que se había pegado a ella, poniéndole a su espalda. Luego puso las manos en alto, pero sin soltar su bolso. Evitó mirar a las pistolas que les apuntaban y fijó sus ojos en los del jefe del grupo. Odiaba la India.

—Por todos los Dioses, caballero, creo que no es necesaria la violencia. -Aquello parecía de más teniendo en cuenta que había un niño muriéndose en brazos de Amil.- Discúlpeme, pero creo que ha habido un terrible error: me llamo Erina Avramidis, y soy ciudadana griega. Mi padre es Dymas Avramidis, el dueño de World Wide Sight e íntimo amigo del Ministro de Exterior Yamir Devendra -por supuesto, sabía que su padre conocía a ese hombre, pero no estaba especialmente segura de que fueran íntimos amigos. Como fuera, estaba segura de que el gobierno indio no querría enfrentarse al ejército de abogados europeos de su padre y convertir aquello en un asunto de prensa internacional-. Si me permitiera coger mi documentación... Está en mi bolso. -Esbozó una sonrisa falsamente nerviosa en dirección al hombre.- Lo cogeré, tiraré el bolso al suelo como me ha ordenado y se lo daré a uno de sus hombres para que lo examine usted. Por favor; nada me gustaría más que saldar este asunto con toda la tranquilidad posible y sin montar un espectáculo. ¡Imagine qué diría mi padre...!   

Esperó con paciencia a que el hombre le diera permiso. Puso su mejor sonrisa de niña pija y rica, y se aseguró de que la luz de las pistolas se reflejara en sus pendientes de oro. Ahora maldecía no haber llevado más joyas. 

Notas de juego

Noquieromorircosorro

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14/06/2015, 20:27
Director

El oficial tamborileó impaciente con los dedos sobre la pistola mientras Erina hablaba. Los otros cuatro policías no movieron ni un músculo sin dejar de apuntarles. Ante la mención del Ministro de Exterior, sin embargo, el pétreo rostro del hombre pareció titubear por un segundo y dos de los policías intercambiaron una mirada fugaz. Sin embargo, cuando habló su voz era tan firme y autoritaria como momentos antes.

-Señorita, estaré encantado de comprobar sus papeles en comisaría mientras nos explica qué hace en la India con un presunto criminal. Ahora ¡suelte el bolso y no se mueva! ¡Señor Eashana, deje al niño y dese la vuelta con las manos en la cabeza o entenderé que está desafiando a la autoridad!

El hombre, cuya morena frente brillaba cubierta de sudor ante la luz de las linternas acompañó sus palabras con un firme paso hacia delante. Nada en su actitud hacía pensar que le gustaba que le hicieran perder el tiempo.

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14/06/2015, 23:51
Amil Eashana

Amil mantuvo la calma  y adoptó una actitud tranquilizadora. Era evidente que, dada la situación, no iba a conseguir nada a través del diálogo, pero tenía que intentar evitar las medidas más drásticas. Además, Erina también estaba en peligro y había viajado hasta allí por él. En parte, se sentía culpable de la situación a la que le había llevado su viaje, y de todo lo que le pudiera pasar mientras estuviera allí.

- El niño morirá si no hacemos algo rápido. Déjenme tratarle y luego haré lo que quieran. Tienen mi palabra. - dijo Amil en perfecto hindi, para intentar sonar menos hostil. Hablaba con un tono calmado, pese a que estaba siendo apuntado por armas de fuego y tenía un niño desangrándose en sus brazos.

- El niño puede ir a un hospital y pagar por los servicios que necesite, como cualquiera.  - responde el oficial con una malvada sonrisa.

Pese a esperar una respuesta parecida, la frustración y la ira empezaron a crecer dentro del monje. Era un niño, que no había hecho absolutamente nada malo a lo largo de su corta vida, y que estaba a punto de morir simplemente por la maldición de haber nacido pobre. No solo no era justo, sino que la situación era de una inhumanidad repulsiva. Los ánimos de Amil parecían empeorar por momento, dando lugar a unos sentimientos muy poco propios de una persona que había consagrado su vida a salvar las de otros.

- Por favor, no tenemos tiempo de nada de eso, el niño se está desangrando. – era inútil. La súplica de Amil no iba a surtir ningún efecto. Esos hombres estaban ahí por un único motivo, y la ley era simplemente un pretexto.

