Partida Rol por web

Orgullo y prejuicio... y vampiros

LOCALIZACIONES: Casa de los Jones

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06/12/2025, 20:58
Mary Bennet

Logbourn, 4 de septiembre de 1815

Querida Audrey,

no sabes las veces que he intentado sentarme frente al papel para escribirte. Estos días han sido los más extraños e intensos de mi vida y me faltaban a veces las fuerzas, a veces las palabras para hacerlo. No estoy muy segura de tener tampoco en este momento ni una cosa ni la otra para ofrecerte, pero siento la necesidad de invocarte de algún modo y no me bastan los pensamientos; pienso que nadie más me podría entender y al mismo tiempo tengo miedo de aburrirte con mis cosas.

Quisiera escribirte sobre lo que estoy leyendo, pero me cuesta concentrarme para hacerlo. Terminé de leer hace poco la Osteographia de William Cheselden, quien fue un cirujano muy influyente e importante. Es un libro excelente de anatomía de los huesos, y está lleno de grabados maravillosos de esqueletos humanos y de muchos animales. Me ha resultado tan inspirador que he hecho mi primer dibujo anatómico emulando los del libro. También he aprendido muchas cosas. Me ha hecho ver más que nunca esquemas que suelen quedar ocultos a la vista de los patrones que Dios ha imprimido en todas las criaturas, y es mi deseo poder emprender otras lecturas similares, pero no sé si será posible. Siento que no sé nada en este momento.

Pero no deseo divagar más, y mi intención principal con esta carta es recordarte la invitación que te hice cuando nos vimos en Londres. Serás más que bienvenida si decides venir a Longbourn. Daría tanto por tenerte aquí ahora mismo. Entiendo que tendrás otros compromisos u obligaciones, pero por favor, considera mi propuesta. 

Espero que tu familia se encuentre perfectamente. Dale recuerdos a tu hermano Benedict y mis mejores deseos para todos.

Espero recibir pronto noticias tuyas, querida amiga mía.

Tuya afectísima.

Mary Bennet.

Notas de juego

Edición sin importancia.

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15/12/2025, 08:30
Mary Bennet

Longbourn, 8 de septiembre de 1815

Mi querida Audrey,

encontrar tu última carta fue lo mejor que podía pasarme. No te imaginas cuánto necesitaba leerte. Te escribo a la luz de una vela, tratando de que no se despierten mis hermanas, pues todavía no ha salido el sol. Hoy alguien vendrá a verme y saldremos juntos a dar un paseo y para que entiendas la trascendencia de esto, primero he de ponerte en muchos antecedentes de los que no me sentía con fuerzas para hablarte en mi carta anterior. No deseo aplazarlo más.

El pasado domingo día tres, tuvimos una visita inesperada en Longbourn. Se trata del señor William Collins, primo segundo de mi padre. Es sacerdote y acaba de volver del sur de África donde estuvo durante años en misiones de evangelización. Él es el heredero de nuestro padre y a su muerte será el propietario de nuestra casa y nuestra finca, pero nosotras todavía no lo conocíamos más que por el nombre. Comunicó a mis padre que su deseo es casarse y que quería hacerlo con alguna de nosotras si mi padre estaba de acuerdo. Tú aún no conoces a mis hermanas mayores, pero la cuestión es que mis padres decidieron que yo era la hija adecuada para satisfacer esa proposición. He de decir que mi padre, el padre más apacible y afectuoso que existe, recalcó que el matrimonio solo ocurriría si finalmente también yo daba mi visto bueno, que se le daría al señor Collins el permiso para conocernos, y que el tiempo diría.

Lo repentino de todo me dejó muy turbada. No voy a negar que lloré ese primer momento e incluso después, pero en gran medida fue por un secreto que jamás he confesado a nadie.

Confío en ti, Audrey y sé que me lo guardarás con mayor celo que si fuera tuyo. Necesito ponerlo también en conocimiento tuyo porque han sido tantas las cosas que han perturbado mi corazón en estos días que temo que estalle si no me permito retirarle un poco de presión, y algo que ocurrió hace dos días me empuja a tratar de aliviarlo como pueda.

