Partida Rol por web

In Deos Corpora

Acto I - 3. Huida

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05/07/2015, 18:39
Tobe Okwute

Tobe se agachó junto a Zara para ver la herida. Era mortal, pero ella no necesitaba saberlo. -Aguanta, vamos a darles su merecido.- Acto seguido cogió el explosivo casero de la mujer. Y señalando al Jeep que huía, ordenó a los dos que aun le acompañaban que no dejasen huir a ninguno. Probablemente la imagen de Zara, escupiendo sangre y mirando al cielo infinito hizo mella en sus compañeros. Los disparos silbaron alrededor de lo musulmanes mientras huían, rozando a uno de ellos montado a las bravas en el vehículo para poder escapar, pero sin causarle heridas de gravedad. La fatal herida de Zara también impactó a Tobe, pero de un modo distinto. Mientras el fuego de los rifles estallaba tras de si, él se centró unos segundos en el piloto mientras este iba marcha atrás. -Hasta aquí has llegado- susurró, y apretó el gatillo en dos ráfagas que terminaron de atravesar el cristal y llenar el interior del jeep de sangre. Entonces escuchó a Marianne, notablemente nerviosa dirigiéndose a todo el equipo. -¡Cambiad de posición ya! ¡Tienen un mortero! 

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Marianne volvió a enganchar la radio el cinturón y se percató de la motocicleta. Durante unos segundos sopesó si debería cambiar de posición inmediatamente, o eliminar a la motocicleta más cercana. En caso de que la encontrase corriendo entre edificios, sería aun más peligroso. Había que minimizar riesgos. Siguió el movimiento de la motocicleta, consideró la posición del pilotó y apretó el gatillo. La bala impactó de lleno, pero Marianne no se planteó comprobar los resultados, tenía que huir. El edificio al este del minarete de la mezquita la podría cobijar mejor que su actual posición. 

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Tomás no dudó en cuanto recibió la información de Marianne. -Nos replegamos al centro del pueblo. Aaida nos dirigimos al edificio a nuestro norte ¡Sal de ahí! 

-¡Esos cabrones casi matan a mi hermano! ¡FUEGO! 

Mientras Tomás se retiraba de su posición vio a Aaida sangrando ostensiblemente por un brazo, mientras lanzaba una bomba casera al jeep. Jean y Makun, los soldados junto Aaida dispararon al Jeep motivados por el empuje de su compañera, hasta que entre los disparos y la metralla del explosivo, este terminó por perder el rumbo y chocarse con la entrada ya medio derruida de un edificio.

- Tiradas (13)

Notas de juego

el jeep 2 ha saido volado entero. En el jeep 1 quedan los dos anexos y uno tiene 7 de vida. el de la moto se ha comido 8 y si se escoña es cosa tuya.

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06/07/2015, 03:08
Director

Yaiza escupió sangre y se incorporó como pudo. Se había torcido el tobillo cuando la moto en la que iban volcó, pero milagrosamente había salido bastante bien parada. Gateó hasta Ohmid, su compañero. Tenía un balazo del tamaño de una nuez en el cuello. Aún respiraba. Yaiza maldijo y agarró su cuchillo para sacarle de su miseria, al tiempo que miraba hacia el pueblo. Vio el minarete de la mezquita. Por la posición de la herida y la precisión, tenía que haber venido de esa zona. Agarró la radio y habló directamente a los otros exploradores.

-¡Tienen un francotirador, no os expongáis! Tiene que estar en la zona central del pueblo, posiblemente en la zona de la mezquita. Permaneced a cubierto y tratad de flanquearlo cuando oigáis que dispara.

 


 

-¡Aaida, déjalo tenemos que irnos ya!

Tomás gritó una vez más hacia Aaida, Jean y Makun que seguían disparando. Finalmente pareció que le escucharon y se dieron la vuelta con expresión triunfal. Tomás no esperó, se dio la vuelta mientras les gritaba que corrieran. El edificio tenía dos plantas, era una antiguo bloque de viviendas. Sham y Naira ya habían bajado. Les oyó escaleras abajo. Se lanzó saltando los escalones de tres en tres. Cuando llegó al descansillo del primer piso, como si una mano invisible le girase la cabeza, miró por la ventana. Por el hueco de la calle vio el jeep estrellado soltando humo y más allá, a lo lejos, el tercer jeep.

Vio perfectamente el destello de la explosión y la humareda. Apenas un segundo después oyó la detonación. Quizás fue su imaginación, pero casi pudo oír el silbido del misil. El tiempo se detuvo. Miro hacia detrás, Aaida bajaba las escaleras atropelladamente mientras sonreía. Había recobrado la esperanza de volver a ver su hermano menor. Habían ganado esta batalla. Vio la sangre correr por su brazo. Pero el precio... el precio iba a ser demasiado alto.

