Partida Rol por web

In Deos Corpora

Acto II - 2. El Techo del Mundo

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28/11/2015, 19:00
Director

El anciano Vãra apenas tuvo de musitar una oración antes de que el polvo les rodease. Como esperaba no sintió dolor alguno. Estaba preparado para el tránsito, no había nada que dejar atrás y había cumplido una buena vida. Incluso había tenido el privilegio de asistir a maravillas con las que otros solo podían soñar.

Cuando abrió los ojos, sin embargo, la cueva seguía ahí. Había sentido los brazos del hombre africano a su alrededor en un amable gesto de protección, pero ya no los notaba a su alrededor. En su lugar, una inmensa figura le rodeaba, cubriendo sus frágiles huesos de cualquier daño. El anciano abrió la boca, sorprendido y miró fijamente a los ojos de la figura. Sí, ahí estaba. Era el mismo espíritu. El mismo hombre. Sonrió, agradecido. Sabía que las palabras sobraban.

A su alrededor, sin embargo, el polvo seguía acumulándose y nuevos fragmentos de roca caían del techo. En apenas unos segundos la cueva habría colapsado. Debían llegar a la entrada inmediatamente. El Vãra asintió ante el grito de Alexey.

-Debemos llegar al precipicio. La montaña no nos dañará más allá. Sólo intenta proteger su corazón.

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28/11/2015, 21:58
Tobe Okwute

Aun no

Tobe se levantó apresurado en un sobresalto. Se irguió sobre un catre de pieles y pudo escuchar a algún tipo de aves emprender el vuelo, asustadas por su repentino despertar. Tobe escudriñó a su alrededor, algo confundido. Se encontraba en el fondo de una cabaña simple, hecha de maderas y adobe. Todo lo que protegía sus pies del suelo eran algunas pieles de animales, colocadas de manera irregular por la sala. Se pasó la mano por el ceño, intentando concentrarse. Notó el tacto de arena y polvo enjugándose con el sudor de su rostro. ¿Había estado en tensión hace poco? No, seguramente sería el calor de la fragua aun encendida en su cabaña. Sin embargo, no era capaz de recordar de dónde había salido todo ese polvo, esa tierra. Entonces vio varias herramientas de labranza. Las palas y las azadas estaban tan llenas de barro como él, como las austeras y mugrientas telas moradas y verdes que cubrían su cuerpo.

"Aun no. Hay mucho trabajo por hacer" Pensó el nigeriano, antes de levantarse de su catre para buscar el próximo trabajo por hacer. "Ya habrá tiempo para descansar." Pasó de largo por la rudimentaria fragua que caldeaba la austera cabaña, en dirección al umbral de su hogar. Al otro lado, una sobrecogedora naturaleza virgen le saludaba. Su increíble fuerza le tentaba a dejar la cabaña, a perderse entre los bosques, volver con los animales. Sentía la tentación de perderse entre sus largos y sinuosos caminos, dentro de su densa vegetación. Pero sabía que no podía, pues hizo un juramento a Obatalá. Dio su palabra y ya no había más que decir. Volvió a su cabaña, pensando cuál sería el siguiente trabajo en su autoimpuesta penitencia. Notó como algo de adobe y paja cayó sobre su rostro.

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-¡Tobe! ¿Puedes oírme? ¿Estás bien? Coge al Vära y corre, hay que salir de aquí ya.

La enorme estatua estaba en pie frente al grupo. Su cuerpo era titánico, y casi podía rozar el techo agrietado de la sala. Al acercarse, Alexey se fijó en que lo que parecía roca, eran los restos del techo desprendido y la tierra acumulada, que se deslizó por la figura según esta cambiaba su postura, lentamente, sin la preocupación de que la montaña lo enterrase en su interior. En realidad el cuerpo no tenía ni un ápice de roca, sino un material metálico y brillante, pero oscuro como el más negro de los ónices. Era difícil decidir si aquella figura estaba forjada en un metal o labrada en una enorme gema en bruto.

-Debemos llegar al precipicio. La montaña no nos dañará más allá. Sólo intenta proteger su corazón.