Tenemos un médico en Meryton, el doctor Thorne, que lleva diez años viviendo en la ciudad. Desde que llegó ha atendido a mi familia, así que lo conozco desde niña. Siento una gran admiración por él, es un hombre paciente, dedicado, de modales exquisitos, inteligente, cordial aunque serio y muy apuesto. Y podría seguir añadiendo adjetivos a su persona, pero resumiré todos ellos confesándote que llevo tiempo adorándolo en silencio. ¿Qué me dirías si te dijera que si hubiera nacido hombre habría querido ser médico o naturalista o ambas cosas? Pues el doctor Thorne es la única persona que ha sabido ver mi interés por el conocimiento y la ciencia, que estima y estimula mis inclinaciones y es quien me prestó el libro de anatomía de que te hablé en mi carta anterior. El otro día vino a atender a mi madre, pude enseñarle los dibujos anatómicos que había hecho y todo fueron alabanzas.

La llegada del señor Collins me ha hecho entender que debo reconducir mis afectos por el doctor Thorne hacia lugares más realistas: sentir por él admiración y querer aprender, está bien. Verlo como un maestro y un amigo, y superar mi enamoramiento, al que el doctor no corresponde, pues para él no debo ser más que una niña, aunque sea una niña apreciada de quien le agrada ver sus progresos y quien, si pudiera estudiar en la universidad, seguiría sus pasos.

El otro día me hice una herida un poco fea en un pie al pisar un cristal (esa es otra historia que ya te contaré, mejor en persona), y fui a visitarle. Estando en su presencia aún me hice más consciente de que debía redirigir mis sentimientos por él. Quería ser yo quien le hablara de la llegada del señor Collins y de nuestro compromiso para conocernos, pero cuando lo hice reaccionó de una manera que todavía no comprendo. Me dijo que era una tragedia. Me habló con vehemencia de resignación, de sacrificio espiritual, de que me convertiría en una sombra, que sería silenciada e infeliz... Todo eso vaticinó para mí si me casaba con Collins. Fue cruel y usó palabras muy duras. Jamás me había hablado así. Me hizo sentir que estaba muy decepcionado conmigo, pero no entiendo qué es lo que espera de mí, ¿acaso podría yo estudiar en la universidad? ¿Acaso se me permitiría ejercer la medicina?

No fui capa de replicarle, pero me marché de su consulta tremendamente dolida, también en mi amor propio: daba la sensación de pensar que no tengo criterio propio a no ser que haga lo que él considera bueno para mí, y eso ni siquiera mi padre lo ha decidido por mí. De eso hace dos días.

Hoy tengo una cita con el señor Collins. Le he pedido que venga a Longbourn y me deje mostrarle los paisajes de nuestra finca y más allá. Es mi voluntad conocerlo y descubrir por mí misma qué es lo que quiero, a pesar de que otros puedan pensar que no soy capaz. Mi hermana Elizabeth también está enfadada como si nuestro padre no me hubiera dado opción. Entiendo que piensa que me protege, pero no termino de entenderla.

¡Pobre Audrey!, siento remordimientos de haber descargado todo esto sobre tus hombros. Para compensar te diré que ayer se nos anunció que va a tener lugar un baile en la mejor de las fincas de por aquí. Se trata de Netherfield Park. Durante años ha estado cerrada, pero han llegado unos nuevos inquilinos a los que todavía no conocemos, y han querido que esa sea su forma de presentarse en sociedad. Se trata del señor Charles Bingley y su hermana, la señorita Bingley, a quienes acompaña un caballero, el señor Darcy, muy rico también al parecer e igualmente soltero, así que imagínate el revuelo que se ha generado por aquí. Me madre está como loca de emoción casando a mi hermana mayor mentalmente con el señor Bingley. El baile será el día dieciséis y si eres nuestra huesped estás más que invitada. Sería muy divertido tenerte aquí y para mí la ocasión de disfrutar de tu apreciada compañía.

Hay algo en ti, querida Audrey, en verdad hermoso. Algo luminoso y benigno, como una energía muy vital, que en verdad adoro. En muchos momentos recuerdo nuestro encuentro en el circo. Fue un momento maravilloso, más aún gracias a ti y a tu hermano a quien espero que des recuerdos de mi parte.

Me despido antes de terminar con todo mi papel para cartas. Mañana iré a comprar más.

Espero recibir pronto noticias tuyas.

Tu amiga,

Mary.

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21/02/2026, 11:17
Padre William Collins

23 de septiembre de 1815


La misiva de Agnes hizo que el párroco pusiese rumbo a Londres en el momento en el que le fue posible.