-Que Dios se apiade de nosotros.

 


 

Marianne salía de la torre del minarete cuando la tierra tembló. El mayor estruendo que había oído nunca le perforó los tímpanos y trastabilló. Recuperó el equilibrio y vio una columna de humo y polvo alzarse de la posición que ocupaba Tomás. Un fuerte soplo de viento repentino la hizo retroceder y golpear la pared de la mezquita. Se agarró a su rifle.

Bajo un agudo pitido que la ensordecía por dentro, oyó la voz de Tobe gritar el nombre de Tomás por la radio. Quizás fue la sordera, pero no oyó la respuesta. Tenía que ser la sordera. La columna de humo y polvo y muerte se hizo más alta.

 


 

Los dos soldados que quedaban en el jeep accidentado salieron a gatas del vehículo y corrieron hacia la casa más cercana. Entraron dentro y se tiraron al suelo, cubriéndose con los restos de los muebles. Habían oído la primera explosión. No querían estar al alcance de los escombros cuando llegase la segunda.

- Tiradas (3)

Notas de juego

Ahm... Juro que han sido los dados. Y aunque fuese mortero, realmente podía haber salido mejor (para ti).

El grupo de Tomás ha explotado entero O_O En mi defensa diré que a Aaida y los otros 2 les puse un poco más de dificultad porque roleaste que se quedaban a ensañarse un poco, pero Tomás y los otros tenían bastantes posibilidade de librarse. Jo :(

Los dos soldados que quedaban en el jeep de tu grupo, no han disparado primero porque estaban demasiado ocupados chocándose y luego corriendo y segundo porque estoy muy traumatizado y no quiero matar a nadie más.

Lista de enemigos:

  • Jeep 1: 2 hombres (7 y 10 de vida). A cubierto en una casa.
  • Jeep 3 (se queda a las afueras y fuera de alcance salvo por Marianne): 5 hombres, vida completa.
  • Motocicleta oeste: un hombre (mujer xD), 8 de vida.
  • Motocicleta este: dos hombres, entran en el pueblo y se ponen a cubierto.
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06/07/2015, 12:05
Tobe Okwute

La columna de humo se alza al este y Tobe la observaba congelado y desde hace tiempo aterrorizado. -¡Tomás, posición!- gritaba a la radio -, ¡Aaida posición! Dadme vuestra posición, vamos. -Tobe iba repitiendo esperando vanamente recibir respuesta, oírles hablar. Que Aaida maldijese rotundamente y Tomás saliera dando gracias a Dios. Esperó, atravesando la radio con la mirada, en medio de las ruinas y el humo que el viento ahora arrojaba hacia él y sus dos soldados.  

-Tobe, les han alcanzado -escuchó a Khim tras él. Probablemente las radios se habría visto afectadas por la onda expansiva. Tendría que ser eso. -Jean, Makun dadme posición, por lo que más queráis. -Tobe seguía escupiendo a la radio mirando a su alrededor. En la dirección donde los dos musulmanes se habían escabullido. -¿Naira?... ¿Sham?... -El tono del nigeriano ya no demandaba respuesta. Había terminado por aceptar lo ocurrido. 

-Quedarnos y luchar es casi un suicidio si son tantos y bien armados. 

Las palabras de  Tomás horas antes resonaban en su conciencia. Tobe tenía la radio en la mano y el fusil en la otra. Su cara se había llenado de polvo y tierra, borrando aun más las facciones, usualmente hipertérritas de su rostro. Borrando un poco más de su humanidad con el polvo de los caidos. Apenas era un par ojos negros, inyectados en sangre, alrededor de sangre, tierra y sudor. 

-Quedarnos y luchar es casi un suicidio si son tantos y bien armados. 

Khim le apresuraba a salir de la zona. Era obvio por sus gestos, pero tobe no le oía. Sólo escuchaba las palabras de su amigo Tomás. Khim Estaba notablemente atemorizado. Temería un segundo mortero alcanzando su posición. Awa aun andaba cerca de los restos de Zara, mirándoles desde lejos, esperando un orden, una reacción. Tobe seguía mirando en dirección al Jeep, y después al edificio donde se escabulleron esos cobardes. Khim seguía imprecándole. 

-Id a apoyar a Marianne.  

Es todo lo que dijo Tobe antes colocar la radio en el cinturón y dirigirse al edificio donde se escondían los dos soldados. Khim y Awa corrieron a su posición, a detenerlo y a penas  llegaron hasta él, cuando otra honda expansiva empujó a los tres hacia delante. El segundo mortero había impactado en su posición. Zara había encontrado su final antes de tiempo. La voz de Marianne resonaba aterrorizada en la radio. 