- Señor Eashana, deje al niño y no se resista. No habrá más avisos. – el oficial levanta un poco más la pistola, que apuntaba directamente hacia el monje, dejando claro su posición de no ceder ni un palmo.

En ese momento, volvió a pasar. En el instante que dura una chispa, el monje pudo volver a ver a esa mujer aferrándose al cadáver de su bebé en una calle cualquiera de una ciudad cualquiera. La imagen varió, mostrándole los incontables cuerpos que rígidos que salían desde ambas orillas del Ganges en una marcha lenta e inexorable que parecía no acabar nunca, mientras personas ataviadas con intrincados encajes miraban desde altos balcones y se tapaban la nariz con delicados pañuelos de seda bordada. En un último momento, pudo ver a Rajani y a Daya jugando, un día cualquiera, con un perro callejero al lado del bazar del pescado. Parecían felices de no tener nada. Feliz de poder disfrutar de un día más.

Amil suspiró profundamente. Definitivamente, no había otra salida.

- Me temo que… no me dan otra opción – casi parecía que al monje le costó decir esas palabras. Como quien se resigna al matar al cordero por dar de comer a su familia.

No se movió. Simplemente desdibujó el espacio, y empezó de nuevo, como quien rectifica en un lienzo. Se centró en sus trazos, en dónde empezaban y terminaban, e impuso el nuevo modelo.

“Unión. Aquí.”

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14/06/2015, 23:57
Director

Todo ocurre en un abrir y cerrar de ojos. Erina y Rajani gritan y el oficial exclama algo en hindú. Suena un disparo y otro le sigue inmediatamente después.

Al mismo tiempo los cuatro, Amil con Daya y Erina con Rajani, se precipitan hacia abajo sobre el suelo... de la casa de Amil. El monje, que parece ser el único que esperaba lo que iba a ocurrir, cae de rodillas, logrando sostener a Daya aún en sus brazos. Erina y Rajani, por su parte, se enredan en un confuso amasijo de piernas y brazos mientras ruedan por el suelo aún entre gritos.

En un último momento, Erina alcanza a incorporarse y lanzar una asustada mirada a su alrededor. Sus ojos ya de por sí desorbitados se abren aún más cuando, en una de las paredes, junto a la estantería donde Amil guardaba sus hierbas, ve con claridad los toldos del bazar del pescado y la entrada al callejón aunque parece mirarlos desde... abajo. Los haces de luz de las linternas apuntan, frenéticos, hacia donde ellos se encontraban instantes antes.

Aún oye al oficial exclamar de manera incomprensible, hasta que el silencio vuelve a inundar la estancia. Erina no ha parpadeado, pero de repente la escena ya no está y la pared de Amil vuelve a ser de adobe normal y corriente. Ya no huele a pescado, ni se oyen disparos, ni se ven las linternas.

Sólo huele a té. A té, a sangre y a ira.

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15/06/2015, 11:10
Erina Avramidis

En cuanto fue capaz de recuperar el habla, Erina boqueó un par de veces, soltando un par de maldiciones en inglés. Tenía una sensación rara en la boca del estómago y, no podía dejar de sentir un grito abriéndose paso aún por su garganta. Había mil pensamientos arremolinados en su cabeza, y uno estaba escrito en letras grandes y rojas. 

"Maldita sea, papá.

—Tenemos que irnos de aquí. Saben dónde vives. -Sin miramientos, se dirigió hacia Amil y le cogió del manto que lo cubría.- ¿Puedes hacer eso donde quieras? Llévanos a mi jet. Despegaremos enseguida y podrás encargarte del niño en el aire, en espacio aéreo internacional. ¿Puedes...? -Chasqueó la lengua, dándose cuenta de que estaba temblando. ¿Qué locura era aquella? ¿Cómo diablos había hecho Amil aquello?

Miró al hombre, que aún observaba con gravedad la herida del niño en sus brazos. El más pequeño, el que había caído con Erina, empezó a gimotear. Probablemente estaría aterrado. La griega se arrodilló junto a él y lo abrazó, acariciándole la cabeza y susurrándole palabras de consuelo que, aunque no entendía, parecían surtir algo de efecto. Tragó saliva. Ella también estaba asustada. Pero no podía dejar de mirar a Amil.