Esos días eran más complicados de lo habitual debido a la partida del Padre Barnaby y sus obligaciones eclesiásticas. Pero era obvio que lo que le detallaba la hermana de Audrey en la carta requería su presencia. Sobre todo porque no sabía qué era lo que la joven había compartido en su casa sobre el hombre que tenía turbios planes para ella.

La forma en la que todo el mundo abandonó el baile después del desmayo de Effie también fue atípica y pudo suponer que Audrey no encontrase ocasión para hablar con Lizzie y que ella le contase lo que había sufrido en el anterior intento de Wickam por satisfacer sus necesidades sexuales por la fuerza.

No le debía nada a ese hombre y, a pesar de que su forma de actuar y de moverse le daba cierto miedo, no dudaría en hacerle saber a todo el mundo sus intenciones si se veía acorralado. Porque nada le aseguraba que en la casa de los Jones su versión resultase creíble, si lo tenía que contar, y sin el testimonio de Lizzie, la reacción de ellos era una incógnita.

Se levantó muy temprano y al alba el carruaje partió; sus obligaciones con la parroquia le obligaban a ajustar sus horarios lo máximo posible, sobre todo porque estaban pasando demasiadas cosas a su alrededor y él tenía que seguir preparándose para el inminente cambio religioso que tenía planificado para Hertfordshire.

El camino se hizo más corto de lo habitual, pues las cavilaciones del cura sobre los posibles escenarios que se podían abrir nublaban su mente.

No estaba seguro de lo que pasaba con la chica. ¿Era posible que el hombre la encontrase a las afueras para llevar a cabo sus intenciones? Eso podía desatar un ciclón en el condado, pero prefería no especular demasiado, aunque, en cierta medida, sus pensamientos le obligaban a hacerlo.

El carruaje paró y el párroco se bajó. - Hola. - Hizo una pequeña reverencia. - Soy el Padre William Collins, he recibido la invitación de la señorita Agnes Jones.

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24/02/2026, 18:03
Audrey Jones

Sábado 23 de septiembre de 1815


La prontitud con la que el padre Collins respondió a la misiva y se presentó en Hertford, pilló de sorpresa a la propia Agnes. El correo apenas acababa de ser recogido por el personal de los Jones cuando la mano de William ya estaba tocando a la puerta.

Toc, toc, toc.

De las variadas de flores que se pudo encontrar el párroco tras su cruce por las verjas, que separaban las concurridas aceras y calles de la ciudad de Hertford de la vivienda de los Jones, lo más colorido resultaban ser las lilas, que caían de la fachada a ambos lados de la puerta. Su fragancia floral, dulce y un poco cítrica eran el primer recibimiento.

Abriéndose la robusta entrada al poco de haber llamado, un mayordomo de la familia se quedó mirando a William con cierta duda, nadie le había avisado de que esperasen recibir una visita aquella mañana, aunque con la presentación de “padre” y la mención a la señorita Agnes, no tardó en agachar ligeramente la cabeza dándole la bienvenida.

-Adelante, pase. Iré a avisar de su llegada.

Para el mayordomo era fácil dar por sentado que la educada y religiosa Agnes hubiese pedido recibir una confesión en casa, o sino podía tratarse de algún pretendiente que quisiera pedirle un paseo formal –Por favor, espere aquí un momento- añadió con las manos detrás de su espalda, comenzando a darse la media vuelta. Aunque no hizo falta que desapareciera del recibidor. La hermosa Agnes bajaba justo por las enormes escaleras centrales con un par de cartas entre sus manos, una de ellas era la de Collins y por su gesto estaba terminándola de leer.

-¡Padre Collins!- acelerando la bajada de sus pasos y con una sonrisa automática al elevar los ojos hacia la visita, la muchacha se aproximó hacia ellos y le realizó una reverencia educada -Justo acabo de ver su misiva. Le agradezco mucho que haya aceptado venir a Hertford. Espero que haya tenido un viaje tranquilo.

La sonrisa de la joven expresaba sinceridad y resultaba tan espléndida como el interior de la casa. La vivienda Jones disponía de altos techos, espacios amplios, cortinas elegantes, y una decoración acogedora, iluminada por molduras y refinados detalles en color blanco que, por supuesto, se coloreaban con jarrones de flores, alfombras, candelabros y otros elementos decorativos.

-¿Le apetece tomar algo, quiere que le guardemos alguna maleta? Sepa que podrá hacer noche si así lo necesita- le dijo a Collins y miró seguidamente al mayordomo -Por favor, ¿le importaría avisar a Audrey? Tiene visita.