-Corred a apoyar a Marianne. -Dijo la enorme figura de tierra y sangre, con sus ropas verdes apenas visibles, al tiempo que saltaba por una ventana. El fusil ya colgaba de su espalda y blandía un brillante machete en la mano. 

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Marianne se volvió a chocar contra un muro en los niveles bajos de la mezquita, a medias por trastabillar, a medias por protegerse en caso de que la explosión hubiese sido más cercana. -No, no, no , no. Vosotros también no. -se repetía mientras agarraba la radio, aunque en su interior aún esperaba que la ausencia de respuesta Tomás y lo demás fuese por un fallo de radio. -Tobe, Khim, Zara, Awa, ¿Estáis bien?- Durante unos segundos, de nuevo, se hizo el silencio. Empezó a gritarles, exigiendo una respuesta, no podían haberles dado a ellos también, no podía estar ella sola. De golpe la radio respondió. -Vamos para allá. -Era khim, no entendía porque no respondía Tobe o no lo quería entender, pero no podía perder más tiempo. La mezquita podía ser lo próximo en estallar.  

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Tras el estruendo varios muebles se desplomaron. Farid salió de debajo de la mesa con un sentimiento de liberación. Le molestaba arrastrarse con el corte que había producido una bala en el brazo, aunque ya estaba hecho. Era una odiosa estrategia suicida, pero los morteros habían tenido efecto y habían volado en pedazos las dos posiciones. Si quedaba algún malnacido que hubiese escapado a las explosiones, los posteriores barridos con las motos y el resto del equipo terminaría por encontrarlos. 

-Yusuf, ya puedes salir, el infiel ha...- De una habitación aledaña Salió Yusuf, quitándose el polvo que la detonación y las ruinas de la casa le habían puesto encima. -¿Muerto? -preguntó, para terminar la frase de su compañero. A penas tuvo tiempo para reaccionar mientras veía a Farid con el cráneo separado en dos mitades hasta la altura de la nariz, atravesado por un machete, abalanzársele encima. El peso de su compañero muerto le cayó encima, junto al de un enorme hombre que lo empujaba. El peso conjunto le aplastaba y apenas podía respirar y la sangre que manaba del craneo de Farid le manchaba la cara a golpes regulares. Encima de si, Yasuf vio una mirada llena de odio contrastar con un rostro negro inhumanamente serio, manchado de costras de tierra y sangre seca. Una voz gutural, casi cavernaria le conminó en inglés a escucharle. El machete se clavó en el suelo junto a su rostro. 

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06/07/2015, 17:05
Marianne Monjo

Marianne corrió hacia el edificio más cercano a la mezquita, un pequeño bloque que hace años hospedaba diversos comercios. Entró en lo que fue  una farmacia y se apostó tras el mostrador, o lo que quedaba de él.

-Khim, estoy en la farmacia. Tened cuidado, aún quedan dos en una motocicleta y puede que otro más. Les he perdido de vista con las explosiones.

Esperó unos segundos para recuperar el aliento mientras un torrente de emociones la destruía por dentro. ¿Por qué solo había contestado Khim? ¿Qué había pasado con los demás? ¿Con Tobe? Maldita sea, era ella la vigía. Tenía que haber visto antes el mortero. Tendría que haberles avisado con más tiempo. Si les había pasado algo, jamás se lo perdonaría.

Oyó unos pasos que corrían hacia la farmacia y se asomó por encima del mostrador, apuntando hacia la puerta. Suspiró aliviada cuando Khim y Awa entraron sudorosos y completamente cubiertos de polvo. Bajo la capa gris, se veía sangre, pero no parecía que estuviesen heridos. Marianne miró expectante por encima de sus espaldas pero nadie más entró.

-¿Dónde están los demás? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Tobe?

-Los demás... se nos vino encima un edificio entero, Marianne. Creo... creo que no pudieron salir a tiempo. Tobe se lanzó hacia los que quedan.

Las palabras de Khim fueron como una nueva onda expansiva y Marianne tuvo que apoyarse para no caer, mareada. Tomás... y todos los demaás... no podía ser verdad... Y ahora Tobe se había lanzado él solo contra al menos cinco soldados islámicos.

-¿¡Y le dejásteis ir solo!?

-Nos ordenó que viniéramos a apoyarte...

-Maldita sea... Cubrid las ventanas, que no entre nadie. Aún quedan islámicos por aquí y pueden flanquearnos. Trataré de apoyar a Tobe.

