Partida Rol por web

In Deos Corpora

Acto II - 0. Atlantis

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01/10/2016, 15:33
Héléne Fontaine

-Aún hay algo que quiero añadir. Alguna vez habéis preguntado el por qué no hemos confiado enteramente nuestros pensamientos con vosotros. Hay una razón, y es crucial que la entendáis.

Guardó un momento de silencio, para asegurarse de que había captado la atención de todos.

-Sois el mayor imprevisto al que nos hemos enfrentado nunca. Hace una semana, cuando os reunimos, nuestros planes eran bien distintos. Íbamos a buscar a dos de vosotros, Dioses con sus poderes latentes, cuya vida estaba dedicada a ayudar al débil, a proteger al inocente. Amil, Tobe, el Templo y Amon os encontraron, y creímos que seríais de gran ayuda en nuestra causa. Erina, de ti sabíamos por tu padre, por supuesto, y queríamos que te unieras también a su Despertar, que entendieras tu papel en el mundo, que nos ayudaras.

Y entonces todo empezó a complicarse. Gracias a Johann, en Norte América, tuvimos una oportunidad de oro de hacernos con la Reliquia Oscura. Y de pronto, el agente asignado a la misión, no sólo tuvo que enfrentarse a un nuevo enemigo, sino que ella misma resultó ser una de los nuestros -Héléne, que miraba directamente a Kay, dirigió su mirada a Alexey - Mientras tanto, Keiden estaba vigilando el incipiente despertar de un Guardián. Los Dioses de la Naturaleza tienen unos poderes poderosos, y descontrolados pueden ser peligrosos no sólo para ellos mismos, sino para cualquiera que les rodea. Y justo cuando esto mismo empezó a hacerse real con Alexey, Samantha se cruzó en su camino. Y Keiden llegó aquí con dos nuevos Dioses.

Aún más dramático, del avión de Hisahito, no bajó él, como esperábamos, sino su hijo, Mikoto, que acababa de ver a su padre morir y no tenía ni idea de lo que estaba pasando.

De pronto nos encontrábamos ante siete nuevos Dioses, muchos de ellos totalmente desconocidos. La situación nos superó, y es sólo nuestra culpa. Pero algo, el Destino, si os gusta creer en él, os juntó a todos aquí. Algo, no nosotros. Y no me cabe duda de que es por una razón. Tengo fe absoluta en vosotros.

Y su mirada reflejó el orgullo que transmitían sus palabras, y por un momento, a todos les ocurrió algo extraño. De pronto no era Héléne quien les hablaba. De pronto era una madre orgullosa de su hijo. Una esposa enamorada de su marido. Alguien que sólo quería protegerles, pero que sabía que era inevitable que tuviesen que enfrentarse a peligros innombrables. De pronto no miraban Héléne, sino a Hera.

Y les sonreía.
 

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01/10/2016, 16:57
Kay Faraday
Sólo para el director

Tras el discurso de su anfitriona y breves intervenciones en las que decidieron acordar un encuentro al atardecer para intentar hablar con las reliquias, Kay abandonó la sala junto a su compañera. Nemissa había permanecido en silencio prácticamente durante todo este encuentro y estaba preocupada por ella. Normalmente no se hubiera mantenido tan en silencio en una situación así, lo normal en ella era mantenerse en el centro de la conversación, no alejarse. Estaba claro que algo le pasaba y Kay no quería verla así de alicaída. Una vez cogió fuerzas para ello, se decidió a preguntarle mientras caminaban por los pasillos de vuelta a las estancias principales.

-Te noto más apagada de lo habitual, sobre todo teniendo en cuenta que ahora tenemos muchas más respuestas a nuestras preguntas ¿Va todo bien Nemissa? 

Nemissa cruzó fugazmente su mirada con los ojos inquisitivos de Kay y desviando la mirada de su compañera le respondió con un tono apagado:

-Si, bueno... no sé, simplemente me siento un poco abrumada por la situación. Todo mi mundo hasta el momento se regía por la lógica, pero con todo esto de los dioses, reliquias y demás... supongo que será cuestión de tiempo  acostumbrarse a ello. No te preocupes por ello, no tiene mucha importancia. Intentaré encontrar cualquier pista que pueda sobre las reliquias o los dioses que os enfrentais -contestó forzando una sonrisa para intentar ocultar sus sentimientos.