El grupo instó al nigeriano, cuya mirada se escondía místicamente en las ascuas ardientes de la máscara tribal, una pieza de vestimenta de toda la figura. Si Tobe comprendió lo que Alexey y el Vära le decían, no dio muestra de ello. En su lugar máscara se alzó, acompañada del chirrido de acero doblándose, mientras  músculos de la figura se reorganizaban. Su titánico brazo se alzó tapando las grietas que amenazaban un futuro desplome sobre el grupo. La montaña volvió a rugir, y otra sección del techo amenazó con desplomarse. Sin embargo, el grupo pudo ver la ya enorme mano de la figura pareció crecer. Sus dedos se alargaban y aplanaban, desplegándose sobre sus cabezas. Otra nube de polvo les envolvió, cuando la montaña gritó y las rocas terminaron de ocultar lo que quedaba de la entrada al laberinto que ya habían dejado atrás. La figura les miró, instando al grupo a salir mientras sus manos, que ahora hacían de andamio, sujetaban el amenazante techo.

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Satisfecho, el hombre se bajó de la rudimentaria escalera de madera tras arreglar el techo de su cabaña. Así podría seguir concentrándose en su trabajo, independientemente de lluvias y temporales. Una vez había cuidado de eso, recordó cuál era su siguiente trabajo. Su tribu quería alcanzar nuevas tierras donde cazar, y para ello necesitaban un puente que les permitiese cruza el rio fuera de peligro. Cogió su machete y se dispuso a cortar las maderas que necesitaría para construir ese puente.

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La figura esperó a que los tres hombres reaccionaran, con las ascuas de la extraña máscara clavados en ellos. Cuando por fin reaccionaron y empezaron a correr en dirección al precipicio, la estatua empezó a caminar a la salida, separando los brazos de la nueva estructura que había forjado a su alrededor para sostener el techo el tiempo suficiente. La estatua y la estructura se habían desprendido uno de otro, y comenzó a caminar hacia la salida. Una vez hubo llegado al precipicio, la tácita figura se agachó y colocó las palmas de sus manos contra el suelo. Del mismo modo que antes, vieron como las manos comenzaron a alargarse y extenderse sobre el maltrecho puente hasta abarcar todo el abismo en una rígida tabla del extraño material.

Notas de juego

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02/12/2015, 01:17
Director

Apenas habían cruzado el puente que la figura que antes era Tobe había construido para ellos cuando el túnel por el que habían venido se vino completamente abajo. Una gran nube de polvo les envolvió y un último estertor amenazó con arrojarles al vacío desde el borde del barranco, pero finalmente parecía que el terremoto cesaba. Ecos de roca cayendo les rodearon y el polvo poco a poco se fue asentando mientras la montaña en sí misma se acomodaba a su nueva forma. Sin embargo, parecía que estaban a salvo.

Respirando sonoramente, el Vãra volvió a guiar el camino de vuelta al templo. En silencio, con alguna tos de vez en cuando, los tres hombres le siguieron, Tobe ya habiendo recuperado su forma normal. Llegaron a la entrada de la cueva y, sorprendidos, vieron que no había allí ni el más mínimo indicio del terremoto que había estado a punto de sepultarlos. Parecía que el derrumbe se había limitado únicamente a la zona que guardaba la Reliquia.

El Vãra salió de la estancia y volvieron a encontrarse en la terraza donde le encontraron esa mañana. El Sol ya estaba alto, por lo que debían haber pasado algunas horas dentro de la montaña, aunque no les había parecido tanto tiempo. Con serenidad, el anciano abrió un pequeño arcón que había junto a la pared y de él extrajo una jarra. Pese a que aún respiraba con dificultad, les ofreció el fresco agua que contenía antes de beber él mismo.

-Ciertamente, fuertes son vuestros espíritus, viajeros. Y vana pienso ahora que era mi guardia, pues pocos habrían podido escapar de la furia de la montaña si ese no fuese su verdadero destino. Intuyo que no querréis demoraros mucho tiempo, pero... ¿me permitiríais haceros tan solo unas preguntas? Decidme viajeros... ¿de dónde sacan esa fuerza vuestros espíritus? ¿Cómo podéis obrar esas maravillas? Y hermano... -añadió en tono grave dirigiéndose a Amil -. ¿Por qué tu semblante ha permanecido nublado desde que encontramos el Corazón de la Montaña? ¿Acaso no era lo que buscábais?