Sin añadir más, se lanzó hacia las escaleras y trepó por un hueco en el techo del edificio, hasta la azotea. Miró rápidamente a su alrededor, pero no vio a ninguna de las dos motocicletas. Con suerte los dos que viajaban en la que disparó estarían muertos. A través de la mira óptica de su rifle vio como los soldados del mortero parecían a la espera, lo cual suponía un alivio momentáneo. Uno de ellos hablaba por su radio. Marianne rezó para que no estuviera pidiendo refuerzos y continuó buscando señales de Tobe.

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06/07/2015, 18:36
Tobe Okwute

Los cinco soldados del coche se congratulaban entre ellos. Las ratas infieles habían sido exterminadas a excepción de algún lobo solitario que quedaba en el centro de la ciudad, disparando a ciegas. Omar Samek, Capitán en mando de la escuadra estaba satisfecho. Si es cierto que lo que habían eliminado era ese grupo de guerrilleros rebelde que tantos problemas había dado los últimos años, la grandeza de Alah hoy había vuelto a quedar patente. 

Encendió la radio para comunicarse con Yaiza. -Barred todo el centro y eliminad a todo lo que quede ahí. Nosotros comenzaremos a barrer desde el sur. -A lo lejos Omar veía el Jeep en que debían volver Ahhlim, Yasuf y Farid dejando un gran sendero de polvo tras de si. Habían tenido grandes bajas ellos también y el segundo Jeep había perdido conexión. El Jeep de Ahhlim se veía dañado y muy afectado en la lejanía, pero al menos lo mantenían. 

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La mira telescópica del rifle apenas se asomaba por las cornisas del edificio. Los de la otra motocicleta podían andar cerca, buscando un francotirador. Marianne veía a quien seguramente ostentaba mayor rango dirigiendo el Jeep del mortero. Terminó la conexión con su radio asintiendo, lo cual no podía ser bueno. Podía ser incluso peor teniendo en cuenta que tampoco había señal de Tobe por ningún lado. Tras sopesar seriamente las posibilidades, tumbada en la azotea mirando al cielo, tomó una decisión. Casi un minuto enteró pasó, mientras el sudor se le confundía con lágrimas por la culpabilidad por todos los caídos. 

Marianne, cambió la pena por determinación. Se dio la vuelta, sacó la mira telescópica y buscó a su objetivo. Entonces le vio. -No puede ser. 

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-Eh, Señor... -murmuró el copiloto mirando al Jeep cada vez más cercano. -El Jeep lleva...- El tono de duda era evidente en Essám. -¿Granadas? En el capó. -El Jeep con la media luna cada vez estaba más cercano, la velocidad no reducía. Confuso, Essám miró con los prismáticos y la duda se tornó en impresión. -Y lo conduce un negro. 

Tobe puso la máxima marcha en cuanto salió de la ciudad y tuvo línea recta con su objetivo. varias granadas de los dos soldados asesinados colgaban al frente del Jeep, para llevarse lo mejor del impacto. En cuanto vio que los ocupantes del Jeep-mortero reaccionaban y gritaban ante su presencia, sacó el fusil, aun con sangre del soldado al que amedrentó, y lo encajonó entre el asiento y el acelerador. Tobe abrió la puerta, juntó los brazos a su cuerpo y se dejó rodar fuera del vehículo que avanzaba inexorable. 

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06/07/2015, 19:03
Marianne Monjo

Marianne levantó la vista de la mira. No hacía falta, lo veía con sus propios ojos. Tobe se había lanzado del jeep en marcha a bastante distancia de la colisión, pero aún así el vehículo no frenó, sino que siguió acelerando. Pudo ver como los islámicos corrían despavoridos. Pero no corrieron lo suficiente.

Cuando el jeep de Tobe impactó contra el de los islámicos hubo una fuerte detonación y una pequeña explosión. Tobe debía de haber puesto explosivos en el coche. Pero apenas un segundo después una enorme bola de fuego envolvió ambos vehículos y los cinco soldados que trataban de huir. Marianne, sobrecogida, se dio cuenta de que el jeep debía de estar cargado de munición de mortero. El estruendo la dejó momentáneamente sorda otra vez y el viento agitó una vez más su cabello. Volvió a mirar a través de la mira y vio la figura de Tobe levantarse. Suspiró aliviada. El cabrón los tenía bien puestos. Cualquier otro no lo habría contado al tirarse de un jeep a esa velocidad.

Pero claro. Él no era como cualquier otro.

 


 

Yaiza palideció ante la explosión. No la vio directamente, pero la columna de fuego se alzó sobre los edificios bajos de Trara y solo podía significar una cosa. Esos cerdos se habían cargado el mortero. Y por el silencio de las radios, sólo quedaban ella y los otros dos exploradores. No se molestó en preguntarles por radio ni pedir su posición ni advertir de sus intenciones. Tan rápido como pudo cojeó hasta la accidentada moto. Por suerte no iban muy rápido cuando cayeron y no había sufrido muchos daños. Montó en ella y aceleró, sin mirar atrás.

