Partida Rol por web

Harry Potter y la Nueva Generación

Vestíbulo

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10/07/2014, 23:53
2ºH - Mircea Padurearu

Poco a poco Mircea fue recuperando algunas facultades. Era una suerte que las digestivas y la respiratoria fuesen automáticas, sino seguramente hubiera armado un estropicio y morir por estupidez hubiera sido también bastante patético. Más incluso que la existencia de Seth en el mundo mágico o de algunos alumnos que aún vivían entre las paredes del castillo.

Cuando se quiso dar cuenta, ya no estaba en el despacho de Helen Green, sino caminando por los pasillos con Erzy y Orsi tirando de una mano cada una. Clavó los talones, como una mula cabezota se planta, deteniendo el avance de sus hermanas que se giraron para mirarle. Habían estado hablando sobre cosas que iban a hacer en la fiesta para animarla y algunas no le habían gustado un pelo.

Chicas, ¿qué ha pasado ahí dentro?

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11/07/2014, 00:02
1ºH - Erzsébet y Orsolya Padurearu

Hablando primero sobre la sosería de ciertos alumnos a los que las niñas llamaban por sus apodos, que además abundaban en Ravenclaw y Gryffindor, pasaron a hablar sobre algunos Slytherin, la mayoría como Orgullo Baldío, que se creían mucho y no eran nada y finalmente pasaron a los de su propia casa, que salvo unos pocos, los demás eran bastante inútiles. De todos los que iban diciendo se salvaban bien pocos de cada casa: Asterope era genial, la única Slytherin con la que se podía ir a descubrir misterios. Willow parecía ser también un buen añadido a un posible grupo de gente chachi, pero tras descubrir que le había pedido a Will el soso ir al baile, la pobre había bajado muchos puntos. Por Gryffindor, Kelly era la que podía salvarse, llevaban montando planes con ella casi una semana y parecía que sacándola del circulo acaparador e insulso de Ithan, la niña florecía.

Después siguieron hablando de cosas para hacer en la fiesta y animarla, algunas ideas algo traviesas pero todas pensadas con buen corazón; al final estas chicas sí parecían tener buen fondo.

Se giraron para ver a su hermano.


E: Buenos días, ¿qué tal lo de ser un idiota?

O: Eee, no seas mala!!! Jo, Mir, sé lo que es quedarte babeando. Espero que no sufras ningún daño a largo plazo, que para tener un hermano simplón, ya tenemos a Gábor.

M: No os paséis. Gábor aún es pequeño. Eh... ¿he estado babeando?

E: Nah, no has babeado, pero casi. Parecías un bobblehead como los que vende el tío en su tienda, jaja, estabas muy gracioso.

M: No me hace gracia. Espera... ¡¿Como se os ocurre hablarle así a la profesora Green?! ¿Cuantos puntos os ha quitado? (el chico ya sabía que puntos ganados ninguno, pues no eran Slytherin. Entendía que algunos alumnos necesitaban ayuda adicional para escalar puestos)

O: Ninguno, ¿por qué? En todas nuestras visitas nunca nos quita puntos, en el fondo es una buena gnoma, solo necesita cariño, comprensión y alguien que la rasque detrás de las orejas. (tenía sentido que la niña expertas en animales fuera capaz de reducir a Green a una simple mascota)

M: ¿Cariño y comprensión? Ufff (suspiró lentamente, recuperando algo de calma) ¿Sabéis que Helen odia a los elfos domésticos, a los alumnos de padres muggles y a los mestizos? No podéis estar metiéndole ideas a Booky en la cabeza.

E: ¿Quéeeeee? ¿No le gusta los elfos? ¿Pero por qué? ¡Son geniales! ¡Yo de mayor me casaré con uno! (dijo cruzándose de brazos y poniendo morros de pato)

M: Erzsébet, ¿por qué usaste la varita de Orsolya en la clase?

O: Eh. Estábamos en clase de adivinación y buen pues... Sigue tú Erzy. (la niña parecía hurgar con la punta del pie en las baldosas, como si creyera que fuera tierra y pudiera esconderse como una avestruz)

E: ¡Ollivanders rompió mi varita! (dijo de pronto acalorada, recordándolo todo de nuevo) El muy inútil me dio una varita defectuosa y se suicidó al usar el Dectattem.