No tenía muy claro el motivo, pero Kay estaba completamente segura de que las palabras de Nemissa no estaban siendo plenamente sinceras. Llevaban tanto tiempo juntas que sus expresiones y gestos resultaban evidentes para ella, aún sin ser Kay especialmente una persona muy empática. Concluyó que, teniendo en cuenta que ya habían hablado brevemente sobre ello antes de ir a París, probablemente lo que le preocupase en esta ocasión fuera similar. Al fin y al cabo, todos los presentes en esta reunión a excepción de ella eran divinidades y teniendo en cuenta que, como ella misma acababa de decir, su mundo se rige por la lógica, lo lógico en la situación es que se hubiera sentido apartada durante toda la mañana. Se frenó en seco, reunió valor y se decidió contestarle de manera directa:

-Sí me preocupa, y me preocupo porque me importas Nemissa.- confusa, Nemissa frenó, se giró y dirigió su mirada hacia su compañera - Estamos juntas en esto y no quiero que te encuentres mal, sola o apartada en este lugar. Sé que estos últimos días han sido una locura. Hay muchas cosas que han cambiado y puede resultar un tanto abrumador asimilarlas, pero estoy segura de que puedes con ello. Es más, en estos momentos ya has podido. Sin ti no habría podido conseguir las dos Reliquias que hemos recuperado. Eres la mejor investigadora, hacker y gestora de situaciones que tenemos en el equipo y por mucho que un muro no lo sepa ver, está claro que te necesitamos. Nuestro destino también está en tus manos.

Kay paró abruptamente, avergonzada por haberse dejado llevar. Se había emocionado al hablar demasiado sin pensar, no sabía si era lo correcto, si Nemissa se lo tomaría a bien o no... pero en medio de sus dudas obtuvo su respuesta. Los brazos de su compañera la rodearon fuertemente durante unos breves instantes y apoyando su cabeza sobre sus hombros, Nemissa, con un tono de voz suave, simplemente dijo  -Gracias Kay.

Sonrojada, Nemissa se apartó de una aún más avergonzada Kay y durante unos momentos caminaron sin cruzar sus miradas en un silencio incómodo por los pasillos del Templo. Pasaron justo frente a la sala donde habían sido interrogados por el Templo y Kay recordó sus planes para el resto de la mañana. Decidió romper el silencio para intentar disolver la incomodidad que se había instaurado en el ambiente -  Espera un momento Nemissa-  dijo parando frente a la entrada de la estancia - Pensaba quedarme el resto de la mañana investigando en esta sala, descifrando el resto de símbolos que nos quedaron por identificar,  ¿Te apuntas?

Su compañera sonrió ante la propuesta y contestó con su tono animado habitual - ¡Por supuesto! Le tengo muchas ganas a esta pared desde hace un rato. ¡Pienso interrogarla tan fuerte que se derrumbará emocionalmente! ¿Eh? ¿LO PILLAS? ¡Derrumbarse! Venga, que tiene su gracia, ¡No me mires así!

Pese a ser un chiste especialmente malo, Kay no pudo evitar reirse, en parte por su respeto a esa clase de humor y en parte por volver a ver a su compañera llena de energía y ánimo. Tras ello, entraron en la sala y se sentaron en el suelo junto al muro donde se encontraban los dieciseis símbolos que previamente se habían iluminado para ellos. Nemissa encendió su tablet. Kay conectó a Alêtheia al aparato y desplego numerosas pantallas holográficas para ambas. Juntas de nuevo, retomaron su búsqueda.