 


 

 

Nadie hablaba. Los cinco permanecían en silencio, mirando las ruinas del edificio bajo el cual estaban Tomás, Aaida y los demás, su tumba. Luam no había llorado cuando se lo dijeron. Había oído las explosiones desde el sótano del supermercado. Ya se temía lo peor y no pudo sino dar gracias cuando vio que las figuras que bajaban por las escaleras eran Khim y Awa.

Nadie hablaba, pero todos pensaban lo mismo. Hacía unas horas eran pocos, pensaban. Ahora casi no les quedaba nada. Habían hablado por radio con Zinat. Estaban bien, escondidos. Aún tenían las vidas de siete refugiados en sus manos. Siete refugiados... nunca antes había habido más refugiados que soldados...

Luam avanzó unos pasos, cojeando, con la mano en el costado, hasta los escombros. Se arrodilló. No sabían si estaba susurrando, maldiciendo o tan sólo sollozando. Débilmente, muy despacio, puso sus manos sobre los cascotes y empezó a quitar piedras. Apenas grava. Sobre todo polvo. Bajo ellos estaba su hermana. Qué sentido tenía pensar en funerales. Ya habían recibido entierro.

Marianne se abrazó a Tobe, con silenciosas lágrimas cayendo por su rostro cubierto de suciedad. Khim y Awa permanecían inmóviles, ella de rodillas, él junto a ella agarrándole la mano.

Nadie hablaba. Pero todos sabían que alguien tendría que hacerlo.

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07/07/2015, 03:39
Tobe Okwute

La sequedad y el dolor del agrio día cerraba las bocas de todos, incapaces de decir nada, de hacer frente al horror. A Tobe nunca le había gustado hablar demasiado y, sin lugar a dudas, este era el momento más desagradable para ello. Para más desgracia que suerte a juzgar por sus últimas decisiones, Tobe era su líder. Les debía una explicación a los presentes y un cierre a los caídos. Era lo mínimo. Su boca se abrió, pero de entre el sabor a sangre y saliva (o tal vez era rabia atragantada), no salía nada.  

Sus labios volvieron a sellarse una vez más, buscando las palabras adecuadas. El pie de inicio se escondió tras su lengua, pero debía haber bajado a golpes por la garganta inflamándola en su camino hasta el estómago, donde notaba todas sus emociones bullir. ¿Pero qué podía decirse? ¿con qué clase de palabras se aplaca esa angustia? ¿Cómo puede el habla aspirar a enmudecer el horror de lo que apenas se puede aceptar? Si no puedes dar forma con palabras justas al sufrimiento que tienes frente a ti ¿Qué clase de justicia hay en dignificar la muerte?  

Tobe había asesinado ya a muchos en circunstancias semejantes. Estos eran los horrores de esta era, los horrores del siglo XXI: Matar y morir. Él sólo quería hacer una tierra más justa donde vivir. Sin embargo, la lucha y la sangre parecían la única justicia posible, y el precio; acabar de manera indiscriminada con la vida de miles. Justicia. Justicia sería que nadie hubiese tenido que matar hoy. Justicia sería que ellos siguieran vivos. Justicia sería que no estuvieran debajo de las ruinas de un edificio, en una ciudad abandonada por la guerra. Justicia sería que no hubiesen estado en esta ciudad cuando llegaron sus perseguidores. Justicia sería... 

-Lo siento. 

...Disculparse. Era lo único que podía decir, lo único que sentía. -No debí haberos forzado a luchar. -Luam se volvió, trastabillando y cabizbajo, dejando caer aún entre sus dedos la tierra que había agarrado. Al caer toda la arena, pasó junto a Tobe y le miró fijamente. -Todos sabemos lo que arriesgamos haciendo esto. -dijo en un susurro Luam, repitiendo las palabras que Tobe le había dicho justo antes de que se iniciase el ataque. Tobe se quedó mirando fijamente a los ojos de Luam, sin lágrimas, aunque vidriosos. Miró a los ojos al joven y se vio reflejado en ellos. La ebullición en su estómago aumentó y tuvo que retirar la mirada. 

-Nuestra idea era hacer de toda África una tierra libre. Proteger a su gente. Cada vez dudo más que algo así sea posible y menos aun sin todos ellos. 

-Tomás se quedó porque tenía fe en que era posible. Todos ellos, al igual que nosotros, esperaban conseguirlo algún día. -añadió finalmente Marianne. 