"Especial", resonaba en su cabeza, con su misma voz, la misma que lo había pronunciado hacía apenas unos minutos en aquella misma chabola. Algo se agitó dentro de ella y tuvo que cerrar los ojos con fuerza para que el remolino de sus propios pensamientos no se tragara su cordura.   

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15/06/2015, 16:35
Amil Eashana

Todo parecía haber salido bien.

Al menos, Amil había conseguido ganar algo de tiempo hasta que pudieran volver a localizarlos. Sin embargo, Daya se estaba quedando sin él, y no podían arriesgarse a ir al jet aunque estuvieran a pocos minutos. Necesitaba esos cuidados inmediatamente, y haría lo que fuese necesario para salvarle la vida al chico. Volvió la vista hacia a Erina. Adoptó el tono más amable y cálido que supo encontrar, para intentar que dejara de hiperventilar un poco.

- Ya está, no pasa absolutamente nada. - en su cara volvía a aparecer la misma sonrisa que Erina había visto antes de que todo eso ocurriera. Una sonrisa que reconfortaba y que te hacía sentir protegido. - Nos iremos ahora mismo. Ayúdame a coger un par de cosas de ese armario. No tardaré en hacer la maleta. - una broma para quitarle gravedad al asunto e intentar relajar tensiones.

Mientras Erina cogía los tarros que le había dicho, y algunos objetos de aparente poco valor, Amil se dirigió a la puerta de madera que hacía de única entrada a la casa. En el último momento se giró de nuevo hacia Erina, con Daya aún en brazos.

- ¿Confías en mí? Cierra los ojos - cuando la griega los cerró, Amil abrió la puerta que daba a la calle. Rajani hizo lo mismo, creyendo que se trataba de algún tipo de juego.

- Tú primero.

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15/06/2015, 17:58
Director

Cuando Amil abre la puerta, un rectángulo de luz ilumina la estancia. Al notar la luz tras sus párpados, Erina no puede evitar abrir los ojos y, por segunda vez en menos de un minuto, vuelve a quedarse sin palabras. Al otro lado de la puerta puede ver los sillones blancos de su jet, las suaves luces iluminando el techo y la mullida moqueta azul en el suelo. Anonadada, avanza unos pasos e inmediatamente el perfumando aroma de su propia colonia, que ya ha hace tiempo que quedó camuflada entre el pescado, el sudor y el polvo, vuelve a inundarle los pulmones.

Aún titubeante, se dirige hacia la estancia principal del avión, donde cuatro sillones se agrupan en torno a una mesa y se da la vuelta, a tiempo de ver a Rajani, seguido por Amil portando a Daya, entrar en su jet a través de... bueno, de la puerta del baño. Con suavidad Amil deja a Daya en el suelo, junto a la mesa y se apresura a examinar sus heridas. Rajani, tan atónito como la chica griega, se arrodilla a su lado sin dejar de mirar alrededor. Alza la mirada y mira sonriente a Erina.

-¿Serías tan amable de cerrar la puerta, por favor? Podrían seguirnos.

Erina, aún sorprendida, deja los tarros que cogió en la mesa, vuelve hasta la puerta por la que han entrado y, tras detenerse a observar una última vez la casa de Amil, cierra la puerta. Espera dos segundos y vuelve a abrirla. Una agradable melodía suena en cuanto lo hace, unas suaves luces amarillas se encienden y el fresco olor llega hasta ella, mientras mira atónita la limpia taza y el pulcro lavabo.

-Tienes que enseñarme a hacer eso... -musita más para así que para Amil.

Una sirenas interrumpen los pensamientos de todos. Erina se apresura a mirar por la ventana. En la azotea del edificio ve a Raina, su azafata, mantener una acalorada discusión con el dueño del museo. Al lado de ambos un modesto montón de cajas aguarda con tranquilidad. Su segunda azafata y el copiloto están en ese momento dejando dos paquetes más junto a ellos. El sonido de las sirenas aumenta de intensidad y, preocupantemente cerca, se ven unos destellos de luces azules y rojas subir desde la calle.