 

- Tiradas (1)

Notas de juego

Kay se va a hacer un excel con todos los dioses, sus nombres, correspondencias de equipo, procedencias, poderes...  xD
 

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02/10/2016, 00:47
Erina Avramidis
Sólo para el director

La reunión había acabado de forma cordial y mucho más tranquila que todas las otras que habían mantenido antes, y aquello a Erina le olía de forma curiosa. Antes de salir de la sala había buscado con la mirada a Keiden, pero él estaba hablando con Hélène y no se percató, o no quiso hacerlo. Amil había dejado claro que quería hablar con ella y con Amón sobre la Reliquia del Fuego en cuanto éste último regresara, así que la Diosa aún tenía ese margen para encerrarse en su cuarto y pensar con calma. Así que, cuando llegó a su lujosa habitación, cerró la puerta a sus espaldas y con tranquilidad se deshizo de su ropa y se puso un ligero vestido de seda blanca, sin forma, casi una túnica, sólo sujeto por una tira de cuero y una hebilla sobre su pecho. Se descalzó también, y se dirigió a la terraza. Abrió las puertas de par en par y, sin pensar mucho en lo que hacía, se subió a una de las sillas de mimbre y luego se sentó, con los pies colgando en el vacío, en la barandilla cubierta de cal blanca. Notó la brisa que venía del océano, y tras inspirarla, no pudo evitar que su pecho se convulsionara en una carcajada.

Haber crecido junto al Egeo le había enseñado a mirar al mar, y, sobre todo, a sentirlo. Y aquel océano ante ella presagiaba tormenta, exactamente igual que todo el interior del Templo. Después de su charla con Keiden, Erina tenía claro que algo no andaba bien allí, y que las cosas no era exactamente como se las contaban, pero tras las palabras de Hélène, lo tenía más que claro: nada de lo que había dicho la Presidenta era verdad. Aquel hecho había asaltado a Erina como si una corriente de aire hubiera sacudido la creación, pero al mirar a sus compañeros y ver la determinación en sus miradas, tuvo que admitir internamente que Hera se lo había montado bastante bien. Si bien la francesa no le merecía especial afecto, Erina sabía ver que estaba jugando bien todas sus cartas y que, de momento, su posición en el juego puede que le llevara ventaja a sus contrincantes, que, sin embargo, habían ganado una batalla en Les Amoreuse. No sabía la historia completa, pero Erina cada vez tenía más ganas de volver a ver al Emperador y a Samantha.

Sin embargo, lo más importante de todo aquello era que ahora ella sabía la verdad, y que sus compañeros parecían estar ciegos ante ello. Unas palabras suyas podían volver a desmoronar la confianza que sus anfitriones tan duramente habían conseguido. Con esa baza aún en su poder, podía esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. No había pasado por alto que nadie había contestado a la pregunta de Tobe de qué ocurriría si todas las Reliquias eran por fin reunidas…

Y eso le llevó una vez más a pensar en su conversación con Keiden.

Erina bajó de la barandilla y, dejando las puertas abiertas, volvió al interior del dormitorio. Se dirigió al armario y lo abrió, y allí, aunque envuelta aún por un paño, estaba la Reliquia del Fuego. Con cuidado y reverencia, la sacó de allí, sujetándola con la tela, y la llevó a su cama, donde la dejó sobre el colchón de plumón. Entonces, se sentó frente a ella y la descubrió.

La joya que había llevado Dorian al cuello desprendía un brillo que hacía pensar que estaba viva. Erina tragó saliva, notando su presencia tan claramente como si la estuviera quemando. La observó con curiosidad, y se mordió el labio intentando retenerse. Quería tocarla.

-Así que… titanes… -Susurró para sí misma.

Los elementos que eran la base de casi todas las culturas estaban representados, ciertamente, en las Reliquias. La alquimia había reducido la Creación a cuatro elementos, pero Erina ahora estaba segura de que había otros dos: la Luz y la Oscuridad. Aquellas dos caras de la misma moneda que parecían completar un ciclo que siempre había estado allí.

Erina sabía que tener la Reliquia en su poder era algo excepcional, y que debía seguir haciéndose la tonta y la inocente y desviando la atención hacia otros temas si quería que aquello siguiera siendo así. Si conservaba aquella joya, tendría una soga con la que atar tanto a un bando como a otro en aquella lucha. Además, si Dorian había sido capaz de hacer todo aquello con ella, quién sabía qué poder podría darle a la Diosa del Caos. intentando contenerse, Erina relajó los hombros. No pensaba dejar la Reliquia en su armario, obviamente, y no pensaba separarse de ella. Aquello iba a ser difícil si tenían que volver a marcharse de Atlantis a una de sus nueva aventuras de superhéroes, así que no había dejado de darle vueltas en todo el día.

