Si, efecto del conjuro: off.
Siguiendo las instrucciones de los héroes, se ocultó entre los matorrales, no sin antes quejarse por haber caido tan bajo como sumo sacerdote y consejero, viéndose ahora obligado a esconderse.
El grupo siguió corriendo, conocían mejor que nadie el palacio. Más de una ocasión fueron invitados a las caras fiestas y para ser homenajeados por sus hazañas, codeándose así con la monarquía, nobles, artistas y hombres de negocios influyentes. Ahora visitaban palacio por un motivo totalmente distinto y aquellos con los que se cruzaban eran invitados no deseados.
Mientras corrían vieron de pasada a un pequeño grupo de la guardia real sujetando la puerta que conducía a las mazmorras. Balashar había escapado por ahí y por el mismo sitio se habían infiltrado los tieflings. Vuestro impulso fue deteneros a socorrer a los héroes anónimos, pero os hicieron un gesto para que siguierais corriendo, sabiendo que solo estaban ganando algo de tiempo para que otros pudieran salvar al rey y los hijos de Arkhosia.
Tras eliminar un pasillo de enemigos con acero y hechizos, al fin se llegó al destino. El alma se os cayó a los pies al contemplar el cuerpo destrozado del monarca y el infanticidio de cachorros de dragón. El dragón de oro había dado la vida por proteger a las crías, pero sin demasiado éxito. Aunque los consideraba sus hijos, la verdad era que no compartían lazos de sangre y eran crías de distintas especies a las que se pretendía instruir en el palacio, convencidos de su potencial.

Solo una de las crías de escamas metalizadas había sobrevivido hasta el momento, corriendo por su vida y dando salto entre dimensiones que duraban un destello, lo justo para retrasar la misión de los kruthik. Para el ojo inexperto cualquiera diría que tenia buenos reflejos, pero reaccionaba mucho antes, como si tuviera poderes de premonición.
Sentado en un trono que no estaba pensado para un dracónido se encontraba Balashar, con el mismo rostro deformado de vuestras pesadillas, pero sus heridas aquí eran recientes. Al igual que en la visión, hacia bailar entre sus dedos una moneda de oro y plata, que ahora comprendíais que se trataba de la Moneda de Io.
Parecía aburrido con el espectáculo, pero su mirada cambió y recobró su chispa en cuando el grupo puso el primer pie en la sala del trono.
-¡Los Elegidos de Bahamut, nada menos, señores! -Exclamo, con un odio en la voz que no pudo ni se molestó en disimular.
-Gracias por acudir al último acto de la función. Tomad asientos en primera fila y contemplad como lo perdéis... TODO.
Con mala suerte, había llegado más magullado que los demás hasta el sacerdote; apenas pudo repone algo el aliento con algún hechizo de curación, ya era momento de volver a partir a toda prisa para tratar de salvar al monarca. Sintió la tentación de apoyar a los dracónidos que bloqueaban la puerta de entrada para el resto de tieflings, pero por sus gestos sabía que sería héroes anónimos ya que se estaban sacrificando para comprarles tiempo a ellos. Aún así, eran guardias con los que había interactuado en algún momento, y aunque fuera vagamente conocía sus nombres.
"Ellos también tienen derecho a ser recordados, aunque sea grabaré sus nombres con mi propia sangre donde caiga moribundo; y si salgo vivo escribiré una oda sobre ellos".
Tal como estaba, pensaba más en la primera opción que en la segunda, pero aún no era momento de dar su último suspiro, aún tenía cosas que hacer, entre ellas lo dicho por el sacerdote.
