Partida Rol por web

La sombra del Norte

Capítulo 4: El Viejo Camino del Norte

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12/02/2018, 14:42
Gramj Haïa

Gramj, ajeno a todo aquello, esperaba.

Le interesaba más el mesar su barba que aquellos artefactos humanos, en incluso le interesaba más el estado del herido que todo el resto. De todas maneras la ceremonia había sido algo fugaz. Unas palabras y un destello azul que se desvaneció con la misma premura que había surgido.

- Encantamientos. La magia no era algo que los enanos siguieran, e incluso muchos de ellos la detestaban, sobre todo por el daño que había causado a su raza. - Los materiales han de están bien tratados, las aleaciones bien fundidas y las runas bien inscritas. El resto ... no es bueno.

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12/02/2018, 23:52
Aular Robleviejo

Tras el intercambio de palabras con la mediana Aular se dirigió al linde del bosque, le gustaba mirar hacia la oscuridad y aspirar fuerte, aun cuando en esta zona el olor del bosque era distinto.

Había decidido también alejarse de ese martillo, por más que Elacar dijera que sabía lo que se hacía... Aular negó con la cabeza varias veces mientras tomó unas briznas de una de sus bolsas y lo lanzó hacia el tronco más cercano.

Algunos sonidos y las miradas de los que estaban por allí hicieron que Aular se volviera hacia donde se habían reunido para hablar sobre el arma, entrecerró los ojos pero solo vio a los mismos tres que habían subido.

Se encogió de hombros y fue a buscar su saco para arrebujarse para pasar la noche.

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17/02/2018, 23:16
Director

Turno 6 - 23 de Noviembre del 1.974 de la Tercera edad

Los tres dúnedain regresaron poco después con Aceroamargo sintiendo que la extraña y antigua ceremonia celebrada entorno al martillo había despertado en el arma algo muy antiguo que incluso podía sentir allí mismo sosteniéndola. Aquel poder había entrado en él y por extraño que resultara, había borrado de su cuerpo todo el cansancio acumulado de los últimos días de viaje. Otros miembros del grupo eran más reticentes que ellos a la magia, sabían que la magia no era algo que tomarse a la ligera y desconfiaban de ella. Otros antes la habían usado para hacer el mal y causar un terrible sufrimiento a sus respectivos pueblos, y a eso había que añadir la sombra cada vez más alargada y cercana de Angmar. Aunque también había quien, como Matha, apenas sabía nada de todo eso pues en La Comarca la magia era vista como un divertimento para chiquillos y desconocía su poder real.

Poco antes de dormir, Zôri visitó al grupo para cambiar los vendajes del brazo maltrecho de Aeth y tuvo que soportar el lenguaraz estado de humor del dorwinrim. Dimrod había hecho oídos sordos a sus constantes pullas, tratando de ser comprensivo con su situación después de lo ocurrido. No tardó en disculparse con las damas y marcharse a dormir, colocando su saco cerca del de Melyana junto a la hoguera. La dama escuchó durante largos minutos los relatos de Galastel antes de quedarse dormida junto a Matha.

A la mañana siguiente, Matha se despertó al rayar el alba y fue junto a Aular a caminar por los alrededores en busca de algunas hierbas. La mediana le fue indicando y aconsejando sobre cuáles podrían ser útiles para un buen guiso y cuáles debía evitar. Cuando regresaron traían un par de hojas de hierbas diferentes para dar sabor a la comida y otra que según Matha combatía eficazmente el resfriado común. La mediana parecía encontrarse mucho mejor de la gripe que unos días atrás le había dejado postrada en cama. Ahora solamente mantenía algunas secuelas de la enfermedad, como una incómoda nariz moqueante y una tos cargada que alivió haciendo uso de la planta que trajeron.

