Partida Rol por web

Y no quedó ninguno: Diez Negritos

7A. Descubriendo La Isla del Negro

Cargando editor
11/04/2011, 18:18
Director

Cuando un grupo de invitados deciden explorar la Isla en busca de una forma de salir de ella.

Cargando editor
11/04/2011, 18:21
Director

El grupo de invitados salió del salón, todos apesadumbrados y confusos. Myst, Charles Hawthorne y Scarlett Sommers decidieron partir hacia la puerta principal, como habían comentado poco antes. En el exterior, trataban de ponerse de acuerdo sobre por dónde ir, cuando al cabo de un rato se les unió Stephen Bartok, aduciendo que no deseaba estar a solas.

El grupo de cuatro invitados se encontraba a la puerta. Lloviznaba ligeramente. Había algunos paraguas en el porche de la casa, abiertos, secando. Posiblemente los habían dejado allí los criados. Otros paraguas se encontraban en un paraguero próximo a la puerta de entrada.

Según se salía se veía el camino que conducía hacia el embarcadero, el sendero utilizado para acercarse hasta la casa que habíais utilizado aquella mañana. No había más senderos a la vista, aunque el jardín estaba bien cuidado, por lo que se podía pasear por él sin mayor dificultad. No obstante, había un poco de barro, fruto de la llovizna.

Saliendo de la casa, a la derecha, podía verse un kiosko de música, y en torno a él algunos bancos de piedra.

A la izquierda se veía una espesa arboleda.

Todo el terreno finalizaba en una escarpada ladera que conducía, varios metros más abajo, al agitado mar.

Hacía un poco de frío, y aunque no había niebla, el día no era muy claro.

 

Cargando editor
11/04/2011, 21:42
Scarlett Sommers

 La mujer de mundo no sabia muy bien que hacer. Había decidido irse de allí inmediatamente, sin embargo, al salir de aquella angustiosa casa ya no se sentía tan decidida. 

No era de la clase de personas que se deja amilanar fácilmente, pero la muerte durante la comida tampoco la había dejado indiferente. Se tomo un poco de tiempo en recomponerse mientras miraba a todos lados, sin ver nada. 

El repiqueteo de la lluvia sobre el porche de la mansión, la devolvió paulatinamente a la realidad. 

Bien, señores, y señorita. No perdamos mas tiempo. Sabemos que en el muelle no hay nada de interés, aunque si no encontramos alternativas, no me importaría volver a revisarlo. Sea como sea, no dejen de buscar, por absurda que les parezca la opción, nunca se sabe cuando la suerte se manifiesta para uno. 

Sin mas cogió un paraguas, uno de los que no estaban usados. Pensando que mejor seria no molestar a nadie llevándose ninguna pertenecía ajena. Pero el resto de los paraguas, parecían estar allí con el único motivo de servir de ayuda. Y no pensaba desaprobecharlo. 

Se alejo unos pasos, dejando la que la lluvia la mojara escuetamente, para abrir el artilugio y guarecerse bajo el. 

No era una mujer que se dejara llevar por las supercherías, pero ese fin de semana, no era algo normal. Y no quería tentar, ni al destino, ni a la suerte, ni a los mismísimos infiernos. 

Sus pies decidieron por ella, hacia el pequeño kiosko de música, que sin duda, no iba a ser utilizado por ninguno de los presentes. 

Cargando editor
12/04/2011, 18:57
Charles Hawthorne

Vi que la señorita Sommers se encaminaba decidida hacia el kiosko de música, sin esperar a nadie y sin preguntarnos qué íbamos a hacer. Decidí proponer un plan mientras ella se alejaba:

Señor Bartok, señorita Myst, ¿qué les parece si nos separamos en parejas? Creo que sería más seguro y abarcaríamos más terreno. Ustedes dos podrían ir por un lado, y yo acompañaré a la señorita Sommers... a menos que ustedes tengan otra sugerencia, por supuesto. Sea como sea, creo que vamos a necesitar esto. Me acerqué a los paraguas y tomé uno para cada uno. Le di un paraguas a Stephen Bartok, otro a la señorita Myst, y yo me quedé con el último. ¿Y bien? ¿Qué opinan?

Cargando editor
12/04/2011, 21:49
Myst

Al salir al aire fresco mis nervios se templaron un poco, pero seguía dándole vueltas a lo sucedido en el comedor. La muerte no era un tema que me turbase, ya la había presenciado con anterioridad cuando mi maestra dejo este mundo. Y en otras ocasiones, como cuando el forzudo Robert murió de un infarto en mitad de una actuación, o cuando aquel muchacho se acerco demasiado a los leones del viejo Mathews. Pero ya fuese por la causa de la muerte, o por el hecho de que fuese entre un grupo de desconocidos, aquella muerte me había inquietado de verdad.

Tome con la mano todo lo firme que pude el paraguas ofrecido por el anciano cura. Me parece una idea excelente. De esta forma podremos cubrir más terreno y acabar más rápidamente, pues el día parece que también se encuentra de luto le respondo calmada, si bien en realidad no deseaba que nos separásemos, cosa que me sorprendió totalmente. Parecía una muchacha asustada tranquila Isabel, has pasado por situaciones peores. Tranquila, saldrás adelante.

Cargando editor
12/04/2011, 23:29
Stephen Bartok

Bueno, seguramente 4 pares de ojos verían mas que dos, pero si tiene prisa por acabar cuanto antes no le culpo, puedo entenderlo, este lugar se vuelve mas tétrico que el castillo de Macbeth  dijo al cura tomando el paraguas que les ofrecía. Pero sin el consuelo de que sea una ficción.

"¿El cura busca la compañía de esa mujer? Esto si que es raro" pensó Bartok para si mismo

Se abrochó la chaqueta y subió las solapas todo lo que pudo y ajusto el sombrero antes de desplegar el paraguas y avanzar un paso hacia la cortina de agua que caía desde el alero del tejado que conformaba el porche donde se encontraban ahora mismo.

Una tarde preciosa para pasear, no la desperdiciemos. -dijo con evidente sarcasmo sin dirigirse a nadie en particular

Cargando editor
14/04/2011, 16:02
Charles Hawthorne

Muy bien. Pues vamos allá entonces. Tengan mucho cuidado, por favor.

Me di la vuelta y eché a andar tras la señorita Sommers, que ya nos había dejado a todos atras. Abrí el paraguas y salí al camino, bajo la lluvia, mientras agarraba el crucifijo que colgaba de mi cuello con la mano libre y rezaba una oración. Señor, vela nosotros. Te ruego que ayudes a tus pobres siervos en esta noche manchada por la tragedia. Señor, os lo suplico. Sé que todos los que estamos aquí hemos cometido acciones despreciables, pero te pido que en tu infinita misericordia nos concedas tu perdón y nos brindes una segunda oportunidad para enmendar nuestros errores. Sé que todos podemos mejorar, y sé que Tú lo sabes. Por favor, Señor, por favor...

Mientras rezaba a Dios para que nos enviase la salvación, alcanzaba a la señorita Sommers, que parecía no percatarse de mi presencia.

Señorita Sommers, espere. No es conveniente que ninguno andemos solos después de tantos extraños sucesos. Yo iré con usted. El señor Bartok y la señorita Myst buscarán por otro camino.

Cargando editor
16/04/2011, 00:02
Director

Notas de juego

Como os separáis, os voy a dividir en 2 escenas, ya que no podéis marcar a los destinatarios apropiados al ser partida secreta.