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15/06/2015, 18:45
Erina Avramidis

Erina apenas puede contener aún el asombro cuando se empiezan a escuchar las sirenas. Con una rapidez impresionante, marca el número de Raina en el móvil de su muñeca y la ve contestar por una de las ventanillas del jet. Pese a las prisas, se aseguró de hablar en griego, para que el hombre del museo no se alterase demasiado. 

—Raina, moved el culo. Todos arriba: nos vamos. Coged el botiquín si lo habéis bajado ya, y dejad el resto. ¡Vamos, vamos, vamos! Dile a ese gordinflón de mierda que sois simples empleados y no queréis problemas, que os largáis: y si te pregunta, te acabo de decir que estoy en un mercado cerrado, al otro lado del río. Es más, asegúrate de decírselo. Vosotros haceos los cobardes, subid al jet y ponedlo en marcha -Erina no pudo evitar sonreír de medio lado al ves la expresión de asombro de Raina por la ventanilla-. ¡Haz lo que te digo! ¡Vamos, o estáis todos despedidos! 

Sin llegar a cortar la comunicación, simplemente silenciándose, comprobó que Raina hablaba con el hombre y con sus compañeros de trabajo. Asintió, satisfecha, y se dio la vuelta para mirar a Amil, que comprobaba el pulso del niño.

—¿Qué necesitas, Amil? -Pese al color moreno de la tez del niño, se le veía ya prácticamente lívido.- Ha perdido mucha sangre... 

Escuchó un sollozo detrás de ella y se dio cuenta de que el niño pequeño estaba punto de echarse a llorar de nuevo. Acercándose a él con una sonrisa, se agachó, poniéndose a su altura, y le secó un par de lágrimas. Luego lo llevó hasta uno de los cómodos asientos tapizados blancos y lo sentó allí. Son un suspiro, se llevó la mano a los tobillos y tras un instante de duda se quitó los tacones y los lanzó al fondo de la cabina del jet. Aquella noche estaba siendo verdaderamente estresante, y no esperaba estar segura hasta que estuvieran en el aire. Y aún con esas, el viaje hasta Grecia sería como mínimo movidito. 

 

 

Notas de juego

Víctor, necesito saber a qué distancia están más o menos las cajas y dónde coño está mi piloto, que no se le ve por ninguna parte. Os quiero. No me matéis. 

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15/06/2015, 22:27
Amil Eashana

- Necesitaré vendas, hilo de sutura y lo que puedas ofrecerme para desinfectar. - empezó a enumerar Amil sin apartar la vista de la herida. Seguidamente le quitó las ropas llenas de sangre y se giró en derredor buscando un sitio alto para intervenir a Daya. Entonces, reparó en la situación del exterior, y en que Erina seguía acalorada y tensa. Estaba tan absorto en Daya que estaba empezando a hacer caso omiso de lo que ocurría a su alrededor. Extendió una manta que había en uno de los sillones sobre una mesa, y dejó ahí a Daya suavemente. Después, se volvió a Erina. - O también puedes decirme dónde puedo encontrar todo eso y solucionar lo de esas luces de ahí fuera. - Amil posó una mano amable en uno de los hombros de Erina y la sonrió una vez más. - Estoy seguro de que hoy has hecho más de lo que inicialmente se te pidió.  - eran solo palabras, pero era lo único que podía hacer en ese momento, hasta que todo lo de Daya se estabilizara un poco pudiera estar con ella algo más de tiempo. Sus ojos eran como miran a un estanque en calma, lo cual no concordaba en absoluto con todo lo que estaba ocurriendo (y había ocurrido) esa noche -Gracias por todo, Erina.

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16/06/2015, 20:51
Erina Avramidis

Erina esbozó una sonrisa cuando, de repente, la puerta de la cabina del avión se abrió, para dejar ver a un asombrado hombre de mediana edad, con el pelo y la barba bien recortados, en los que se entreveían ya algunas canas. Observó a los tres varones de hito en hito, y cuando sus ojos pasaron a examinar a Erina, pareció costarle un par de segundos reconocerla. 

—¡Señorita! ¿Qu-qué diablos le ha ocurrido? -El hombre empalideció al ver la sangre del niño que se derramaba sobre la manta en la mesa.- Dios mío. 

