Blaze trató de calmar sus instintos, conocía lo suficiente de los fremen como para saber que saldrían de allí siguiendo sus reglas o no saldrían. Douglas Ryback tenía la baza de batirse en duelo para ganarse el derecho a vivir, Blaze no era manco combatiendo pero no podía compararse al maestro de esgrima.
Layna le tenía más preocupado, pero sus preocupaciones se esfumaron en cuanto escuchó a Ahmad, si existía una forma diplomática de salir de allí, estaba seguro de que la astuta concubina podría encontrarla, por lo que se dedicó a permanecer en segundo plano hasta ver que su intervención fuese necesaria.
Los fremen, liderados por Ahmad seguían expectantes. -Os podemos dejar un paso seguro, aclaró Ahmad, y añadió: -Pero a cambio de un presente.
Layna había necesitado unos momentos para recuperar el resuello. Lo cierto era que la sensación de agotamiento, de dolor, le mandaba avisos por todo su cuerpo. Había ayudado a cargar con aquel peso muerto y, ahora, se notaba al borde del desmayo. Por si fuera poco, el calor, el agotamiento, le hacían ser más consciente de su necesidad de beber.
- Os... recuerdo... mi señor Ahmad- a pesar del agotamiento Layna recordaba perfectamente las costumbres de los fremen. Después de todo había pasado varios días en el campamento, ayudando a aquella gente y empapándose de su cultura. Tal vez Layna no fuera una guerrera. Y tampoco una líder. Pero sabía qué mirar y donde mirar. Y no era el momento de hacer promesas ni de iniciar un mercadeo que, en estas circunstancias, iba a resultarles tremendamente desfavorables. Trató de recordar a la familia de Ahmad, aunque recordaba que él no era del asentamiento donde estuvieron.- Disculpad mi descortesía, pero a pesar de mi escaso tiempo con vuestro pueblo, aun desconozco hasta lo que el menor de vuestros niños sabe sobre como moverse por él. No era la intención de mis señores, ni la esta pobre sierva, infringir vuestros derechos sobre vuestro territorio. Enemigos de la casa Nagara, y de mi misma casa, han atacado nuestro transporte, y nuestro piloto quedó malherido. Por eso nos hemos visto obligados a caminar por vuestras tierras.
Intento comprender la situación, y recordar cuestiones que me permitan negociar el paso libre con mejores posibilidades. También intento mejorar la percepción y simpatía (o antipatía) que pueden tener respecto a nosotros. ¿Tiro alguna cosa?
-¿Transporte?, preguntó Ahmad y arqueó la ceja. Los fremen valoraban los vehículos de los invasores, tanto para estudiarlos como para arreglarlos. Y en el peor de los casos, tenían algunas armas que podían ser útiles.
Ladeó la cabeza esperando una respuesta a una pregunta que no había sido formulada. Un ornitóptero accidentado a cambio de poder caminar por las tierras de su sietch.
Layna esperó unos segundos. Era evidente que ella no tenía ni la autoridad ni la potestad para ofrecer o negociar algo tan valioso como un transporte. Sin embargo, parecía que el mismo mal que le aquejaba a ella aquejaba a los demás miembros de la expedición. Dolor, calor, deshidratación, cansancio... Cerró los ojos, pretendiendo así tanto evitar el terrible sol como darse un segundo para ordenar las ideas.
Aunque en realidad solo había una opción lógica.
- Los aliados se ayudan mutuamente. Agua, dirección y paso por vuestros territorios es lo que solicitamos a nuestros amigos fremen. A cambio para mí será un placer informar donde está el transporte averiado. Nada debe desperdiciarse, y si a vuestra gente le sirve, también es un buen servicio para mi.
Douglas no recordaba a nadie, no conocía mucho de los fremen pero sabía de su belicosidad así que guardó un silencio prudente mientras dejaba que Blaze y Layna fueran gestionando la situación. Permaneció firme y erguido, como siempre estaba por otro lado. Miró a los autóctonos intentando vislumbrar sus intenciones mientras Layna seguía con la negociación.
Un vehículo estropeado no parecía una gran pérdida teniendo en cuenta la situación en la que estaban y cambiarlo por un paso seguro y algo de agua era más que beneficioso. Miró a Layna y asintió en primera instancia.
—Me parecen unos términos de acuerdo justos —dijo después para confirmar las palabras de la mujer. No era un negociador, no era su tarea, pero era decidido. Si iba a fondo, no titubeaba.