Extendiendo una mano, pero sin llegar a tocar la joya, Erina cerró los ojos y se concentró. Cuando los abrió, podía ver cómo alrededor de la joya la energía roja que había entre todo se aglomeraba en torno a ella. Sin embargo, no “delimitaba” la joya, como ocurría con los objetos normales, sino que parecía esquivarla y volver a ella, creando remolinos a su alrededor, como si fuera un asedio continuo. Erina apretó la mandíbula y empezó a moldear esa energía, como había aprendido a hacer hacía mucho, pero desde su Despertar era mucho más sencillo. Sin embargo, esta vez, se encontró a sí misma realizando un esfuerzo titánico para que las partículas y líneas rojas rodearan la Reliquia y la movieran tan sólo unos milímetros antes de volver a dispersarse a su alrededor. Erina paró y cogió aire. Parpadeó, confusa: sabía que no iba a ser fácil, pero la Reliquia parecía inamovible incluso para sus poderes. Siguió intentándolo, hasta que su cansancio mental se hizo palpable en su cuerpo y la joya estática en su mismo sitio parecía reírse de ella. Cuanto más se concentraba en la Reliquia, más fuerte sentía su presencia, sabía que por su sinergia con ella como Diosa, y aquello no hacía más que empeorar las cosas: no podía llevársela consigo sin que sus compañeros la percibieran.

Con rabia, la griega se levantó de la cama fue hasta la mesa de café junto al sofá, donde el día anterior había quedado abandonada una botella de hidromiel a medio beber. La cogió y el fuerte olor de la bebida almizclada llegó a ella y le resultó desagradable. En un arrebato de furia y frustración, Erina lanzó la botella contra el suelo con un grito de rabia, donde el cristal se hizo añicos, esparciendo la espesa bebida por la madera. El charco se formó en un avance lento, como si fuera sangre oscura. La griega se vio reflejada en los cristales que habían quedado diseminados por el suelo, y con un simple gesto de sus manos, todos se elevaron en el aire, danzando en corrientes de energía roja. Erina cerró los puños, y las corrientes escarlatas penetraron en el cristal, rompiéndolo cada vez más, hasta que sobre el suelo empezó a caer una lluvia plateada de esquirlas diminutas.

La griega jadeaba. El esfuerzo que había realizado al intentar elevar la Reliquia le estaba cobrando factura. Sin embargo, aquella destrucción le hizo sonreír. Caminó, descalza, sobre la arena blanca que había quedado del cristal, y, sobre ella, cerró los ojos un momento.

Por mucho que le doliera, necesitaba calmarse si quería conseguir sacar algún fruto de todo aquello. Erina movió de nuevo las manos, en un movimiento sencillo, y el polvo de cristal se elevó de nuevo. Ella se sentó en el hueco que había dejado, cruzó las piernas y cogió aire, mientras el polvo plateado flotaba a su alrededor, suspendido en la corriente roja, como una esfera que la recubriera. Erina se hundió en sí misma, en su cabeza, y, ya que era la primera vez que lo hacía desde su Despertar, encontró un mundo interior mucho más grande que al que estaba acostumbrada su limitada humanidad.     

 

Al principio, sólo existía Caos.

Hesíodo, Cosmogonía. 

 

Para Hesíodo, el gran poeta de la mitología griega, todo había surgido del Caos. El Caos, como todo lo que alteraba la vida de los hombres, había tenido, por supuesto, una personificación femenina. Y, sin embargo, era también el lugar del que provenía el propio miedo.

Eris se encontró a sí misma allí, de pie, observando la nada a su alrededor. No había colores, ni negro ni blanco, ni sombras ni luces. No había estrellas, ni ruido, ni siquiera ella. Simplemente todo aquello era.

Mira otra vez.

Y como si aquella voz hubiera activado algo dentro de ella, Eris volvió a mirar, y esta vez sí vio un color: el rojo. Aquella corriente escarlata que ella veía alrededor de toda materia estaba allí, pero en mucha mayor cantidad de la que lo había visto jamás, Danzaba a su alrededor, se escindía, desaparecía, aparecía, creaba figuras y luego las destruía en interminables explosiones de atardeceres sangrientos. Eris sintió entonces que aquella energía no estaba llenando el Caos, sino que era el Caos.

