Kay observó perpleja como Erina despertaba de la ilusión. Cuando observó al hombre desaparecer creyó que se enfrentaría a la ira de Erina, sin embargo ella parecía perdida y confusa, como si su mente se negase a creer que no había sido realmente él con quién había pasado la noche. Al ver que iba a acercarse a la Reliquia se planteó pararla, pero viendo su determinación y que tomaba las precauciones adecuadas para no tocarla prefirió no decirle nada.
Se mantuvo en silencio, intentando asimilar la situación, mientras Erina comenzaba a vestirse. No podía sacar de su cabeza la última mirada de odio intenso que Dorian le había dedicado. Puede que no le hubiera visto a través del holograma, pero sabía que en aquel momento acababa de ganarse una nueva enemiga pese a arrepentirse de lo que había hecho. Ella y todos sus compañeros de misión tenían un nuevo peligro por su culpa. Por eso mismo en cuanto escuchó la sugerencia de Erina de llevarla con ellos de vuelta no pudo retrasar su contestación por mucho más tiempo.
-No creo que sea buena idea Erina – apenas sabía por donde comenzar, pero sabia que aunque tenían prisa, tenía que explicarle la situación para que le comprendiese- Tenemos que irnos de aquí lo antes posible. Se que estas confusa asi que te explicaré brevemente que ha pasado. Tu chico no era real, Dorian te engañó para traerte a un reservado. Con nosotros también lo ha intentado, pero parece que una vez su primera presa cayó bajo la guardia con el resto, al menos conmigo. No se como se encuentran los otros dos. Yo os seguí para sacarte del engaño lo más rápido posible y bueno... aquí estoy. He drogado a Dorian con nuestro plan B , ya que no has podido usar tu misma el plan A, pero no creo que tarde en despertar. La última vez que lo emplee en un dios apenas gané unos minutos, asi que debemos irnos a por los demás y salir de aquí antes de que recobre la consciencia, porque estoy segura de que no se alegrará de vernos después de esto.
Apenas hubo terminado de hablar comenzó a sonar Alêtheia. Iba a prescindir de contestar pero cuando vió quién era no pudo evitar cogerlo dejando a Erina con la palabra en la boca. Si estaba llamándole es porque algo iba mal.
-¿Nemissa? ¿Esta todo bien?
- No Kay,no. Todo está fatal. Es un desastre, teneis que iros inmediatamente. Después de que hablásemos seguí vigilándote porque estaba preocupada y controlando las cámaras del club le he visto Kay. El tipo que estaba en Atlanta está también allí y está con Mikoto y Sam. He intentado escuchar lo que está pasando pero no recibo ningún sonido. Creo que también anda tras la Reliquia como vosotros. He avisado a Hélène y Amón y Keiden están en camino pero no sé si llegarán a tiempo. Tened mucho cuidado y salid los cuatro de allí cuanto antes.
-Genial… el que faltaba por unirse a la fiesta… - Nemissa sonaba muy alterada por la situación así que prefirió intentar calmarla y evitar contarle sus nuevas preocupaciones por el momento. Ya habría tiempo para charlas una vez estuvieran a salvo. –De acuerdo. Muchas gracias Nemissa, no te preocupes , saldremos de esta, te lo prometo. Nos vemos en la isla. Si hay algún cambio en la situación avísame inmediatamente.
Colgó el teléfono y se dirigió con determinación hacia una Erina, aún más confusa que antes tras haberla escuchado hablar por teléfono.
-Nemissa me acaba de llamar. Se han complicado mucho las cosas. La persona a la que me enfrente en mi anterior misión ha aparecido en el local y esta hablando con nuestros compañeros abajo. Probablemente esté buscando la Reliquia así que tenemos que sacar a Sam y Mikoto de ahí y largarnos cuanto antes. Es un Dios como nosotros, pero por lo que parece del bando opuesto. Además por lo que sé entre sus poderes está una velocidad inhumana, asi que ve pensando ideas de como frenarlo. Mientras tanto ayúdame, no podemos dejar a Dorian libre. Con un enemigo tenemos suficiente.- concluyó mientras comenzaba a coger telas que estaban sobre el sofá para atar a Dorian.
