Partida Rol por web

Bree y las quebradas de los túmulos

Tomo 3 - Incursión a Minas Terghen

Cargando editor
24/03/2011, 08:14
Narmo

Narmo le grita a su compañero que le deje el orco a él y se centre en los otros .

Aboldir este es mio preparate para los demas . Le dice mientras tensa su arco de nuevo

- Tiradas (4)

Tirada: 1d20(+6)
Motivo: ataque 1
Resultado: 18(+6)=24

Tirada: 1d20(+6)
Motivo: ataque 2
Resultado: 11(+6)=17

Tirada: 1d8(+4)
Motivo: daño1
Resultado: 6(+4)=10

Tirada: 1d8(+4)
Motivo: daño2
Resultado: 5(+4)=9

Notas de juego

Jefe has mirado lo del nivel 4 , mas que nada por si se reparten ostias como panes tener mas PG y mas ataque .

Uso disparo rápido de nuevo contra el orco 2 si con el primero cae el segundo va para el orco 1 .

Es +4 el daño y no +3 que he puesto antes , por +2 de compuesto , +1 de bocajarro y +1 de cancion de valor .

Serian 10 en el primer disparo y 9 en el segundo que espero que caigan los dos .

Cargando editor
24/03/2011, 10:19
Director

Notas de juego

Narmo debería estar a nivel 3, ya que tiene ajuste de nivel 1. Si está a nivel 2, súbele 1.

Cargando editor
24/03/2011, 12:22
Narmo

Notas de juego

En cuanto tenga unos minutos ... varios mas bien me pongo a ello .

Cargando editor
24/03/2011, 14:28
Tosur, el Mezquino

Tosur apenas se percata de la entrada de los demás orcos, centrado en su objetivo... Pero si le llega un olor nauseabundo procedente de la sala contigua, del enorme y gordo orco...

- Vamos humano!!! le dice a Giroth... acabemos cuanto antes con este miserrrable orrrco!!! Uno mas grrrrande nos esperrrra!!!! JAJAJAJA!!! 

... dice a carcajadas, agachandose rapidamente y segando con su hacha las piernas del orco, a la altura de la rodilla, mientras se cubre con el escudo....

- Tiradas (2)

Tirada: 1d20(+10)
Motivo: Ataque orco 1
Resultado: 14(+10)=24

Tirada: 1d10(+6)
Motivo: Daño orco 1
Resultado: 9(+6)=15

Notas de juego

 Ahora si! Buena ostia se ha llevado!!! :D

Cargando editor
24/03/2011, 15:43
Jabien

Con las gotas de sudor cayendome por la cara apunto con nerviosismo al orco con miedo de dar a uno de mis compañeros.

Sin embargo parece que su templanza es mayor de lo que el bardo se suponía  ... y al ver impactar el virote en la oreja del orco sonríe satisfecho.

- Tiradas (3)

Tirada: 1d20(+5)
Motivo: Ballesta
Resultado: 19(+5)=24

Tirada: 1d20(+5)
Motivo: Critico Ballesta?
Resultado: 13(+5)=18

Tirada: 2d6(+2)
Motivo: Daño
Resultado: 6(+2)=8

Notas de juego

Seguimos teniendo +1 ataque y daño (Turno 2 de 8).

Para ser un crítico vaya castaña de daño ... en fin.. al menos espero haberle quitado una oreja.

Cargando editor
24/03/2011, 16:10
Narmo

Notas de juego

Yo no es por incordiar pero igual teneis que rehacer los movimientos si el orejas puntiagudas los mata :-) .

Cargando editor
24/03/2011, 19:24
Adrahil

Adharil se giró de súbito al escuchar los desagradables gañidos que emitían las apestosas criaturas. Tan rápido como pudo montó una fecha en su arco y la soltó sobre la criatura que sujetaba un escudo en la siniestra.

Aquí. Rápido —gritaba el montaraz a la par que la fecha salía despedida de su arco—. Tenemos que ganar la puerta.

En ese mismo instante desplazó el arco hacia su espalda y desenfundó la espada. Había que resistir en la puerta, eso les daría una ventaja.

Notas de juego

Estoy oxidadísimo con el sistema D20. Es probable que me haya colado en las tiradas. Si alguien nota algo... avisar por favor :P

Cargando editor
31/03/2011, 09:02
Giroth

Giroth sonríe. Siente que vuelve a la acción que había dejado oxidada entre tanta ancianita desvalida en la gran ciudad.
Dispone su estocada y ataca al orco1.