Sus ojos se desentornaron de sus órbitas por el horror que estaba presenciando, había visto lo peor de la guerra, pero ¿atacar a los pequeños y matar al rey? esa era la mayor barbarie que había visto cometer a un ser no demoníaco, y para colmo era alguien que había conocido. Siempre trató de ser bueno con Balashar, no tenía la misma fuerza que los otros para ayudarlo, aunque seguía tratando de animarlo cuando las circunstancias se lo permitían; y en el fondo, secretamente envidiaba la inteligencia y carisma que tenía y que lo había llevado a tener la confianza del rey, pero todo se había torcido de sobremanera. Ya no lo reconocía como un hermano de nidada tras saber que él era la mente tras todo esto. Estaba decidido a hacer cuanto pudiera por eliminarlo pues por primera vez, todo lo malo dentro de krakanrok salió al invocar una nueva arma, una espada reflejo de todos su sentimientos, de todos el pesar y tormento que habría tratado de aliviar del espíritu de sus hermanos y aliados en sus horas bajas con sus canciones música y buen humor. Hoy era el día que la vasija dentro de su alma que guardaba todo eso se rompió dando forma a una espada invocada totalmente negra con ansias de devorar más de esos sentimientos, y lo haría con la sangre de aquel al que alguna vez envidió en secreto y que anhelaba que abriera un camino de luz a pesar de su adoración a la parte más oscura de tiamat.
24 Puntos de golpe tenía el pj. Si no está muerto tengo el hechizo de curar.
PD: Lamento la tardanza en postear.


La muerte de los pequeños dragones hizo que la rabia de Agrexi casi se derramara. Sólo la presencia de aquel pequeño dragón premonitorio que necesitaba de su protección para sobrevivir logró evitar que las compuertas creadas con su entrenamiento monástico terminaran de romperse y dejaran paso a una rabia ciega. Sin pensarlo corrió a interponerse entre el pequeño dragón que se teletransportaba y sus enemigos. Daría su vida si eso lograba evitar la muerte del pequeño.
- Aún no lo has entendido Balashar. El que lo ha perdido todo eres tú. Nada se gana de los pactos infernales. Todo es una ilusión temporal. – le explicó adquiriendo su posición de defensa.
No había opción a ofrecerle a Balashar una rendición, no había piedad posible para él. No debió haberla la primera vez que lo capturaron y lo encerraron, ni siquiera a pesar de su utilidad para obtener información. No, ahora estaba claro. Sólo podían acabar con Balashar para terminar con aquella pesadilla, para reconstruir la sociedad sobre las cenizas que había dejado el Blasfemo a su paso.
La cría de dragón saltó a los brazos de Agrexi, buscando consuelo y protección. El primer kruthik que se acercó recibió una patada circular baja como acto reflejo, que la mató al momento. Lo temible de esos monstruos había sido el factor sorpresa y su número, por separado no eran un peligro para el grupo.
Ahora que la cría estaba arropada en la seguridad del abrazo de la monje, pudo identificar la especie. Sus escamas eran casi plateadas, con un ligero tono de gris. Se trataba de una cría de mithril.
-Puede que tengas razón en eso último, pero para mi fue un buen trato. -Se levantó del asiento y dio un par de pasos. Ahora que la luz se proyectaba sobre él y deformaba su imagen, el grupo se dio cuenta que había activado una especie de conjuro de escudo, ovalado y translúcido de distintos colores que se desplazaba con él.
-El paso del tiempo a dejado de tener importancia para mi ¡Cuando despierte Arkhosia será un montón de ruinas y de vosotros no quedará ni el polvo de los huesos! -Esta vez el escudo translúcido pasó a convertirse finalmente en un huevo de colores cromáticos, un cascarón que lo protegía y completaría su gestación a exarca de Tiamat.
Agrexi sintió como la cría se apretaba contra su pecho y se agarraba con sus patas delanteras, como cualquier bebé recién nacido. Su acto desesperado fue un aviso a lo que estaba por llegar.
Un nuevo ataque de la entidad cósmica impactó contra los cimientos de la ciudad, como último regalo antes de desaparecer del todo y devolver el cielo a la normalidad.
El grupo notó su cuerpo más liviano. Estaban sufriendo una caída libre de cientos de kilómetros junto con el palacio y muy posiblemente de la ciudad entera. El huevo cromático desapareció a otra dimensión, abandonando a los héroes a su suerte. Aquel no era el brillante destino que la Lectora de Cáscaras profecito para el grupo. La oscuridad os engullo y al final...
...el grupo despertó.
-Final del capítulo-