Erina terminó de ponerse el vestido mientras Kay hablaba, y a medida que iba comprendiendo la situación decidió sacar de su bolso las bragas y ponérselas finalmente, visto que iba a haber movida. Todos sus planes de huida se habían ido por el retrete con aquel otro dios allí. Se acercó para ayudar a Kay con la ropa de cama que estaba desmenuzando para conseguir tiras finas de tela con las que atar a Dorian, y casi tropezó con sus zapatos por el camino. Descartó la idea de volver a ponérselos inmediatamente.
Mientras entre las dos amordazaban y ataban de pies y manos a la diosa, Erina no pudo evitar pensar en cómo la había engañado con aquella ilusión de Eric, que aún le parecía tan real. Lo sentía real. Abrumada por el poder de la diosa, no sabía si se sentía enfadada por haberse dejado engañar o admirada por las habilidades de Dorian. Probablemente ambas, pensó echándole un rápido vistazo a la mujer. Y no me importaría dejarle mi teléfono para cuando se despertara. ¿Sí, dígame, Orgasmo Express? Pero, la próxima vez, que la ilusión se esté calladita. ¿Podrá hacer copias de cualquiera? Porque, señor, era bastante real todo todito todo...
Le echó un fugaz vistazo a Kay, preguntándose cómo sería la persona a la que había visto ella (sospechaba que Dorian explotaba los puntos débiles de sus objetivos, tal y como había hecho eligiendo a Eric para ella). Sin embargo, antes de que pudiera decidirse a preguntar, recordó que tenía el comunicador en algún lugar de su ropa y lo recuperó tras palparse a sí misma. Se lo colocó de nuevo de tal forma que pudiera serle útil otra vez y, metiendo la mano en su bolso, sacó el pintalabios Sweet Dreams, recordando que no había tenido oportunidad de ponérselo antes y le hubiera supuesto una gran ventaja sobre Dorian. Bueno, o desventaja, depende de cómo se mire... Se aplicó el protector y el somnífero a una velocidad que dejó pasmada a Kay, fruto de años de experiencia, y luego se acercó a la puerta del reservado, haciendo un gesto a su compañera para que la siguiera. Allí, inclinada sobre el quicio de la puerta, observó el exterior. La mayoría de la gente había salido ya del local y sólo quedaban los empleados, sacando en volandas a gente borracha o en estados similares. No veía a Sam ni a Mikoto por ninguna parte, así que dedujo que aún seguirían abajo.
Chasqueando la lengua, contrariada, le tendió su bolso con la Reliquia a Kay, sin admitir ninguna réplica.
—Iré delante; a ti te conoce. Con todo este barullo no debería ser difícil hacerse pasar por una borracha desorientada más -mientras hablaba, aún notaba el alcohol en sus venas, y eso le hizo arrugar la nariz-. Protege la Reliquia y no dejes que te vean si no es necesario, ¿vale? Iremos y echaremos un vistazo, pero si la cosa está muy mal, nos largamos. Y sí, lo siento mucho pero, oh, cruel destino -dramatizó-, igual nos toca dejar aquí a Sam y al Emperador. -Frunció el ceño. La idea no le gustaba demasiado, llevaba ya un par de días soñando con su trono...- Vamos.
Tratando de pasar desapercibidas, se acercaron a las escaleras que daban al segundo piso, y Erina cogió aire antes de atreverse a echar una mirada fugaz, aún resguardada tras la barandilla.