La Materia del Caos, si quieres llamarlo así.

Eris se giró y vio cómo las corrientes escarlatas se combaban ante ella para formar una figura casi humana, pero cuyos bordes eran indefinidos e inseguros. Sabía que era su propia mente la que estaba proyectando aquella forma, no así aquella voz.

Eris la observó, con la cabeza ladeada, pero no dijo nada, ni se movió. En cambio, la figura sí lo hizo a su alrededor.

Vaya. Creo que eres la primera de mis descendientes que llega hasta aquí. La única. ¿Por qué me buscas, a mí, que he desaparecido?

Eris recordó una clase de traducción de griego clásico, con un tutor, en una casa de Mykonos. Aquella escena estaba suspendida en el tiempo de su memoria, inmaterial en medio de todo aquello.

-De Chaos nacieron Gea, Urano y el Tártaro. -Citó, y volvió a mirar a la figura, que ya tenía forma completa de mujer.- El único hijo que no te salió del todo rana.

La energía roja que formaba la figura titiló, como si riera.

Llegó el Orden: se escindieron la Tierra y el Cielo, y la Creación tomó forma y empezó a surgir y a girar, como la inevitable rueda del Destino. Di a luz a todo aquello. Y dejé de ser.

Eris alzó una mano, tendiéndola hacia la mujer, y ella dio un par de pasos hacia la griega e hizo lo mismo. La piel blanca de Eris tocó las partículas rojas que formaban la figura, y sentía una atracción hacia ellas, como si fueran un imán.

-Los hombres crean aquello que los destruye, incluyendo a sus hijos… Diseñados para sustituirlos. -Levantó la mirada y observó el vacío rojo y escarlata que se formaba en dos orbes que giraban y se mecían ante ella.- Y, sin embargo, aún oigo el eco de tu voz, como si retumbara en todo este lugar.

Mi Eco está en todas partes. Primero fue el Caos, y del Caos surgió todo, y todo surgió del Caos. La figura se movió alrededor de la diosa, como si nadara entre las corrientes de un río embravecido. El Caos está en todo: en la Tierra, en el Cielo, en los Dioses, en los Hombres. Es su naturaleza más primaria, pero su propia existencia es Orden.

-Yo puedo verlo. El Eco. La Materia del Caos. -Dijo Eris, y para demostrarlo alzó una mano y observó cómo la corriente roja la envolvía.- Y lo controlo.

La Diosa cerró la mano, y la figura frente a ella se deshizo en un abrir y cerrar de ojos. De pronto, como si los átomos que forman un cuerpo se desligaran y corrieran cada uno hacia un lado. Aquel estallido volvió a dejarla sola en medio de aquel paraje rojo, danzante, desordenado, caótico. Eris se sentía respirar gotas de aquella esencia escarlata. Y se supo plenamente poderosa, afortunada: ¿cuántos Dioses como ella tenían acceso a aquella Materia Primera? Tal vez, su propia encarnación le causaba debilidades, pero, a parte de aquello, se sentía tan plena en aquel lugar, en aquel océano y cielo, aquel eterno horizonte rojo, que sabía que sólo allí hallaría el deleite que buscaba, que la llenaba.

 

Eris volvió a girarse, y esta vez frente a ella había un enorme teatro, un escenario, frente al cual había un trono que ella conocía muy bien. Con una risita, se subió a él y se sentó a esperar a que empezara la función.

Unos hombres sin rostro salieron desde ambos lados del escenario, y pararon los unos frente a los otros. La energía roja se arremolinaba a su alrededor, como impaciente, y Eris, con un movimiento de la mano, dio permiso para empezar la representación.

Los hombres se lanzaron unos contra otros y empezó una encarnizada batalla. Poco a poco, los cuerpos de los caídos iban cubriendo el suelo, pero de sus heridas no salía sangre, sino que brotaba más Materia del Caos. Eris contempló la lucha primero con deleite, y luego, poco a poco, fue perdiendo el interés en la batalla y su mirada volvió al Caos. Con una idea en su mente, levantó las manos, como había hecho en su habitación con las esquirlas de cristal, y la energía roja penetró en el interior de los hombres y los desgarró, desgarró su propia existencia hasta que sólo quedó la energía roja. Pero había más.

