Athelia le entregó a su compañera una especie de cuaderno de bitácora, escrito en dracónido. No quedaba claro si pretendía ser también bromista al insinuar que era una dracónida y no un infernal.
Motivo: Vor-Daf despierta en X horas
Tirada: 1d4
Resultado: 1 [1]
Nunca dije que fuera de tiefling xD
—¡Pues si es justo lo que os había dicho! —bramó la gnoma para responder al enmascarado, apareciendo desde detrás de la estantería —. Claro, a la gente pequeña nadie hacia caso...
No le gustaron nada las amenazas del tipo. Tampoco le hizo gracia que algunos de los captores de los gnomos se fueran de rositas. Y aunque tenía la habilidad mágica para sofocar todas las llamas de la sala en un santiamén, consideró mas conveniente terminar el asunto de buenas maneras. Además, probablemente el agua tampoco sería un buen aliado para esos documentos viejos y apergaminados.
—¡Vaaaya! Hay aquí material para que varias generaciones de ratones de biblioteca vivan de su estudio. ¡Qué interesante! Me pregunto si habrá algo sobre esa constelación y... —comentó mientras comenzaba a pulular alrededor de los estantes, analizando por encima los lomos de los libros para ver de qué iban.
El semielfo no tuvo tiempo de responder a las negociaciones cuando estas ya se habían cerrado. Al parecer la palabra de uno sólo implicaba a todos.
Miró de malas maneras a los sectarios mientras bajaban las escaleras, y aunque no les atacó, vio en su mente todos los instantes que se desperdiciaban delante él sin que nadie hiciera nada. Había oportunidad de apagar las lámparas, la hoguera, asaltarlo uno vez huyeran de la sala estando ya a salvo los libros.
Miró con ansias a sus compañeros mientras que los nudillos por debajo de sus guantes se volvían blancos. Eran servidores de Tiamat, y había poca posibilidad de salvación para ellos. Ahora sin esa mínima posibilidad de salvación que era la justicia de la ciudad, no dudaría en matarlos en cuanto los viera, y ya no solo por orgullo o justicia, era un deber.
Al no ver respuesta de sus compañeros, guardó el escudo con rostro sombrío y se acercó a la mesa para ver los papeles. Había decenas, pero él solo quería uno blanco que no vio. Si bien era posible que tuvieran un enfrentamiento con los lagartos insectoides, eran crías que no les representaría peligro, a lo sumo caerían los débiles, pensaba avisar a los kobolds. Eran seres inteligentes.... pero no sabía si tendrían suficiente inteligencia como para saber que la salida con vida de esos sectarios les traería problemas.
Si la araña de metal corría a toda velocidad con un mensaje para alainquieta o la matriarca podría avisarla para que los guerreros los atrapen. Pero tenía pocas esperanzas de hallar un papel en blanco dentro de una vieja biblioteca sin tener que arrancar alguna página o rasgar algún pergamino.
Acostumbraba a tener un rostro afable, despreocupado, y muy a menudo sonriente, pero esta era la primera vez que no había ni pizca de ello en su rostro. Ahora no era el noble paladín que era habitualmente. Parecía otra persona.
-¿Tú no hablar dracónido?- El goblin le dio unos toquecitos de codo a la pierna de Celebraug.
-Si tener tiempo para poner esa cara de caballo mejor decirnos que poner en diario. El tipo ese no despertará en un buen rato.
En cierto momento pare en seco de inspeccionar los libros de aquella estantería, de hecho, tenía uno a punto de sacar y lo que hice fue devolverlo a su posición normal, para luego asomarme, por un lado y fijar mi mirada en el primero de los sectarios que se rindió. Mis intenciones o pensamientos respecto a su amenaza resultaban imposibles de adivinar por la nula expresión habitual, pero ni por un segundo aparte la vista de aquel hombre, ni siquiera cuando los demás le dijeron que podían marcharse, durante todo el recorrido le perseguí con los ojos. Incluso durante su aviso antes de marcharse solo le observaba en silencio, hasta que su figura no se perdió en la oscuridad del pasillo no perdí el foco. Y en cuanto lo hice fui a subirme las gafas con un toque de dedo, dejando el puente de estas donde había tocado con escarcha de una leve congelación.
Entonces camine hacia Desdemona mirando por encima de su hombro, extremadamente cerca, el libro que le entrego- En menos de un año el maestro y yo tendremos estudiado hasta el último de los libros que se guardan aquí -respondí a Lyssie sin entender el punto humorístico en su frase y sin dejar de mirar el que debía ser más relevante para nuestros enemigos- Tratan de activar los portales para invadirnos desde dentro –anuncie al grupo refiriéndome a Balashar y el Culto del Dragón.
Algo sorprendida cogio el diario que está le tendía, fiandose bien poco de su tono, pues no sabía si se mofaba de ella o no, de todas formas no iba ha seguirle el juego, estaba cansada. Suspiro y miro a Nozko y luego al elfo -tiene razón, tu eres el que sabe draconido, podrías traducirlo- no estaba segura de que hubiese mucho de interes, todos sabían ya bastante de esa historia y ver el punto de vista de un bando....
