—Uf...
Caigo al suelo de rodillas, soltando un bufido de agotamiento, aunque exagerándolo un tanto.
—Estuviste fantástico, Nok-Nok —le digo, sonriendo, al goblin y acepto el manojo de llaves—. Luego regresa con nosotros, tengo algo que proponerte.
Me levanto con pesadumbre del suelo y otra vez suspiro.
—¿Cómo está Celebraug? ¿Lo pudieron atender?
En retrospectiva:
El semielfo trató de defenderse del ataque de aquel goblin, pero no podía hacerlo correctamente mientras bloqueaba con el escudo la estocada del otro goblin contra quien se estaba enfrentando recibiendo un soberano golpe que le hizo arrodillarse.
Seguidamente, sus sentidos se sintieron extraños antes de caer inconscientes; no sabía bien lo que había pasado en esa fracción de segundo, sintió el frío acero cortando su carne y dejándolo desangrarse, pero a la vez, sentía de nuevo el beso del acero con una mayor levedad que le permitía mantener la consciencia un segundo más mientras escuchaba el grito de su amazona preferida. Le hacía feliz que se preocupara por él, un pobre elfo mestizo que aspiraba a mucho tratando de vivir en su propio cuento, pero a la vez la melancolía de no poder pasar al siguiente capítulo. Luego todo fue oscuridad.
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Y en el preciso momento en que vi la sombra moverse tras aquel jefe goblin que era apuñalado por el mismo subalterno del que tanto había abusado fue cuando entendí que el combate había acabado, por lo que no tarde en empezar a caminar fuera de la habitación. Tampoco es que tuviera mucha prisa, de hecho iba caminando con una total ausencia de urgencia.
Al cabo de unos segundos asome por el borde de la puerta donde estaba Athelia, comprobando que también había acabado con el suyo, mire el cadáver y luego a ella, antes de volver a marcharme- Nosotros acabamos también por aquí, Celebraug necesita tu ayuda... creo... -comente según me alejaba por el pasillo de vuelta con el resto del grupo. Para cuando llegué de regreso lo único que hice fue ponerme de cuclillas junto al semielfo ya que Stella tenía ya en su poder las llaves con las que terminar de registrar el escondite en busca de recompensas por nuestros esfuerzos y tampoco tenía los conocimiento o capacidades para ayudar al compañero herido así que poco más tenía que hacer más allá de velar por él de forma silente.
Nokzo regresó al dormitorio, presentando brevemente a su amigo según se dirigían nuevamente a la estancia y se cruzaban con los aventureros dispersos.
-Este ser Loston, amigo de Nokzo. Él muy listo, saber fabricar cachivaches. Por eso encerrado mucho tiempo, obligado a crear cosas para guarida.
El gnomo se frotaba las muñecas, aún notaba una sensación extraña al no llevar los grilletes. A pesar de eso, no tenía del todo mal aspecto, se notaba que los goblins lo alimentaban bien ya que les era útil para sus proyectos.
-Eres un buen tipo, Nokzo. El único que me trataba con respeto, eso nunca lo olvidaré.- Respondió a las amables palabras del goblin, para después dirigirse al grupo de rescate. -Les estoy eternamente agradecido. Llevo cinco años encerrado, obligado a fabricar y crear planos para sus máquinas de asedio... Krew debe guardar mis notas en el escritorio, debemos destruirlos para que no caigan nuevamente en malas manos.
Tras aquello echó una ojeada al cadáver de Krew, pero sin acercarse. A pesar de estar muerto los recuerdos del goblin le seguían atormentando.
-Por cierto, deberían llevarse los guantes de... Krew. Me vasta una ojeada para saber cuando algo tiene propiedades arcanas y vi proezas de fuerza imposibles para un goblin.
Objeto identificado: Guantes fuerza de Ogro.
-¡Nokzo lo sabía! ¡Sucio tramposo!- El goblin pateó el cuerpo del antiguo líder. Después retiró los guantes y ató los guanteletes con un trozo de cuerda para colgarlos al cuello y facilitar el transporte.
-Nokzo no robar, Nokzo cuidar tesoro de compañeros.
-Mientras comprueban todo eso... Creo que podría ingeniármelas para fabricar una carreta improvisada con una mesa y tapas de barril, así podrán transportar a su camarada.- Dijo el gnomo, refiriéndose al compañero herido.
Estaba separando las llaves para repartirlas y ponernos a husmear, pero Nokzo vuelve con su amigo y, tras la introducción, me brillan los ojos. Muero de ganas por invitar a este nuevo individuo a mi casa, pero quizás no se ponga muy contento si le hablo de trabajo justo tras ser liberado de esta esclavitud, así que esperaré.
—¿En serio esos guantes son mágicos? —pregunto, rascándome al cuello.
Casi digo que ni se notó, pero justo veo a Celebraug maltrecho en el piso y entonces me muerdo la lengua a tiempo.
—De... De todas formas, si no se tiene nada entre medio de las orejas, de poco sirve la fuerza exagerada.
Entonces Loston dice de ponerse inmediatamente a improvisar un carro y le pongo una mano en el hombro.
—Ey, ¿seguro que no necesitas descansar?
Como se niegue, pienso ayudarlo y de paso aprender más de él.
-No os preocupéis, joven señora. Mi cansancio es más espiritual que físico... Es un alivio poder construir al fin algo cuyo objetivo no sea dañar a los demás.- Respondió con una sonrisa, camuflando el pesar que en realidad sentía.