-Polvo eres -dijo, sin poder evitarlo, con una sonrisa- y polvo serás.

Desaparecieron los hombres, desapareció el escenario, y sólo quedaron Eris y su trono, y, de nuevo, la figura femenina, que volvía riendo.

Y la Rueda gira. Del Caos surgió todo, y todo surgió del Caos. El Caos está en todo…

-Y todo será Caos.

Eris se sentó de nuevo en el trono, y la figura volvió a fundirse con las corrientes rojas, que empezarona  danzar frenéticamente alrededor de la griega, que cerró los ojos y se dejó imbuir por la sensación de estar en el único lugar del mundo al que podía pertenecer.

 

Erina abrió los ojos en su dormitorio del Templo y, poco a poco, la sensación de materialidad volvió a ella. Volvió a oler el aire del mar, a sentir la brisa acariciando su pelo, el hidromiel mojando sus pies, el peso de la existencia sobre ella. La materia roja creaba una cúpula alrededor de ella que poco a poco se fue deshaciendo, y la mirada de Erina buscaba con pena los pocos retazos de corriente roja que había allí en comparación con el lugar del que venía. Como desperezándose de un sueño, se puso en pie y volvió a la cama donde, esta vez, la Reliquia del Fuego parecía contenerse sobre sí misma. Erina la miró, y esta vez casi había piedad en su mirada. Casi.

-Dicen que Zeus encerró a los Titanes en el Tártaros. La Primera Prisión. -Erina alzó las manos, y ésta vez cubrió la joya con ellas, pero sin llegar a tocarla de nuevo, aunque peligrosamente cerca. Acumuló Materia del Caos entre ellas, llamando a toda la que había en la habitación, y, como si creara un pequeño muro de hielo a partir de un océano, se concentró e hizo que la joya se elevara en el aire entre sus manos. Jadeando por el esfuerzo, pero ignorando la presión que sentía en las sienes, Erina concentró aún más esa energía. Escuchaba su Eco. Lo moldeaba, en contra de su voluntad, de su naturaleza dispar e indómita, y lo solidificó alrededor de la Reliquia, envolviéndola como en una burbuja que poco a poco se pegó a ella, imitando su forma y limitándola.

Y cuando la Reliquia del Fuego estaba completamente confinada, Erina, sin dejar de mirarla fijamente, alzó una mano y sin pensárselo dos veces la cogió.

No pasó nada.

No notó nada.

La Reliquia del Fuego estaba contenida, y su aura quedaba recluida en aquella prisión roja de sangre, como si la hubieran metido en un bote de cristal. Erina sintió un escalofrío, y luego una carcajada empezó a sacudir su pecho hasta que su júbilo fue lo único que ardía en la habitación.

Y, aunque aún no se había dado cuenta, el hidromiel aún manchaba el suelo. De lo que no había ni rastro, por ninguna parte, era del cristal que una vez lo había contenido y que, la última vez que lo viera, flotaba a su alrededor. En su lugar, en cambio, sólo parecía haber una corriente nueva de energía roja correteando por la habitación.   

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02/10/2016, 10:17
Amil Eashana
Sólo para el director
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02/10/2016, 10:18
Amil Eashana
Sólo para el director
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Notas de juego

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02/10/2016, 10:35
Alexey Sokolov
Sólo para el director
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Notas de juego

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02/10/2016, 10:36
Erina Avramidis
Sólo para el director
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02/10/2016, 10:45
Ngen-mawida-walle

Ngen-mawida miraba a Alexey intensamente, y ahora Alexey veía más allá de su mirada. Había visto el Comienzo, había entendido el siempre, y entendió que aquella sensación de vértigo que sintió antes al mirarle a los ojos era debido a que Ngen sí comprendía la eternidad. Maravillado, Alexey pudo ver como no sólo todos los bosques que existían le daban fuerza: la obtenía de todos los bosques que existían y que habían existido.

Y aunque él mismo no lo podía ver, su propia mirada era ahora distinta. Sus pupilas tenían una profundidad nueva, el azul, mayor intensidad. Alexey no había tenido una visión: había recordado, y aquel recuerdo le había otorgado un nuevo conocimiento que se extendía literalmente hasta su forma física.

