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El precio de la milla

Legión penal 22º de Penitencia "Despojos de Burke"

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15/11/2016, 20:16
El Dios Emperador de la Humanidad
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Arthur "Perroloco" McKnife

Especialista en armas. 

Pipeboy

Pardillo de McKnife, gafe. 

Lazerus

Especialista en armas.

Barak

Pardillo de Lazerus, callado.

Cadete Mitchells

"Sargento", pastor de escoria. 

Notas de juego

La escena más inútil de todos los tiempos, ya que de momento solo hay un penal pj, pero oye, para futuros, o que se me ocurran pnjs, aquí queda. 

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16/11/2016, 00:15
Comisaria Amanda Burke
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La vida de los reclusos de Penitencia, si aquello se podía llamar vida, no era precisamente fácil. Buena parte del planeta estaba ocupado por los presos, tanto fue así que al final se optó por "encerrar" a los ciudadanos libres para ahorrar costes. Ciudades colmena blindadas y aisladas del resto del planeta, donde se encontraban los únicos espaciopuertos... Y baterías orbitales que derribaban a cualquier nave entrante o saliente que no tuviera los códigos de autorización adecuados... O que no fuera lo bastante rápida a la hora de comunicarlos a las autoridades.

Mientras que dentro de las colmenas se produce una vida relativamente normal para un ciudadano imperial, fuera de ellas la cosa es distinta. La única autoridad es la de las patrullas y puestos avanzados de las autoridades penales y Fuerzas de Defensa Planetarias, el resto es todo caos, gobernado por la ley del más fuerte. Por supuesto, las patrullas son eficientes, y el planeta cuenta con suficientes servocráneos para asegurarse de que no se produzcan sucesos blasfemos (a pesar de que los adoradores de los Poderes Ruinosos no llegan a pisar este mundo, son ejecutados antes de todo eso). Sin embargo, el asesinato, agresiones, violaciones y demás actos que los presos se realicen entre ellos no suele ser de la preocupación de las autoridades, convirtiendo el lugar en caldo de cultivo para las pandillas y las reyertas, a pequeña o gran escala. 

Cualquier rastro de violencia, sin embargo, debe cesar en presencia de las patrullas. De no ser así, los afortunados morirán rápidamente, los menos afortunados, recibirán una paliza por parte de los arbites hasta que no le quede un solo hueso sano en el cuerpo, y serán arrojados de nuevo al estercolero en el que viven, para morir lentamente. Las patrullas y puestos avanzados abastecen de repugnante comida reciclada y ropajes de baja calidad, así como algunos utensilios, a los reclusos de manera regular y con una eficiencia automática e impersonal. 

De vez en cuando, las patrullas "reclutan voluntarios" a unos cuantos para alguno de los campos de trabajo del planeta, quedando dedicados a picar en minas o el cultivo, a salvo del infierno del exterior, aunque trabajando en condiciones de esclavitud hasta que acabe su pena (lo que, tratándose de cadenas perpetuas, suele implicar toda una vida corta y miserable).

De manera menos habitual, sin embargo, se produce otro tipo de reclutamiento. Cuando se considera que la población de presos es demasiado elevada, las Fuerzas de Defensa Planetaria, y un contingente desproporcionado de arbites, salen de alguna de las colmenas, si no de todas, y comienza la caza. Lo primero que se oye son las botas machacando el suelo, a ritmo disciplinado, seguidas del sonido de las porras de energía golpeando rítmicamente los escudos antidisturbios. Huir pocas veces vale de algo, más allá de acabar siendo conducido al punto de reunión final. 

Allí, los cientos, si no miles, de desgraciados que han sido atrapados son examinados como el ganado. Se busca a los más fuertes, luchadores y sanos, que reciben la "oportunidad" de purgar sus pecados sirviendo en una legión penal. Ni que decir tiene que esa "oportunidad" es de obligado cumplimiento, y en ese mismo momento, se procede a implantarles el collar explosivo que ya no se quitarán jamás, y son llevados en grandes camiones a algún campo de entrenamiento de la FDP, donde son adiestrados brevemente antes de ser embarcados. 

Eso es, básicamente, lo que os pasó a vosotros. Embarcados, conocisteis a la que, a partir de aquel momento, era vuestra jefa. La comisaria Amanda Burke. Una mujer fría y despiadada, que no dudaba en hablaros en vuestro propio idioma, lleno de insultos, palabras malsonantes y amenazas. Varios fueron sentenciados a latigazos, cuando no ejecutados, por realizar insinuaciones a la mujer o simplemente lanzar miradas desafiantes. Junto a ella, un grupo relativamente nutrido de cadetes comisarios, recibiendo cada uno varios hombres, que quedaban a su cargo, como una especie de sargentos (aunque la comisaria se refirió a ellos como "pastores de la escoria"). 

Y, al final, habéis acabado aquí. El hecho de estar de barro y mierda hasta las rodillas os recuerda a la que era vuestra "casa", y aunque de momento el enemigo no ha movido ficha en la semana que lleváis aquí, os han llegado rumores e historias de los nativos que llevan ya tiempo inmersos en el conflicto, que por supuesto los cadetes se han ocupado maliciosamente de extender, para que seáis plenamente conscientes de la penitencia que os espera por vuestros pecados y quebrantos a la ley. Parece ser que la trinchera es una picadora de carne, que consume sin piedad soldados a puñados, y que nunca está saciada. Sin duda, con vuestra posición privilegiada de primera línea, tendréis oportunidad de comprobarlo.