Notas de juego

Simplemente como curiosidad, tenía pensadas 3 posibles formas de que abrieseis la puerta:

Podíais forzarla hacia dentro, en contra de su movimiento natural, lo cual haría que el derrumbe fuese aún más rápidp (menos mal que no, porque si os ha ido justito con el derrumbe "lento" estaríamos pensando personajes nuevos...).

Podíais forzarla hacia fuera como hicisteis, con un derrumbe más lento.

O podíais abrirla como era debido, lo cual provocaría que el derrumbe empezase sólo cuando cogieseis la Reliquia. Y la clave era el aire y las bocas con gesto de soplar, algo tan tonto como una corriente fuerte de aire a través de los orificios podía abrir la puerta...

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02/12/2015, 18:49
Alexey Sokolov

Alexey se detuvo por fin, resoplando por la carrera, y apoyó las manos en las rodillas. Parecía que por fin estaban a salvo.

Desde que Tobe se había convertido en aquella extraña estatua todo había sido muy rápido. Alexey había echado a correr en cuanto comprobó que lo que antes era el nigeriano les seguía y que tanto él como el Vära estaban bien. Tan apresurado estaba por salir de la montaña que casi había olvidado el precipicio que habían salvado al entrar, pero por suerte los poderes de aquella figura de metal les habían salvado. En cuanto lo pasaron, Alexey comenzó a preocuparse por el templo, ya que, si el derrumbe continuaba, la construcción corría un grave peligro. Pensó en los monjes, que tan amables habían sido con ellos, y cerró los puños. Sin embargo, mientras barajaba posibles soluciones, se dio cuenta de que el derrumbe se había detenido, y, aunque la montaña crujía recolocándose, no parecía haber más derrumbamientos.

Suspiró aliviado. El templo estaba a salvo y tenían la Reliquia. Tal vez hubiera habido alguna manera mejor de hacerlo, ya que seguía pensando que habían forzado las puertas, pero el resultado no parecía ser malo. Incluso parecía un éxito en su misión. Mientras caminaban de vuelta a la estancia del monje, Alexey miró a Tobe y vio que había recuperado su forma normal, lo que fue otro motivo de alivio. Aunque la figura de metal les había salvado, había tenido miedo de lo que habría podido ocurrirle a su compañero en su interior. 

Por fin, allí estaban, en el lugar de donde habían partido, y Alexey aceptó con gusto el agua que les ofreció el Vära, bebiéndola de un trago con avidez. 

Cuando el anciano preguntó sobre sus poderes, Alexey abrió la boca para responder, pero en ese instante el monje volvió a formular una pregunta, esta vez dirigida a Amil. 

Le miró, y vio que la misma preocupación que tanto le había inquietado en el centro del laberinto seguía ahí. Alexey se quedó helado. Había pensado que ya estaba todo resuelto, y que aquella expresión había sido solo por los problemas que habían tenido con el derrumbe. Pero claro que no, hacía falta algo mucho peor para alterar así el sereno rostro de su compañero. Lo cual hacía que un escalofrío le recorriera la espalda. ¿Qué es tan malo como para asustar a alguien que nunca se asusta?

Dejando de lado por el momento la primera pregunta del Vära, preguntó, con la preocupación cincelada en su voz:

-Amil, ¿Qué ha ocurrido ahí dentro? ¿Hay algún problema con la Reliquia?

 

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04/12/2015, 02:22
Amil Eashana

Desde que puso una mano sobre la Reliquia, todo había sucedido demasiado rápido. Como si de una película que suena de fondo se tratara, la estrepitosa salida del interior de la montaña apenas había pasado para Amil en unos instantes. El monje seguía ensimismado con aquel objeto, y en su cabeza y en su pecho se amontonaban sensaciones sin ningún orden. Había sido como...un rugido atemporal, algo más allá de las cosas que son y no son. La Reliquia había irrumpido hasta lo más hondo de su alma con furia, con una actitud despiada para con aquel que había osado despertarla de su apacible letargo. Por otro lado, su conexión con el espacio había sido desactivada. Parecía que ya no...

Amil buscó un sitio donde apoyarse para descansar. Su cuerpo, aunque acostumbrado a las inclemencias de una vida carente de cualquier tipo de facilidad, había cedido de repente a todo el desgaste del viaje. Antes de que pudiera asimilar del todo el nivel de cansancio que tenía en ese momento, las preguntas del Vãra y de Alexey le sacaron de su ensimismamiento momentáneamente.