Su estoque vuela por los aires hacia la yugular del orco, pero yerra en su destino.

Maldita sea.

- Tiradas (3)

Tirada: 1d20
Motivo: Iniciativa
Resultado: 7

Tirada: 1d20
Motivo: Ataque
Resultado: 3

Tirada: 1d6(+3)
Motivo: ¿Daño?
Resultado: 3(+3)=6

Cargando editor
23/03/2012, 12:03
Director

La luz titilante de las velas iluminaba el combate entre orcos y pueblos libres, uno de tantos, se podría pensar, aunque su trascendencia iba más allá de las vidas de los contendientes. Los eorlingas luchaban codo con codo contra un enorme orco que giraba un gran hacha sobre su cabeza y dirigirla al cuello de Aboldir.  Amarth aprovechó el flanco abierto para dar una estocada recta, mientras su compañero paraba el golpe con su escudo y parte del brazo. El grito de la criatura resonó al sentirse perforada, y Aboldir, herido de levedad, remató con un tajo descendiente.
Por detrás de ellos se escuchaba el canto de Jabién, la musicalidad de una voz que enardecía sus corazones con estas palabras:


A mí, a mí, compañeros de Bree.
Castiguemos el mal, esto ha de acabar
Luchemos contra las fuerzas de Narghahs
Pues el sacrificio de los elfos hemos de vengar

Que el filo de vuestras espadas
Sea tan temible como la luz de la mañana
Que la sangre de los enemigos
Se vierta y de ello seamos testigos

Corte, tajo, golpe y estocada
Que los adversarios caigan en esta vil morada

Cerca de la gran mesa cubierta de inmundicia, Tosur cercenaba el brazo a otro orco, mientras Giroth lo atravesaba con su estoque. La lid se desarrollaba feliz para la compañía de Bree. Los poderosos orcos poco tenían que hacer viéndose superado en número por el doble de adversarios cuerpo a cuerpo y con Narmo y Adrahil lanzando flechas a corta distancia, pero en ese momento todo se volvió más oscuro. Detrás del montaraz aparecieron dos más de esos seres, nada que ver con los débiles orcos que masacraron en los bosques cercanos a la casa de Elrond, sino criaturas alimentadas por la fuerza de la oscuridad, y, tras ellos, un ser despreciable, de casi dos metros y medio de altura y con una gran barriga tensa. Su cuerpo, a pesar de ser un orco, guardaba más semejanzas con el de un troll salvaje de los bosques. Al cuello portaba un amuleto compuesto por pequeñas calaveras unidas por un cordón de plata. El amuleto del mago Garalin, del que se dice que tiene poder para controlar almas atadas, y que otorga el poder de la presencia a quien lo porta.


Los compañeros entendieron que estaban frente a Narggash, el cacique orco que había logrado unir a todos los clanes antes dispersos, gracias al poder del amuleto. Al fin el objetivo se encontraba ante ellos. Narmo y Adrahil cambiaron de objetivo, y ambos dispararon sus proyectiles hacia el gigantesco orco. Las flechas se hundían en la apestosa carne trémula, el orco gritó pero de rabia, y tanto él como sus acompañantes se lanzaron sobre sus objetivos. El elfo, el montaraz y el bardo se vieron obligados a lanzar sus armas de distancia y desenvainar sus espadas, ya que el avance de los orcos no les dejaba opción a replegarse. En medio del salón se acabó el combate. Los rohirrim acabaron con su oponente y Tósur decapitaba al otro enemigo que casi acaba con la vida de Giroth.