Notas de juego

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25/02/2026, 11:46
Padre William Collins

Sábado 23 de septiembre de 1815


Nunca había estado en la casa de los Jones y, a pesar de que cada vez se acostumbraba más a visitar las grandes mansiones de Heartfordshire, las flores en las verjas llamaron su atención. No la conocía demasiado, pero la concepción mental que se imaginaba de la joven Agnes, después de intercambiar impresiones con ella en una de las iglesias de Londres, era la de una señorita que haría algo como eso. Sonrió para sus adentros, antes de avisar al mayordomo de su llegada.

- Señorita Agnes, me alegra verla de nuevo. - Le hizo una pequeña reverencia, a modo de saludo. - El viaje ha sido todo lo tranquilo que se puede pedir. - Se le dibujó una sonrisa en el rostro, pues no era un secreto que se había puesto en marcha muy temprano para cumplir con todas las obligaciones que tenía debido a sus obligaciones con la parroquia por la ausencia del Padre Barnaby durante su estancia en Londres.

- No se preocupe, os lo agradezco, pero no será necesario alojarme aquí. - Inclinó ligeramente la cabeza y obvió contarle todas las ocupaciones que tenía; no quería que la chica cargase con ello y estaba contento con que lo hubiese avisado del problema que parecía que tenía su hermana. Él se hacía una idea de lo que había podido pasar.

- Claro, os acompañaré a tomar un té, si así lo deseáis. - Aceptó el reverendo mientras el mayordomo se dirigía a avisar a Audrey.

- Señorita Jones, ¿hay algo que debería saber de su hermana? - Preguntó bajando su tono de voz; una vez se acercó a ella para dirigirse al salón en el que tomarían el té.

Era probable que ella tuviese información que no quisiese compartir delante de su hermana.

Durante el baile, la chica parecía convencida de lo que William le había confesado sobre el hombre con el que andaba. En un primer momento notó algo de dudas en ella, pero lo atribuía más a su espíritu rebelde que a otra cosa. Aunque, después de la estampida, no le quedaba claro lo que había hecho ella y si se habían vuelto a encontrar con Wickam y él pudo forzarla, como había intentado con Lizzie.

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26/02/2026, 16:41
Audrey Jones

Sábado 23 de septiembre de 1815


William había declinado la oferta de quedarse en la vivienda Jones, y Agnes estuvo a punto de reiterarle la idea, su iglesia no estaba a cinco minutos de Hertford. Pero comprendió que no debía insistir si lo que deseaba era cumplir estrictamente con su propósito y marchar lo más rápido posible para continuar con sus labores -¿A qué se refiere con algo de mi hermana?

En un asentimiento, el mayordomo aceptó la orden y se dispuso a avanzar hacia una puerta que se encontraba cerrada a mano derecha, casi a mitad de ese enorme eje circular que rodeaba las enormes escaleras centrales –Su estado físico lo cierto es que ha mejorado en estos días desde que le escribí. Y con él parece estar volviendo a su ánimo habitual- la menor carga y preocupación en las palabras de Agnes parecían ser un indicio de que las cosas no habían ido a peor en Audrey. Lo cual era bueno.

-¿Lady Jones?- un par de toques en la puerta cerrada por parte del mayordomo, precedieron al acto de abrir –Tiene visita. Se encuentra en el recibidor junto a su hermana. ¿Quiere que le diga que pase?

-No. Dígale que venga en otro momento si no le importa. Estoy ocupada- se le escuchó decir a la inconfundible voz de Audrey. El mayordomo ante aquella respuesta trató de hacer contacto visual con Agnes, para saber con un gesto qué orden debía acatar ahora. Y eso que por edad ya tenía a la ganadora del debate. Con una mirada dulce y apurada por la respuesta, la muchacha dio a entender que era importante que Collins hablase con Audrey primero, incluso antes del té por el que le preguntó, e instó sin necesidad de palabras a que el párroco avanzase con ella hasta el marco de la entrada a la habitación.

El interior desprendía la misma luz que el recibidor y las escaleras, la sala disponía de enormes ventanales con cortinas en tonos azul claro, relieves en las paredes, una mesita de madera en la que se veía un ajedrez y varios sillones. En uno estaba Audrey, con la mirada fija en la hoja del libro que se suponía estaba leyendo. Aunque daba la impresión de que llevaba ya un rato estancada en la misma línea perdida más en sus divagaciones que en la lectura.