M: ¿Se... se te rompió la varita? (el chico se quedó mudo de la impresión, miro alternativamente a una y otra, E desafiante y O avergonzada, las formas de ser de las gemelas reducidas a la mínima expresión) Estudié tu varita Erzsébet, y la tuya Orsolya. Las dos estaban bien hechas, la culpa no es de Ollivanders, ni tampoco vuestra.

E: ¿No es culpya suya?

O: ¿No es culpa nuestra?

M: No, a veces las varitas absorben demasiado poder, es normal, incluso a los magos experimentados les puede pasar. ¿Donde está la varita? Dámela, yo me haré cargo de ella.

O: Luna la envió por lechuza urgente a Londres, a ver si Ollivanders podía hacer algo. (prefirió callarse lo de la carta que ellas mismas enviaron a continuación)

M: Bueno, quizás eso sea lo mejor.

Parecía que todo se había solucionado, así que las niñas más animadas dejaron a Mircea plantado y corrieron hasta el comedor, estaban hambrientas tras una mañana con tantos sobresaltos. Te esperamos después de la comida en la Sala Común, tenemos un regalo para ti, ¡feliz cumpleaños!, gritó Orsolya. ¡Feliz cumpleaños huesos viejos!, le felicitó Erzsébet.

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11/07/2014, 00:34
2ºH - Mircea Padurearu

Dejó que sus hermanas se marcharan, pues él no iba al comedor aún. Por culpa del baile se suspendía las clases de la tarde y no creía que se mantuviera el horario de la recuperación de DCAM. Así pues iría al despacho y si Neville estaba ahí, trataría de recuperar el Asetate que nunca debió haber fallado en clase. Al menos la varita no se rompió, murmuró para sí...

Notas de juego

Al despacho de Neville, recu de DCAM

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29/09/2014, 17:32
1ºS - Asterope Bletchley

Asterope habría entrado en los baños que estaban cerca de la biblioteca, pero había escuchado voces dentro y no quería verse rodeada con esas pintas. Bajó al vestíbulo y comprobó que los aseos de esa zona estaban vacíos. Entró seguida de Enya. Había pasado todo el camino prácticamente en silencio y así seguía.

Una vez dentro, se limpió bien las manos y la cara. Intentó sacudirse la túnica, pero era imposible. Por suerte, era sobre todo negra, así que se notaba poco. Únicamente podía distinguirse el hollín en los cuellos de la camisa y en las partes verdes y plateadas. Y, con sus pelos, poco pudo hacer. Se los intentó lavar, pero los tenía tan enredados que no se atrevió a tocarlos mucho. Ya se daría una buena ducha para arreglar ese desaguisado.

Se dio la vuelta y se apoyó contra el lavabo mientras observaba la varita de coral y cornejo que le había dado Booky-. ¿Por qué me ha pasado a mí todo esto? Ayer ataqué a Hefesto por accidente, luego lo mataron y hoy mi varita estalla –Hablaba más para ella que para Enya-. Parece como si alguien quisiera castigarme Quizás por todo el mal que ha hecho mi familia, que arrastro un karma pésimo. O por ceder ante Linc y su maldito disfraz de mortífago... Ahora se sentía ridícula por haber aceptado. Después de todo lo que pasó sentía como si hubieran tentado a la suerte y la suerte no les hubiera pasado esa ofensa.

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30/09/2014, 17:24
1ºG - Enya Wood

Enya siguió a Asterope a los baños una vez que ambas comprobaron que no había nadie más. Sacó el pañuelo con el que había limpiado a la Slytherin y lo frotó un poco, quitando algo del hollín con el que se había impregnado la tela. Creo que necesitará un buen lavado. La muchacha parecía bastante enfadada y frustrada y maldecía. Realmente todos hemos perdido a nuestras lechuzas u otros animales de compañía. Pensó en su pobre sapo y se quedo pensativa un momento...

- Aunque hay cosas que ya ninguno de nosotros podremos cambiar, esto es una mala racha, seguro. Yo empecé con muy mal pie en el colegio, muy enferma, y casi me marcho. Ahora estoy mejor. Seguro que tú también recuperas el ánimo en unos días y tu suerte vuelve a cambiar. Enya rebuscó en su mochila durante unos segundos y sacó una especie de chapa con una aguja. Toma, en mi tierra dicen que esto da buena suerte. Le acercó la pequeña insignia, que no era otra cosa que un trébol de cuatro hojas que había comprado en una tienda muggle de Belfast. Ahora me tengo que ir, que voy a dejar las cosas en mi habitación y luego bajaré al comedor a cenar. Si necesitas algo, estoy en la mesa de Gryffindor. Se echó la mochila al hombro y se despidió con media sonrisa. Pensar en su sapo y en su lechuza le hacían que no estuviera del todo feliz.