—Te lo explicaré todo luego, Evander, ahora arranca este trasto. Ponnos a volar.

El piloto pareció desconcertado un instante, pero luego volvió a la cabina y empezó a apretar botones bajo la mirada de expectación de todos. En ese momento, en el exterior, se empezaron a escuchar gritos, y los ruidos de las sirenas estaba más cerca que nunca. 

Erina se asomó al exterior por una ventana y chasqueó la lengua.

—Mierda...  

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16/06/2015, 21:07
Director

Tras la extraña llamada de Erina, Raina le ofreció al director del museo sus más educadas disculpas.

-Señor Saraaf, se lo repito, no puedo decirle el motivo de la descarga de mercancías del jet porque no lo sé. La señorita Avramidis no nos ha mencionado sus razones, nosotros solo seguimos órdenes. Es muy posible que se trate de una donación, no sería la primera vez que la señorita actúa como benefactora. Le ruego que nos disculpe, pero nos ha pedido que volvamos al avión y esperemos allí, ella se encuentra en un mercado y es posible que nos requiera pronto para ir a buscarla. No me cabe duda de que enseguida sabrá usted de ella y le explicará amablemente sus motivos.

Raina estaba resignada a que el señor Saraaf siguiera exigiendo explicaciones, había permanecido muy nervioso durante toda la ausencia de la señorita Erina y en cuanto empezaron a descargar la comida del jet empezó a avasallarle a preguntas al respecto. Sin embargo, justo cuando el hombre se disponía a replicar, se llevó la mano a la oreja y guardó silencio un segundo, mirando hacia otro punto. Un momento después se dio la vuelta y empezó a vociferar en hindú mientras se dirigía a la carrera hacia la puerta de la azotea y desaparecía tras ella. Raina se encogió de hombros y no se quedó a esperar a averiguar el motivo de la llamada. Simplemente indicó a sus compañeros que la señorita Erina les había ordenado que volvieran al jet y lo pusiesen en marcha. Estaba acostumbrada a peticiones extrañas y a no cuestionar motivos, pero ciertamente esa noche estaba siendo de lo más inusual.

Cuando se encontraban ya a unos pasos de la puerta del jet, recordó que Erina también le había pedido el botiquín. Les dijo a Astrid y Eustace que subiesen al jet y, chasqueando la lengua se dio la vuelta dispuesta a ir a por el botiquín. No había dado ni dos pasos de vuelta hacia el montón de cajas cuando la puerta de la azotea se abrió de nuevo, dando paso a lo que a todas luces eran dos policías indios, seguidos por un cada vez más alterado señor Saraaf. A juzgar por el tono de sus gritos, las pistolas que llevaban en las manos y que no paraban de agitar los brazos hacia la cabina del jet, Raina podría haber jurado que querían que no subiesen al jet.

Notas de juego

Astrid y Eustace (segunda azafata y copiloto) acaban de entrar en el jet.

Raina está a unos 3 metros de la puerta del jet.

Los policías (son dos de los de antes, pero no está el oficial) están a unos 30 metros.

Las cajas (incluyendo el botiquín) están entre los policías y el jet, a media distancia.

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16/06/2015, 21:44
Erina Avramidis

En cuanto Astrid y Eustace subieron al jet, Erina les hizo un gesto para que guardaran silencio, pero fueron incapaces. La griega hizo un mohín con la cara ante las exclamaciones de sus empleados. 

 —¡Señorita! -Exclamó Astrid.- ¡¿Cómo ha subido?! ¿Cuándo? 

—No más preguntas. Preparaos para el despegue YA. -La voz de Erina sonó lo suficientemente autoritaria como para que no hicieran más preguntas sobre la escena que se llevaba a cabo a espaldas de su jefa. Eustace entró en la cabina junto a Evander y Astrid comenzó a asegurar los compartimentos de donde habían sacado las provisiones. Erina miró a la puerta con impaciencia.- ¿Dónde diablos está Raina? 