-Y aún quedan refugiados que pueden necesitar nuestra ayuda... como los que están con Zinat. -replicó Khim. Secándose las últimas lágrimas con el dorso de la mano Awa también se decidió a abandonar el silencio. -Si seguimos aquí mucho tiempo pueden venir más. Y acabremos igual que ellos. -Todos asintieron. Khim y Awa se alejaron, ayudando a Luam a avanzar, a alejarse del ruinoso mausoleo de sus amigos y familiares. Finalmente se quedaron solos Tobe y Marianne, aun contemplando las ruinas. Viendo el precio a pagar por plantar cara a sus opresores.  

-Huir eternamente no es la solución. Pensé que plantar cara podría servir, pero es obvio que sólo acelera lo inevitable.  -Dijo Tobe cuando se encontraron solos. Marianne se acercó a las ruinas. De un bolsillo sacó algo que parecía un rosario de los que solía usar Tomás. El misionero había convertido a mucha gente a su fe con los años. 

-Entonces quizá haya que ganar tiempo hasta que demos con otra solución.  

-Quizá. 

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07/07/2015, 13:29
Director

Una brisa llegó del sur y agitó la arena y el polvo bajo sus pies, al tiempo que el primer rayo de Sol apareció en el horizonte.  Marianne se arrodilló y dejó el rosario sobre los cascotes, atándolo a un hierro. La cruz, nacarada, resplandeció a la luz del amanecer. Tobe asintió. Al menos tendrían un lugar para recordar.

Se dieron la vuelta. Aún tenían que enterrar a Zara y después deberían recoger todo lo que pudieran y poner camino hacia Zinat y los otros. Tobe miró la columna de humo negro que aún continuaba alzándose de los restos de la explosión. En cuanto hubiese luz, se vería a decenas de kilómetros a la redonda. Debían marcharse cuanto antes.

Y entonces le vieron. Una figura se acercaba desde el este, por la calle del pueblo. Los rayos de Sol parecían salir desde su espalda y no podían verle los rasgos puesto que se encontraba a contraluz. Marianne gritó y los demás volvieron corriendo, empuñando las armas. Todos le apuntaron y se dispusieron en forma de semicírculo. Pero no se movieron. Aguardaron a que le figura se fuese acercando.

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07/07/2015, 13:55
Amon Runihura

Cuando estuvo algo más cerca vieron que se apoyaba en un bastón, aunque no parecía cojear. Después vislumbraron sus ropajes. Llevaba lo que parecía una chaqueta ceremonial árabe, o tal vez egipcia, con bordados en plata, unos pantalones negros y unos brillantes zapatos sobre los que parecía no depositarse el polvo. Al final, cuando ya no estaba más que a unos metros, pudieron apreciar sus rasgos. Era completamente calvo y su piel, cetrina. Llevaba una perfilada barba rodeando su boca. Sus rasgos eran afilados y el bastón estaba rematado por la cabeza plateada de un perro. Cuando estuvo apenas a cinco metros se detuvo y apoyó ambas manos sobre el bastón, en el centro del semicírculo, justo enfrente de Tobe.

Sus ojos grises recorrieron los rostros de los cinco, deteniéndose a observarles brevemente. Ninguno, salvo Tobe, pudo reprimir un escalofrío.

-¡¿Quién eres y qué quieres?! -exclamó Marianne.

El hombre la ignoró. Miro más allá de ella, hacia las ruinas bajo las que descansaban sus compañeros. Después su vista se detuvo en la herida de Luam y las vendas manchadas de sangre. Una afilada lengua apareció unos instantes y humedeció sus finos labios.

Cerró los ojos e inspiró, durante lo que pareció un minuto entero. Khim vio que no había dejado huellas al andar. Después soltó el aire, igual de despacio. Luam tragó saliva.

-Vaya...

El hombre habló con una voz áspera, en apenas un susurro, pero sorprendentemente, todos pudieron oírle sin problemas.

-Huele a muerte.

Clavó sus grises ojos en Tobe.

-Busco al guerrero, al que todos respetáis como líder sin que nadie le haya proclamado como tal, al que no tiene miedo, al que lucha contra sus enemigos con la fuerza del destino, al que –inclinó ligeramente la cabeza y sus ojos brillaron, sin separarse de los de Tobe- es capaz de mirar a la muerte sin sentir miedo. Tengo una oferta que hacerle.

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07/07/2015, 14:28
Tobe Okwute

Todos, esparcidos a lo largo del camino lleno de ruinas miraban extrañados. ¿De dónde demonios había salido ese hombre? había algo en todo él, en su figura, en su mirada, y su aparición, que les sobrecogía todavía más. Khim no podía quitarle la mirada de encima, intentando comprender como había llegado sin dejar huellas tras de sí.  