 

Notas de juego

A la Sala Común

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30/09/2014, 21:41
1ºS - Asterope Bletchley

Asterope seguía pensando en su mala suerte mientras Enya hablaba. Aun así la escuchaba. Recordaba que el primer mes la Gryffindor apenas había aparecido por clase. Y por el comentario que hizo una vez Ithan de que a sus compañeros no les importaba su casa y que no hacían nunca nada, pensó que simplemente era una vaga que no quería ir nunca. Al parecer, había estado enferma. ¿Qué le habría pasado que le duró tanto tiempo?

Aceptó, con bastante asombro, la chapita que le regaló. No creía en los amuletos pero la buena educación le decía que no podía rechazar un regalo con buena intención como ese-. Gracias -dijo casi para el cuello de su camisa, aunque audiblemente. Vio cómo Enya se marchaba hacia su sala común. Qué chica tan rara. No conocía a Asterope de nada, pero ahí había estado apoyándola. Qué pena que la Slytherin no tuviera ninguna gana de relacionarse ni con ella ni con nadie. Quizás cuando estuviera mejor.

Estuvo un rato con la chapita del trébol de cuatro hojas en la mano, quieta en el vestíbulo. Comenzó a aparecer gente, alumnos que iban hacia el comedor. Era la hora de cenar y ella no podía quedarse ahí en medio. No quería comer, pero ya no podía seguir así. Acabaría enfermando o algo peor. Así que se guardó la chapa en el bolsillo y entró al Gran Comedor.

Notas de juego

Gran Comedor

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02/10/2014, 13:55
1ºH - Erzsébet y Orsolya Padurearu

Les pequeñas salían de cenar. Se habían cebado como todas las noches y aunque estaban seguras que si aguantaba un ratillo sentadas en los bancos, la comida se asentaría dejando algo de hueco para seguir engullendo, lo cierto era que estaban empezando a saltarse el quinto poste en aras de una mejor dieta.

Erzsébet cargaba con las dos mochilitas, mientras que Orsolya llevaba en un gurruño ambas túnicas bajo el brazo y los zapatos de las dos niñas en las manos. Las gemelas iban descalzas, sin medias y hasta los tobillos llegaba un costrón seco de barro; las faldas, plisadas por encima de las rodillas no eran las oficiales de la escuela, pues estas eran a rayas negras y amarillas, y el jersey gris que tenía los puños húmedos, estaban algo manchados de arena y barro. Más que de comer, parecía que venían de una batalla de piedras en el lago.

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02/10/2014, 19:32
1ºS - Asterope Bletchley

A Asterope le fascinaba la cantidad de gente con la que se podía juntar cuando no quería ver a nadie. Otros días no veía a un alma, pero hoy estaba rodeada en cualquier parte: ¿Que iba al Bosque Prohibido y se metía? Escuchaba ruidos. ¿Que iba a un lugar que muy pocos conocían? Organizaban un funeral. ¿Que iba a la biblioteca y se escondía entre las estanterías? Pues la varita le estallaba para que todo el mundo supiera que ahí había alguien. ¿Que iba al comedor temprano y se sentaba en una esquina? Pues todo el mundo parecía haber adquirido un radar para localizarla y se sentaban junto a ella.

Salió al vestíbulo deseando llegar a la sala común y subir a su habitación cuanto antes. Pero, primero, volvería a pasar por los baños. Esta vez no para limpiarse, pues ya había desistido de quitarse el hollín de la camisa, de las uñas y de los pelos revueltos; esta vez necesitaba urgentemente un urinario, no creía poder llegar a las mazmorras a tiempo. Cruzó a paso rápido hasta los aseos y, aunque iba con la cabeza gacha, pudo fijarse en cuatro pies llenos de barro pertenecientes a dos tejonas. Y los pies no eran los únicos con cubierta protectora arcillosa. Según fue subiendo la vista, descubrió unas piernas con la misma costra y puños de camisa húmedos.

No paró en su camino. No le apetecía hablar y, además, tenía muchísimas ganas de vaciar su vejiga. Quizás Orsolya y Erzsébet no la habían visto.