-Le diré que pase- sentenció el mayordomo tratando de no contradecir la decisión de la mayor de las hermanas, que dejó a Audrey sin más opción que cerrar con fastidio el libro de sus manos, y levantarse sin saber aún de quién se trataba la visita.

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26/02/2026, 18:57
Padre William Collins

Sábado 23 de septiembre de 1815


Se alegró al escuchar de boca de Agnes que Audrey había mejorado los últimos días. Seguía sin saber exactamente qué había pasado y prefirió no seguir con sus conjeturas hasta que viese a la joven y entendiese mejor lo que había pasado el día del baile.

Agnes era una chica muy educada y agradable; también parecía buena devota por las conversaciones que habían tenido. Estaba seguro de que el té con ella sería agradable mientras el mayordomo avisaba a la más joven.

Pero antes de que sirviesen la infusión, escuchó la voz de la señorita Jones, rechazando la visita.

Sonrió mirando a su hermana, intentando hacerle notar que no lo tenía en cuenta. - La señorita Audrey ya me ha visto mucho últimamente; es normal que espere otras visitas. - Elevó su tono de voz, a modo de broma, dejando salir una pequeña risa, para que ella lo escuchase, anunciándole así su llegada.

- El día antes del baile nos cruzamos delante de la casa de los Bennet. - Informó a su hermana, sin poder olvidar el desempeño de la muchacha entre el barro. Cada vez que pensaba en la forma en la que actuaba, le parecía más atípica. No la juzgaba por ello; Mary también lo era y sus preocupaciones resultaban mucho más interesantes que las de la mayoría de las damiselas del condado.

En ese momento todavía no era consciente de si ella pudo hablar con Lizzie y si la Bennet le había confesado lo que había pasado con Wickam. No creía que lo fuese a tomar por un blasfemo que se inventaba historias de otras personas, sobre todo si era algo tan grave, pero ella era totalmente impredecible y nunca podía asegurar nada que dependiese de Audrey, al menos de la forma que la conocía hasta ese momento.

La joven no tardó en entrar en la estancia y el párroco se fijó en ella con una sonrisa en los labios. - Señorita Audrey, me alegro de veros de nuevo. - Se levantó e hizo una reverencia delante de ella. - ¿Qué tal habéis estado después del baile? - Preguntó, sin poner mucho énfasis, pues la celeridad con la que había llegado el Padre Collins le impedía saber si ella estaba reacia a reconocer su falta de ánimos o lo que fuera que le pasase.

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02/03/2026, 23:31
Audrey Jones

Sábado 23 de septiembre de 1815


La señorita Audrey ya me ha visto mucho últimamente

"Una frase muy orientativa", pensó. Y es que tanto él como ella habían coincidido bastante el último mes, haciéndole casi imposible a la joven Jones no encuadrar el tono de voz de William con sorpresa cuando lo escuchó hablando con su hermana fuera, cerca del recibidor.

Ofreciéndole asiento en una sala anexa a la habitación en la que Audrey terminaba de guardar el libro y se suponía que debería revisar su peinado (aunque conociéndola seguro que ni se miró en el espejo), Agnes se sentó ofreciéndole un par de minutos más a su charla con William.

-También me ha comentado que le pidió un baile – dijo la hermana mayor contenta por poder compartir algo de lo que sí sabía. Su trabajo le costó sonsacarle información a la pequeña -¿Sabe su prometida que ha venido a visitarnos? Dele recuerdos cuando la vea. Tengo ganas de conocerla tras todo lo bueno que he escuchado acerca de su persona.

Sin haber siquiera terminado de pronunciar “persona”, a la entrada del marco de la puerta apareció y pasó Audrey a la habitación, seguida por un hombre del servicio que se adentraba con la bandeja del té -¿Le apetecen unas pastas para acompañar la bebida, padre?- preguntó Audrey, que llegaba con un semi recogido en el pelo y su típico flequillo castaño. Respecto a la última ocasión en la que se vieron, lo cierto es que la palidez y desorientación con la que se despidió del baile parecían estar muy atenuadas.

-Qué rápido. Me alegra que hayáis decidido atender vuestra visita. Yo aprovecharé para salir un rato fuera. Tengo unas tareas que dejé a medias esta mañana.

En el acto que hizo presencia Audrey, Agnes se levantó rauda del asiento y se disculpó dejándoles a solas con alguien del servicio, pues los “ a solas” contemplaban que siempre tenía que haber alguien callado por allí en medio de la sala, pasillo o jardín.