Cuando Erina se asomó por la barandilla tuvo una clara visión del segundo piso, que estaba casi desierto, a excepción de tres figuras en el medio de la pista de baile. De espaldas a ella un hombre rubio con un ajustado traje de licra azul agarraba la mano de Sam. Por un momento pensó que la estaba reteniendo, pero la griega pronto se dio cuenta de que Sam le devolvía el gesto, ambos estaban cogidos de la mano. El hombre parecía decir algo y por los movimientos de los brazos, parecía insistente, pero la música le impedía oír nada de la conversación.
A unos pasos de ellos Mikoto negaba con la cabeza con una mano apretándose la sien, mientras que en la otra resplandecía la hoja dorada que había visto en el desayuno aquella mañana. Erina pudo ver que el joven Emperador miraba al hombre rubio con la duda ensombreciendo su rostro, pero justo en ese instante pareció tomar una decisión, porque la hoja despareció y dio un paso hacia Sam y el hombre.
Si esto fuera rol en vivo os diría "decidme que hacéis YA, REACCIÓN", pero como no lo es, os digo que debéis postear vuestra reacción en un lapso de 3-5 segundos desde lo que he descrito, nada que por sentido común en la vida real os llevase mas tiempo hacer. Tened en cuenta también que según habéis descrito vuestra posición, la única que ha visto esto es Erina.
Se-ñor, qué culo. ¿Seguro que no es otro truco de Dorian? Si es así, no me extraña que se haya ganado a Sam... Y bueno, Mikoto... No esperaba que el Emperador fuera de esa orilla del país del sol naciente.
—¿Ése es el malo? No me importaría tener un encuentro violento con él, desde luego... -En ese momento se dio cuenta de que Kay no estaba viendo nada, así que le dejó un hueco para que pudiera ver lo que sucedía.- No sé, Kay, no parece ser muy hostil, al menos con ellos. Tal vez sea buena idea ver de qué va todo esto. ¿Me acerco?
En ese momento, una gran curiosidad de apoderó de ella. Estaban dando por sentado que aquel hombre era el "malo", pero, ¿quién le decía que no eran ellos los que estaban trabajando para el bando equivocado? Al fin y al cabo, Héléne no les había contado nada claro. Apenas les había dado explicaciones, y allí estaba, arriesgando su vida por sus caprichos. Bueno, arriesgar la vida... Sintió un escalofrío al recordar lo que estaba haciendo hacía apenas un par de minutos. Aunque le había dicho a Kay que si era necesario dejarían allí a Sam y a Mikoto, la situación no le parecía tan arriesgada, y no estaría de más investigar un poco. Puso un pie descalzo en la escalera, dispuesta a dejarse ver, pero miró de refilón a Kay para asegurarse de que aquel hombre no le había provocado ningún trauma lo suficientemente fuerte como para dejarla sin apoyo en caso de peligro.
Kay se asomó cuidadosamente a echar un breve vistazo a la situación. Erina tenía razón, parecía estar tranquilo. Demasiado tranquilo para su gusto. Estaba claro que tenían que investigar la situación más a fondo, sobre todo si querían salir de allí los 4 juntos.
-De acuerdo... acércate, pero será mejor que yo me quede aquí donde no me vea. Deja el micrófono encendido, si necesitas ayuda saldré.
Había algo en todo aquello que no le cuadraba. La otra vez que se cruzaron no dudó en comenzar una pelea con ella por llevarse una Reliquia, cuando aún ella no era más que una humana normal y corriente. ¿Por qué estaba actuando de una manera tan diferente? Aunque no le gustaba nada la idea de dejar a sus tres compañeros solos con aquel hombre sabía que era la única opción de salir los cuatro de allí. Solo esperaba no haber cometido un error al confiar en sus compañeros y que no la traicionasen en el último momento por lo que hablasen con aquel hombre. De darse ese caso estaría preparada para lo que fuera necesario, pero esperaba no llegar a ese punto.