-Si estás con los musulmanes -Tobe dio un par de pasos al frente, interponiéndose entre el grupo y el advenedizo individuo. Soltó el seguro del rifle en un chasquido. -, ya puedes darte la vuelta. Ya ha habido suficientes muertos por hoy. Tobe no entendía si este hombre había venido de parte de sus enemigos, a asentar una tregua, un trueque, una trampa. Una cosa era casi segura para tobe, no era un refugiado.

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07/07/2015, 14:39
Amon Runihura

El hombre sonrió. Sus labios apenas se tensaron unos milímetros, la comisura de su boca subió ligeramente, pero sus ojos parecían reír a carcajadas.

-No estoy con ellos, ni con vosotros. Estoy con todos y con ninguno. Pero todos, niños, acabaréis estando conmigo. Eso es lo único seguro.

Tobe pudo oír como Awa murmuraba algo que sonó muy parecido a un "¿pero qué cojones?".

-Pero tienes razón, ha habido mucha muerte hoy. Por eso he venido. Porque habrá más. Siempre habrá más y al final no quedará nada. Dime, Tobe Okwute, ¿no te gustaría que tu pueblo dejase de sangrar?

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07/07/2015, 15:07
Tobe Okwute

Al momento que pronunció su nombre Tobe apuntó al visitante. Lo que dijo no era más que un extraño eco de lo mismo a lo que Tobe venia dando vueltas durante tanto tiempo, la sublimación de lo cual se había visto hoy. Además, si tenía información para enfrentarse los musulmanes, desde luego su oportuna aparición era aún más perturbadora que su mera presencia. 

-¿Quién eres y cómo sabes mi nombre? Déjate de teatralidades. 

-Tobe nos puede estar entreteniendo hasta que venga otra patrulla. -Marianne le apuraba y no sin razón.

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07/07/2015, 15:52
Amon Runihura

El hombre no pareció inmutarse ante las cinco armas que le apuntaban directamente al pecho. Con lentitud, alzo los brazos en cruz, con las palmas abiertas. El bastón permaneció firme, delante de él, clavado en la arena.

-Me conocen como Amon Runihura.

Awa alzó una ceja. La mujer venía de egipto y conocía esos nombres, nada comunes. Amon significaba algo así como "el que recibe ayuda de los Dioses" en egipcio antiguo. Runihura significaba "destructor". ¿Quién pondría tal nombre a su hijo? Apretó con firmeza su fusil. El tal Amon bajó los brazos y volvió a posarlos sobre el bastón.

-Puedes estar tranquila, mujer. No vendrán más. No hoy, al menos. Y conozco tu nombre, Tobe, igual que tú conoces el nombre de los árboles del bosque y de las aves bajo el Sol. He venido hoy a tenderte una mano. Conozco tus miedos, tus pensamientos, tus deseos. Tu sed de lucha. Ansías libertad. Justicia. Pero la esperanza cada vez se marchita más en tu interior. ¿Acaso nunca has pensado que nada de lo que haces es suficiente? No, no lo es, Tobe. Pero podría serlo. Si te dijese que en tu mano y en la de otros está el poder para detener la miseria, ¿me creerías? No... no, no lo harías si te lo dijera. Pero... ¿y si te lo mostrase?

Entonces, con el primer movimiento rápido que hizo desde que llegó, alzo con su mano izquierda el bastón, apuntando con la cabeza del perro hacia Tobe, pero no en actitud agresiva, sino como quien ofrece su mano a alguien para que se levante. La cabeza plateada brilló al Sol mientras permanecía en el aire, ofrecido el bastón a Tobe para que lo cogiera. Amon inclinó la cabeza nuevamente, sonriendo levemente.

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07/07/2015, 16:32
Tobe Okwute

A cada palabra del interlocutor, la visita del supuesto Amon Runihura se hacía más y más inquietante. ¿Cómo podía saber tantas cosas sobre los pensamientos de Tobe? ¿Habían plantado espías los musulmanes? No tenía sentido. Pero lo que decía era, sin duda, atrayente para Tobe, quién había visto sus pocas esperanzas desmoronarse bajo un edificio. 

-Amon. -escupió el nombre con desconfianza. -tenemos un largo camino por delante y mucho trabajo. Si quieres hablar conmigo, habla claro, ahora. 

La mirada de Tobe ya no se mantenía en el visitante, sino en su no menos misterioso bastón, alzado a modo de ofrenda. Algo le conminaba a acercarse y cogerlo, pero demasiados años de guerra encima le hacían desconfiar. Sólo le relajaba pensar que si el hombre fuese una trampa en sí mismo y escondiera una bomba, ya habría acabado con todos cuando consiguió captar su atención. 