Ante su pregunta, Ngen reflexionó un momento.

-Un lobo no pregunta por qué come conejos. Pero si no fuese por su sangriento deber, los conejos acabarían con los tréboles. Mientras, ajenos a esta guerra, los helechos batallan entre sí por alcanzar un rayo de sol, una fuente de agua, una tierra más nutritiva. Y toda lucha no es sino crear algo nuevo.

Dos pesas en los platillos de una balanza no son enemigas, pero batallarán por siempre para ascender sobre su hermana. Del mismo modo tú puedes enfrentar a un hermano y no por ello alterar el Equilibrio, sino mantenerlo. Pero si una de las pesas es destruida,  si su hermana no tiene quien contrarreste su fuerza... ¿Lo ves, Ishkur?

Mientras Ngen hablaba, Alexey fue notando algo nuevo, algo extraño. Era más consciente que nunca de la presencia del Aire, a su alrededor. Notaba la brisa. Veía las corrientes que se formaban entre las hojas, y que acariciaban la superficie de la tierra. Sentía los remolinos, tumultuosos, que se formaban a su alrededor, provocados por su propia respiración. Comenzó a sentir cómo su elemento le abrazaba, le envolvía y formaba parte de él, acariciándole delicadamente.

No tengas miedo a la lucha, pues de ella puede nacer algo hermoso. Vi una vez a un hombre morir entre agonía en una guerra. ¿Qué bien hay en su sufrimiento? ¿Qué fin? El hombre había desayunado un fruto esa mañana, y una semilla aún estaba en sus entrañas. Y allí donde cayó, hoy hay un nuevo nogal. Y en el nogal vive una familia de ardillas. Y mil y una más criaturas con ellos. ¿Serían hoy si aquel hombre no hubiese dejado de ser?

Ngen cayó entonces, y su mirada se dirigió más allá de Alexey. Y Alexey lo notó también. Vio como el aire, a su alrededor, se alejaba en ondas, como las que recorrían un estanque cuando alguien tira una piedra en su superficie tranquila. Maravillado, siguió con la mirada el recorrido de las ondas. Pronto estuvo casi seguro de que, fuese lo que fuese lo que provocaba aquella alteración, provenía del Templo.

-Ngen. Hmm. Aquellos con los que luchas. Alguien más ha entendido, como tú. Es bueno. Recordaréis, todos, a su debido tiempo. No tengas miedo, Ishkur. Veo que tu corazón es noble. Humano, pero Ishkur también. Cumplirás tu papel, velarás tu Guardia. Búscame si me necesitas. Vuelve ahora. Las Fuerzas se mueven. ¿Lo ves? ¿Lo sientes? El Cambio es próximo. Ngen. Ve.

 

Notas de juego

Alexey tiene ahora una mayor sintonía con su elemento principal, el Aire. Es capaz de notar alteraciones en corrientes de Aire, lo cual le permite ver fuentes de "energía", no sólo físicos (si un objeto se mueve y crea una corriente), sino también de naturalezas más divinas o sutiles.

Puedes crearte una nueva habilidad (no poder divino) que refleje este "notar alteraciones en la Fuerza" con una puntuación de +4. Alexey lo nota siempre, a modo de pasiva, así que yo te diré muchas veces "algo pasa", como en este mismo post, pero puedes usarlo para hacer tiradas de percepción mucho más sutiles.

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02/10/2016, 11:01
Kay Faraday
Sólo para el director
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02/10/2016, 11:02
Kay Faraday
Sólo para el director
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02/10/2016, 11:04
Director

Erina tardó un tiempo en darse cuenta de lo que había ocurrido, y aún entonces no pudo más que intuir todas sus connotaciones. Mientras, llena de júbilo por su éxito, se dedicaba a saborear la experiencia que acababa de vivir, se dio cuenta en cierto momento de la desaparición del cristal de la botella. Al principio no le dio demasiada importancia, pero poco a poco se volvió una molestia, una quemazón, algo que trataba de ignorar pero que requería más y más su atención.

No supo exactamente cuándo hizo la conexión, pero al final se dio cuenta. Repitió el proceso de proteger la Reliquia, esta vez con mayor facilidad y rapidez que antes, y volvió a tocarla. No notó nada en ella, volvía a estar contenida. Pero entonces desvió su atención al resto de la habitación, no a la Reliquia en sí. Y quedó maravillada.

