Partida Rol por web

In Deos Corpora

Acto I - 4. Tormenta

Cargando editor
31/07/2015, 16:16
Keiden

Keiden les escuchó con una media sonrisa, con expresión inmutable. Ante la pregunta de cómo irían hasta allí, dudó. La verdad, no lo había pensado. Había venido con la intención de volver solo. Tendría que improvisar. Miró por un instante a Sam, sopesando. La había visto aparecer de la nada. Se le estaba empezando a ocurrir una idea.

-Ya os lo he dicho, me llamo Keiden. Y no, no trabajo para ninguna mafiya. De hecho, no trabajo para nadie. Todos trabajamos juntos. Si me acompañáis iremos a una isla, un lugar seguro donde gente como vosotros, como yo, podemos reunirnos a salvo y... -guardó silencio durante un segundo, buscando las palabras - cooperar para... usar nuestras habilidades para algo más, algo bueno.

Keiden miró su reloj.

-¿Y bien? Diría que no queda mucho para que esto se llene de gente por lo del avión. Yo no estaré aquí entonces. ¿Os quedan muchas más preguntas?

Cargando editor
01/08/2015, 21:58
Alexey Sokolov

Alexey miró a Sam. Parecía de acuerdo con irse con Keiden, siempre que hubiera eso que había llamado wifi. Alexey creía recordar que tenía algo que ver con Internet, pero no estaba seguro.

Él mismo cada vez encontraba más razonable la propuesta del hombre, aunque siguiera sin fiarse de él. Y lo de que no les quedaba tiempo era cierto, preocupantemente cierto.

Es verdad, irse con un extraño sólo porque te prometa islas paradisíacas con todos trabajando en paz y amor no es algo que la gente normal haga si tienen dos dedos de frente, pero Alexey sabe de sobra que ninguno de los presentes en la cabaña es una persona normal.

Cuanto más lo piensa, más claro le parece que no tiene mucha opción. El hombre no parece de esos que se dan por vencidos con facilidad. Alexey está seguro de que para conseguir que se fuese, tendría que recurrir a la violencia.

No es que le importe demasiado esa opción, pero el hombre parece peligroso y es muy posible que Alexey saliera herido o incluso muerto.

Y entonces ahí se quedaría Sam, perdida en medio del bosque, con un muerto y un herido, o dos muertos, y a pocos metros de un avión estrellado. No parece una buena situación.

Alexey suspiró profundamente. En fin, que sea lo que tenga que ser.

-Está bien. Iré contigo, si Sam accede también. Eso sí, tienes que dejarme llevar unas cuantas cosas que no quiero dejar aquí. Además, aún no me has respondido a la pregunta de cómo iremos. ¿Es porque ni tú lo sabes? En ese caso, supongo que podríamos ir a pie a Daravoskaya, no está lejos. Allí ni media decena de personas tienen coches, pero si tienes dinero podemos comprar unos caballos de granja, si es que alguno ha sobrevivido al invierno.

Sin esperar al permiso del hombre, Alexey comenzó a recoger cosas de la cabaña y a meterlas en una mochila de cuero. 

Cargando editor
02/08/2015, 09:27
Keiden

Keiden acentuó su sonrisa y observó a Alexey empezar a recoger cosas por la campaña durante unos segundos. Había sido incluso más fácil de lo que había previsto. Mejor. Si se llevaba a ambos tendría menos problemas, por muy poco de acuerdo que él estuviese.

-Por supuesto, puedes llevarte lo que necesites.

Se levantó y se acercó a Sam, pensativo.

-Sobre lo de cómo iremos... Creo que los caballos de granja nos retrasarían un poco. Se me ocurre algo más rápido y... adecuado. Samantha... ¿confiarías en mí? Lo que has hecho antes... del avión al bosque... Supongo que no lo controlas, ¿verdad? Creo que podría ayudarte a hacerlo. Y estaríamos allí enseguida. Pero necesito que confíes plenamente en mí, te relajes y pongas la mente en blanco. Oh y... tendrás todo el wifi que necesites.

Mientras hablaba a Sam, su gesto se volvió más cálido, menos intimidante y sus ojos resplandecieron mientras fijaba intensamente su mirada en la de la chica.

Cargando editor
02/08/2015, 10:56

Todo iba muy rápido. En menos de una hora, Sam había pasado de volar y calcular con quien se aliaría en un accidente de avión, a tenerlo, desaparecer, descubrir que tiene un cierto poder, conocer a un ruso fuerte y a un tipo más raro que un perro verde que no paraba de mirarla.

Alexey estaba recogiendo media casa para llevarse consigo, y Sam se sentía en cierto modo, agusto con él. No solía sentirse genuinamente agusto con la gente, pero sabía que de momento podía confiar, y si él venía con ella a esa isla, todo no sería tan malo.