El temible Narggash avanzaba con su escolta, Adrahil se interpuso en el camino de los dos centinelas y conseguía repeler sus ataques, ganando algo de tiempo. Narmo quiso acompañar a su amigo pero un manotazo de uno de los orcos le lanzó varios metros atrás, golpeando su cabeza contra la dura pared de roca y Jabién no tuvo opción alguna, pues una patada de Narggash lo quitó de en medio, como quien patea a un perro molesto. Adrahil paró otro golpe con su espada, uno más, y el tercer hachazo atravesó sus defensas impactando con el desprotegido costado. Una vez superada la primera línea de defensa, Narggash y sus dos centinelas avanzaron hacia el centro del salón, donde los eorlingas, Tosur y Giroth esperaban con sus posiciones bien definidas gracias al aguante de sus amigos. Pretendieron hacer una jugada parecida a la anterior, Aboldir y Amarth se lanzaron con estocadas rápidas y certeras hacia el orco de la derecha, mientras que Tósur embestía al de la izquierda, y Giroth revoloteaba alrededor buscando el mejor costado para su estocada mortal. El sonido del acero contra acero era música de guerra y los cuatro compañeros iban doblegando a sus oponentes, hasta que Narggash dio el primer golpe exitoso. Fue un mazazo directo, cruel y sin ningún tipo de adorno, y el cráneo de Aboldir se fracturó para siempre. Amarth sintió el cuerpo de su amigo caer inerte, y su oponente sintió la furia de un eorlinga. Un golpe descendiente, uno oblicuo, estocada directa, media vuelta y tajo en el cuello. Así fue la combinación que acabó con el escolta, pero tras él estaba Narggash, quien reía al ver la furia del rohirrim.  Amarth, cansado de sus ataques, no pudo más que entorpecer con su espada el potente mazazo del líder orco, y el mundo se volvió blanco, y luego gris, para quedar finalmente en un desolador negro.  Tosur ni siquiera vio a Amarth caer inconsciente, ocupado como estaba en bailar con su oponente. El orco y el enano cruzaban mortales hachazos que nunca encontraban carne, hasta que Giroth encontró su hueco y atravesó de parte a parte al ser de oscuridad. El orco tosió un líquido negruzco, herido de muerte, pero sus últimas fuerzas las usó en golpear el hombro del espadachín con su hacha. Por fortuna el moribundo orco no golpeó con todas sus fuerzas, lo que hubiera resultado en un Giroth en dos mitades; pero aún así la herida le hizo arrodillarse.


Narggash y Tosur estaban frente a frente. A su alrededor yacían los cuerpos de los orcos destruidos, así como el cadáver de Aboldir, Amarth inconsciente, Giroth incapacitado temporalmente, pero más atrás Adrahil trataba de levantarse, sangrando profusamente y Jabién atendía al elfo herido en la cabeza. Tosur esperaba el ataque de la mole que le sacaba un metro de altura. No tenía apoyos cercanos para resistir un ataque, pero vendería cara su vida. Narggash, en cambio, no aprovechó su superioridad para acabar con el enano, sino que soltó una terrorífica carcajada y habló en común, con una voz seca, gutural, y que reflejaba su desprecio por el idioma: -bienvenidos a vuestra tumba. Tosur no entendía por qué el orco se reía en lugar de atacar, hasta que miró hacia atrás y sintió lo que nunca antes había sentido. Miedo. A su espalda, a menos de cinco metros, dos sombras avanzaban hacia él. Eran pura oscuridad. Tanto que absorbían las luces de las antorchas cercanas. En las dos sombras se adivinaba un rostro, o algo parecido, un recuerdo de que alguna vez hubo humanidad en esos seres. Facciones de horror y sufrimiento que se retorcían en expresiones inimaginables. Tosur entendió que era su fin.

Mientras tanto Rottengon y Gregori se dedicaban a jugar con la puerta de la vidente. Pusieron el cristal blanco en el centro de la caja, y Rottengon desapareció, dejando a Gregori solo y con la caja. El hobbit buscó a su vecino por todos los lugares cercanos, por los cuadros, le llamaba a gritos, pero no aparecía. Gregori, continuaba probando cosas, y finalmente colocó el cristal amarillo en el centro de la caja, lo que le teletransportó a otro lugar. Tras el fogonazo descubrió que estaba en el exterior de la torre, bajo el sol. Un vistazo más detenido le informó de que se encontraba en el tejado de la torre. Estaba solo, ni rastro de Rottengon. Gregori, cansado de tanta magia y de tanta tontería, se descolgó de la torre con una cuerda, con la idea de irse para no volver, pero al bajar vio unos rastros de sangre entrando en la torre invertida por donde todo el grupo había entrado hacía horas. Siguió el rastro para descubrir a… Glorfindel, quien se encontraba mirando las inscripciones de la sala de los espejos, con su armadura repleta de sangre y con visibles heridas. Gregori se alegró de verle, tanto que se olvidó de su idea anterior de escapar, y decidió que lo más acertado sería llevar al elfo con el resto de compañeros.

Tosur ya no miraba al gigante. No podría quitar la vista de la oscuridad que se cernía sobre él. A su espalda escuchaba las horribles carcajadas, pero eso ya no importaba. Iba a morir. Repentinamente algo cambió, una música se abría paso entre las tinieblas, y Tosur escuchaba unas letras que le infundían el valor que necesitaba:


Tosur, hermano, no desfallezcas
Pues aquí el resto estamos
Para que el bien se restablezca
Incluso nuestra vida damos
Tosur, hermano, tú solo aguanta
Que a por ti todos vamos
La oscuridad solo espanta
A quien no tiene hermanos.