Tras el desayuno, Elacar dio la orden para que la caravana se pusiese de nuevo en marcha. Las carretas se alinearon sobre el empedrado del camino que llevaban ya varios días siguiendo y los animales comenzaron a tirar para alcanzar aquel ritmo lento pero constante con el que avanzaban. A pesar de que fue un día por lo general tranquilo, se encontraron ante uno de los días más desoladores de todo el camino. Infinidad de granjas asoladas fueron apareciendo a su paso, el camino atravesaba campos quemados que lucían negros y cenizos donde antes había lucido el verde de las cosechas y los prados. Algunas escasas fortificaciones se mantenían en pie a duras penas, eran torreones con las piedras ennegrecidas y paredes derrumbadas en alguno de sus costados. El día estaba gris, triste y encapotado, aunque debían agradecer que la temperatura no era muy fría. Cuando la mañana ya estaba avanzada comenzó a llover de nuevo tras aquellos días de tregua. No era una lluvia muy fuerte, pero suficiente como para resultar ciertamente incómoda. 

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19/02/2018, 12:35
Gramj Haïa

Al enano se le escapó. - Guerra.

Es lo que tenía la desolación, de cuando algunos no se ponían de acuerdo para solucionar sus problemas. Incluso, desgraciados, que usando las armas ampliaban sus dominios, si influencia, o el terror. No entendía por qué se extrañaba. Lo había visto otras veces, desde dentro y desde fuera. Era lo que tenía el haber sido soldado en su raza. Todos, o la mayoría servía años y años en las guarniciones, en campañas o incluso en misiones. Él había hecho de todo. No le valió solo el haber servido los años que le correspondían. Se había re-enganchado, con la esperanza de una vida mejor, a costa de justo lo contrario, de sufrir, de arriesgarla y de no tener una vida propia.

- ¿LLegará el día en el que pueda "descansar"?

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21/02/2018, 23:31
Aeth Umbradacil

En contra de las recomendaciones del curandero Zôri, Aeth se levantó del lecho a la mañana siguiente. Como era de esperar no llegó muy lejos, pero prefería mil veces sentir cómo sus piernas se doblaban por el esfuerzo de intentar soportar su peso antes que no sentirlas en absoluto por permanecer tumbado un día más en cama. Su acto le permitió desayunar sentado al pié del carromato, casi como uno más, al menos hasta que le sobrevinieron de nuevo los mareos y se vio obligado a tumbarse a descansar de nuevo. Durante aquella jornada no reunió suficientes fuerzas como para intentar levantarse de nuevo.

Desde su incómoda postura el dorwinrim tenía una visión limitada de los campos y pueblos arrasados cuando los atravesaron, pero no pudo evitar pensar que el clima era adecuado para el viaje que habían llevado, y en concreto para aquél momento; era gris, húmedo y un poco oscuro, justo como su estado de ánimo.

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21/02/2018, 23:53
Aular Robleviejo

Aun cuando un mediano parece no saber mucho de nada de lo que sucede es innegable que esta conoce bien la vegetación del entorno, Aular se preocupó sobretodo de preguntar por las hierbas que parecían curar algunas enfermedades, también indagó sobre aquellas que decía Matha que había que ignorar, quizá fueran algunos venenos, que por más que deban ser evitados y en ocasiones son el arma del enemigo, quizá puedan tener su utilidad en algún momento.

Aular agradeció a Matha las explicaciones y la emplazó a continuar sus explicaciones en otro momento, el caracter jovial de la mediana era demasiado para el hombre del bosque llegando a cargarle si pasaba demasiado tiempo con ella. Una vez volvió al campamento apremió el paso situandose cerca de los enanos, por suerte ellos no suelen hablar mucho lo cual permite escuchar los sonidos del bosque entre la algarabía de la caravana para el oído más agudo.

El gesto ya de por si grave de Aular se oscureció aún más al contemplar el estado de lo que iban encontrando por el camino, todo destruido. Aular se giró al escuchar al enano decir la palabra guerra, la oscuridad estaba llegando a todas partes, torció el gesto y se tapó algo más con los ropajes para evitar la plomiza lluvia.

