Fecha actual: del 1 al 7 de Septiembre de 1815
| Fecha | Momento | Lugar | PC/NPC implicados | Puntos importantes | Link |
|---|---|---|---|---|---|
| Mediados de Agosto | Londres | Audrey y Benedict Jones Mary Bennet |
Mary acude al circo con su amiga Audrey y conoce a su hermano mayor. | L | |
| Ultima semana de Agosto | Consulta del dr. Thorne | Doctor Thorne Mar Bennet |
El doctor le presta el libro de la Osteographia de Cheselden. | L | |
| 1-09 | Mediodía | Longbourn | Mary Bennet Doctor Thorne |
El doctor le hace de mentor. Mary se abre con Elias, comparte pensamientos y le enseña sus dibujos. | L |
| 2-09 | Mañana | Camino Iglesia | Mary Bennet Padre Collins |
Primer encuentro sin saber quién es el otro. | L |
| 2-09 | Mediodía | Groombridge | Judith Braqueville Doctor Thorne Effie Braqueville Varios PNjs |
Intento de suicidio de Gytha | L |
| 2-09 | Noche | Taberna | Padre Collins Doctor Thorne |
L | |
| 3-09 | Mañana | Iglesia | Padre Collins Judith Braqueville Effie Braqueville Obadiah Barnaby |
Conociendo al padre | L |
| 3-09 | Mediodía | Camino | Hermanas Bennet | Cotilleos | L |
| 3-09 | Mediodía | Camino y Longbourn |
Jane, Lizzie, Mary Bennet Padre Collins Mr. y Mrs. Collins |
Herencia | L |
| 3-09 | Tarde | Casa de los Bennet | Collins y Mary | Primera charla a solas | L |
| 3-09 | Noche | Taberna | Effie Briqueville Lizzie Bennet George Wickam |
Conociéndose | L |
| 3-09 | Noche | Casa de los Bennet | Collins y Mary | Encuentro nocturno en la cocina | L |
| 3-09 | Noche | Entrada Casa de los Bennet | Lizzie Bennet George Wickam Padre Collins |
||
| 4-09 | Media tarde | Netherfield | Charles Bingley Caroline Bingley Fitzwilly Darcy Judith Braqueville Obadiah Barnaby Varios PNJs |
Conociendo a los Bingleys | L |
| 4-09 | Noche | Netherfield | Lizzie Bennet Charles Bingley |
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| 5-09 | Tarde | Groombridge | Judith Braqueville Doctor Thorne |
Confesión | L |
| 6-09 | Mañana | Consulta del dr. Thorne | Elías, Mary | Mary cuenta a Elías su compromiso con Collins | L |
| 6-09 | Tarde-Noche | Netherfield | Judith Braqueville Caroline Bingley |
Paseo | L |
| 7-09 | Mañana | Londres | Padre Collins Audrey Jones |
L | |
| 7-09 | Tarde | Londres | Padre Collins Judith Braqueville |
L |
Fecha actual: del 8 al 14 de Septiembre de 1815
| Fecha | Momento | Lugar | PC/NPC implicados | Puntos importantes | Link | ||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 8-09 | Mañana |
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Collins y Mary | Paseo con Vendaval y Collins | L | ||
| 10-09 | Meryton | Lizzie Bennet Fitzwilliam Darcy |
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| 14-09 | Effie, Lizzie, Jane, Mary | Búsqueda de Ghita, sirvienta de la marquesa Briqueville | L |
Elena Robledo Vázquez
Esta es la historia de una perdedora, porque así es como ella misma se considera.
Su madre la abandonó en un contenedor de basura recién nacida y fue un milagro que no muriese a causa del invernal frío. Nacida un 24 de diciembre, su peor regalo de navidad fue seguir viviendo, pues a partir de ese momento, pasó de casa de acogida en casa de acogida, siendo castigada y atosigada por hombres y mujeres que únicamente buscaban los beneficios económicos que la acompañaban, a cambio de cuidar de ella.
Ha tenido cientos de hermanos y hermanas, y muchos de ellos dejaron su huella, pero todos terminaron por desaparecer, todos y cada uno de ellos, acabaron por disiparse como la niebla.
En su última casa de acogida, su “padre” se dedicaba a violar a todas sus hijas y ella no fue la excepción. No tardó en comprender el verdadero significado de la traición y el horror, para ella y sus hermanas. Pero Enola no es alguien que se conforme con lo que ve; ella actúa. Y una noche, agarró un cuchillo y se lo clavó en pleno costado. Mientras aquel hombre se ahogaba en su propia sangre, ella sonreía, satisfecha y para nada arrepentida de lo que acababa de hacer. Pero era más que todo eso. Su propia madre de acogida sabía bien lo que hacía, por lo que era tan responsable como él. Cuando ella vio lo que había hecho, pues escuchó los gritos desesperados de aquel depravado y se levantó de la cama a mirar qué era, lo único que le dijo fue:
-Ahora sí que lo has hecho, chica.
Elena no se calló.
-Usted lo sabía. Lo supo todo el tiempo. Sabía lo que hacía y no le importaba. No me importa ir a la cárcel, pero usted vendrá conmigo.