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03/10/2014, 00:23
1ºH - Erzsébet y Orsolya Padurearu

Este narrador tenía la idea de que las niñas marcharan directamente a la sala común, o puede que incluso fueran a liarla por algún lado, pero con el par de pulgadas más de frente para no andar siendo pilladas y castigadas con resta de puntos como otros compañeros de su propia casa. Sí, esa era la idea para las niñas, pues qué mejor que dejar a la cría solitaria, triste, llorona, que no podía aguantar que ocurriera nada más, quizás decir emo no fuera una exageración, que estaba saliendo en ese momento del comedor, se cociera en su propia soledad, martirizándose por lo que podía haber hecho mal para que el karma la castigase con un día como el que estaba teniendo.

Pero las dos criajas tienen una mentalidad propia, consiguiéndose hacerse cargo de las manos que esto escriben para así transcribir sus propias aventuras, tal y como ellas querían vivirlas, sin cremalleras, sin ojales ni cerraduras, sino con la habilidad de leer un libro y descubrir universos en los espacios entre palabras. Y por ello no se marcharon...

El olor a chamusquina, a algo quemado fue lo que hizo que ambas se girasen para ver a Asterope, con el reborde del rostro negruzco donde el agua había dejado sus orillas cuando la cría se lavó, con el pelo ensortijado y muy lejos de su color natural, con el peto de la camisa negruzco y con la mirada gacha. Con solo verla ambas sabían lo que había pasado, pues pocas cosas podían ocasionar aquella estampa y menos aún tan exacta a la que lucía Erzsébet el día anterior.

Orsolya fue la que habló, pues su hermana estaba pasando por las mismas fases del día anterior, pero en unos breves segundo: incredulidad, enfado, ganas-de-volar-hasta-ollivanders-para-asesinarle y enfado otra vez. ¿La varita, verdad?, fue la simple pregunta de la niña de ojos color verde, que no tenía demasiadas ganas en relacionarse con la slytherin.

¡Ese Ollivanders! Es un inútil, estalló Erzsébet. Dos varitas en dos días. Hasta yo podría hacer una varita que no se rompiese, dijo convencida.

Orsolya se mantuvo detrás, con la mirada gacha, dejando que fuera su hermana quien siguiera.

Erzsébet comenzó su mejor imitación de Luna Lovegood, que distaba mucho de parecerse a ella: Lo que le acaba de pasar a vuestra compañera os podría pasar a cualquiera de vosotros. Hay que lanzar los conjuros con precisión, confianza y determinación, y sobre todo con seguridad. Y tras soltar una pedorreta volvió a su voz. ¡Paparruchadas! Lo que pasa que Ollivanders es el peor varitero de Londres, ¿qué digo de Londres? ¡del mundo! Es un bastardo esférico.

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04/10/2014, 13:00
1ºS - Asterope Bletchley

Asterope estaba a un metro la puerta del baño cuando las gemelas se acercaron a ella. Se veía que sus pelos no pasaban tan desapercibidos como de costumbre. Y, sin saber cómo se había enterado, Orsolya le preguntó sobre su varita; más que una pregunta era casi una afirmación. Pronto lo entendió, pues su hermana comenzó a lanzar improperios contra Ollivander por la mala calidad de sus varitas. ¿También se le había roto a ella? Menuda casualidad.

Si Erzsébet también había tenido ese problema, quizás podría llegar a comprender por qué había pasado o, al menos, no se sentiría tan tonta-. ¿A ti se te ha roto también la varita? –Abrió los ojos, llenos de esperanza por que Asterope no fuera la única con esa mala suerte. No obstante, se notaba que tenían demasiado líquido acumulado, porque las presas se abrieron y las lágrimas comenzaron a caer por la cara de la Slytherin. La gemela no le solucionaba nada, pues lo único que tenía que decir eran insultos contra el maestro varitero.

- Pues es que...  –Sus frases estaban entrecortadas. No había tenido ocasión de hablar de ello con nadie y, entre eso y el llanto que le había pronunciar entre sollozos e hipos, no sabía ni lo que decía-. Estaba... biblio-hic-teca... un libro... Leg Magiem y, entonces, hic... explo-hic-tó y... –Como ya no podía seguir diciendo nada coherente –si es que alguien podía considerar coherente la retahíla de palabras que había soltado-, paró. En otra ocasión, quizás se habría reído con el término “bastardo esférico”; pero ahora no estaba de humor para el humor.

Booky lo había achacado a su fortaleza, Erzy a que Ollivander era un inútil y Asterope pensaba que se debía a una racha de mala suerte, en parte merecida-. Creo que estoy gafada o algo –dijo con un último suspiro. 

