Partida Rol por web

Orgullo y prejuicio... y vampiros

LOCALIZACIONES: Mr. Fogg's Tavern

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02/01/2026, 19:18
George Wickam

JUEVES 7 DE SEPTIEMBRE


Lo que debía ocurrir entre Elizabeth Bennet y yo iba mucho más allá de lo obvio para cualquier humano o demonio, pero era evidente lo que debía estar pasando por la mente del señor Collins en ese instante. En parte, que su pensamiento se detuviera sobre un acto tan vulgar como una violación, podía llegar a parecerme insultante, pues me rebajaba al mismo nivel que tantos otros humanos de baja calaña, que se dejaban llevar por sus bajos instintos y forzaban las voluntades para satisfacer una necesidad tan básica como momentánea.

Eso nada tenía que ver con lo que yo perseguía, pues en la caza hallaba el máximo placer, como cualquiera que viajase al continente negro en busca de una codiciada pieza. No era lograr abatir a la criatura, ni tan siquiera exponer sus restos en las paredes, sino la carrera por conseguirla, lo que hacía que la aventura mereciese la pena.

La caza no era vulgar, sino emocionante y enriquecedora.

Mientras Collins hablaba, sopesaba mis reacciones. Podía irritarme y dejarme llevar por aquella indignación, o simplemente permitir que pensara lo que su simple mente tenía asumido y manipularle para mis propios intereses.

Obviamente, la existencia me había otorgado suficiente dosis de paciencia como para seguir aquella última opción.

-Le aseguro que así será -le dije, refiriéndome a su comentario acerca de que todo quedaría entre Elizabeth y yo... e incluso más en mí, pues ya me encargaría de que ella no recordase el encuentro.

No me cabía duda de que Collins se encargaría como correspondía de los bienes de los Bennet, pero ese era un tema que a mí no me incumbía. De hecho, para él constituía su principal motivación, y eso me permitía lograr mis propósitos con mayor facilidad.

Cuando repliqué solicitando el encuentro antes que la resolución del patriarca de los Bennet, casi pude ver los engranajes de su mente moviéndose, analizando todas las aristas posibles. ¿Podía confiar en mí para cumplir la parte del trato que me correspondía? Seguramente se estaría preguntando qué podría hacer yo en su contra; ¿chantaje, tal vez? ¿Iría a las autoridades con semejante historia, aunque algo más atenuada para colocarme a mí mismo como víctima y a él como cruel asesino?

Pero en verdad, estaba atado por aquel acuerdo, desde el mismo momento en que había decidido confiar en mí, y completo extraño, así que no me sorprendió su respuesta.

-Sabia elección. Le aseguro que no lo lamentará. Recuerde que... un estómago lleno es mucho más agradecido que uno vacío -le especifiqué, con una gran sonrisa.

Solo quedaba escoger el momento propicio, pero eso se lo dejaba a él. Eso era lo hermoso de aquel acuerdo, que en realidad todo recaía en sus manos.

-Deje un mensaje para mí al tabernero. Él me lo entregará cuando me vea llegar -le aseguré, echándome entonces hacia delante para hablar en voz baja -, y señale también cuándo le gustaría que el señor Bennet... fuese al encuentro de su destino.

Al terminar de hablar, no dudé en guiñarle un ojo. El juego estaba a punto de comenzar.

Notas de juego

¿Lo cerramos aquí (con tu mensaje, si quieres)?

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02/01/2026, 20:31
Padre William Collins

No podía negar que era consciente de que ese juego era peligroso, pues aquel hombre era un perturbado, alguien capaz de matar solo por tener un momento de placer con una joven en contra de su voluntad. Tenía también su punto narcisista, no olvidaba que el día en el que él se encontró con Lizzie fue el propio Wickam quien decidió que no era el momento perfecto para llevar a cabo su crimen.

Su encomienda era ambiciosa, tremendamente ambiciosa. Y para llevarla a cabo con éxito debía correr riesgos, y estaba dispuesto a hacerlo.

Haría ese pacto con 100 Wickams si fuera necesario. Pero tenía que mejorar su mano de cartas, investigar un poco más sobre él y tener algún resguardo por si las cosas se le complicaban.

Asintió al escuchar al "asesino" felicitarle por su decisión. A pesar de que no tenía nada a lo que agarrarse para pensar que el otro hombre cumpliría su parte del trato, algo en su interior le decía que así sería. Esperaba no equivocarse.

Collins miró al tabernero. Era un movimiento que lo dejaba en desventaja, seguía sin saber por dónde se movía e interrogarlo mientras le pedía un vino era una decisión muy mala, a ojos de William.

De todas formas, tenía tiempo para investigar por el pueblo. Muchas conversaciones pendientes y asuntos que tratar serían suficientes para deslizarlo sin levantar sospechas. Muchas veces, ni siquiera era necesario investigar; la información llegaba volando, las bocas eran muy grandes y el chismorreo, el deporte nacional.

- Así será. - El párroco se levantó, una vez concluido el encuentro, y se despidió con un gesto con la cabeza. Se acercó a la barra, pagó lo que se debía y miró a su socio una última vez antes de irse.

Notas de juego

Fin de la escena.