- Oh... nada, nada. Estoy bien, aunque... sí, creo que necesito descansar. Luego podremos hablar de lo que hacer y... bueno, tendremos todos la mente más calmada. - Amil les volvió a obsequiar con uno de sus gestos cálidos, mostrando un rostro algo más similar a aquel con el que le habían conocido.

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04/12/2015, 18:16
Alexey Sokolov

Alexey no se quedó tranquilo tras la vaga respuesta de Amil, pues parecía que aquello que le preocupaba era mucho más que simple cansancio. Cogió una de las sillas de la sala y se la acercó al monje.

-Ten, siéntate. Descansa lo que necesites. ¿Estás seguro de que no te pasa nada más? -Tras pensarlo un momento, dijo- Tal vez sea mejor que dejes la Reliquia sobre la mesa o en algún otro sitio. Puede que su poder esté afectándote.

Alexey se volvió hacia el Vära, y preguntó:

-¿Tienes alguna caja o cofre adecuados que puedas dejarnos para meter la Reliquia? Creo que tocarla mucho rato no es bueno. 

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10/12/2015, 22:33
Tobe Okwute

El hombre terminó de construir el puente. Sus manos estaban llenas de callos tras trabajar las maderas y trenzar las cuerdas. El resultado era funcional, pero imperfecto. Podría haberle dedicado mucho más tiempo a las decoraciones, pero lo que movía la construcción del puente era la necesidad, y no la estética. Una vez tenía que abrir los caminos y así lo hizo. Convencido de que el artefacto haría su función, aunque algo insatisfecho, Ogún se sentó en su catre, mirando directamente al umbral de su cabaña. Con los brazos apoyados en sus rodillas, clavó la mirada en la naturaleza más allá y pensó en ella. Cerrando los ojos, pensó en lo que sería volver a estar en su interior, en vivir sin su penitencia. Pensó, durmió y soñó que olvidaba.

---

La Titánica figura cruzó el abismo el último de todos. El relieve de la montaña se reordenó, y la austera plancha del negro material se deslizó dejándose caer por el lateral más alejado, cayendo al infinito. La figura dio unos pasos antes de empezar a chirriar y resonar de un modo más agudo. Su movimiento, aún más lento, apenas le bastó para colocar una mano en el suelo y apoyarse, cuando una de sus piernas se agrietó y se abrió en dos. El material parecía haber envejecido en cuestión de segundos, corroyéndose en un oxido blanquecino. Poco a poco más y más piezas del coloso empezaron a desprenderse, deshaciéndose en un polvo herrumbroso a medida que el metal envejecía lustros, siglos y milenios en apenas unos segundos.

Del interior del coloso salió Tobe, con una mano en la cabeza, como quien se aqueja de una enorme jaqueca. Miró rápidamente al grupo y vio que todos estaban a salvo, y era extrañamente consciente de lo que había pasado… aunque no estaba del todo seguro de haber tomado parte en todo lo que ocurrió, o de si había sido una especie de agente paciente, un observador que imagina la historia que otros le cuentan. En cualquier caso, todos se encontraban a salvo.

Finalmente habían conseguido su objetivo. Aunque Amil parecía no quiere compartir que preocupación le nublaba la mente, tenían la reliquia con ellos. Alexey intentaba buscar un lugar para dejar reposar la reliquia, pues mu posiblemente su enorme poder pudiera ser peligroso a larga para cualquiera que la sostuviera, dios o humano. Tobe miró al Vara, quien confuso  admirado les preguntaba por los milagros que había contemplado al seguirles. Tobe pensó que le podría decir a un monje sobre dioses de todas las fes habitando el mundo, intentando volver del olvido. ¿Cómo se lo habría explicado a Tomás? No había necesidad deponer en duda las creencias del Vara, todo por lo que había vivido y por lo que había sacrificado para guardar la reliquia.