-Claro- musitó Audrey no muy convencida con el “hayáis decidido”, principalmente porque ella no había tenido opción a decidir nada... el mayordomo le avisó, y no escuchó ni su negación de primeras. En otro momento seguro que hubiera colocado un gesto de molestia evidente, pero no lo puso ni antes de que saliese Agnes, ni cuando cerró la puerta. Lo cierto es que por unos lados le apetecía hablar con el párroco y le intrigaba saber qué era de las Bennet, si Mary estaba bien -El evento en Netherfield solo me demostró que yo llevaba razón, los bailes no son tan interesantes como cuentan. Creo que algo del ambiente me ha postrado un poco la voluntad estos días previos a su visita. Pero cuénteme, ¿qué le trae por aquí? ¿Se encuentran bien usted y Mary?

Notas de juego

Sale Agnes, pasa Audrey

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03/03/2026, 11:25
Padre William Collins

Sábado 23 de septiembre de 1815


Agnes se mostraba tan atenta y dulce como en la otra ocasión en la que se habían encontrado. Suponía que a ella le encantaba estar en los salones de las casas y conversar con las visitas. Era algo que se le daba bien.

- Así es, le pedí un baile a su hermana durante un momento que tuvo libre. - Asintió mirándola, esperando no recibir los mismos comentarios que la señora Bennet hacía sobre Mary y la necesidad de encontrar a una persona que la acompañase porque nadie querría bailar con ella.

- Así lo haré. - Asintió de nuevo. - No lo sabe, me puse en marcha tan pronto como pude para comprobar que todo estaba bien. Se lo haré saber después de darle vuestros recuerdos. Y seguro que no tardáis en conocerla; algún evento social por Londres o por Meryton. - No tardarían en casarse, por lo que también sería una ocasión muy buena para ello, aunque era posible que coincidiesen antes en cualquier otra cosa.

Puso sus ojos en Audrey cuando ella entró por la puerta y le sorprendió la formalidad con la que Agnes la trató, recriminándole su tardanza y marchándose con rapidez.

El párroco puso sus ojos en la mayor de las hermanas, sin entender nada. ¿Para qué había ido allí? ¿No era para tratar la enfermedad de Audrey? Aunque no era tal, él suponía que sabía lo que había pasado y, al fin y al cabo, agradecía que pudiese conversar solo con ella; así era probable que se pudiese abrir más sobre las perversiones que Wickam le había hecho.

- Me alegro de veros señorita Audrey. - La saludó con una reverencia y le sonrió. - Tomaré esas pastas, claro. - Hizo un leve gesto con la cabeza a modo de agradecimiento.

Se fijó en la chica; no era médico, pero sus síntomas vitales parecían buenos y tampoco mostraba un carácter marcado por la melancolía o algo parecido. Aunque ya habían pasado unos días y ella era una chica rebelde y fuerte, era probable que el episodio de la noche anterior no hiciera tanta mella en ella. Tendría que escarbar un poco más en lo que había pasado.

- Fue un baile. - Dejó la frase en el aire un par de segundos. - Peculiar, supongo. - Tomó un sorbo de té y agarró una de las pastas. - Aunque no está bien visto en los salones que las damas no se sientan impresionadas por esos eventos, hay algunas a las que no les gustan. - Bajó el tono de voz, dejándolo caer a modo de confesión y dejó salir una pequeña risa divertida.

Le extrañó más de la cuenta la pregunta de la joven. Pero no lo mostró; tampoco era tan raro si ella quería disimular lo que había pasado. - He venido a veros, me ha escrito vuestra hermana una misiva diciéndome que os encontrabais sin ánimo los días posteriores al baile y, como yo he estado allí, quizás puedo saber algo más. - Clavó sus ojos en los de ella. - ¿Habéis hablado con Lizzie? - Preguntó en un murmullo.

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03/03/2026, 23:09
Audrey Jones

Sábado 23 de septiembre de 1815


Collins no pareció entender el estado de salud de Audrey y el abandono del salón por parte de Agnes, pero realmente su explicación era sencilla y tan simple, como que la mayor esperaba que el párroco lograse llegar al pesar con el que llevaba observando a su hermana pequeña desde su regreso del baile en Netherfield.

Clonck

Y creyó que la mejor forma de que charlasen en confianza, era sin ella delante. Pues Agnes no hubiera sido capaz de evitar poner gestos de aprobación o desaprobación en su rostro.