En los escasos segundos que transcurrieron mientras Erina avisaba a Kay de la situación y esta se acercaba para tener una visión mejor de la segunda planta, la calma que parecía rodear la escena se rompió. En el instante en el que el pie descalzo de Erina se posaba sobre la escalera húmeda, una de las puertas de acceso a la pista de baile salió volando por los aires. Tras ella aparecieron Amon y Keiden, con expresión furiosa en el rostro. En una fracción de segundo vieron a Sam y Mikoto, que también se había acercado al extraño rubio y ahora estaba dándole la mano también a Samantha; y comprendieron lo que estaba a punto de pasar.
-¡No! ¡Alejáos de él! ¡Os engañará! -gritó Keiden mientras su brazo derecho se alzaba con rapidez. Las luces de la discoteca destellaron en una afilada daga plateada.
Amon por su parte no dijo nada pero su rostro era la representación de la cólera. En una mano llevaba un pequeño saquito que lanzo al aire. De él salió lo que pareció ser una nube de polvo.
Mikoto y Sam se habían quedado inmóviles, asustados por la inesperada entrada de los dos Dioses. El rubio alzo un brazo y Kay reconoció la pistola con la que le había disparado en Atlanta.
-¡Sácanos de aquí! ¡No hay tiempo! -gritó mientras el brazo que portaba la pistola se iluminaba con luz blanca.
Sonó un estallido y la estancia se iluminó con luz. Un boquete humeante apareció en la pared a escasos centímetros de la cabeza de Keiden, quien al mismo tiempo lanzó su daga directa al pecho del velocista. Amon agitó la mano y el polvo se agrupó formando esquirlas afiladas que salieron volando también hacia su enemigo.
Pero ni la daga ni la afilada arena alcanzaron su objetivo. Samantha, Mikoto y el hombre se esfumaron de la pista de baile, mientras Keiden soltaba un grito de pura rabia.
De fondo, la trepidante música del club más lujoso de París seguía sonando.
Su mirada seguía clavada en el lugar donde segundos antes estaban sus compañeros. Aun no tenía muy claro que había pasado, pero se negaba a creer que Sam y Mikoto les hubieran traicionado tan fácilmente. Ella misma también tenía sus dudas, pero de ahí a irse con el enemigo a la primera oportunidad había una gran diferencia. Se preguntaba que es lo que les habría dicho o hecho aquel hombre, porque no entendía por qué ninguno de los dos había opuesto resistencia alguna.
Habían pasado tantas cosas en una misma noche que necesitaría un rato largo de reflexión a solas, bien en Atlántis o durante el viaje. Necesitaba poner sus pensamientos en orden, aclarar su posición repecto a Atlantis y sus sentimientos para poder sentirse cómoda consigo misma de nuevo. Pero no era el momento ahora, primero deberían regresar a la isla. Aún tenía la Reliquia en su bolso por suerte , pero nada les aseguraba que el velocista no fuera a volver con refuerzos a por ella, asi que cuanto antes regresaran, mejor. Se acercó a Keiden y Amón, ambos llenos de rabia por lo que acababa de suceder (aunque cada uno a su manera) y les habló con seguridad:
-La misión se ha cumplido con éxito pese a lo que acaba de pasar. Sugiero que regresemos de inmediato a la isla. No sabemos si el hombre que acaba de escapar puede regresar con refuerzos a por la Reliquia.
Keiden corrió hacia el punto donde hasta hacía un instante se encontraban Sam, Mikoto y el otro Dios, con la frustración pintada en su rostro. Amón por su parte pareció relajarse notablemente cuando estos desaparecieron, recuperando inusitadamente rápido su habitual calma.
Cuando Kay y Erina descendieron las escaleras, les miró con una mezcla de sorpresa y alivio.
-Buen trabajo, supongo... Pero maldita sea, ¿por qué os separásteis? ¿Y qué ha pasado con Dorian? No, olvidadlo, ya habrá tiempo para explicaciones. No sólo él puede volver, ahora mismo deben de estar de camino varias comisarías enteras. Salgamos de aquí. En el patio hay un camino con arena, Amón puede usarla para llevarnos de vuelta al templo.