-Hizo un gran trabajo protegiendo la reliquia. Estoy seguro de muchos la han buscado antes, y usted y los suyos han sabido esconderla y protegerla. Lo que nos ha visto hacer ahí… sólo se consigue gracias a personas como usted. Venimos para ayudar -Tobe quería evitar contarle de manera explícita todo lo que realmente ocurría en el mundo y quienes eran ellos. Tobe sabía que se iba con la satisfacción de haber conseguido la reliquia  de haber descubierto más sobre si verdadera naturaleza en este viaje. Aunque aún sospechaba que faltaban recuerdos incompletos de sus otras vidas, o tal vez sustituidos por otras muchas vivencias. Recuerdos opacos y difusos, tan faltos de claridad como la sospecha de que podrían hacer Héléne y los demás con la reliquia en sus manos.

-Esperaremos a que nuestro amigo recupere el ánimo antes de partir.     

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13/12/2015, 13:32
Director

El Vãra mantuvo la mirada fija unos momentos en Amil, como si su respuesta no le hubiese convencido, pero no dijo nada. Alexey le sacó de sus pensamientos al pedirle algún modo de transportar la esfera, y tras dudar un segundo, asintió y desapareció tras la puerta que llevaba a su habitación. Volvió al cabo de un momento con un humilde saco de arpillera.

-Es un envoltorio demasiado humilde para tan preciado tesoro, pero temo no tener nada más apropiado -se disculpó afligido, mientras le ofrecía el saco a Alexey.

A continuación sonrió a Tobe agradeciendo sus palabras.

-Vi oscuros pensamientos en vuestros corazones, pero vuestra mirada es clara. Confío en que haréis lo mejor para todos. Y soy solo un viejo que no podría evitar que alcanzáseis vuestro objetivo, de todas formas. Afortunado me siento por haber presenciado estos milagros. Se avecina un cambio y no dudo de que formaréis parte de él. Puede que viváis sacudidas como las de la Montaña, pero pensad que al final, hasta el polvo acaba asentándose y encontrando su lugar.

Supongo que partiréis pronto, pero sabed que lo nuestro es vuestro.

Entonces dirigió un mirada hacia la Reliquia que aún sostenía Amil y por un momento una sombra de tristeza pasó por su rostro, como el de una madre que ve partir a su hijo, sabiendo que no puede hacer nada para evitarlo pero deseando tener tan sólo un segundo más con él. Sonrió.

-Sé que cuidaréis de ella.

Notas de juego

Podéis interactuar entre vosotros, con los monjes, a solas o volver directamente a Atlantis, como queráis, pero quiero saber cómo y quién guarda y porta la Reliquia.
 

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13/12/2015, 22:26
Alexey Sokolov

El Vära, con su amabilidad habitual, no tardó en encontrar un recipiente adecuado para la reliquia. Lo humilde o rico del recipiente traía a Alexey sin cuidado, lo que le preocupaba era que Amil y el resto dejaran de tocarla. A pesar de sus palabras, estaba claro que su compañero no estaba bien. 

-Gracias, Vära. Servirá.

Se dirigió hacia la silla de Amil y pidió a este que le diera la Reliquia para guardarla en el saco. Amil se la tendió, y Alexey iba a cogerla cuando se lo pensó mejor y decidió no tocarla, sino simplemente abrir el saco bajo ella y dejar que Amil la soltase en su interior.

Una vez con la reliquia en el saco, lo dejó en la mesa y se sentó en otra de las sillas. Agradeció al Vära su consejo y le aseguró que no abusarían de su hospitalidad más que el tiempo necesario para que Amil se recuperara. 

A continuación se dirigió a su compañero con preocupación:

-¿Estás mejor ahora que no la tienes en la mano? Si te pasa algo, por favor, cuéntanoslo. Si no, no podremos ayudarte. 

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14/12/2015, 18:50
Amil Eashana

Los ojos el monje buceaban en la reliquia, sin buscar ni apreciar nada en concreto. Tan solo miraban a algo que era en esencia tan puro como el flujo del tiempo o la misma vida. Era la primera vez, que algo había llegado tan hondo dentro de él y había removido con violencia. Bueno, no la primera, pero al menos ella no lo había hecho de forma tan primigenia...

Casi sin prestar atención y de forma prácticamente automática, dejó caer la Reliquia dentro de un saco que le acababan de presentar delante. A veces, las voces a su alrededor parecían sonar como cuando escuchas un diálogo bajo el agua, pero podría ser perfectamente por el estrés que había supuesto su paso por el interior de la montaña.