Con cautela, se asomó a la ventanilla, y en ese momento vio a la azafata a punto de alcanzar la escalerilla que llevaba dentro del jet, pero se había quedado paralizada. Frente a ella, junto a la puerta de la azotea, había dos policías que la apuntaban con sus armas mientras hacían aspavientos. La griega sintió cómo se le hacía un nudo en el estómago. A sus espaldas aún oía los gemidos del chico al que Amil trataba lo mejor que podía, pero necesitaba el botiquín, y Erina no tardó en verlo todavía junto al montón de cajas de comida. Chasqueó la lengua, cerró los ojos un momento y luego contuvo suspiró. "Joder, Raina; tú y tu cabeza".      

—Quedaos aquí -dijo, dirigiéndose a Amil y a los niños. Luego se acercó a la puerta del jet y miró a Eustace, que había girado la cabeza al ver a los policías armados apuntando a Raina.- ¡Despegad! -Ordenó la griega. 

Y entonces se lanzó escaleras abajo hacia la azafata, sin escuchar el grito de Astrid. Los policías se sorprendieron al verla, pero no tardaron en reaccionar. Uno comenzó a hablar por su pinganillo, y enseguida las dos armas la apuntaron a ella. Erina agarró a Raina por un brazo y la empujó hacia el jet sin perder de vista a los hombres. La mujer soltó una exclamación al verla. 

—¡Señorita! ¡Creí que-!

—¡AL JET, VAMOS! 

Sin dejarle decir nada más, volvió a empujarla suavemente, y Raina reaccionó y comenzó a subir las escaleras de dos en dos. Erina, en cambio, echó a correr hacia el montón de cajas. Los policías le gritaron algo en hindi, y amenazaron con disparar si se acercaba más a las provisiones. Entonces, Erina paró a mitad de camino, a unos ocho metros el jet. El corazón le latía con fuerza, y su respiración era irregular. Subió las manos lentamente, y los dos policías parecieron calmarse momentáneamente. Sin embargo, la griega cerró también los ojos con fuerza, concentrándose. 

Raina gritó su nombre ya desde el interior del jet, y entonces Erina abrió los ojos y el maletín blanco del botiquín salió disparado hacia su mano, atravesando el aire, espoleado por una fuerza invisible. Lo agarró con todas sus fuerzas y echó a correr de nuevo en dirección al jet, lo más rápido que podía.  

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16/06/2015, 22:12
Director

Cuando el botiquín sale volando directamente hacia las manos de Erina, los agentes no puede evitar abrir la boca asombrados. Se suponía que esa iba a ser una noche fácil. Llevaban un tiempo siguiéndole la pista a ese médico ilegal llamado Amil y su jefe había ideado por fin un plan para atraparlo. Por lo que sabían, mostraba especial aprecio por los más pobres y jóvenes, así que la trampa había sido extremadamente sencilla de preparar y nadie echaba nunca de menos a los huérfanos callejeros. No necesitaban más que pillarle con las manos en la masa, ejerciendo medicina sin autorización, para poder detenerlo.

Algo empezó a ir mal en el momento en el que vieron a la chica con el monje. Entonces habían desaparecido, como si literalmente se los hubiera tragado la tierra, delante de sus propios ojos. Su jefe recordó que mientras tomaban posiciones en el bazar habían visto de lejos aterrizar un jet en el museo del señor Saraaf y dada la pinta de rica que tenía la muchacha bien podía pertecener a ella, así que les había mandado a investigar la zona mientras ellos buscaban en la casa de Amil.

Era evidente que estaba en lo cierto, aunque pareciese imposible que esa joven hubiera llegado hasta allí antes que ellos. Y por si no fuera bastante extraño todo ya... ahora un maletín blanco acababa de salir volando como por arte de magia.

Por ello, cuando Erina echó a correr hacia el jet, cuyos motores ya se habían puesto en marcha, solo necesitaron un par de segundos para decidir que aquello ya había ido demasiado lejos. Era el momento de acabar. El recuerdo de las palabras "íntimo amigo del Ministro de Exterior Yamir Devendra" fue lo único que les hizo apuntar hacia las piernas y no directamente a su espalda. Aunque a esa distancia... nada podía evitar que fallasen.

Ambos disparos sonaron casi al unísono. Centésimas de segundos después, un fogonazo de luz roja y ruido estalló en la azotea, envolviendo durante un instante a Erina. La chica griega detuvo su carrera de inmediato, justo al pie de la escalera. Temblorosa, se apoyó en el pasamanos. Ni siquiera había pensado en hacer eso. Era como si su cuerpo hubiese reaccionado solo. Sin mirar atrás, subió los cuatro escalones casi de un salto y se dio la vuelta mientras traspasaba la puerta del jet.