-Pensé que a usted le gustaban ese tipo de eventos- extrañada y contenta por la sonrisa con la que William confesó que no a todo el mundo le impresionaba acudir a bailes, Audrey tomó asiento frente al párroco advirtiéndolo con otros ojos diferentes. Haberla hecho sentir menos rara con aquel simple comentario, propició que su ánimo afianzase las ganas de conversar.

-Agnes no me ha referido nada sobre esa misiva de la que me habla, aunque no me sorprende- posando la mano en una pasta con mermelada por encima, la muchacha tomó el primer bocado –Dada la casualidad de que a raíz de esa noche he estado algo decaída posponiendo incluso mis lecturas, se ha asustado. Lleva días interesada en conocer si ocurrió algo fuera de lugar.

La referencia a su bajo ánimo para leer no le importó revelarlo, aunque los pensamientos que le dedicó una y otra vez al hombre que estuvo con ella en el invernadero no, eso prefirió no mencionarlo en voz alta y dejarlos así, englobados en el término "decaída".

Probó otro bocado de la pasta de mermelada y frenó la forma de masticar atendiendo al murmullo con el que Collins le preguntó por Lizzie.

-No, no he tenido todavía ocasión- contestó Audrey en un tono más neutral y audible que el usado por William –No me he encontrado con ganas de escribir tampoco. Y no he recibido carta alguna de Longbourn. ¿Qué era eso que debería contarme Elizabeth?

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04/03/2026, 19:47
Padre William Collins

Sábado 23 de septiembre de 1815


No conocía tanto a Audrey, pero sí que sabía que ella tenía una personalidad un tanto rebelde y atípica, por lo que tampoco le resultaba raro que su hermana no le confesase la carta que había escrito, por algún motivo que en esos momentos se le escapaba al párroco, pero no le dio más importancia.

Le alegraba verla más animada, pues parecía que el episodio que había sufrido después del baile se empezaba a quedar atrás.

- Vuestra hermana está preocupada por vos, solo eso. Quiere ayudaros. - Dijo, dándole a entender que quizás era buena idea dejarse ayudar y contarle sus problemas, pero prefirió no meterse más en donde no le llamaban.

Estaba seguro de que esa era la intención de Agnes; incluso le había escrito esa misiva a él, sin tener demasiada confianza, ni la certeza de que fuese a acudir a la llamada.

Masticó una pasta y tomó otro sorbo de té mientras la chica hablaba y la miró serio.

No quería ser él quien revelase lo que le había pasado a la hermana de Mary, pero sí que tenía que dejarle ver los peligros que corría cerca de Wickam. Quizás, en confianza con Mary o con la propia Lizzie también se animaba a abrirse más sobre lo que había pasado.

- La señorita Bennet tiene el conocimiento de que el señor con el que ibais el otro día. - Levantó la vista de la joven y miró de reojo por la estancia, comprobando que solo estaba allí la persona del servicio de los Jones. Bajó su tono de voz. - Ha tenido conductas de poco decoro con damas jóvenes.

No era baladí acusar a alguien en esos términos, pero él mismo lo había visto en Longbourn; estaba seguro de lo que decía.

- Es por eso por lo que traté que no estuviese cerca vuestra y me metí en vuestra vida. Os ruego que me disculpéis por haberlo hecho, pero ese fue el motivo que motivó mi comportamiento.

Lo cierto era que no sabía lo que había pasado después de la estampida, pero tampoco tenía intención de insistirle a la chica con nada de lo que no quisiera contar. Creía que con lo que ya le había contado sería capaz de entender su situación.

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08/03/2026, 21:38
Audrey Jones

Sábado 23 de septiembre de 1815


Aunque Audrey no era muy de demostrar sus afectos de maneras convencionales, dando abrazos o expresando sus sentimientos por medios audibles, la joven Jones se encontraba últimamente muy agradecida con la actitud de su hermana. Preocupada pero dándole espacio.

-Lo sé. Agnes sería capaz de haber subido una montaña descalza si supiera que así encontraría la respuesta a sus preguntas- dijo, y volviendo a masticar durante unos segundos el siguiente trozo de la pasta con mermelada por encima, se preparó para escuchar lo que Collins le confesó sobre George Wickam. Su semblante procuraba no mostrar impacto, ni importancia sobre lo que hiciese ese estúpido desconocido que no mantuvo ni el protocolo de pedirle un baile o despedirse -¿Poco… decoro?- pero casi se quedó boquiabierta al ver la seguridad con la que William acusaba a ese hombre de ¿acosar a la Bennet? O quién sabe si se trataba hasta de palabras mayores.