Al escuchar los versos Tosur entendió que tenía que moverse, y que su propio miedo provocaría su muerte. Comenzó a moverse hacia atrás, alejándose de la oscuridad que avanzaba, y topándose con Narggash. Adrahil, que casi no podía mantenerse pie, alcanzó su arco, cargó el proyectil y lanzó. Un golpe certero en el cuello de Narggash que se revolvía buscando al agresor. Eso dio el tiempo necesario a tosur para rodear a la mole y acercarse a Amarth, que continuaba inconsciente en el suelo. Sabía que si dejaba al eorling allí sería absorbido por la oscuridad y por ello lo enganchó de la armadura y tiró de él hacia sus compañeros. Narmo se unió a Adrahil en la lluvia de proyectiles y entre ambos mantuvieron ocupado al orco mientras Tosur ponía a salvo a Amarth. En ese momento Narmo gritó: -El amuleto. El amuleto es el que ata a las criaturas. Son los asesinos de la vidente. ¡Destruid el amuleto!


Las dos sombras avanzaban lenta pero inexorablemente engullendo toda la luz del salón. Los cuerpos de los orcos muertos desaparecían de la vista de los compañeros. Narggash se revolvía atravesado por media docena de flechas, y comprendió que, si se quedaba allí, algún proyectil atravesaría su armadura natural de piel endurecida y grasa, y acabaría con su vida. Así pues, intentó buscar refugio en un costado, esperando que sus esbirros espectrales hicieran el trabajo por él, pero en la escalera apareció un ser de la luz tan bello que casi vomita.


-Yo soy Glorfindel, y vengo a buscar tu muerte –dijo el elfo a quien le acompañaba un pequeño hobbit.


El orco gritó de rabia, y sintió un pequeño escozor en el cuello. Se miró y el grito de rabia se transformó en miedo. Su collar, su amuleto, su salvación, había desaparecido. Pudo lamentarse durante cinco segundos, el tiempo en el que la flecha de Adrahil rompió su cráneo y perforó su sucio cerebro acabando con su vil existencia. Giroth ya corría hacia la escalera con el amuleto en la mano. En medio de la confusión había conseguido danzar tras el orco, y en un momento lanzar una estocada al collar, cortando el cordel y haciéndose con la preciada joya. El éxito hizo que su dolor remitiera, y pudo unir el resto de sus fuerzas para correr hacia sus compañeros, lanzando el collar a Glorfindel. El elfo, tras pensar en unos instantes, miró a Narmo que le hacía señales para que lo destruyera.  Glorfindel dudaba si destruir un objeto tan poderoso, pero solo fue un instante. Cogió el hacha de un orco caído y con dos terribles golpes hizo pedazos el amuleto.


Las sombras comenzaron a deshacerse, la luz de las antorchas volvía a inundar la habitación. Los rostros descompuestos se iban asemejando a lo que una vez fueron, hasta que las sombras se convirtieron en espectros humanoides, que, sin decir palabra, se dieron la vuelta y comenzaron a caminar en sentido opuesto, hasta perderse entre los muros de la torre invertida.


No hubo tiempo para felicitaciones, pues se escuchaban voces de mando, y multitud de pasos en las profundidades de la cueva. ¡Orcos! Glorfindel, herido de gravedad como casi todos los demás, no dudó un momento antes de decir: -¡Todos fuera! ¡Vamos!


Y así fue como los compañeros escaparon de la torre invertida, la torre maldita de Minas Terghen, habiendo cumplido su misión, pero dejando tras de sí los cadáveres de seis elfos, un eorling y un hobbit. Al menos eso es lo que pensaban. Nunca sabrían que Rottengon se había teletransportado a un lugar donde todo era blanco, y él estaba, pero no estaba, porque no se veía, ni se sentía, pero sabía que estaba, porque pensaba, y si pensaba era que existía, pero ¿dónde? Y ¿hasta cuándo? Hasta toda la eternidad.  O al menos hasta que alguien encontrara la torre invertida, la puerta de la Vidente, la caja de los cristales, y resolviera el enigma para sacarlo de su prisión de existencia. Triste destino el de Rottengon, toda una eternidad de aburrimiento. Al menos había merecido la pena. ¿O no?

Fin.