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22/02/2018, 00:26
Thund

 Tras el incidente con los orcos del camino, la normalidad se iba instalando de nuevo poco a poco en la caravana, a Thund siempre le habia resultado curioso como incluso entre sus congeneres, la capazidad de adaptación a cualquier hecho resultaba pasmosa, entre los hombres este echo era mucho más acentuado.

 Incluso Aeth comenzaba a levantarse del lecho poco a poco, observando a brazo afilado, podia ver el presente y el pasado mezclarse ante sus ojos, pues el dunadan sin duda habia pasado ya por lo que Aeth debia hacer.

 Para Thund y sus hermanos, mucho más parecidos a la piedra de la que nacieron los primeros de su raza, los combios llevaban más tiempo, pero avanzaban inparables, al igual que un glaciar.

 Los habitantes de las ruinas que iban dejando atras, si habian sobrevivido, estarian ya en busca de un nuevo destino donde empezar de nuevo.

 

 

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22/02/2018, 00:37
Yulma Tarmaelen

Yulma viajaba cubierta con su capucha. Miraba con interés a Elacar y a Aceroamargo, pues aquel martillo y su magia la intrigaban. No había participado en su reunión porque parecía algo privado y no quería ser descortés, pero aprovecharía para preguntarle al Númenórean.

También se interesó por el estado de Aeth, aunque evitó intentar ayudarle. No porque le guardase rencor, sino porque conocía el orgullo de aquel hombre. Lo había visto en otros mercenarios durante sus viajes. Hombres ásperos como la roca, tan reservados y recalcitrantes como los enanos. Aún así, los prefería como pacientes antes que aquellos pobres diablos que intentaban coquetear con ella.

Durante todo el camino, se mantuvo cerca de Dimrod y Melyanna, con la que charlaba de vez en cuando. Sabía que no era tan buena entreteniendo como Mithdúlin o Galastel, pero tenía suficientes historias pasadas como para que la joven patrona no se aburriese. Cualquier cosa era mejor que la pesada atmósfera que generaban las humeantes ruinas en torno al camino. No obstante, aprovechando que la dama se dirigía a preguntarle algo a Dimrod, se aproximó a Aceroamargo.

Espero que no sea demasiada indiscreción por mi parte, pero siento una gran curiosidad por ese martillo. ¿Dónde lo habéis encontrado?
 

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22/02/2018, 10:02
Director

Mientras Aceroamargo explicaba a Yulma los pormenores del encuentro en las Quebradas de los Túmulos con aquellos fantasmagóricos soldados a los que se habían enfrentado, y la suerte de hallar la cripta donde se encontraba el martillo, Melyanna se sumó a la conversación tratando de ayudar en la narrativa inspirada por los cuentos de Galastel de las últimas noches. Trató de ser todo lo fantasiosa que pudo, pero manteniéndose fiel a la verdad, y construir un relato digno de un juglar como Galastel o Mithdúlin. Eoden quedó significativamente bien, en ese relato de la dama, pues había sido quien mejor había luchado a su parecer en aquel combate. El joven muchacho se sintió halagado por Melyana, y aquello fue mucho mejor que conseguir la gloria que tanto ansiaba como guerrero.

Entre tanto, Aeth logró aunar fuerzas para ponerse en pie y caminar algo desoyendo por completo los consejos de Zôri. Durante los primeros minutos creyó que ya se había recuperado y que no necesitaba más reposo, como aseguraba el curandero. Pero no tardó en sentir el cansancio y el peso del agotamiento en su cuerpo, y no le quedó más remedio que volver a subir a la carreta y afrontar otra apática jornada de viaje sin poder hacer más que contemplar como va cambiando el nada alentador paisaje. Los escombros, las ruinas y los campos quemados provocaron que la moral de todos decayera. Incluso Gramj pronunció una sombría palabra que provocó unas cuantas miradas temerosas. Todos tenían aquella palabra en mente, pero nadie se atrevía a pronunciarla. No cuando del otro lado se encontraba uno de los ejércitos más temibles de toda la Tierra Media.