Contrariada por no saber verbalizar ni tan siquiera un “¿A lady Elizabeth, lo ha visto? ¿Lo sabe Mary?”, Audrey soltó el resto de pasta sobre la servilleta que tenía frente a la mesa del té y carraspeó la garganta a la par que se limpiaba los dedos buscando la oportunidad de expresarse sin decepción, miedo o enfado.

-Os agradezco la información que acabáis de darme- fue capaz de hilar con los ojos perdidos en el mismo recorrido que hizo William por la estancia. La noticia era desconcertante, y una parte de ella seguía queriendo desmentir esa información de calibre dantesco. ¿De cuántas señoritas se habría aprovechado? ¿Habría sido ella misma una…?

Incapaz de suponer cualquier hipótesis que pudiera llevar a un Jones de ese techo hacia la depresión o la cólera, Audrey volvió a carraspear la garganta y se levantó del asiento, no queriendo admitir que hubo una parte confusa y que no recordaba en su charla junto al hombre del invernadero.

-No tengo ninguna queja ni nada que disculparle. Yo misma debería ser quien se disculpara por mi actitud y los reproches. Por favor, acéptelos.

Una sonrisa y un claro nerviosismo se vislumbró en su forma de mirar a Collins –Desde luego no conocía nada de lo que me cuenta, y me apena admitir que haber hablado con ese… caballero, si todavía puedo calificarle de tal manera, fue un grave error que no pretendo volver a cometer –cruzó las manos por delante de su regazo, para evitar mover los dedos y revelar lo aturdida que se sintió al conocer el motivo por el que el padre le pidió que bailara.

-¿Desea algo más o…?

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09/03/2026, 16:42
Padre William Collins

Sábado 23 de septiembre de 1815


Le agradó encontrar en la joven una actitud receptiva con el comportamiento de su hermana. Al fin y al cabo, lo que tenían que discutir en ese momento iba más allá de una riña familiar en la que no se encontraría muy cómodo mediando.

Audrey recibió la información de Wickam con sorpresa, o eso era lo que intuía William viendo su rostro. En realidad, eso era buena señal, mucho mejor que su actitud se tornase más distante o que se avergonzase, ya que creía que de la forma en la que se estaba comportando ella era menos probable que durante la noche del baile el hombre se hubiese aprovechado de ella.

- Lizzie tiene más información porque lo ha visto. - Volvió a repetir, tratando de dejar claro que no había sido ella la víctima. No era cierto, pero el párroco prefería mentirle que poner en riesgo la nobleza de la Bennet; además, no había conseguido hacer nada, en parte, gracias a su intervención. - Si habláis con ella, podéis decirle que habéis hablado conmigo sobre él. - Hizo un breve asentimiento con la cabeza. Le daba la sensación de que eso podía traerle problemas con ella, si malentendía la conversación, pero no se le ocurría otra forma de demostrarle a la señorita Jones lo peligrosa que era la situación.

La notó un tanto nerviosa; no era para menos, después de lo que acababa de contarle. Tampoco tenía intención de profundizar en lo que había pasado para que Audrey le contase más de lo que quería.

- Lady Jones, vos no os imaginábais los motivos por los que yo os hablaba de tal forma. No habéis hecho nada mal. - Una pequeña sonrisa se le dibujó en el rostro e hizo un leve gesto con la cabeza, tratando de convencerla de lo que decía.

Apuró la taza de té y se levantó en el momento en el que ella lo apuró para que se fuera. No tenía dudas de que era un momento difícil para ella; tendría mucho en lo que pensar y también era probable que lo quisiese llevar a espaldas de Agnes. No la conocía tanto, pero le sorprendería que lo fuese a gestionar de otra forma.

- Ruego que me disculpéis, pero me tengo que ir. - Dijo poniéndose en pie, con intención de dejarla con sus pensamientos. - Señorita Jones, si hay algo que me queráis contar o si hay algo que necesitéis, no dudéis en escribir. - La miró a los ojos, de forma seria.

Esperó a que ella tuviese el espacio necesario por si quería decirle algo más, antes de marcharse al carromato. Esos días, con el Padre Barbany de viaje se le acumulaban los quehaceres.