Mientras, su padre se removía, dolorido, y la miraba con furia, como si hubiera sido ella la culpable de todo.
-Está loca. Me ha atacado. Tienen que encerrarla.
Ahora nadie la creería, así que hizo lo único que podía hacer. Huir.
Escapó de aquella casa y se perdió entre las calles. Aprendió a vivir en ellas, a alimentarse de los restos que tiraban los restaurantes a la basura, auténticos festines, a robar más deprisa de lo que se daban cuenta, a conseguir dinero y valerse por sí misma.
Enola tomó la decisión de no necesitar a nadie, así como no permitir que ningún hombre volviese a tocarla jamás. Nunca otro hombre podría poner una sola mano encima de su piel y en cuanto alguien lo hace, le retuerce la mano o le propia una buena patada en sus partes para nada nobles, dejando clara su postura.
Enola es una inadaptada, o mejor, una adaptada a la inadaptación, a vivir de los restos y conseguir lo que quiere de todos aquellos que piensan que sus vidas son perfectas, algo a lo que ella no tendrá jamás acceso. Desprecia a quienes se creen con derecho de dictar normas que solo les protegen a ellos, mientras dejan que el resto, gente como ella, se pudran por las calles.
Pero prefiere mil veces esa libertad que tener que responder a un buen puñado de leyes.
Es inconformista, rebelde y bocazas, y lleva mal la autoridad, como es de esperar.
En busca y captura desde que escapase de la casa de acogida, sabe que ahora que la han atrapado, tendrá que pagar. Su madre de acogida seguiría permitiendo que sus "hijas" fuesen forzadas y ella, mientras tanto, continuaría sin que nadie la creyese. Todo el mundo pensaría que estaba loca, era una ladrona, una criminal, y que no tenía ninguna salvación posible.
El ambiente en aquel grupo estaba resultando bastante animado. Aunque la reacción de Rose ante la pregunta de Lucy, la buenorra, y mi comentario, sobre las casas me hizo sentir mal. No la conocía como para entender los motivos que la habían llevado a estar en ella, pero no me parecía comparable a mi caso.
-Bueno, si estás con ZB, significa que acabas de elevar su puntaje más de lo que ellas piensan -le dije, guiñándole un ojo.
Afortunadamente, las bromas siguieron a aquel momento ligeramente incómodo y la reacción de Etienne fue acorde a ello, preparándose para ser arrastrado hacia el agua.
Negué con la cabeza.
-Nop. Lo siento mucho, pero la idea que acaba de pasar por tu cabeza no se ajusta al nombre. A las holoturias se las llama pepinos de mar porque son alargados, pero prácticamente se arrastran por los fondos marinos. Son del grupo de las estrellas y los erizos de mar. Así que si buscas pepinos... tendrás que hacerlo en otra parte -dije, sacándole la lengua.
Etienne le da otro trago a su cerveza y avisa de alguien, mirando a Nora.
El hambre se había transformado en urgencia y la urgencia, en un fuego abrasador que amenazaba con hacer arder a las dos chicas, que se besaban como si no hubiese un mañana.
-Para mí no existe un luego. Solo el aquí y el ahora -le había dicho Freya, antes de volver a besarla.
Sus manos recorrían el cuerpo de Kyo con ansiedad, sin dejar de caminar para llegar a alguna parte que les pareciese lo suficientemente privada como para continuar sus actividades.
Ninguno daba la sensación de ajustarse a ello y Freya sentía que con cada paso, sus piernas se volvían más inseguras y la humedad se acumulaba en su sexo como un
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Tiraba de ella como si la impaciencia la hubiese embriagado. Recorría salas haciendo pequeñas pausas en las que buscaba una nueva oleada de besos. La aferraba como si no quisiera dejarla escapar, buscando excitar a Freya con todo tipo de caricias mientras sentía como su bañador empezaba a sentirse algo húmedo.
Estaba acalorada, ¿acaso aquella mansión era el infierno o era la pasión de la DJ la que la hacía sentirse como si estuvieran en una sauna?
La marcha se reanudaba y para su frustración ningún lugar parecía agradar a la asiática, la cual desistió al descender al sótano y encontrar un almacén tras una puerta en la sala de juegos. Cerca de la mesa de billar.
- Aquí.- La susurró entre besos casi tropezando con la mesa de billar, disculpándose con gesto divertida si en su pasión baile por la sala tropezaban con alguien que estuviese dando uso a la sala.
Abrió la puerta y de un empujón metió a Freya en su interior. Se adentró con paso decidido y cerró tras de sí la puerta de un portazo.
Su mirada era depredadora. Tenía el pelo enmarañado en un estilo que distaba mucho de los elegantes peinados que solía llevar. El paleo lo había perdido en algún punto de la mansión, ya lo buscaría luego.
- De aquí no te escapas.
Su mirada era de auténtica lujuria. Con paso decidido recorrió la distancia que había entre las dos y se arrojó contra ella amagando con derribarla.
La llama estaba incandescente e iba a costar un tiempo y buena dedicación sofocarla.