Vale, Keiden, que gracioso eres. ¿Dónde tienes el helicóptero?

Que hiciera lo de antes dice... ¡si supiera ya me había largado a mi casa!

Tras decir eso... la expresión de Keiden no varió, y en el fondo, Sam sabía que iba a ser ella la que tenía que hacer algo...

Vale, Keiden. Supongamos que soy yo la que tengo que hacer eso de llevarnos, pero ¿me puedes decir como quieres que sepa llevaros? Es como si pides a un bebé de dos años que te ayude a entrar en Roma en coche. Yo confío en ti, de momento..

No tengo nada que perder, en cuanto sepa manejar esto, si me apetece, podré irme cuando quiera...

Cargando editor
02/08/2015, 19:13
Keiden

La eterna sonrisa de Keiden permaneció fija en su rostro, sin variar un ápice, aunque ya no tan perturbadora como antes, sino que ahora su expresión era más cálida, reconfortante, tranquilizadora.

-Si Alexey puede hacer que caigan rayos y tú puedes viajar en el espacio yo sé... entender cómo funcionan vuestras mentes cuando utilizáis esas habilidades y de ese modo puedo... guiarte para que nos lleves allí. Recuerda que yo sí sé a dónde vamos.

El hombre se acercó a una de las ventanas. La lluvia caía ahora con menos fuerza y hacía un tiempo que caían rayos. La tormenta estaba remitiendo. En la distancia se veían destellos anaranjados.

-Cuando estéis preparados necesitaré que os cogáis de la mano. Samantha, entonces tendrás que relajarte y dejar que yo sea tu guía. Y Alexey... intenta frenar tu desconfianza y tus impulsos de violencia hacia mí mientras tanto. Me será más difícil llevaros si estás apretando esa lanza tuya todo el rato mientras me miras con esa cara. Aunque sea durante unos segundos, tendréis que dejaros en mis manos.

Se dio la vuelta y les miró.

-Al menos puedo prometeros que después encontraréis respuestas.

 

Cargando editor
02/08/2015, 19:20
Director

Notas de juego

En algún momento de este último diálogo, ambos notáis que hay algo que os oculta o en lo que no ha sido del todo sincero. Sin embargo, ahora no tiene actitud amenzadora y su expresión, tono y la influencia que tiene sobre vosotros incita a dejarse llevar.

Expresar desconfianza abierta requerirá de tirada de dado, no superarla os hará perder 4 puntos de estrés mental.

Cargando editor
02/08/2015, 20:46
Alexey Sokolov
Sólo para el director
- Tiradas (1)
Cargando editor
02/08/2015, 20:48
Alexey Sokolov

Alexey sólo tenía una cosa clara: aquel hombre no le caía nada bien. 

Espera, ¿Cómo que puedo hacer que caigan rayos? 

Notaba perfectamente que le estaba ocultando algo, y empezaba a estar verdaderamente harto de que le mintieran. En menos de una hora le habían dicho más mentiras que las que había oído en diez años.

Su propuesta, sin embargo, le pedía que se dejara llevar de manera difícil de resistir. Agitó la cabeza, como aturdido. Ya había decidido ir con él, a pesar del riesgo, por el bien de Sam, pero aun así, preferiría tener las cosas claras antes de empezar lo que fuera que quisiera hacer. Ya iba a pedir explicaciones, sobreponiéndose con gran esfuerzo al deseo de, simplemente, dejarse llevar, cuando una vibración recorrió todo su ser.

No es que lo oyera, ni viera, pero lo sintió: el bosque estaba inquieto. Alexey llevaba muchos años viviendo allí, era su bosque, y lo conocía como a un viejo amigo. Y ahora estaba nervioso, muy nervioso. Los árboles le hablaban de ruido de botas y de estruendo de ruedas, de metal y de humo. La gente estaba comenzando a entrar en el bosque.

No les quedaba tiempo: o se iban con aquel hombre tan poco sincero, o se quedaban allí para responder a todas las preguntas. Y no iban a ser preguntas fáciles.

En un segundo, consideró muy diversas opciones: saltar sobre el hombre, matarlo, esconder el cuerpo; dejarle inconsciente y huir; pero ninguna parecía solucionar nada. Miró a Sam, y, de nuevo fue ella la que le hizo salir de dudas.

Finalmente, decidió jugárselo todo a una carta. Guardó la lanza en la funda de piel en la que ya llevaba otras dos, que habían pertenecido a Mayka, y se la echó al hombro. En la mochila, además de comida, ropa y algunos objetos útiles, llevaba sus mejores cuchillos, su arco y todas sus flechas.