-¡Y Nokzo saquear todo lo que no esté clavado al suelo! Almacén lleno de suficiente víveres para varios días. Nokzo saberlo porque antes ser el cocinero.- Esta revelación fue la menos sorprendente sobre el pasado del goblin, pues aún vestía las ollas y sartenes que formaban la armadura.
Al volver lo hago apenas un instante después que Nokzo, quien ya había liberado a su amigo y este no tardo en destacar la relevancia de un objeto específico de los que portaba el antiguo jefe de esta guarida, ahora el cadáver al que estaba quitando la armadura... Con ambos guanteletes en las manos pude notar el tamaño de estos con mayor precisión.
- Mas una fuerza exagerada permite llevar a cabo hazañas igual de grandes -respondí hacia la guerrera mientras le tendía las dos piezas de armadura- Y estoy convencido de que eres quien más provecho le saca a esto... aunque por las dimensiones de tu brazo puedo presuponer que ya cuentas con bastante más fuerza que el promedio.
Si no aceptaba el quedarse con aquel supuesto objeto mágico simplemente lo dejaría en el suelo a su lado, para acto seguido caminar hacia el presentado bajo el nombre de Loston- Puedo servir de ayuda en la labor que te propones, seguramente pasaría por alto cosas durante un saqueo así que prefiero enfocar mis energías y tiempo hacia una tarea donde pueda brillar más.
Mientras Albedo y Stella se prestaban a ayudar al nuevo compañero de viaje, Nokzo saqueó a conciencia todos los rincones que conocía de la guarida y todos los cajones del dormitorio de Krew.
Ahora vestía la camisa de malla de Krew, ajustada con un cinturón/hombrera. También se las había ingeniado para atar a la espalda una silla de madera muy ornamentada, en el asiento de terciopelo rojo llevaba sujeto el saco en donde había metido víveres para el viaje de vuelta. En su única mano llevaba una funda de almohada en donde había metido todas las riquezas y pequeñas posesiones de Krew, entre ellas los planos de Loston, el diario del caudillo goblin y una carta dirigida al mismo, escrito en goblin para mayor secretismo.
Loston tomo los planos de sus máquinas de guerra para echar una ultima mirada a su obra, aunque era algo creado para causar dolor no dejaba de ser su creación, era su forma de despedirse antes de quemar las notas. El dibujo estaba sucio y lleno de anotaciones, pero se comprendía a la perfección lo que representaba y las instrucciones que traía. Por lo visto los goblins pretendían fabricar equipo de asedio para ogros y así poder tripularlos en una futura guerra, guerra que posiblemente ya no tendría lugar gracias a la intervención de los héroes, no al menos en un futuro cercano.
-Esperemos que nunca tengamos que ver este tipo de cosas en funcionamiento.- Recapacitó el gnomo, antes de quemar los planos en la antorcha más cercana.


Botín:
-1200 po (240 po por cabeza)
-Guanteletes de fuerza de ogro
-Saco con la correspondencia del Valle.
Quedan 2h para que Celebraug se despierte.
Nokzo asintió despacio con la cabeza, dando la razón a su amigo en silencio. Después descargó la silla/mochila y sacó del saco una botella de vino. Usó una de las funciones multiusos de Escozor y descorchó la botella, dispuesto a servir unos tragos del caro licor que irónicamente Krew tenía reservado para un momento especial.
-¡Nokzo querer decir unas palabras! ¡Padre decir que "nada une más fuerte que la sangre", y nosotros hoy derramar mucha! ¡Por los camaradas!
—Tú carga todo lo que puedas, nos vendrá bien esa comida para el viaje de regreso.
Noto la voz de Albedo y recibo los guantes, frunciendo los labios con los ojos entornados.
—¿Qué insinúas, tú, con mis brazos? ¡Soy una doncella delicada y grácil!
Tras el rezongo nos ponemos manos a la obra con los aparatos. Entre los tres nos da menos trabajo y ya veo a Nokzo llegar con más cosas.
—¡No, espera! —intento frenar al gnomo antes de que queme todo aquello—. Tal vez puedan adaptarse y usarse para algo bueno. Hay un tipo raro en el gremio de donde venimos que podrían interesarle los planos estos. Además... ah.
Fue sentir el ruidito del corcho salirse e inmediatamente dirijo mi mirada hacia la botella. ¿Es vino eso? Tengo bastantes ganas de un trago, pero...
—Consigue algo donde servirnos, Nok-Nok, porque no pienso beber de ahí luego que tú.
Doy otro vistazo a los guantes mientras tanto.
—Sobre esto, no lo sé, es probable que tengamos que entregarle el botín a Morrigan o a Keldron. ¿No se guardan ellos todas las cosas importantes? No recuerdo si dijeron si podíamos quedarnos con todo lo que encontráramos.
—Em, a todo esto, quisiera volver, Irene ha quedado sola y la está cuidando nada más que una rata.
El gnomo dudó por un momento y miró sus notas.
-Supongo que podría visitar el gremio y prestar mis servicios, al menos hasta que me recupere económicamente...-
Tras meditar unos segundos se dirigió a Nokzo, que ya estaba repartiendo jarras para servir el vino.
-Nokzo, tenemos que regresar a tu escondite. Quiero ver cuanto excremento de dragón rojo nos queda, quizás podamos llenar un barril.
Cambiamos de escena.