Awa estaba murmurando algo a Khim, que no salían de su extrañamiento. -¿Qué puedes hacer tú que no hayamos intentado otros ya? -el bastón permanecía entre los dos, refulgente, llamando a un Tobe que en el fondo sabía que necesitaban toda la ayuda que se les pudiese ofrecer. 

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07/07/2015, 16:50
Amon Runihura

-No se trata de lo que yo pueda hacer, sino de lo que tú harás. Mira en tu interior, Tobe. En el fondo sabes de qué hablo. Tienes que sentir esa fuerza. La has notado a veces. Cuando odias. Cuando temes. Cuando amas. Debes dejarla despertar.

Dio un paso adelante, su posición era relajada, como si no le apuntasen con armas, como si no existiese nadie más en el mundo que él, Tobe y el bastón, que seguía suspendido entre ambos.

-Te traigo un aviso y una oferta. Un qué será y un qué podría haber sido. Te traigo una opción. Una salida. Pero debes despertar antes. Puedes hacerlo hoy. Aquí. O puedes seguir tu camino hasta que tu último aliento se funda con la arena.

Miró brevemente más allá de Tobe, como si escuchase.

-Otros ya están de camino. No tardaré en marcharme, Tobe. ¿Despertarás?

El bastón refulgía.

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07/07/2015, 17:34
Tobe Okwute

El bastón estaba frente a Tobe, llamandole, urgiéndole a agarrar la promesa del hombre que lo alzaba. Tobe hizo el ademán de apartarlo, interponiendo el brazo entre ambos para dirigirse directamente al visitante. Pero la tentación era muy fuerte y la mano que pensaba apartar el báculo, acabo por agarrar el cabezal. La mirada de tobe se perdió.

Al tocar el bastón, lo que rodea a Tobe desparece salvo Amon y el bastón. Las visiones les rodean como una cúpula, sucediéndose vertiginosamente, parecen girar, ellos son el centro.

Marianne le besa. El edificio se derrumba sobre Tomás. La granada explota en el salón de los islámicos. El látigo eléctrico restalla en el aire.

Un hombre con ropajes anaranjados se arrodilla junto a un niño que sangra en el suelo. Tras él, una joven de ojos verdes les mira asustada.

Una chica de pelo negro salta por una ventana de un edificio blanco en una explosión de cristales. Agarra con firmeza su mochila en el salto, que parece rodeada por un halo de luz.

Bajo la lluvia, un hombre se acerca a una mujer tendida bajo los árboles. Tiene un maletín atado a la muñeca. Los rayos iluminan la noche.

Un joven de aspecto oriental se inclina sobre otro asiático más mayor que yace en el suelo. Algo brilla en su pecho.

Las seis personas que ha visto antes y él mismo están juntas en una sala de aspecto extraño. No llega a ver las paredes. Todos sus ojos emiten brillos. Su mirada refleja esperanza, determinación. Algunos se cogen de la mano.

Un coloso se alza entre hombres. La pupila de un hombre armado se contrae ante la visión de una silueta enorme que le ensombrece. Una enorme máscara de cuyos ojos sale un humo antinatural se inclina, a la misma velocidad que la cuchilla cae.

Marianne ayuda al pequeño Abdilah a cruzar la valla. La imagen cambia y un joven africano sonríe. Aparenta casi treinta años. Una mujer blanca le abraza. Un niño mestizo les coge de la mano. Están en un barco. “Volvemos a casa, Abdilah, tras tanto tiempo”. Sale el Sol sobre África.

Entonces las imágenes cambian, se oscurecen. Tobe y Marianne ven a Amon alejarse en la distancia. Se va solo. La imagen vuelve a cambiar más rápido. Zinat y Awa gritan. Disparos. No han conseguido cruzar la valla. Los ojos del pequeño Abdilah están vidriosos y sin vida. El fuego crepita en el desierto. El calor sofocante de las llamas oculta siluetas humanas que le parece reconocer.

Tobe da un sobresalto y aparta la mano del bastón, mientras da un paso atrás. Marianne corre a su lado mientras Khim y Awa amenazan al viajero. La incomprensión y el sobresalto en los rostros de todos los presentes contrastan con la mirada de satisfaccion de Amon. El mensaje ha llegado.

Entre los gritos de Awa y Khim ordenando a Amor que se eche para atrás, Marianne intenta captar la atención de Tobe, aún saturado por todo lo que ha visto en apenas unos segundos. Tobe sigue mirando al viajero, recordando las imágenes, reviviendo las posibilidades. Miró a Marianne.

-Hay una posibilidad. –susurró.