Pararon a comer y tomar un descanso a mediodía en unas praderas que dejaban ver la silueta de Fornost al Norte, no muy lejos ya. Cuando retomaron la marcha volvieron a cruzar más granjas desoladas y pueblos calcinados. En uno de ellos, una partida de hombres armados se acercó a identificar al grupo.

-¿Quién va? -Preguntó el líder de aquella expedición. Eran soldados de Fornost, a juzgar por los colores de sus ropas y el emblema que todos lucían en la sobrevesta: una alta fortaleza blanca.

 

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22/02/2018, 10:27
Elacar Brazoafilado

-Elacar Brazoafilado y una caravana de gentes de Bree que pretenden llegar a Fornost. - Contestó el antiguo capitán. Muchos soldados conocían a Elacar y sus idas y venidas escoltando mercaderes y viajeros por las peligrosas tierras del Norte.

La caravana durante unos minutos para intercambiar algo de información con los soldados y un poco de bebida. Elacar contó la escaramuza que habían tenido días atrás con los orcos y como les habían dado caza y liberado a los prisioneros que tenían cautivos. Aquello pareció alegrar a los soldados, que brindaron por ellos, aunque su reacción no fue muy entusiasta. Se habían encargado de un pequeño charco en medio de un mar de temperamental oleaje.

-¿Qué nuevas podéis contarnos sobre la región? -Preguntó Elacar. Los soldados les informaron que la zona estaba bajo la sombra del espíritu de Narwain, que era como conocían en aquellas tierras al Invierno, por lo que esperaban que las temperaturas se recrudecieran en los días posteriores. También comentaron que el ejército de Angmar avanzaba poderoso, logrando vencer a varios puestos fronterizos del lejano norte, que habían caído bajo el puño de hierro del temible Rogrog. Y mientras tanto, los Arthedain se negaban a reconocer la cantidad de problemas en los que estaban metidos.

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25/02/2018, 01:40
Rossuon Pairaniar

La desolación en el camino y las ruinas impresionaron a Rossuon. Nunca se había parado a pensar en las consecuencias de la guerra. Para él, en su burbuja, eran poco más que parte del relato. Un concepto abstracto que se llenó de realismo con imágenes que no sabía si olvidaría. Se preguntó si todo aquello había sido obra de los orcos. Divagó buscando una solución, barajando la extinción de aquella vil raza y la necesidad de una unión global para ello. 

La visión de Fornost no era muy consoladora. El gondoriano desconocía que rumbo tomarían a partir de este momento. ¿Pensaban quedarse en la ciudad? Ni siquiera aquella opción parecía muy segura. Pero se le ocurrían alternativas peores. Y escuchar las nuevas de los soldados que les habían dado el alto no mejoraba sus expectativas. Ni siquiera la posibilidad de poder regresar a su hogar sonaba lo dulce que le gustaría. Le separaba un peligroso trayecto que era mejor no emprender en solitario...

Rossuon estudió los rostros de Dimrod y Melyanna para ver con qué animo avanzaban hacia Fornost. Parecían los únicos que sabían el verdadero motivo de su viaje. La dama quizás hubiera informado también a Matha, por lo que también le dedicó unos instantes de atención. 

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26/02/2018, 00:17
Aular Robleviejo

Aular no pudo evitar escuchar el relato de Aceroamargo sobre el encuentro en las Quebradas de los Túmulos y como pareció usar el verbo hallar en lugar del de saquear una tumba, no era del agrado del hombre del bosque lo sucedido aún cuando los dúnedain parecían encantados con la situación. Pero qué iba a saber él que se las ha tenido que ver con la sombra durante montones de años, lo mejor era llevar un arma que había estado maldita por más que Brazoafilado dijera lo que se hacía, muchos lo decían y luego perecían.

Se detuvo al ver los soldados, no hacía falta tener mucha capacidad de observación para ver que la cosa no parece marchar muy bien... ¿Rogrog? Se preguntó Aular, hizo esfuerzo por recordar ese nombre. Seguramente tenga algún parentesco con algún sucio orco por lo que debe ser eliminado.