Un tercer disparo resonó en Benarés. Esta vez Erina pudo ver, como si fuera a cámara lenta como la bala se detenía a escasos centímetros de su cara y desaparecía en un nuevo estallido de luz escarlata. Sonrió, retrocedió hacia el interior del jet con el botiquín aferrado entre sus brazos y observó como la puerta se cerraba y la escalerilla se plegaba mientras el avión comenzaba a elevarse. Aún tuvo tiempo de ver cómo los policías bajaban las pistolas impotentes y la incrédula expresión del señor Saraaf. Unos segundos después, las luces del museo y de todo Benarés se convertían en pequeños puntos luminosos en la distancia.

Estaban a salvo.

Notas de juego

Mario, Sandra, tenéis la oportunidad de interaccionar entre vosotros todo lo que queráis antes de que cierre la escena.
 

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16/06/2015, 23:20
Amil Eashana

Amil seguía pendiente de la herida de Daya. Había conseguido detener la hemorragia, pero seguía en estado crítico. Necesitaba ese botiquín cuanto antes. Fue entonces cuando oyó los gritos y advertencias en hindi y se asomó a una de las ventanas del jet. El monje pudo identificar a los guardias a los que habían dado esquinazo en el callejón del bazar del pescado. Simultáneamente, vio la Erina dirigirse hacia las cajas de provisiones, y su instinto fue bajar a ayudarla. Instantes después, se oyeron dos disparos, seguidos de un intenso fogonazo escarlata. Amil miró de nuevo por la ventana, con los ojos muy abiertos, temiéndose lo peor. Al ver que Erina seguía con vida, y además parecía ilesa, Amil no pudo contener un profundo suspiro de alivio.

Después reparó en otro aspecto muy importante, y su alivio se convirtió en felicidad. No estaba solo, no era el único. De repente, un sentimiento que hacía tiempo que daba por perdido, resurgió imparable desde lo más más recóndito. Un sentimiento de apoyo, confianza, seguridad... como quién ve a un aliado surgir al amanecer en mitad de una batalla para compartir tu contienda. Sabía que Erina y él compartían un destino. Un principio y fin en sí mismos.

Pese a lo ofuscada y tensa que parecía la mujer griega al cerrar la puerta del jet, Amil le cogió con suavidad el botiquín mientras le daba un cálido abrazo. Como quién parece reconocer a alguien que hacía que tiempo había perdido, Amil miró a Erina con las manos apoyadas en sus hombros. No hubo palabras esa vez, tan solo una larga mirada, que parecía decirlo todo.

Sin perder mucho más tiempo, se volvió hacia Daya y empezó a trabajar con precisión sobre la herida. Esta vez, con el ánimo que infunde una esperanza recién nacida.

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29/06/2015, 18:21
Director

Con los materiales del botiquín, Amil no tuvo problemas para encargarse de la herida de Daya. Con la ayuda ocasional de Erina, pronto el chico dejó de sangrar y pareció estabilizarse. Decidieron acostarle en el pequeño compartimento dormitorio (un pequeño espacio tras una puerta corrediza que ocultaba una cama y un par de cajones empotrados). Su hermano se quedó con él y pronto los dos se durmieron.

Amil y Erina se sentaron en los sillones de cuero blanco, agotados. Pese a que cruzaron furtivas miradas, no hablaron en todo el viaje, cada uno sumido en sus propios pensamientos. La cabina insonorizada apenas dejaba entrar ruidos del exterior y si cerraban los ojos sus mentes vagaban de aquí para allá, en preguntas sin respuesta, dudas y miedos, pero también esperanzas. Los dos lo sabían. Algo estaba a punto de comenzar y sus vidas iban a dar un vuelco.

Al cabo de algo más de una hora, Erina empezó a tamborilear con los dedos en el reposabrazos. El viaje de ida había durado tan sólo una hora. Éste se le estaba haciendo más largo de lo normal. Finalmente, presa de la impaciencia, la muchacha se asomó a la ventanilla. Solo vio oscuridad, lo que le indicó que estaban encima del agua. Eso no tenía sentido. Deberían ver tierra, deberían ver luces, deberían estar sobrevolando Grecia y, de hecho, deberían haber llegado ya.