Su percepción de aquella energía, aquella Materia del Caos, era mucho más fina, mucho más detallada. No llegaba a la perfección de aquel Inicio, como lo había visto en su visión, pero aún así era una diferencia notable. Era como si su visión hubiese estado siempre empañada y de pronto se hubiese puesto gafas. Las motas escarlata rodeaban todo, en eternas corrientes sin orden aparente pero... también eran todo. La materia, tal y como la conocía, parecía no ser otra cosa que su elemento subyugado a un orden, a un patrón. Y poco a poco, Erina se dio cuenta de que era capaz de entender ese patrón... y de deshacerlo.

Sólo se atrevió a probarlo con algo pequeño. El tapón de la botella. Serviría. Sosteniedo la Reliquia, fría al tacto, en la palma de su mano, Erina centró su mirada en el delicado objeto de cristal. Pudo casi palpar su estructura, su forma. Y, con cuidado, fue deshaciéndola poco a poco. Como si fuese de arena y no de cristal. Unos momentos después, el tapón se había desvanecido ante su mirada. Había vuelto a su forma original. Antes de que milenios de fortuitas casualidades juntasen la materia que le conformaba y le obligasen a ser un mero tapón.

Notas de juego

Explicación off rol: La Reliquia de Fuego aumenta tus poderes, los "aviva". Normalmente, la telequinesis de Erina se explica como el control de la Materia del Caos que rodea los objetos. Lo que mueve es esta Materia a su alrededor, no el objeto en sí. Con la influencia de la Reliquia, esta habilidad se extiende a la Materia que forma los objetos. Ya no es que pueda moverlos desde fuera, sino que puede controlar las fuerzas que mantienen la materia unida, y disgregarlas.

En pocas palabras, el control de la materia de Erina se vuelve subatómico.

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02/10/2016, 11:11
Director

Kay y Nemissa dedicaron, juntas, varias horas de investigación y búsqueda sistemática de todos y cada uno de los símbolos que el muro les había resaltado. Había sido idea de Nemissa capturar la imagen de cada símbolo y buscarla directamente en la red, hasta encontrar imágenes similares. Para su sorpresa, el método empezó a dar resultados. Varios de los símbolos eran más comunes de lo que parecían, ampliamente usados para representar no sólo Dioses, sino conceptos enteros, a lo largo de culturas y religiones de todo el mundo. Por desgracia, no todos los símbolos parecían haber sido por los humanos en sus mitologías, así que tras varias horas de búsqueda aún quedaban algunos sin identificar.

Ya conocían de antes los cuatro símbolos de sus enemigos: Papa Legba, Maman Brigitte, Hécate y Hermes, o Mercurio. De sus anfitriones, conocían a Hera y Anubis. Consiguieron identificar el tercero, el de la serpiente devorándose a sí misma. Era Loki, que ambas estuvieron de acuerdo, no podía ser otro que Keiden. El cuarto símbolo, sin embargo, no apareció en ninguna de sus búsquedas.

Después, Kay decidió investigar a sus propios compañeros. El primero que encontraron fue el que parecía una K en un círculo, que como aprendieron después, en realidad representaba una manzana. Eris. No tuvieron que pensar absolutamente nada para saber a quién correspondía, hasta el nombre era obvio.

Otros dos fueron igualmente sencillos. El de los dos sables cruzados provenía de la mitología yoruba, y representaba a Oggun, Dios del hierro y la guerra. Claramente, era Tobe. Y el primer símbolo era una runa nórdica, utilizada para representar a Freya. No podía ser otra que Sam.

No encontraron las identidades de Amil, Mikoto ni Alexey, ni nada del octavo y misterioso símbolo. Lo único que sacaron en claro es que el segundo empezando por la derecha estaba relacionado con la dualidad, con el principio y el fin; y la intuición de Kay le decía que tenía que ver con Amil, pero no supieron ponerle nombre a su naturaleza divina.

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02/10/2016, 11:47
Tobe Okwute
- Tiradas (1)

Notas de juego

Tirando para la sensación raruna

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07/11/2016, 03:10
Director
Sólo para el director

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Notas de juego