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28/02/2018, 20:08
Aeth Umbradacil

Aeth pensaba que iban a atravesar otro poblado destruido hasta que apareció aquella patrulla armada. Por el modo en que hablaron con Brazoafilado no parecía que fueran a ponerse agresivos con su caravana, y aquello era lo único digno de mención que les había pasado en varios días, por lo que se esforzó por prestar atención a la conversación.

Las noticias de la guerra ya no eran una novedad, pero a cada paso que daban parecían mayores en gravedad. Siempre había escuchado hablar de los ejércitos de Angmar como un mal lejano, aunque sus actos llegasen tan al sur; ahora casi parecía que se arrojaban a las fauces del peligro.

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01/03/2018, 10:49
Director

El nombre de Rogrog despertó preocupación y temor en el rostro de Dimrod, pues él sí había oído hablar del Señor de la Guerra del Rey Brujo. Incluso un soldado veterano y curtido en cientos de batallas como Elacar Brazoafilado, que no parecía temerle a nada, pareció asustarse con el simple pronunciamiento de ese nombre nefasto. Rogrog, como les explicó más tarde el propio Dimrod, era un troll negro que comandaba las tropas de Angmar. Pero no un estúpido troll de piedra de los que a pesar de su fuerza y tamaño no tenían mas cerebro que un mosquito. Rogrog además era astuto, sanguinario y cruel. Tiempo atrás, había asolado Cardolan y mató al Rey Ostoher con su poderosa maza de acero rojo. Aquel hecho había terminado con la línea de príncipes dúnedain en Cardolan*. Los secuaces de Rogrog ocuparon las zonas salvajes de las solitarias tierras de En Egladil desde entonces.

El resto de la jornada durante aquel día transcurrió sin accidentes. Conforme se acercaban a Fornost, la aparición de granjas asoladas y fortificaciones quemadas fueron siendo cada vez más escasas. Elacar dio el alto cuando la noche cayó sobre ellos, se encontraban en la depresión de un valle que descendía durante unas pocas millas antes de encontrarse con los montes de las Quebradas. Allí pudieron ver las luces nocturnas de la ciudad de Fornost, donde titilaban las antorchas de los guardias alrededor de su famosa muralla y en lo alto de las almenas y en la propia fortaleza. Melyanna parecía algo decepcionada por que el viaje llegase a su fin, fuera lo que fuera que le esperaba en Fornost no parecía muy contenta con ello. Y Dimrod en cambio se mostraba aliviado por llegar al final del camino, especialmente después de los últimos días.

La caravana se preparó para su última noche: las carretas se colocaron en círculo, los hombres de Elacar organizaron las guardias y Galastel se reunía con gran parte de los viajeros junto a la hoguera para deleitarlos con otro de sus relatos. En esta ocasión habló sobre la gloria pasada de la ciudad a la que estaban a punto de llegar, contando un largo relato sobre Eärendur, el último rey de Arnor y de cómo sus hijos se disputaron el reino hasta dividirlo en tres, siendo el primogénito del rey quien heredara las tierras de Arthedain y situase su capital en Fornost, que con un gran pasado lleno de honores se convirtió en una orgullosa ciudad.

Había dejado de llover y el viento había cesado, aún así el ambiente se mantenía frío y el calor de la hoguera era altamente agradecido. Aquella última noche al amparo de la caravana de Elacar resultó igual de tranquila que el resto. Zôri había acudido nuevamente a renovar el vendaje de Aeth y le reprendió por no haber seguido sus indicaciones de guardar reposo. Le dio un ungüento que él mismo había fabricado y le aseguró que la herida no tardaría en cicatrizar si seguía sus indicaciones. EL riesgo de infección, según el curandero, ya había quedado atrás y bien era cierto que Aeth ya no se sentía tan febril como los primeros días de su nueva condición.

 

Fin del capítulo 4

Notas de juego

* Ver Capítulo 0.