Tomó bruscamente a Sam de la mano, y vació su mente de todo, centrándose en el sonido de la lluvia, dejando que gruesas gotas arrastraran todo lo que le preocupaba y todo lo que temía. 

-Ya está. Haz lo que tengas que hacer. Pero te lo advierto: si eso que nos ocultas nos hace algún daño, por pequeño que sea, te mataré con mis propias manos.- Pronunció aquellas palabras con un tono completamente serio y carente de emoción, con la voz del que no está acostumbrado a hacer amenazas vacías. Notó la mirada del hombre clavarse en él, pero se la sostuvo, fría e imperturbable como el hielo de las montañas. 

Cargando editor
02/08/2015, 23:39

Yo no tengo ni idea de que pasa, ni me fío de este tipo del todo, pero... joder, que estoy harta de marear la perdiz.

Sam decidió dejar de pensar, mirar a Keiden y como dicen los señores mayores: "Dios dirá".

A Sam le dió un poco de pena Alexey, su mirada le transmitía tristeza e ira. No era como ella, una persona que acostumbra a viajar y moverse por el mundo, a no acostumbrarse a un sitio fijo. Era lo contrario. Y además, un hombre le acababa de amenazar en su propia casa y decirle que es el causante de que muchas personas mueran. Y pese a todo, le daba la mano.

Sam miró a Alexey con ternura y cambiando su expresión facial, miró a Keiden después.

Venga, dejemos de marear la perdiz. Que pase lo que tenga que pasar. Dame la mano y yo pongo los ojos en blanco o la mierda que tenga que hacer para irnos a la isla del sentido de la vida esa que dices.

Cargando editor
03/08/2015, 04:21
Keiden

Keiden volvió a mirar por la ventana mientras Alexey terminaba de coger cosas de la cabaña. A lo lejos, en el cielo, vislumbró luces, probablemente de helicópteros, por entre las ramas de los árboles. En pocos minutos la zona estaría llena de gente. Era hora de irse.

Se dio la vuelta y le sostuvo la mirada al ruso cuando este le amenazó, imperturbable. Sonrió para sí. Ciertamente no le importaría encontrar una excusa para acabar con él. Pero no. Parecía que el destino le había reservado otro papel. Aunque admiraba la firmeza con la que hablaba. Pobre necio. Si supiera con quien estaba tratando… No dijo nada, sin embargo. Parecía que al fin había cumplido su objetivo, conseguir que fuesen con él. Con suerte, pasaría un tiempo hasta que tuviera que volver a hablar directamente con el cazador.

Se acercó a Samantha cuando estuvieron listos, cogidos de la mano. Ignorando por completo al ruso, Keiden posó sus manos sobre los hombros de la chica, que por un segundo se estremeció, sintiendo como la desconfianza, el miedo e incluso la ira la embargaban al contacto con el hombre. Pero las emociones se marcharon tan rápido como habían llegado y en un instante Keiden volvió a inspirarle esa extraña y un tanto inquietante calma.

-De acuerdo, ahora es cuando necesito que te relajes. Trata de dejar tu mente en blanco, cierra los ojos. Tú también, Alexey.

Así, los tres unidos con los ojos cerrados, permanecieron inmóviles durante unos segundos. Keiden se concentró en Samantha. En sus pensamientos. En su mente. Notó su miedo, su inquietud, su desconcierto. Siguió buscando. Pronto la chica empezó a relajarse y Keiden oyó su subconsciente.

Y ahí estaba. Su esencia. Y su poder. Sin abrir los ojos, sonrió de nuevo. Ahora entendía por qué su aura le había resultado familiar. Todo estaba aletargado. Dormido. Tendría que tirar de los hilos adecuados. Samantha apenas era consciente ya de nada a su alrededor. No notaba la mano de Alexey. No sentía la suave presión de Keiden sobre sus hombros. Pronto la imagen de una isla invadió todos sus pensamientos. Parecía tropical. Vio un gran edificio de piedra en medio de una frondosa jungla.

Keiden frunció el ceño. Una gota de sudor le recorrió la espalda. No estaba lista para viajar tan lejos. Ni para llevar a nadie consigo. Tendría que prestarle parte de su propia fuerza. Entonces sus manos se convirtieron en garras y sus dedos se clavaron en los hombros de la chica, que gritó. Alexey abrió los ojos y sus músculos se tensaron, listos para golpear. Pero su brazo permaneció inmóvil mientras observaba los extraños árboles que les rodeaban, sentía la humedad del aire, escuchaba los sonidos de miles de aves e insectos y su mirada recorría el pórtico del edificio que tenían delante y a las figuras que les esperaban en lo alto de unas escaleras.

A miles de kilómetros de allí las lejanas llamas y los focos de los helicópteros dibujaban sombras alargadas sobre la pared de una cabaña vacía.