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04/10/2014, 23:32
1ºH - Erzsébet y Orsolya Padurearu

Orsolya principió a sentirse incómoda cuando Asterope empezó a llorar. Había dos instintos contrarios que le impedían actuar: uno el de abrazarla y dejar que llorase, pues cuando las lágrimas afloraban no se las debía poner ninguna presa, había que dejar que fluyeran; y otro de mantenerse al margen, pues qué otras ideas podía tener alguien en la cabeza si veía con buenos ojos disfrazarse como mortífago. Se quedó plantada, peleando consigo misma sin saber qué hacer, pensando, por muy malos pensamientos que tenga alguien, también merecen ser consolados... y fue esa idea la que hizo que se acercara a la slytherin y la abrazara. Pero esto no cambia nada, decidió para sí misma.

Sí, ayer en clase de adivinación. ¡Cocho!, maldijo. Erzsébet se quedó parada al ver como la niña empezaba a llorar. ¿Por qué todas las niñas tienen que llorar por todo?, se preguntó. Sus cejas bajaron y se mordió un moflete sin saber qué hacer. No era como cuando hirió a su hermana que tenía que llevarla a la enfermería y lloraba por dolor. ¿Qué se supone que tiene que hacer con una niña que llora porque sí? Fue su hermana quien se adelantó a abrazarla.

Leg Magiem, se dijo Erzsébet. ¡De adivinación también! Aquí algo huele mal y no somos nosotras, levantó una mano al aire, en su papel de Sherzsébet Holmes.

No estás gafada, susurró Orsolya a la niña que abrazaba. Ha sido unos días difíciles y todos estamos nerviosos. Verás que Ollivanders te arregla la varita y que tu amigo te vela por las noches desde su estrella, comentó recordando ver a Asterope acunar una lechuza la noche anterior.

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05/10/2014, 00:35
1ºS - Asterope Bletchley

Asterope se frotaba los ojos y las mejillas cuando Orsolya decidió hacer uso de sus instintos humanos y la abrazó para consolarla. El llanto de la Slytherin paró y se sintió bastante incómoda con la situación, pero la había pillado tan desprevenida que no supo qué hacer, así que ahí se quedó, recibiendo ese abrazo e incluso apoyando ella sus manos en la espalda de la tejona, sin atreverse a apretar mucho.

- Qué casualidad. Con dos hechizos de Adivinación –dijo intentando hacer conversación para olvidar que estaba rodeada por los brazos de otra persona-. No sé... Son tantas cosas –respondió a Orsi cuando le susurró-. Algunos creen que cuando haces cosas malas, atraes tú otras peores. Como castigo –No dijo más. El tema del karma llevaba persiguiéndola un buen rato. Enya también le había dicho que no pensara eso, que no tenía nada que ver y que simplemente era una mala racha. Pero Asterope no dejaba sus pensamientos negativos de lado.

Lo que le sorprendió y que la dejó muda fue la mención a Hefesto, a su amigo. Mucha gente sabía que ella tenía un búho y que había muerto la noche anterior. Pero no se esperaba que lo soltara de repente en esa conversación. Se separó de ella y la miró directamente a los ojos, de un color que compartía con la serpiente-. ¿Lo crees de verdad? –dijo con voz queda y suave-. Eso espero. Y que no me odie por no haber sabido protegerlo como debía...

Decidió que ya era hora de despedirse. Si seguía ahí, volvería a llorar o seguiría contando cosas de las que no quería hablar. Además, seguía haciéndose pis-. Gracias... por esto –dijo refiriéndose al consuelo que había recibido. Aunque incómodo, era buen intencionado-. Nos vemos mañana –Entró en el servicio y, cuando salió, se fue por las escaleras que bajaban a las mazmorras.

Notas de juego

A la sala común de Slytherin.

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05/10/2014, 02:32
1ºH - Erzsébet y Orsolya Padurearu

Orsolya se separó de Asterope y dio unos pasos atrás.

Hasta mañana hermana de varita rota, despidió Erzsébet mientras se giraba y empezaba su marcha hacia la tejonera.

Orsolya se quedó un momento ahí quieta, pensando en si realmente creía lo que le había dicho y si la había consolado por ella o por sí misma. Lo hecho hecho estaba. Dejando de darle vueltas al asunto, cogió los zapatos del suelo y se fue corriendo tras su hermana.

Notas de juego

/A la sala común