Mientras hablaba recogió la daga que había caído al suelo y se la guardó en una funda que llevaba colgada del cinturón. Después, tras comprobar que tanto Kay como Erina le seguían, empezó a andar hacia Amón, que les esperaba vigilando la entrada.
-Kay, ¿puedes contactar con Nemissa? Ella fue quién nos avisó porque estaba vigilando a través de las cámaras. Pídele que acceda al registro de seguridad y lo borre. Si la gente normal ve lo que acaba de pasar aquí... bueno, no nos vendría bien la atención que eso traería.
Entonces se paró un momento a mirar a ambas mujeres y por un momento pareció dudar, pero finalmente asintió.
-Buen trabajo, las dos. Habéis salvado un fracaso absoluto.
-Muchas gracias. Contactaré con ella inmediatamente.- contestó a Keiden con un tono respetuoso carente de emoción. Agradecía que reconocieran sus méritos, pero aún no sabía hasta que punto podía confiar y sentirse cómoda con ellos, así que intentó mantenerse en un estado de neutralidad completa. Dicho esto se alejó un poco de los enviados de Hélène mientras comenzaban a caminar y desplegó la pantalla de Alêtheia. Prefirió no llamar a Nemissa por dos motivos: 1. Evitar alterarla más de lo que ya estaría por sí misma y 2. No ser escuchada por el resto de los presentes. Por lo que le escribió el siguiente mensaje:
-"La misión está a punto de finalizar, no tardaremos en regresar a la isla. Keiden pide que borremos el registro de seguridad de las cámaras para evitar ser descubiertos por la gente normal. Guarda una copia si puedes antes de eliminarlo, podría sernos útil para entender que ha pasado esta noche".
No estaba segura de si sus anfitriones aprobarían su decisión de guardar la copia, pero tenía que hacerlo. No podía dejar perder unos datos posiblemente útiles. Por eso utilizaba este medio de comunicación con Nemissa en lugar del hablado, aunque tuviera muchas más vulnerabilidades. En estos momentos desearía haber creado el lenguaje secreto que tanto insistía Nemissa que creasen en la llamada que tuvo con ella a lo largo de la noche... Sería más seguro de comunicarse hablando de ese modo, pero no le quedaba otra opción. Era o escrito o nada.
Envió el mensaje y aceleró un poco el paso para ponerse a la altura del resto del grupo. Parecía que por fin esta caótica noche estaba a punto de terminar.
Erina había cerrado los ojos protegiéndose de la luz blanca que había envuelto a sus compañeros y cuando los había abierto, Sam y Mikoto habían desaparecido con aquel otro hombre y en su lugar habían aparecido allí los segundones de Hélène. Contempló con incredulidad unos instantes el lugar donde hacía apenas unos segundos estaban sus compañeros e ignoró deliberadamente a los otros hasta que, con un resoplido furibundo, pasó junto a Keiden, justo cuando él las felicitaba por su trabajo.
—Oh, sí, ha sido realmente duro... -Dijo con sorna.
Estaba cabreada por no entender qué era lo que había hecho que Sam y Mikoto los abandonaran de esa forma, pero, sobre todo, porque parecían haberlo hecho por propia voluntad. No es que se sintiera traicionada de ninguna forma (no les ataba ningún tipo de lealtad, igual que a Hélène y los suyos), sino fuera de juego, como si se hubiera perdido una parte importante de la partida y ahora le tocara estar un turno sin jugar.
De momento, sólo quería darse una ducha, ponerse ropa limpia y aclarar sus ideas. Mientras se dirigía a la salida que daba al patio trasero por el que, de alguna forma, volverían a Atlantis, pasó junto a Kay, que escribía algo con rapidez, y paró a su lado unos instantes. Comprobó que los otros dos estaban aún evaluando la situación y no les prestaban demasiada atención. Aun así, sólo habló en susurros.