Athelia pareció sinceramente sorprendida y confundida cuando se comentó que el diario estaba en dracónido. Aquello no encajaba con lo que ella había esperado. Viendo que nadie hacía sangre de su error prefirió hacer un discreto mutis y dedicarse a vigilar a un bien atado de pies y manos Vor-Darf para avisar a los demás de cuando se despertara. Tras pensarlo un poco añadió una mordaza y una venda en los ojos al prisionero. No estaba muy segura de como funcionaba la magia, pero era probable que necesitara ver y solían necesitar decir palabras raras para hacer sus trucos mágicos.
No creyó que Albedo dispusiera de un año para revisar aquella biblioteca, no entendiendo que se trataba de un intento de broma del hechicero, pero tampoco dijo nada. Ya había metido suficiente la pata con el tema del diario. Mejor quedarse calladita.
Vigilo a Vor-Darf hasta que despierte, no vaya a tener ideas "ingeniosas" cuando despierte si nadie le está prestando atención ^^
—¿Eh? Ah, sí, vale.
Sigo la indicación de Athelia, pero justo cuando estoy por darle el sablazo, los oigo rendirse y me detengo abruptamente.
La situación se calma y todos huyen, para bien o para mal, y mientras todos se ponen a ojear el contenido de la biblioteca, yo me quedo frente al cuerpo del sectario que acabo de asesinar.
—Espero que de verdad fueran malos estos tipos —pienso en voz alta— y no estuvieran siendo manipulados. Pero incluso aún así no me siento cómoda con esto.
Por más que intente convencerme que fue en defensa propia, no consigo quedarme tranquila. Si me hubiera demorado un segundo o dos en saltarle encima, quizás no hubiera tenido que matarlo porque se rendirían antes. ¿O lo hicieron porque tuvieron demasiadas bajas, contando esa? ¿Fue realmente necesario ensartarlo después de dejarlo sin sentido? Bueno, no sé si lo estaba, se seguía moviendo.
—Busquen ustedes, yo no entiendo nada de esas lecturas complicadas —digo, sentándome en la escalera.
El semielfo escuchó las palabras del trasgo con un gesto de extrañeza en el rostro, pero inmediatamente recobró su gesto habitual tomando el diario en sus manos cuando desdémona se lo pasó.
Abrió el libro y comenzó leyéndolo para si mismo obviando lo que pudiera ser morralla o datos menos interesantes para el tema que atañaba y leyendo en voz alta las partes más importantes o cruciales. Lo cual le llevaría un buen rato pues un diario no se leía en unos minutos, posiblemente ni lo hubiera acabado cuando se despertara el líder de los sectarios. Lo que si leyó inicialmente era su índice, presentación o introducción de tenerla antes de leer para si mismo la parte aburrida.
Celebraug no tardó en traducir y narrar en voz alta lo que estaba escrito. Todo lo que encontró resultaba fascinante. El diario había sido escrito por distintos combatientes dracónidos cuando uno de sus camaradas se veía impedido por las heridas para dejar constancia de lo que ocurrió durante la guerra con Bael Turath.
Los aventureros del Gremio imaginaron la escena bélica mientras hacían otras tareas, como inspeccionar los otros libros de la sala, hasta que notaron como lo que les rodeaba se desmaterializaba como el humo cuando interactuaban con él.
Sus mentes fueron catapultadas a otra dimensión, recorriendo cada uno de ellos su propio agujero de gusano, a un destino desconocido. Después de lo que debieron ser cientos de kilómetros en cuestión de segundos, solo se escuchaban una voz lejana, la de Nokzo diciendo: "¡No te pares! ¿Qué más pon-?" Pero fue imposible responder, el túnel se terminó y al fin...
El grupo despertó.
Contemplabais el interior del techo de vuestra tienda de campaña, mientras de fondo se seguían escuchando los cánticos profanos de los tieflings, un grupo llamado los Visionarios, adoradores de una entidad procedente de una dimensión lejana y desconocida, más antigua que cualquiera de los dioses. Sus rituales no solo envenenaban la tierra, también distorsionaban el tiempo, haciendo que el día y la noche fueran indistinguibles: un cielo rojizo, con el sol y la luna siempre visibles.
Puede que aquellos extraños sueños solo fuera a causa del agotamiento, pero os incorporasteis para comprobar vuestro cuerpo, empezando por vuestras escamosas manos de cuatro dedos y pasando luego estas por vuestra alargada cara reptiliana, carente del ridículo pelo que los humanoides mamíferos solían tener.
Una fuerte explosión y gritos os devolvió a la realidad (a esa realidad) y el grupo de héroes dracónidos salió a comprobar lo que ocurría. Barios dracónidos estaban entregando lanzas, espadas y escudos según avanzaba la cola de combatientes para armarlos a la próxima batalla.
-¿A que estáis esperando? ¡Ya dormiremos todos cuando estemos muertos! ¡Formad filas! -Os gritó vuestro superior al pasar con paso enérgico delante de vosotros.
FINAL DEL CAPÍTULO