El acuerdo entre las dos partes se cerró en silencio, sin más palabras. Los fremen cuidaban con celo el agua hasta el más mínimo detalle, incluso la saliva que se gastaba en las palabras innecesarias. Tampoco les iban a dejar ni una gota de la valiosa agua a aquellos forasteros, pero sí les indicaron el camino a seguir por el desierto para evitar los gusanos. Y además, les entregaron un nuevo martilleador, fabricado por los propios fremen.
Dirección y paso a cambio de un ornitóptero derribado. Con el regalo adicional de un martilleador.
Continuaron por el desierto, caminando con cuidado de una formación rocosa a otra. El piloto herido se quejaba cada cierto tiempo, y la fatiga y la sed eran ya una constante. Según sus cálculos, les esperaban varias jornadas de viaje para llegar hasta su destino. Entonces, de repente, el pequeño comunicador de emergencia de Layla captó una señal de radio en un canal abierto. El alcance del aparato no era muy grande, y las interferencias magnéticas de Arrakis eran más que conocidas. Por lo tanto, el origen de aquella señal debía estar cerca.
-zsss-zsss - ¿Me reciben?- zss
Alzaron la vista, y en el horizonte vieron un punto moverse en el cielo. Parecía otro ornitóptero que sobrevolaba la zona y estaba tratando de comunicarse con ellos.
Blaze: puedes anotarte un martilleador fremen como recurso
Layna dudó... pero no demasiado. Era, sin duda, un riesgo contestar pero con un hombre malherido, y sin agua, no contestar era aun mayor peligro.
- Layna. Les recibo. Tenemos a un hombre herido.
-Recibido. Aquí Nagara Alfa 2.
La respuesta del piloto del ornitóptero se escuchaba con algo más de claridad a medida que se acercaba. Era un ornitóptero ligero, con un solo piloto en el interior y espacio para dos personas más. El piloto de la Casa Nagara, del grupo A2.
-Tenemos informes de actividad Fremen en esta zona. No tengo permiso de aterrizar. Os guiaré hasta nuestra cosechadora. Está cerca.
El piloto terminó de hablar y manejó su nave para permanecer ahora en una posición fija enfrente del grupo, a unos veinte metros de altura.
Convencer al piloto para recoger al herido requiere chequeo de Comunicación dificultad 2.
ACTUALIZACION DE AMENAZA Y DE IMPULSO
Amenaza: 2
Impulso: 3
Volver a volar no le ilusionaba demasiado, pero la alternativa no era mejor. Suspiró, llevaba poco tiempo en Arrakis y ya odiaba ese maldito planeta. Confiaba en poder ayudar a la casa en estos momentos delicados y eso pasaba por llevar a todos los posibles efectivos que les quedaban con vida.
—Necesitamos que nos ayuden a evacuar al herido, no vamos a dejarlo aquí abandonado a su suerte.
Dijo en cuanto tuvo opción de comunicarse con el piloto.
Motivo: Chequeo Comunicación+Deber
Tirada: 2d20
Dificultad: 11-
Resultado: 8, 8 (Suma: 16)
Exitos: 2
Asiento a las palabras de mi señor Douglas, demasiado cansada para decir nada más, al borde de estar completamente exhausta.
Blaze, acercándose al costado de Layna, colocó su mano con suavidad en la espalda de su compañera, dándole a entender que estaba allí para apoyarla si lo necesitaba, no sólo en combate, sino en cualquier tipo de situación.
La casa Manaina había sufrido un fuerte revés y, en aquel momento, en aquel planeta, los tres supervivientes eran gran parte de la casa, el atentado del ornitóptero había recalcado, si no hubiera sido visible hasta entonces, que sólo se tenían los unos a los otros, por lo que tendrían que permanecer más unidos que nunca.
Douglas Ryback tomó la iniciativa, y convenció al piloto del ornitóptero para aterrizar y trasladar al herido hasta la cosechadora. El resto tuvieron que continuar a pie por el desierto un pequeño trayecto más, pero ya sin el herido resultó más fácil. Además, el piloto les indicó el camino hasta la máquina, y el nombre de la capitana: Jothi Metzos. Era una cosechadora de la Casa Nagara, "El Alberich".
Los fremen habían desaparecido sin dejar rastro, como si nunca hubieran estado allí. Finalmente llegaron hasta la cosechadora - cansados, sedientos y llenos de polvo.
Cierro escena, seguimos en Cap 3.4. El Alberich