—En cuanto lleguemos y todo se calme un poco, tenemos que hablar. -Su mirada era probablemente la más dura que había tenido en mucho tiempo.- No sé tú, pero yo estoy cansada de no saber qué mierda está pasando. Y si ellos no quieren darnos las explicaciones que necesitamos...
Miró a Keiden y a Amón un segundo más y luego recuperó su bolso de manos de Kay. Siguió caminando, dejando la frase en el aire y rompiendo la tensión en cuanto salió al exterior.
Cogió una profunda bocanada de aire fresco y fue como si el ruido de la noche de París se colara también en sus pulmones, enmudeciendo. A su espalda, aún notaba la presencia de Kay, tan confusa como ella, con la energía roja que la rodeaba palpitando descontrolada. Bajó la vista hasta su bolso, y, aun sin abrirlo, notaba la presencia de la joya que le acababan de arrebatar a Dorian, como si fuera un ser vivo más entre ellos.
Y todo... ¿por esto?
Gilbert, el encargado de los reservados de ala oeste de Les Amoreuse, alzó una ceja divertido al entrar en la pecera, como llamaban sus compañeros al Salón Atlántico. Era su trabajo comprobar que todos los asistentes de los exclusivos espacios habían abandonado el local, pero por lo visto aún quedaba una borracha a la que arrastrar escaleras abajo. Una bastante ligerita de ropa, concretamente.
Mientras sus ojos se recreaban en la joven más de lo profesionalmente correcto, se acercó a ella y trató de despertarla dándole suaves palmaditas en la mejilla. Debía de llevar una buena, porque sólo musitaba incoherencias en un idioma que no entendía. Tendría que cargarla. Se levantó, considerando si debería coger su vestido para taparla un poco, cuando tuvo una idea. Con una sonrisa lasciva, extendió la muñeca y toqueteó la interfaz de su watch-phone. Apuntó con el objetivo de la cámara integrada a la joven desnuda y se pasó una lengua por los labios mientras ajustaba el zoom.
Tras el milisegundo que duró el flash, los ojos de Gilbert se abrieron como platos. La mujer le miraba directamente y, si el odio tenía ojos, eran aquellos. Retrocedió dos pasos trastabillando y cayó de espaldas a la piscina. Por desgracia para él, era demasiado poco profunda como para que una caída así fuese segura.
Mientras unos hilillos escarlata se escapaban de la herida de su cabeza, Dorian se levantó y dirigió una mirada de desdén al cuerpo incosciente que comenzaba a sufrir espasmos bajo el agua. Chasqueó la lengua con asco y se dirigió a la puerta. No se molestó en coger su vestido.
Desnuda como estaba, caminó orgullosa hasta el bar de aquella planta. Como si supiera a dónde tenía que mirar, se dirigió al balcón que daba al patio, a tiempo para ver cómo cuatro figuras, dos hombres y dos mujeres, desaparecían en un remolino de arena. Sus ojos restallaron con furia. Su dedo índice buscó el comunicador que llevaba implantado en el oído exterior. Sólo tuvo que esperar unos segundos.
-Dorian. (...) Se acabó. Me he mantenido al margen de vuestras guerras demasiado tiempo. Me la han quitado. Se han burlado de mí. Y nadie se burla de mí. (...) Sabía que alguien acabaría encontrándome. Pero ellos son nuevos. No les reconocí. (...) Bien. Estaré encantada de ayudar.
Tras una pausa, la comunicación se cortó.
Dorian sonrió. Después, la sonrisa se transformó en risa. ¡Qué estúpidas eran! ¡Le habían robado a ella! A ella, que sabía lo que sus corazones más querían.
Los ojos de Dorian destellaron una vez más. No había visto a quién la había dormido, pero sabía perfectamente quién era. De los cuatro, sólo podía ser ella.
Y sabía exactamente cómo vengarse.