Con paso firme, se dirigió hacia la cabina de los pilotos, dispuesta a exigir una explicación. Justo en ese momento Raina apareció en el estrecho pasillo, con expresión desconcertada. Al parecer, Erina no era la única que había notado que algo raro pasaba.

-Raina, ¿qué narices pasa? Deberíamos haber llegado ya, ¿se puede saber dónde estamos?

­-Señorita yo… no estoy segura. Evander sólo me ha dicho que sigue órdenes del señor Avradamis. Y respecto a eso… acaba de llamar. Estará en la pantalla en unos segundos.

Erina abrió la boca para replicar pero ante la noticia de una llamada de su padre, cambió de opinión. Sabía por experiencia que su padre siempre iba varios pasos por delante de ella y que todo parecía responder a un plan suyo. Se dirigió de vuelta a la cabina principal y sacudió suavemente el hombro de Amil. El monje llevaba bastante tiempo inmóvil, con los ojos cerrados y la respiración acompasada, pero en cuanto Erina le tocó, le miró directamente, interrogante.

-Amil, es mi padre. Ha llamado.

Sin decir más, se volvió a sentar en su sillón, al tiempo que dos pequeños filamentos metálicos descendían del techo, enfrente suyo. Ante la atenta mirada de Amil y Erina, los filamentos bajaron hasta la mitad del espacio vertical de la cabina y se detuvieron. A continuación, con un parpadeo, una imagen se hizo visible entre ambos. La proyección de un hombre mayor, con traje negro y sombrero blanco, sentado en un sillón, les saludó sonriente. Tras unas gafas ligeramente oscurecidas, su tez morena mostraba signos de edad, pero sus dientes eran perfectamente blancos en su sonrisa y su postura, la de alguien que se siente exactamente en el lugar en el que quiere estar. Tras él, una surtida biblioteca. No se veía a nadie más y Erina no reconoció el lugar.

Cuando habló, en perfecto inglés, la voz de Dymas Avradimis fue firme pero calurosa, severa pero conciliadora. No se incorporó. No se movió. Solo sus ojos, del mismo penetrante verde que el de su hija, alternaban su mirada entre Amil y Erina cada pocos segundos.

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29/06/2015, 18:22
Dymas Avramidis

-Sabía que no me defraudarías, hija. Estoy muy orgulloso de ti. Lo has hecho bien.

Buenas noches, señor Eashana. Estoy seguro de que ya lo sabe, pero mi nombre es Dymas Avradimis. Soy el padre de Erina. Debe de tener miles de preguntas tratando de salir todas a la vez. No se preocupe. Todas recibirán respuesta, a su debido momento.

Erina, señor Eashana, nos encontamos al principio de una nueva era. Un era que comienza hoy, esta noche, que comenzó en el momento en que os encontrasteis, aunque no lo supierais. Grandes fuerzas, poderosas, se mueven en el mundo. Un cambio se aproxima. Y tú, hija mía, y usted, señor Eashana, formáis parte de ese cambio

Me temo que vuestro viaje será un poco más largo que lo que en un inicio esperabais. Hija, tu vuelta a casa tendrá que esperar, pero no te preocupes, nos veremos enseguida. Cuando lleguéis, os encontraréis perdidos, solos, confusos. No temáis. No estáis solos. Otros llegarán. Tan perdidos, tan solos, tan confusos como vosotros. Las preguntas tendrán respuestas. Las dudas serán resueltas. Los miedos, borrados. Conoceréis la verdad del mundo. Vais a entender su funcionamiento. Y juntos, todos, lo moldearemos. Un nuevo futuro empieza ahora.

El señor Avradamis fijó la mirada unos segundos en Amil y sonrió.

-Algo termina. Algo está a punto de comenzar.

Después miró a su hija, y sonrió aún más.

-Te espero, hija. Ya queda poco. Pronto lo entenderás todo.

Sin decir nada más, sin esperar respuesta, la proyección parpadeó y desapareció. Los filamentos volvieron a subir, silenciosos. Amil y Erina volaban juntos a lo desconocido.