-¿Estás mejor ahora que no la tienes en la mano? Si te pasa algo, por favor, cuéntanoslo. Si no, no podremos ayudarte. 

La voz de su amigo ruso irrumpió con fuerza. En ese preciso instante, se dio cuenta que todo a su alrededor tenía más claridad, y la sensación de completitud consigo mismo había vuelto. Estaba reconectado con su entorno, con el espacio y las cosas a su alrededor. Amil podía ver los límites y los contornos de la realidad de nuevo, y respiró aliviado.

- Mucho mejor, Alexey. - respondió con afabilidad mientras le echaba una mirada curiosa al saco que contenía la Reliquia - Parece ser que ella no está muy de acuerdo en que tengamos ciertas capacidades, así que mucho me temo que tendremos que ser cautos y no manipularla con las manos desnudas. - aunque se quedó abstraído un instante, rápidamente se volvió para mirar a sus compañeros - Tengo que agradecéroslo. Habéis hecho un trabajo excelente. Muy impresionante eso de antes, Tobe. - el monje ofrecía una sonrisa y un tono que volvían a ser los de antes - Parecías destinado a venir con nosotros.

Algo llamó la atención de Amil mientras hablaba con sus compañeros. Notó que el Vãra parecía en parte entristecido por ver al Corazón de la Montaña partir del que ha sido su templo por tanto tiempo. Entendía su pesar, ya que había estado para custodiarlo durante prácticamente toda su vida, y veía como todo eso estaba a punto de irse. Amil se acercó y posó ambas manos sobre los hombros del Vãra, haciendo que éste alzara su rostro hacia él.

- Gracias a ti, por permitirnos ayudar a todos. Y gracias de nuevo por cada una de las gotas de tiempo que has pasado como su custodio. - la labor de su anfitrión había sido decisiva. Quizás no ese día, pero sí todos los anteriores.

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15/12/2015, 17:23
Alexey Sokolov

Alexey suspiró aliviado al ver que su compañero volvía a ser poco a poco el de antes. Miró al saco en la mesa como si fuese una bomba a punto de explotar. 

-Vale, definitivamente la Reliquia es peligrosa. No deberíamos tocarla para nada. -Habían dejado las cuerdas de Tobe en la montaña, así que sacó una de las suyas y con ella ató la boca del saco- Me alegra ver que ya estás mejor, Amil. En cuanto te sientas con fuerzas, deberíamos irnos. No me sentiré tranquilo hasta que eso -dijo señalando el saco- esté a buen recaudo. 

-Vära, ya te lo han dicho mis compañeros, pero lo repetiré: Gracias. No solo por lo que has hecho hoy ayudándonos a recuperar la Reliquia, sino por todo lo que llevas haciendo estos años protegiéndola. Ten por seguro que tu labor es tan o más extraordinaria que ningún poder que nosotros podamos poseer. 

Notas de juego

Si veo que Amil y Tobe están dispuestos, cojo el saco y voy hacia la salida sin más preámbulos. Si no, me vuelvo a sentar. 

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16/12/2015, 13:05
Director

El anciano Vãra inclinó la cabeza ante cada uno de ellos en señal de respeto cuando se despidieron de él y se dirigieron de nuevo a las escaleras por las que había venido. Mientras observaba cómo empezaban el descenso, no pudo evitar dirigir una última mirada al humilde saco que portaban. Sentía como si una parte de su vida se marchase con ellos.

Sacudiendo la cabeza, se dirigió a la cornisa de la terraza y se sentó en la posición del loto, exactamente en el mismo punto donde le habían encontrado esta mañana. Sonrió. Pese a todos los milagros que había presenciado, las montañas seguían reposando serenas, el viento seguía acariciádolas, la nieve seguía cubriéndolas. Posiblemente sus compañeros monjes habrían continuado con las ilustraciones de sus libros, habrían frotado su dolorida espalda en el huerto y habrían arrugado la nariz al limpiar la habitación de las cabras.

Todo iba a cambiar, pero al mismo tiempo, todo seguía su ritmo. Y el Vãra estaba tranquilo. Si aquellos hombres que le habían visitado jugaban un papel en ese cambio, todo sería para mejor. Relajó sus músculos. Cerró los ojos y soltó el aire de sus pulmones.

Dejaba gustoso su destino y el de sus hermanos en sus manos.